Daniel Lacalle

El precio de la estupidez

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30/3/2013 El Confidencial

“Political choices have run out. There was a deadline, and it worked”. Jeroen Dijsselbloem

“Malta and Luxembourg are not Cyprus, according to Malta and Luxembourg” (The Guardian)

No lo duden, el hombre más odiado por bancos, empresas e inversores alcistas es Jeroen Dijsselbloem, político laborista, presidente del Eurogrupo y, ojo, presidente del ESM (Mecanismo de Estabilidad Europeo). Tuvo la osadía de decir que “el acuerdo de Chipre se puede usar como modelo para otros rescates futuros” y que los depósitos superiores a 100.000 euros no están garantizados. Todavía peor, cuando Rajoy y Hollande se apresuraron a hablar de unión bancaria y seguridad, volvió al contrataque defendiendo su propuesta.

El efecto “Dijsselbloem”, también conocido de manera irónica en el mercado como “D.J. Boom”, “Dijsellblunder” o “DijsSellShort”, no se hizo esperar, generando una caída de las bolsas europeas y el sector bancario.

Decir la verdad tras años de excusas

El problema es que dijo la verdad, pero lo hizo tras años de esconderla. Y que a los líderes europeos les gusta más un micrófono que un reloj de oro.

Se supone que se usan los periodos de bonanza y (supuesta) credibilidad para solucionar los problemas. Pero no, se usan para cotorrear. Esconder y extender. En vez de poner en marcha los procesos para que la banca hiciera los cientos de miles de millones de ampliaciones de capital necesarios de manera ordenada, decidieron cambiar las reglas para “suavizar” condiciones y evitar recapitalizaciones forzosas (Basilea III). Esconder. Y esperar “que las bolsas suban”. Extender.

Todavía hay quien dice que lo que se ha hecho en Chipre (lean “Chipre y el circo europeo”) es lo que pedíamos los que defendemos los bail-in o rescates internos. No.Llevamos pidiendo ampliaciones de capital -conversión relevante de deuda en acciones-, no medidas improvisadas a última hora, con confiscación de depósitos que lleva a pánico bancario, huida de los ahorradores y depresión económica.

Se han invertido muchos meses y reuniones en la Eurozona dedicados a aguantar la respiración a ver si pasa la marea, disfrazar la fragilidad bancaria de Europa y crear mecanismos ingeniosos y creativos para dar sensación de solidez (stress tests, Basileas, EFSF, etc). Pero de donde no hay, no se puede sacar. La banca europea se encuentra con que, tras un periodo de desapalancamiento moderado, su negocio sigue siendo demasiado pesado y débil.

Como presidente del Mecanismo de Estabilidad (ESM), Dijsselbloem sabe que no hay dinero para contener un dominó de rescates bancarios como el que se puede generar en Europa si, tras Chipre, viene Eslovenia, Malta, Luxemburgo o, Dios no lo quiera, Italia o España. Así que decidió romper la baraja de la diplomacia enviando un aviso a navegantes. No hay pasta para mantener una banca que no use mecanismos de mercado para solventar sus problemas y espera ser rescatada por los gobiernos que la alimentan. ¿Estupidez? Total, si el mercado cae es “por culpa de los especuladores”, no de los líderes pirómanos de Europa.

No, a Dijsselbloem no se le escapa que los estados europeos se valen de un sector financiero sobredimensionado para “colocar” gran parte de su deuda soberana, lo que lleva a que:

a) Los estados no reduzcan sus déficits y sigan endeudándose de manera escandalosa

b) El crédito disponible lo acapare el Estado, hundiendo a empresas y familias

c) Que la banca vea en ello una manera de generar algo de margen y de paso asegurarse un rescate si la cosa se pone mal.

Probablemente, ante un círculo vicioso como el descrito, que puede llevar a la implosión de la Unión Europea por acumulación de deuda, los países “que pagan” decidieron hacer un aviso. Apagar un fuego creando otro.

Los seguros de impago (CDS) de Eslovenia se dispararon, como muestra el gráfico, desde que se supo que podría necesitar 4.000 millones de rescate. Pero, con ellos, los italianos, etc. según CMA (Credit Market Analysis), la posibilidad de que España no pague su deuda es ya del 22,98%, y el 23,14% en el caso de Italia.

Hoy la unión bancaria es impracticable

Nos dicen que la solución es la unión bancaria. Pero no se puede crear otro gigante banco “malo” europeo que se llene de activos tóxicos de miles de decenas de millones y se endeude 20 o 30 veces, como piden algunos. No se soluciona nada estableciendo mecanismos de unión de una banca hipertrofiada porque no se genera confianza sumando y escondiendo riesgo de entidades de baja capitalización. Nosotros lo deberíamos saber tras el “éxito” del FROB.

