Daniel Lacalle

El Plan del BCE y los Incentivos Perversos

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Ya comentamos hace tiempo que el plan de Draghi no iba a funcionar sin reformas estructurales, y en el balance de la gestión del presidente del Banco Central Europeo también mostramos su buen proceder alertando de los errores de los países que se acomodan a la política monetaria como única medida de salida de la crisis. El banco central no imprime crecimiento.

Es cierto que las primas de riesgo han caído a mínimos históricos y países como Alemania se financian a tipos negativos en hasta un 67% de su deuda, mientras España tiene un 17% aproximado con rentabilidad negativa, pero ese “efecto positivo” ha llevado también al incentivo perverso de relajarse y volver a caer, por parte de una gran parte de los países europeos, en la tentación de aumentar el déficit.

El objetivo de ‘inflación’ que se plantea cuando se hace una recompra de la magnitud de la que estamos hablando es simplemente inalcanzable. Porque no depende de la política monetaria, sino del crecimiento global y la ralentización de China y los países emergentes.

Pensar que con política monetaria se va a crear ‘inflación por decreto’ cuando un 40% del PIB de Latinoamérica está en recesión y un 20% del PIB global en estancamiento es, como mínimo, inútil.

Y el problema en Europa no es de liquidez. La liquidez excesiva del BCE alcanza los 480.000 millones de euros. Más represión financiera, menos inversión. Les parecerá que no es intuitivo, pero es evidente. Los inversores a largo plazo no reaccionan invirtiendo más ante manipulaciones artificiales de la cantidad y precio del dinero.

Entonces, ¿qué puede hacer el BCE para atacar la deflación y el estancamiento? El error está en la pregunta. El banco central no es más que una herramienta. Y los engranajes están puestos. Liquidez y tipos bajos hay de sobra. No es su labor poder cambiar la economía.

El banco central te puede acercar al río pero no obligarte a beber, entre otras cosas porque la sobrecapacidad y falta de inversión no vienen por miedo, sino por el exceso de una década.

Los economistas de consenso siempre achacan los problemas a falta de demanda. No. Si abro una tienda de zapatos al lado de otras cuatro, el fallo de mi negocio, si quiebra, no es por falta de pies. Es por exceso de optimismo en mi decisión de competir. Si encima hemos creado 27 economías todas copiadas unas de otras, con los mismos problemas en los mismos sectores, simplemente hemos saturado las políticas de demanda. En Europa vivimos la mayor expansión de masa monetaria entre 2001 y 2010. Planes de estímulo del 3% del PIB de la eurozona. Aumentos de crédito hasta que los activos de la banca supusieron el 320% del PIB de la eurozona. Y sobrecapacidad incentivada por decreto en energía, infraestructuras, telecomunicaciones, etc… Pero, claro, el problema es de “demanda”. Por eso hay 480.000 millones de euros de exceso de liquidez, claro.

Por eso las nuevas medidas anunciadas tienen poco impacto.

Bajar el tipo de depósito del -0,2% al -0,3% -es decir, se penaliza a los bancos, que pagan por tener dinero depositado o inmovilizado- no soluciona el hecho de que el problema es de falta de crédito solvente, de proyectos sólidos, no de acceso a financiación. A lo que lleva es a que se preste con más riesgo y peores garantías y se aumente la burbuja de bonos. Y cuando explote, se culpará a los mercados por “tomar demasiado riesgo”. No lo duden.

Extender el QE hasta 2017 y ampliar el tipo de activos a comprar a bonos regionales y locales era algo esperado y descontado. Pero es el mismo problema de siempre. El BCE compra activos de mayor riesgo, en algunos casos regiones y zonas de la eurozona que están al borde de la quiebra. Más riesgo por menor rentabilidad.

¿Cuál es el objetivo? Que al meter en el balance del BCE esos bonos de regiones, estados y ciudades se libere espacio en el balance de los bancos para prestar más a la economía real. Pero el problema no es de acceso a crédito, sino de oportunidades reales de inversión. Cuando se lanzó el programa de recompras iniciales, yo hice una pregunta en la CNBC. ¿60.000 millones mensuales que van a financiar qué sectores o proyectos? La respuesta, mi amigo, está en el viento.

Y encima no suben las bolsas. La caída de los principales índices de ayer muestra a un mercado que ya hemos criticado en muchas ocasiones, un mercado yonqui que nunca tiene suficiente con las medidas de gas de la risa monetario y exige más cada vez. Que no le parece suficiente aumentar el balance en casi un 6% del PIB anual y comprar todo bono soberano que se mueva. ¿Por qué? Porque parece que no somos capaces de invertir por fundamentales ni de valorar riesgos. Solo esperamos que lo arregle otro chute de adrenalina monetaria.

Las medidas anunciadas por Draghi no son nada más que la evidencia de que el banco central no es un alquimista. Draghi pone las herramientas, pero la realidad de Europa no es que haya un desajuste injustificado en la financiación de estados y regiones -que emiten bonos con tipos a mínimos de la serie histórica- o por falta de liquidez. Es de hipertrofia tras décadas de exceso. Draghi no solucionará con más azúcar un problema de obesidad.

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