Daniel Lacalle

México, ¿Otro Riesgo Como Brasil?

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“Ahorita mismo is like mañana but without the urgency”

México es muy importante a la hora de analizar el riesgo exterior para la economía española. Nuestro país tiene más de 4.000 empresas establecidas, con una inversión que supera los 42.000 millones de dólares en infraestructura, energía, finanzas, etc. España sigue siendo el segundo mayor inversor en el país después de EEUU.

Igual que Brasil y China, España importa de México más de lo que exporta. Unos 1.500 millones de euros más, en cifras de 2014. Por ello la ralentización no tiene por qué suponer un impacto negativo en la contribución del sector exterior a nuestro PIB. Como con China y Brasil, el sector exterior agregado ha estado mejorando en su aportación a nuestro PIB desde hace tres años mientras los tres países mostraban una clarísima desaceleración.

A la hora de entender los riesgos, merece la pena recordar que México se diferencia de otros países de Latinoamérica por su pasión por el comercio internacional. Tiene más acuerdos bilaterales que ninguna de las naciones de su entorno.

México, además, muestra tasas de crecimiento más parecidas a las de unaeconomía madura que a un país emergente. Entre 2013 y 2014 ha crecido un 1,8% de media, y tradicionalmente, el consensos de analistas se ve obligado a revisar estimaciones a la baja de un 40-45% sobre las previsiones de enero de cada ejercicio. Ese es el caso de 2015. La media de analistas ha pasado de un crecimiento de 3,3% a un 2,3%, y probablemente se quede unas décimas por debajo.

Los riesgos para el crecimiento del país se podrían resumir en:

  • Caída de la producción de petróleo y retrasos en la reforma energética que frenan la entrada de capitales extranjeros. Cualquier geólogo identifica México como una enorme oportunidad. Con la adecuada combinación de capital y experiencia aportada por operadores externos a la petrolera nacional, podría frenar el declive de su producción y atraer decenas de miles de millones de inversión financiera directa. Es una pena que existan sectores que perciban de manera equivocada la entrada de empresas e inversores extranjeros. Por aferrarse a una visión anticuada de la propiedad, pierden enormes oportunidades de mejorar su producción sin perder los activos. A pesar de ello, México ha aumentado sus exportaciones de petróleo desde 1,14 millones de barriles al día en 2014 a 1,26 en el primer trimestre de 2015, mitigando parcialmente la caída del precio del crudo. Aunque la producción mexicana es de las más baratas del mundo, con un coste total inferior a los $20 por barril, el colapso en el precio ha hecho que los ingresos fiscales se desplomen un 50% y con ellos las inversiones proyectadas para Pemex, la petrolera nacional. España es uno de los grandes importadores de crudo maya, y seguiremos siéndolo.
  • Ralentización de la economía norteamericana. La tasa de variación anual de las ventas de mercancías acumuladas de enero a abril de 2015 fue negativa en un 1,2% en las exportaciones y estancada, 0%, en las importaciones. Atrás quedan los crecimientos de doble dígito de 2011 y 2012. Las exportaciones crecen cada vez menos y las importaciones muestran que la demanda interna no termina de arrancar. Debemos recordar que la correlación del crecimiento de la economía mexicana y la norteamericana es muy alta, casi del 90%. Incluso si quitamos el efecto del sector petrolero, las exportaciones e importaciones distan mucho de acercarse a los niveles de 2011.
  • Retraso de las reformas. No solo se trata del sector energético, sino de liberar un gran número de cuellos de botella e impedimentos legislativos y políticos que entorpecen la inversión financiera directa. Según estudios de varios bancos de inversión, las reformas pendientes tendrían un efecto positivo en el crecimiento de la economía que se estima entre un 1% y un 1,3% del PIB. Según BBVA las reformas podrían contribuir a conseguir un crecimiento del 4%, es decir, duplicar el actual.

Por lo tanto, nos encontramos ante un riesgo mucho menor que los que hemos observado en esta columna para las economías de Brasil, Argentina, Venezuela o Chile.

El riesgo de México es el coste de oportunidad de no cumplir con el potencial evidente, no de caer en una estanflación bolivariana.
A México le va a salvar de un sobresalto “brasileño” haber retrasado los planes de estímulo y políticas de demanda anunciadas, que suponían hasta $400.000 millones de inversión. No solo va a poder evaluar los proyectos a realizar de una manera menos apasionada, sino que le va a permitir acometerlos con un escenario menos optimista de crecimiento global, tipos de interés y coste de materias primas. Hay retrasos que se convierten en bendiciones.

Un amigo mío en México siempre dice “ustedes siempre se están preparando para la recuperación, nosotros estamos acostumbrados al precipicio”. Esa prudencia, sea deseada o no, le va a venir muy bien al país en el entorno de “parada en seco” que estamos viviendo.

Para España, México supondrá menores resultados en las inversiones, pero no una debacle

Con una inflación del 3% y unas reservas de más de $193.000 millones, la devaluación del peso mexicano observada estos meses no se puede considerar como un elemento de riesgo “a la venezolana”, sino como el reflejo de la caída del crudo, ralentización de EEUU y anticipación de subida de tipos americana.

El motor principal del crecimiento seguirá siendo la demanda externa, y por ello, debemos entender que va a ser difícil que México crezca a las tasas que los optimistas esperan. Sin embargo, una vez que la moneda se ha estabilizado y las reformas se empiecen a poner en marcha, la demanda interna empezará a sustituir a la volatilidad del comercio exterior. Una demanda interna que no está alentada por una burbuja de crédito, sino por reformas estructurales.

Para España, México supondrá menores resultados en las inversiones, pero no una debacle.  Pero hay que monitorizar el riesgo político, que puede frenar aún más las oportunidades.

De nuevo, nos encontramos con un país donde España ha invertido mucho y que, aunque está lejos de una crisis, muestra señales evidentes de desaceleración. A los que llevamos alertando de la parada en seco de los países emergentes desde 2013 no nos sorprende. Por eso no hay que verlo como un cisne negro. Porque no lo es.

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