Daniel Lacalle

La gran amenaza de la pirámide de deuda

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Los economistas neokeynesianos exigen más planes de estímulo, políticas de demanda, y mientras tanto los índices de saturación de deuda simplemente hacen la ilusión de crecimiento a través de políticas monetarias cada vez más complejas.

En Estados Unidos, ejemplo paradigmático de estímulo tras estímulo, se ha llegado a una situación difícil de corregir a pesar de tipos bajos y enorme liquidez.

A pesar de los bajos tipos de interés, las compañías norteamericanas deben más en intereses a pagar anuales que nunca, según Bloomberg, mientras su capacidad para repagar esas deudas -la cobertura de intereses- se sitúa a mínimos de 2009.

Goldman Sachs también alerta del deterioro alarmantemente rápido de los balances de las grandes empresas.

Esta situación hace que sea aún más difícil lo que ya ha sido una quimera. El famoso “retorno de la inversión”, que, como la reunión de Abba, siempre se vaticinaba para “el año que viene”.

Hace también inverosímil la llamada a enormes planes expansivos, que comentábamos en Larry Summers y las importaciones chinas.

Pero, sobre todo, pone en evidencia el error de pensar que tirando de deuda (el eufemismo de ‘relajar el déficit’) se va a lanzar el crecimiento. Si es imposible, como muestra el gráfico cortesía de Bloomberg, mejorar los balances corporativos de empresas con beneficios, es aún más complicado que lo hagan los estados deficitarios.

La saturación de deuda nos lleva a olvidarnos de que, aunque los tipos sean bajos, los costes de los intereses nos desbordan. Tomen el ejemplo de Japón, que a pesar de pagar tipos bajísimos por su deuda a 10 años, un 0,6%, se deja más del 22% de su presupuesto en pagar intereses.

Pensar que se soluciona un problema de sobrecapacidad creando demanda artificial mientras se asalta al bolsillo del consumidor no funciona

No, los tipos de interés bajos no hacen las oportunidades de inversión más claras, solo zombifican.

Un crecimiento basado en meterle la mano en el bolsillo al ciudadano no funciona.

Ya lo explicaba Víctor Alvargonzález el sábado en El Confidencial, los tipos bajos generados por el QE deben servir para aumentar la renta disponible de los ciudadanos vía bajada de impuestos para recuperar la clase media y el consumo. No para incentivar aún más la toma de riesgo público y el gasto.

En Estados Unidos estamos viendo día a día las consecuencias de la resaca generada por la euforia monetaria. En Reino Unido, hasta economistas monetaristas como Simon Ward alertan del mayor aumento de la masa monetaria, suministro de dinero (M4), desde 2008.

Luego le echarán la culpa del pinchazo al sector privado, a la regulación o a no haber hecho lo suficiente.

Esa enorme burbuja de deuda y el deterioro de las capacidad de repago muestran uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. El acceso fácil a dinero no hace que el crecimiento potencial sea mayor. La Reserva Federal ha vuelto a revisar a la baja el crecimiento de EEUU. Pero, sobre todo, el efecto placebo que se genera con el estímulo deja tras de sí la sobrecapacidad y la deuda. Pensar que se soluciona un problema de sobrecapacidad creando demanda artificial mientras se asalta al bolsillo del consumidor en impuestos y devaluaciones no funciona.

Esa enorme burbuja de deuda y el deterioro de las capacidad de repago muestra uno de los grandes problemas de nuestro tiempo

Y la falta de honestidad intelectual de recomendar repetir no lo va a mejorar. Si las empresas más sólidas y bien gestionadas ven un deterioro del 35% en un año de su capacidad de atender a los compromisos de la deuda, ya se pueden romper la cabeza en los organismos internacionales hablando de enormes estímulos que no se va a crear el efecto deseado.

Ninguna empresa se va a lanzar a invertir con ese deterioro de sus ratios de solvencia. Aunque lo prometa un político. Porque cuando salta, el político le echa la culpa a la empresa “que tomó riesgo innecesario”. Y se va tan contento a crear otro comité para ‘regular’.

Presten atención a este deterioro de la capacidad de pagar intereses incluso de los mayores y mejores grupos empresariales del mundo. No solo les guiará ante la más que probable bajada de estimaciones sino que les evitará sustos.

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