Daniel Lacalle

Más Dura Será la Caída… El Desplome del Petróleo es Estructural

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“You better start swimming or you’ll sink like a stone ‘cause the times they are a-changin'” Bob Dylan

El Brent se acerca a una semana catastrófica cerrando ayer alrededor de los $55,6, con el West Texas a $50,9/barril.
Hace ya años que en esta columna alertábamos de la revolución del fracking que ha llevado a EEUU a producir casi más que Arabia Saudí y Rusia, a pesar de una caída de las perforaciones muy agresiva desde noviembre.
Esa revolución no solo lleva al eje EEUU-Canadá-México a ser casi autosuficiente en petróleo, sino que ha probado que las predicciones de los agoreros de un desplome de la producción por precios bajos no se han cumplido. En ocho meses después de recortar explotaciones, EEUU ha alcanzado la cifrs récord de 9,56 millones de barriles/día… A pesar de los bajos precios. Mejorando eficiencia en un 35% de media en la industria, según Devon y Anadarko. Bajando costes haste en un 55% según Halliburton. La guerra de precios petrolera que mencionábamos aquí ha llevado a que la competencia entre productores se lleve a cabo desde el campo de la mejora de productividad. Y los resultados son positivos para todos.
Uno de los problemas del petróleo, como en 2013 y 2014, es de exceso de oferta. A día de hoy, no solo Estados Unidos produce a nivel récord

Ya en 2013 anunciaba que “sobra petróleo”. Uno de los elementos clave que trato en el libro La Madre de Todas las Batallas (publicado en inglés como The Energy World Is Flat) es la inexorable pérdida de poder del arma geopolítica, añadido al impacto devastador -para los productores- de la eficiencia energética y de la tecnología en las materias primas fósiles.
¿Por qué cae el petróleo si sube la demanda?

La IEA (agencia internacional de la energía) publicaba en su análisis de 2015 que se espera un crecimiento de la demanda de 1,3 millones de barriles/día y con los datos de junio la demanda evoluciona positivamente.

El problema, como en 2013 y 2014, es de exceso de oferta. No solo EEUU produce a nivel récord, sino que la OPEP mantiene al máximo sus cuotas mientras Rusia sigue a niveles históricos e Irak aumenta la producción a cifras previas al derrocamiento de Sadam Hussein.
Pero olvidamos Irán. El mercado empieza a descontar un desbloqueo de las sanciones a Irán y un acuerdo con los países del G7. El consenso estima que Irán podría añadir 500.000 barriles al día a un mercado en el que la OPEP ya cuenta con una capacidad excedentaria de 2,5 millones de barriles al día. Mi buen amigo Sadad Al-Husseini siempre comentaba que el mayor riesgo para un mercado con sobrecapacidad es que Irán puede aumentar hasta en 1,5 millones de barriles al día su producción rápidamente.
En este entorno los productores van a seguir luchando por mantener cuota de mercado. El que apueste por reducciones de cuotas de la OPEP ya debería estar escarmentado, pero si no ha aprendido, debe recordar las palabras que escuché la última vez que me invitaron a la reunión de la OPEP en Viena: “la OPEP tiene como objetivo ser el suministrador fiable, flexible y de bajo coste”. Cualquier decisión que ataque esos principios pone en peligro su propia posición, ya que las acciones en pro de buscar la independencia energética de los países consumidores se aceleran. Hay que demostrar ser competitivo, no manipular los precios a corto plazo, porque, como dijo el ministro de petróleo de Kuwait, es “ineficiente, ineficaz y contraproducente”.
Hoy estamos viendo que todas esas quiebras y entelequias del “precio que necesitan” eran excusas… Y compiten. Arabia Saudí puede afrontar un déficit fiscal del 20% porque sus reservas de divisa son enormes. Lo que no puede afrontar es un declive constante de su cuota de mercado. Por eso se ha demostrado que la política de no intervenir de la OPEP es acertada… Si miras al largo plazo.
¿Y China?
China consume casi el 10% del petróleo producido globalmente, por detrás de EEUU. La desaceleración china a un modelo menos intensivo en industria no solo es una gran noticia para el mundo entero, sino que reduce la presión sobre el mercado de petróleo.
¿Y la eficiencia?
Mi querido Adam Sieminski de la Agencia Internacional de la Energía, cita a la eficiencia energética como uno de los elementos positivos a la hora de mantener el mercado bien suministrado. Dicha eficiencia “retira” del mercado casi 2,5 millones de barriles/día de demanda estimada adicional. La cantidad de barriles de petróleo necesarios para generar una unidad de PIB se ha reducido un 40% en pocos años (según Bloomberg y la IEA).
… Y las renovables.
El petróleo se usa fundamentalmente para el transporte. La OPEP y cualquier productor sabe que la tendencia es clara. Cada vez menos.
Piensen en los vehículos hibridos, eléctricos, de gas natural, de hidrógeno… Y el avión solar que ya ha demostrado cubrir 8.500 kilómetros. Muchas de estas tecnologías son ya competitivas y el asalto al gran “intocable”, el fuel de aviación, empieza a dar frutos, con combustibles alternativos.

Hace meses, cuando publiqué el libro, en una presentación en Oslo, muchos dudaban de este triple efecto “exceso de suministro-eficiencia-tecnología”.
En esa conferencia, una de las empresas comentaba que el coste medio de extracción había bajado un 30% en dos meses. Las mayores compañías de servicios (Schlumberger, Halliburton-Baker Hughes) ya hablan de 45-55% coste total y de mejoras continuas de eficiencia.
La era de contar con precios elevados y tirar del riesgo geopolítico ha terminado. El arma del petróleo ya no funciona cuando, en medio de conflictos en Siria, Irak, Yemen, Nigeria y Rusia el petróleo cotiza a menos de $60/barríl.
Sobra petróleo y, lo que es mejor, seguirá sobrando. La sustitución cuando la tecnología es eficiente es simplemente imparable. El petróleo seguirá siendo la principal fuente de energía primaria a largo plazo, pero decreciente. Y cuanto más avance la tecnología, tanto de producción petrolera como de energías alternativas, más dura es la caída, como cantaba Jimmy Cliff. Los que sobrevivirán son los que sepan competir y ajustar costes.
Porque la tecnología avanza más rapidamente que la mente de un agorero Malthusiano.

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