Daniel Lacalle

Argentina: Pocas Correcciones Después de las Elecciones

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Por Jose Luis Espert – Economista y autor de “La Argentina Devorada” 

El espacio político que llevó al ingeniero Macri a la Presidencia de la Nación Argentina prometía reformas promercado importantes para después de las elecciones legislativas del pasado 22 de octubre.

Sin embargo, en general, han terminado siendo, salvo una parte de la reforma laboral y la previsional, una gran apuesta política a las elecciones presidenciales de 2019.

En efecto, la Provincia de Buenos Aires, gobernada por la Macrista María Eugenia Vidal, recuperará desde el año que viene su histórica participación en el impuesto a las Ganancias con lo cual mejorará sus ingresos en 0.37% del PBI provincial. Además recibirá una compensación, por no haber percibido el Fondo del Conurbano Bonaerense durante 22 años desde 1996 hasta 2017 inclusive, desde 2018 ad infinitum que será de 0.47% del PBI provincial que sube a 0.8% del PBI provincial desde 2019 en adelante, aunque decreciente si la economía crece porque ajustará solo por inflación.

Por otro lado, el presupuesto aprobado por la legislatura de la Provincia de BA, decidió una baja del Impuestos a los Ingresos Brutos a los comercios e Industrias con lo cual hay intento de agrandar los apoyos logrados en los grandes centros urbanos donde están las grandes concentraciones de votos. A lo cual debe sumarse la baja (correcta) en la alícuota de 35% a 25% en el impuestos a las Ganancias para las ganancias no distribuidas, el tope en $12.000 mensuales (menos de u$s 700) para las contribuciones patronales y la devolución anticipada de los saldos de IVA incluidos en las compras de bienes de capital.

Adicionalmente, el resto de las provincias, serán compensadas por el gobierno nacional por la pérdida de recursos que significa dejar de coparticipar sólo ellas (sin la Provincia de Buenos Aires) en el impuesto a las Ganancias y en el Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios (más conocido en Argentina como Impuesto al Cheque).

El campo, el gran convidado de piedra a casi todas las decisiones de política económica de los gobiernos argentinos, sufrirá un impuestazo espectacular dado que se le aumenta el impuesto inmobiliario rural (impuesto a la tierra, el bien de capital del campo) un 50% por encima de lo confiscatorio que ya era después de la reforma del ex gobernador Daniel Scioli en 2012.

Además, los otros que pagan esta fiesta de ingresos fiscales para la provincia de Buenos Aires, es la gente de a pie (habitualmente sin poder de lobby para oponerse al capitalismo de amigos de Argentina) que sufrirá un tremendo impuestazo a la renta financiera (que hoy tiene una rentabilidad real cercana a 0), a los ingresos brutos a ciertos consumos y al eliminarse el tope de $82.000 mensuales de salario bruto (u$s 4.700) para los aportes personales de 17% para la Seguridad Social.

El cambio en la fórmula de ajuste en las jubilaciones no es baja de gasto público hoy, sino que es menos suba de gasto público en el futuro, cuando lo que se necesita es una baja de gasto público hoy y urgente, no que suba menos mañana.

La reforma laboral está siendo consensuada con la Confederación General del Trabajo (CGT), o sea, con los que son parte del problema.

¿Para esto nos decían desde Cambiemos “esperen hasta las elecciones”? ¿Estas son las “reformas estructurales” para que la recuperación económica de hoy se transforme en crecimiento sostenido? ¿Qué tiene que ver lo que se está discutiendo hoy con el problema del enorme déficit fiscal, el gasto público impagable, la presión impositiva asfixiante, el atraso cambiario y el déficit comercial record? Nada. Nos toman el pelo.

En el medio de esto, el gobierno ha salido a criticar muy duramente a los liberales (muchos profesionales de la Economía) que, preocupados por el rumbo de la economía, hemos hecho advertencias fundadas sobre la necesidad de correcciones al programa económico en curso.

Lo que pasa es que los liberales molestan porque llaman la atención que el gobierno está haciendo lo mismo que condujo al fracaso de múltiples programas económicos, en particular el Plan Austral de Alfonsín y la Convertibilidad de Menem, esta última sostenida caprichosamente por de la Rúa hasta su explosión. El gradualismo del gobierno está manteniendo la economía cerrada al comercio, ha convalidado un sector público sobredimensionado, financiado por una presión tributaria asfixiante de la actividad privada y está recurriendo groseramente al endeudamiento externo para financiar un déficit público fenomenal. Con este cóctel no puede sorprender que haya atraso cambiario y Argentina esté carísima, que el déficit externo aumente cada día, que la actividad privada más competitiva esté asfixiada, que todavía estemos con la inflación que dejó Cristina, sólo para mencionar algunos de los problemas críticos que no han tenido solución.

