Daniel Lacalle

Recesión de beneficios en Europa. ¿Final o espejismo?

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“Here I am. I’m back on my feet again”, John Waite

Parece que la temporada de resultados empresariales en Europa nos muestra su cara más amable después de más de seis años de decepciones y revisiones constantes a la baja. La recesión de beneficios registrada no sólo ha afectado de manera muy relevante a la cifra de negocio, sino a las bases imponibles y la capacidad de repago de deuda, que no mejoraba a pesar de la caída de tipos de interés -porque la caja se deterioraba más rápidamente-.

Según Morgan Stanley, de 75 compañías que han reportado -aunque es solamente una parte pequeña, 15% de la capitalización- las compañías han presentado los mejores resultados de los últimos 6 años. El 43% ha batido las estimaciones de beneficios, en un 5% o más, mientras que el 29% ha decepcionado. El resto, “en línea” con las expectativas.

De momento, la fe en la recuperación se centra en cuatro pilares, la recuperación en el precio de las materias primas -que ayuda a petroleras y generadoras eléctricas-, la mejora de los resultados de los bancos con más inflación y menos provisiones, un poco más de crecimiento global y ligera mejora de márgenes.

Aún quedan muchos resultados empresariales por analizar, pero merece la pena resaltar que esa mejora es esperanzadora, aunque no exenta de riesgos.

– Es cierto que un poco de inflación ayudaría al sector financiero a sacar la cabeza del agujero y respirar un poco. Los bancos están probando su propia medicina. Se pasaron años exigiendo estímulos monetarios y ahora, por listos, sufren el desplome de márgenes por los intereses reales negativos. Pero el problema de las provisiones está lejos de acabarse, y el peso de los préstamos de difícil cobreo, que superan los 200.000 millones, no va a evitar que sigamos con un dominó de ampliaciones de capital.

– La subida reciente de materias primas no ha generado resultados positivos como se esperaba en las energéticas. Excepto una, Total, que llevaba haciendo los deberes desde mucho antes de la caída del petróleo, gracias al empeño de mi admirado Christophe De Margerie (DEP), los resultados de los grandes conglomerados son, de momento, bastante pobres, desde BP a otros.

– Preocupa la sorpresa negativa en los resultados de las empresas de consumo, un 7% de sorpresa negativa y un 5% de caída, ya que las expectativas de crecimiento vienen fundamentalmente de mayor consumo.

Por supuesto, analistas y bancos de inversión se animan ante una subida de la inflación. Qué poco burbujeros somos ¿verdad? Sin embargo, tenemos que prestar más atención a la inflación subyacente, ya que nos podemos encontrar con un problema de estanflación si suben los precios por los alimentos y la energía y la economía se mantiene anémica.

Si esa recesión de beneficios no se revierte en 2017, podemos encontrarnos con un problema mucho mayor
Pero, de momento, hay que resaltar lo bueno. Si esa sorpresa positiva se mantiene hasta el final de la temporada de beneficios y, sobre todo, las indicaciones a futuro de las empresas apuntan a mejoras continuadas en 2017, podríamos estar ante la salida de la recesión de beneficios, que es esencial para creernos una verdadera recuperación.

Recordemos que, si esa recesión de beneficios no se revierte en 2017, podemos encontrarnos con un problema mucho mayor. ¿Por qué?

Si en 2017 los beneficios empresariales no empiezan a crecer en Europa, el efecto “viento de cola” de los bajos tipos de interés se disipará antes de que las empresas hayan saneado su capacidad de mejorar márgenes y reducir deuda. Algo muy similar ocurrirá con el impacto positivo de los bajos precios del crudo. Las petroleras europeas sufrirán por el desplome de los márgenes de refino y no lo compensará el repunte del petróleo. Y las empresas importadoras de energía perderán esa ventaja competitiva -al menos en efecto base, no porque se vaya a disparar el crudo-.

Un año fascinante. Europa y sus empresas pueden ser una sorpresa positiva a pesar de las algaradas políticas y el riesgo de que el BCE pare su política monetaria. Porque los miedos a las elecciones y catalizadores políticos, como vimos en 2016, no se trasladan de tal manera a las empresas, y porque nos daremos cuenta de que cuando el BCE deje de dopar al mercado con gas de la risa, no será un drama.

Antes de que alguien me diga que no importa, porque Europa está más barata que EEUU, un apunte. Casi siempre es así. Aparte de por el hecho de que la composición de los índices es muy diferente -tecnología y alto valor añadido en EEUU comparado con bancos y conglomerados de bajo crecimiento en Europa- porque cuando a las empresas norteamericanas les sobra caja y liquidez, recompran acciones y aumentan dividendos. Las europeas, en su inmensa mayoría, no.

Tenemos que seguir esta tendencia. Es tedioso y menos sexy que hablar de conspiraciones políticas, pero sin una mejora evidente e incuestionable de los beneficios empresariales, el rebote europeo no será más que un espejismo… de nuevo.

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