Yolanda Díaz ha anunciado que “se retira” por tercera vez. En cada debacle electoral anuncia que dimite, aunque luego no ocurre. El proyecto Sumar resta y el experimento Díaz de presentar una ultraizquierda amable ha fracasado estrepitosamente.

Yolanda Díaz es veneno electoral. Ahora lo fascinante será asistir a ver quién se presenta como el “futuro de la izquierda”: Rufián, Bustinduy o García. Va a ser para verlo.
Todo esto parece broma, pero es muy serio.
El legado que deja Yolanda Díaz es atroz: la mayor estafa a los trabajadores jamás perpetrada. Casi un millón de parados reales escondidos, récord de pluriempleo, precariedad real estancada y, encima, salarios reales netos cayendo con subidas constantes de impuestos y bases mínimas.
En enero de 2026, la cifra de personas sin trabajar que no aparecen en las estadísticas de paro alcanzó el récord de 918.756 personas. Más del triple que en enero de 2019, cuando era de 280.389
Desde el principio supimos que a Díaz no le importan las condiciones de los trabajadores ni la precariedad, lo único que le preocupó fue crear una reforma laboral que maquillase paro yprecariedad para presentar cifras oficiales aparentemente espectaculares.
En varias organizaciones se sorprendieron por la obsesión de Díaz con el cambio normativo que convierte a los contratos de obra y servicio en “fijos discontinuos”. “Si no cambia nada”, me decían.
Claro que cambia: dejan de contabilizarse como parados cuando no trabajan, aunque cobren el paro… y además cuentan como “contratos estables” aunque la duración real sea la misma. Maquillaje. Sombra aquí y sombra allá.
En enero de 2026, la cifra de personas sin trabajar que no aparecen en las estadísticas de paro alcanzó el récord de 918.756 personas. Más del triple que en enero de 2019, cuando era de 280.389.
El paro efectivo, incluyendo “demandantes de empleo con relación laboral” (que es paro oculto) apenas ha cambiado desde 2019, situándose en los 3,4 millones.
No hay récord de empleo cuando la tasa de actividad está estancada
No sorprende que en enero de 2026 haya más solicitudes de subsidio de desempleo por parte de “fijos discontinuos” que los que lo solicitan por despido, o que en nueve provincias tengan más personas cobrando el paro que parados oficiales.
La precariedad real no ha mejorado cuando la duración de los contratos no ha mejorado y se ha disparado el pluriempleo. Fedea muestra que la reforma laboral apenas ha mejorado la calidad y estabilidad del empleo («Los efectos de la reforma laboral: temporalidad “contractual” vs temporalidad “empírica”»).
Los patrones diarios de alta y baja en la Seguridad Social prácticamente no han cambiado tras la reforma. La precariedad “empírica” no ha mejorado cuando la inestabilidad por la duración de los contratos y la rotación se mantienen casi sin cambios, aunque se llame al contrato “indefinido”. La situación de precariedad real apenas ha cambiado, pese a la caída de la temporalidad “oficial”.
La cifra de 22 millones de afiliaciones está inflada por un récord de pluriempleos, empleo público y miles de “afiliaciones” sin apenas remuneración. A finales de 2025 las cifras indican casi 900.000 afiliaciones extras por pluriempleados, reduciendo los 21,57 millones de afiliados a unos 20,6 millones de personas únicas.
Si ajustamos por el dopaje de empleo público, desde diciembre de 2019 se “infla” la cifra de afiliaciones en 750.000 empleos públicos y pluriempleos (500.000 nuevo empleo público y 250.000 pluriempleo adicional), quedando en los 20 millones antes de contar el aumento de afiliaciones sin remuneración y el empleo de emigración por aumento de población.
Para un incremento neto de unos 2,1 millones de afiliaciones se han firmado más de 124 millones de contratos desde 2019.
No hay récord de empleo cuando la tasa de actividad está estancada. El periodo 2019–2025 se mueve siempre alrededor del 58,5–59%, sin ruptura al alza pese al fuerte aumento de afiliaciones y ocupados, y por debajo de los niveles de 2016.
Mientras tanto, utilizando la excusa del salario mínimo, Díaz ha aumentado los impuestos a los trabajadores al disparar las bases mínimas de cotización y a la vez ha aumentado la carga impositiva al negarse a deflactar el IRPF a la inflación. El trabajador medio paga entre 1.300 y 1.500 euros más en impuestos desde que gobierna Sánchez.
El tipo medio efectivo de IRPF ha pasado del 12,7% en 2019 al 14,4% en 2024, es decir, un aumento de 1,7 puntos, en gran parte por no deflactar tarifas con la inflación. Un trabajador medio soporta alrededor del 55% del coste laboral total en impuestos y cotizaciones, frente a menos del 50% hace unos años.
Esto no es una novedad. Sheinbaum hace lo mismo en México. La cifra oficial de paro, 2,4%, es la segunda más baja del mundo tras Japón, pero la realidad que reflejan los datos es de al menos un 10.3%, según estudios de organizaciones civiles como Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, que suman al desempleo abierto a los “desanimados”, la población disponible pero no activa y la gente que trabaja muy pocas horas.
La evidencia del legado de Yolanda Díaz es que deja casi un millón de parados ocultos, una afiliación dopada con pluriempleo y contratos sin remuneración, la tasa de actividad estancada y trabajadores asfixiados a impuestos. Cosas chulísimas.