Pregunta para los partidarios de Cambiemos ¿no reconocen que los liberales temen, con razón, que las groseras inconsistencias económicas terminen apedreando este nuevo intento de restaurar la república? La verdad, es que no son conscientes, pues su visión es puramente política. Desconocen y desprecian los límites de las leyes de la Economía.

Creen como Alfonsín que con la democracia se come, se sana y se educa. Y que cuando la política económica fracasa estrepitosamente (como en la híper del 89), la culpa es de los sindicalistas y de los empresarios que dan un golpe de mercado. No se les ocurre pensar que la causalidad fue la inversa: que la inconsistente política económica de Alfonsín llevó al fracaso económico y que ese fracaso económico genero las condiciones políticas para el retorno del peronismo.

No se les ocurre pensar tampoco que la causa fundamental de la caída de la Rúa fue el caos económico derivado del empecinamiento en mantener una insostenible Convertibilidad. Los saqueos y los golpes civiles nunca nacen de un repollo o se producen en Suiza, siempre hay un fracaso económico en el cual prosperan. Los radicales han dado la razón al dicho de Perón: “no es que nosotros seamos buenos, sino que los otros son peores.”

Los liberales tememos de buena fe que la historia se repita, más allá de Macri. Y tratamos de despertar conciencia para evitar un nuevo fracaso económico que genere las condiciones políticas para el retorno de un populismo aún más extremo que el que tuvimos hasta 2015.

El gobierno cree que los liberales somos ciegos a las restricciones políticas y que no vemos que es imposible ajustar cuando no se tienen mayorías parlamentarias y que no se puede hacer otra cosa que gradualismo. Obviamente los márgenes son escasos, particularmente porque se ganaron los elecciones del 2015 reivindicando a Perón, prometiendo mantener todas las políticas sociales de Cristina y ni siquiera se hizo un inventario de la herencia. Es difícil hacer correcciones si luego de amenazar, en plena campaña de elecciones legislativas, con “grandes cambios”, una vez conocidos el resultado electoral, el sector privado sin poder de lobby se desayuna, sorprendido, con un impuestazo (renta financiera, Internos y eliminación del tope de $82.000 para los aportes personales).

La pregunta entonces es, el gradualismo, o lo que sería muchísimo peor, un rumbo equivocado ¿están explicados por las restricciones políticas? ¿U obedecen a que desde el comienzo se creyó que la economía protegida y el estatismo distribucionista eran políticas razonables y sólo era cuestión de gestionarlas bien reemplazando a la asociación ilícita que fue el kirchnerismo gobernante por un por un populismo, igualmente inviable, pero de “buenos modales”?

Si el gradualismo o una brújula equivocada obedecieran sólo a razones políticas ¿se ha hecho todo lo posible hasta ahora? Pensemos ¿cuánto se abrió la economía al comercio internacional? ¿Cuánto bajó el gasto público? ¿Cuánto bajó el déficit fiscal? A estas tres preguntas, la manera más favorable al gobierno de contestarlas es: poco y nada. A la vista de la conducción política del gobierno ¿estarán dadas alguna vez las condiciones políticas para modificar sustantivamente la política económica? ¿O el desgaste natural de la política ratificará la idea que los ajustes que no se hacen de entrada, no se hacen nunca?

Si ésta última es la realidad que se impone, en algún momento volveremos a tener los problemas en los que de manera recurrente hemos caído en los últimos 70 años de decadencia: ¿cómo bajar la inflación? ¿Cómo crecer? ¿Cómo pagar la deuda pública? etc. Y en este caso la función de los liberales habrá sido generar conciencia que los problemas por venir no serán consecuencia de golpes civiles o de mercado nacidos de la nada, sino culpa de los políticos que no respetan las leyes económicas básicas y no imitan las políticas de los países exitosos. Lo único que falta es que los que se dicen campeones de la república terminen por impedirnos cumplir con esta función.

Para que a los Argentinos nos vaya bien, tenemos que hacer algo distinto como lo que propongo en mi reciente libro “La Argentina Devorada” (Galerna 2017) que es imitar a los países emergentes exitosos y no insistir en lo mismo como venimos haciendo desde hace casi un siglo de decadencia. El camino es el libre comercio, un Estado de tamaño pagable y sin déficit y mercados desregulados, en particular el laboral.

Cambiemos…en serio.

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