Daniel Lacalle

“Las propuestas rupturistas naufragarán”. Entrevista en La Razon

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la razon

Defensor a ultranza del liberalismo, sitúa al individuo por encima del colectivo. Astuto y hábil de mente, Daniel Lacalle es uno de los economistas españoles más brillantes. Resalta que está «para sumar». Saborea la libertad económica, su mejor manjar, y destaca que apoyar unas ideas no conlleva adhesiones incondicionales. Por el momento mantiene un compromiso firme con la mayor gestora de renta fija del mundo. Y asegura que apuntalar la recuperación requiere como mástil escenarios políticos estables, ya que las propuestas rupturistas naufragarán por frágiles y maleables. Nieto de un ministro del Aire del Gobierno de Franco e hijo de un histórico militante del PCE, no hay ideología que se le resista.

– ¿Cuál es el principal problema de la economía española?

–El fuerte endeudamiento. Aunque se haya producido un proceso de desapalancamiento, continúa habiendo bajo crecimiento y altos niveles de deuda. No obstante, y gracias a las reformas estructurales que se han acometido, España liderará junto con Alemania el crecimiento económico de Europa.

– Las soluciones mágicas no existen. ¿Qué se necesita para afianzar definitivamente la recuperación?

– Una batería de medidas para aumentar la competitividad, captar inversión y mejorar la financiación. Es decir, desbancarizarla. También habría que incrementar la eficiencia de las administraciones públicas para conseguir una reducción de su endeudamiento y de sus gastos. Si bien hemos dejado atrás la recesión, hace falta consolidar la salida de la crisis, para lo que se necesitan tres o cuatro años de crecimientos sostenidos.

–¿Podemos extraer lecciones de la crisis?

–Los problemas estructurales no se solucionan creando nuevos problemas estructurales. La deuda no puede resolverse con más deuda. El pinchazo de una burbuja inmobiliaria no debe solventarse con otra burbuja. Hay que adaptarse a los nuevos entornos.

– ¿Ha sido España un país de despilfarros y manirrotas?

–Como tantos otros países de la eurozona, ha cometido el error de intentar resolver el problema de la burbuja inmobiliaria con inversiones en obra civil. Y las políticas contracíclicas no han funcionado como se esperaba.

– Las obras faraónicas e infraestructuras megalómanas han disparado el déficit. ¿Cómo atajarlo?

–España debe volver a la prudencia presupuestaria. No hay que contar con ingresos extraordinarios para cubrir gastos ordinarios. No se debe partir de la base de que los ingresos van a resolver los problemas. Si vienen, mejora todo. Pero si no vienen, empeora todo rápidamente.

– ¿El gasto esclaviza y la austeridad libera?

–Sí, porque cuando nos entregamos al gasto no soportado por el ahorro nos ponemos en manos del prestamista. Dejamos de depender de nosotros mismos para hacerlo de quien nos ha dejado el dinero. La austeridad reduce la necesidad de tener que llegar a acuerdos con quien te presta.

– ¿Cuál es el secreto para que los individuos nos convirtamos en dueños de nuestro propio destino?

–Debemos ser responsables de nuestras acciones. El individuo es parte del colectivo, pero el colectivo no es nada si no hay individuos que piensen de forma diferente. Sin esa diversidad y sin esa fuerza creativa que suponen la confrontación, el debate y la divergencia de opiniones, el colectivo se convierte en un monstruo.

– Los estados intervencionistas y asistenciales, ¿crean más desigualdades que los liberales?

–El nivel de prosperidad, de crecimiento, de igualdad y de mejora de renta disponible está en los países que tienen mayor libertad económica. Me sorprende mucho que en España nos hablen del modelo nórdico desde el punto de vista intervencionista, cuando éste se encuentra en el top 10 de los países con mayor libertad y competitividad.

– ¿Debería adelgazar aún más el aparato político español?

–Tiene que servir a los ciudadanos, por lo que no puede fagocitar. Debe sumar, no restar. No tiene que ser un aparato que pare, entorpezca o limite las oportunidades. Es un aparato que cobra de los impuestos que genera la economía real.

– Ahora soplan vientos de cola ¿Nos harán despegar?

–Amo a España. Espero que veamos todo lo que tenemos construido, que aprovechemos lo que viene de fuera y de dentro para sumar, no para romper y ver qué pasa si se empieza desde cero. La bajada del petróleo y la devaluación del euro influyen, pero las reformas estructurales no deben olvidarse a efectos de consolidar el crecimiento y de no caer en riesgos adicionales porque haya una política monetaria expansiva. El BCE constantemente recuerda la importancia de seguir con el impulso reformista y de no fiar todo a la política monetaria. En Europa lo hicimos y fue un desastre.

– Las citas que tenemos los españoles con las urnas, ¿pueden suponer una amenaza para la economía?

–No lo creo. El electorado está fuera de esas posiciones rupturistas que algunos nos quieren obligar a asumir. Los partidos que aspiren a ganar tendrán que adaptarse a unos votantes que no desean soluciones mágicas, sino remedios a los problemas de cada día. Preveo un escenario de acuerdos y coaliciones, que resultará positivo porque los mensajes se centrarán más en las clases medias. La prima de riesgo está en mínimos, la bolsa sube… no veo demasiadas incertidumbres.

– Los economistas parece que se han convertido en armas para el combate electoral…

–A todo el mundo le interesa la economía, por lo que es normal que se busquen profesionales con opiniones independientes fuera del aparato del partido, capaces de sumar desde la buena voluntad.

– ¿Es la corrupción un problema estructural en España?

–Las informaciones que aparecen sobre la corrupción son coletazos del pasado. Se trata de casos puntuales y específicos.

No creo que la corrupción sea el reflejo de la sociedad española, ni el de todos los políticos. La política no está corrompida, aunque sí hay corrupción en la política. Son dos cosas distintas.

– Además de implantar contratos únicos, ¿considera que en España deberían bajar los impuestos?

–Sí. El contrato único, sobre todo, impulsa la creación de empleo. Pero no es lo mismo frenar la sangría de desempleados que generar puestos de trabajo de calidad, estables y con garantías. Bajar impuestos facilita la contratación sobre todo a PyMEs y autónomos que sufren alta presión fiscal.

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