Daniel Lacalle

Larry Summers y los elefantes blancos

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La semana pasada, Larry Summers escribía un interesante artículo pidiendo una expansión global de los balances de los estados, olvidando el déficit, para combatir lo que él llama el “estancamiento secular”.

Su argumento parece atractivo… Para un gobernante con la chequera en la mano. Invertir sin control en infraestructuras y olvidar los objetivos de moderación presupuestaria ya que no hay riesgo de inflación.

Solo olvida dos cosas.

  • Los tipos de interés no están bajos porque el mercado lo considere, sino por la intervención constante de los bancos centrales. Por eso, ante tipos ultra bajos, la inversión productiva global no está creciendo en términos reales.
  • El déficit acumulado son mayores impuestos después. Las preferencias de los consumidores, ante la represión financiera, no mejoran porque gaste el Estado. Solo genera mayor sobrecapacidad. Summers olvida que su recomendación es precisamente lo que ha llevado a Brasil y a China a la sobrecapacidad industrial del 27% y el 38%. Y no son poblaciones con problemas demográficos.

Si esperamos que la ralentización china la compensen las políticas de demanda del resto del mundo, estamos abocados a cometer el error de 2008

No es que haya baja inflación y bajo crecimiento por falta de inversión, es que se dan bajos precios por saturación de oferta, y la ‘zombificación’ -gracias a los tipos bajos- de industrias excedentarias.

No es que haya bajo crecimiento por falta de gasto público, que se encuentra a máximos de los últimos 50 años a nivel global, sino por el ataque al consumidor a través de impuestos para sufragar ese dispendio y el asalto al ahorrador que supone la represión financiera -devaluar y bajar tipos-.

Crear otra China es fiscalmente imposible. Lo recomiende Summers o quien quiera. Porque los problemas de China no son más que el espejo de lo creado en la OCDE. Asumir que la demanda se incentiva desde el gasto cuando hemos superado el umbral de saturación de deuda es simplemente un brindis al sol. Es decir “como ha fallado, repetir pero a lo bruto”.

Las necesidades globales de infraestructura, como comentamos en esta columna, son de unos 835.000 millones de dólares anuales según el Banco Mundial. Aceptemos la cifra como válida. El gasto en educación global estimado necesario para 2020 sería de unos 25.000 millones de dólares más.

Todo ese enorme esfuerzo adicional supone un porcentaje ínfimo del PIB global anual. Según el Banco Mundial y la ONU, un 1-1,2%. Esa enorme expansión fiscal no compensa la diferencia entre el crecimiento histórico global y el actual. Ni siquiera si asumimos multiplicadores del gasto que hoy en día están más que desacreditados. China es aproximadamente el 16% del PIB global, su ralentización -deseable- hacia un crecimiento sostenible del 3% anual no se compensa con elefantes blancos en el resto del mundo. No es pesimismo, son matemáticas.

Todo ese desarrollo, necesario, se debe hacer, pero no a expensas de nuestros nietos. Se puede hacer sin coste fiscal acudiendo a la lógica. Mejorando la renta disponible y poniendo incentivos al sector privado para acometer inversiones con retorno real, como decía Keynes, al que no leen para invertir, solo para gastar.

No se preocupen mis críticos, que lo que propone Summers se cumplirá. El mundo celebrará déficits del 11% anual “para crecer”, como hicimos en 2008 en nuestro amado país con la varita mágica de crear puentes innecesarios y redes que interconecten sobrecapacidad española con sobrecapacidad francesa para crear sobrecapacidad italiana. Luego, cuando se termine la comilona, vendrá el maître con la cuenta. Paga usted.

Llevamos intentando crear inflación vaciando el bolsillo de los ciudadanos casi 15 años. Y nos sorprendemos de que no funcione. Repetir y multiplicar no lo va a mejorar.

2 Respuestas a Larry Summers y los elefantes blancos

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