No se reduce riesgo por acumulación. Se magnifica. Y el riesgo sistémico impregna a toda la economía.

Pero si alguien tenía alguna esperanza de que se crease el Bankia europeo financiado por los países “pagafantas” para reactivar el despilfarro estatal, esos planes de crecimiento que tanto terror me inspiran, nuestro amigo holandés lo ha torpedeado. ¿Estupidez? ¿O no querer pagar más? Ya se ha rescatado a la banca española y la tasa de mora solo crece.

Pero, además, centrándonos en el caso nacional, si el Banco de España estima un paro del 27% y una caída del 1,5% del PIB en 2013, la tasa de mora y los préstamos incobrables de la banca están infraestimados. Añádase que ya hemos tenido la primera revisión al alza del déficit de 2012, que pasa del 6,7% anunciado al 6,98% del PIB, sin considerar las subvenciones a la banca, y que se estima que el déficit de 2013 volverá a ser del 6%, y tienen los ingredientes del cóctel explosivo de debilitamiento bancario y acaparamiento de crédito disponible por parte del Estado. Sumen esta situación en España a la italiana, la francesa y los comentarios del holandés no nos sonarán tan “alocados”.

Además, debemos diferenciar casos. Efectivamente, España no es Chipre. Luxemburgo tampoco es Eslovenia. Pero todos los países europeos tienen un mismo problema. Acumulan deuda soberana en bancos demasiado grandes con préstamos zombi sin resolver.

Cada uno tiene sus dificultades y sus colchones. El gráfico inferior demuestra que hay mucho “dónde cortar” antes de atacar depósitos “a la chipriota”, y a España aún le queda el colchón de 60.000 millones del rescate bancario. Pero ojo a la acumulación de deuda soberana, que todo lo fagocita.

Dijsselbloem no es un experto en finanzas, lo cual clama al cielo. Tampoco lo son, por otro lado, la mayoría de los líderes de la Eurozona, que harían bien en hacer más caso a inversores y menos a banqueros. Pero siempre asumen que los inversores son tontos alocados, cortoplacistas sin criterio que no entienden “su visión” social. Pero, ojo, que los “expertos” de la UE no han sido ninguna panacea en identificar soluciones. No olvidemos que certificaron los stress tests de los bancos, Basilea III y son los que dicen que con más déficit y más deuda se soluciona todo. Porque cobran de la hipertrofia del estado y la UE.

Cuidado con los expertos de Plan E, que lo paga usted

La realidad es:

El sector financiero europeo depende peligrosamente de que la deuda estatal sea segura.

Casi ningún sector financiero de la Unión Europea sobreviviría a una quita en la deuda soberana de su país. Y el impacto sobre empresas y ciudadanos sería enorme.

La deuda soberana no hace más que crecer en casi todos los países miembros.

Los mecanismos  de contención del riesgo y acceso al Banco Central Europeo no pueden ser una costumbre. Deben ser excepcionales.

Hace ya más de seis años que la banca europea tenía que haber reducido su endeudamiento agresivamente. Según BNP, no llega al 30%.

Los inversores no deben temer el rescate interno de bancos zombi si se hace bien. Tenemos casos como Amagerbanken (2011) y Fjordbank Mors (2011) donde los depósitos pequeños no sufrieron y los de más de 100.000 euros sufrieron quitas mínimas.

Pero para evitar riesgos, la banca europea debe aumentar capital, desinvertir y desligarse más de la deuda soberana mientras puedan. Si yo tengo razón y las cosas se ponen feas, estarán mucho mejor. Y si no tengo razón, estarán muchísimo mejor. Solucionen el balance.

Aún peor es pensar que la solución es endeudarse más. La capacidad del Banco Central Europeo de sostener a una Unión Europea donde todos juegan a forzar el rescate no es ilimitada, aunque Draghi lo diga con la boca chica. Él lo sabe –por eso guarda con prudencia sus cartuchos-. El sistema es tan frágil que las palabras de un líder europeo crean estos shocks.

Dijsselbloem no es la enfermedad. Es un síntoma de una Europa intervencionista, enferma, improvisada y donde la arrogancia y la ignorancia se unen a la hora de enfrentarse a problemas financieros. Habló demasiado, pero no mintió. Sin embargo, el precio de la estupidez de todos es mantener este círculo vicioso de deuda e intervencionismo. Porque las consecuencias son imprevisibles

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