Daniel Lacalle

Presupuestos de Continuidad

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Siempre me sorprende que al Gobierno del Partido Popular se le acuse de “austericidio”. Cuando uno mira la evolución del gasto y las cuentas públicas de los últimos cuatro años es evidente que se ha llevado a cabo un ejercicio de contención presupuestaria moderado, pero que se ha mantenido el gasto social en particular, y el gasto público total, a niveles máximos.

Efectivamente, no se puede tildar de anti-social a un estado que dedica al gasto social el 53% del presupuesto, según el Libro Amarillo publicado ayer. Un 21% del PIB. Dicho gasto social aumenta en estos presupuestos un 3,8%.

La principal clave de estos presupuestos es, por lo tanto, el componente social y la mejora de las cuentas gracias al crecimiento y la creación de empleo, no a los recortes. Son presupuestos de crecimiento económico, y por lo tanto, si se entorpece esa recuperación, se puede cometer el error de volver a caer en la trampa de 2009. Gastar y esperar.

Bajar el gasto público solo un 0,8% pospone hasta 2018 la estabilidad presupuestaria. Dicha reducción viene fundamentalmente por la caída del paro y, con ella, la reducción en la necesidad de gastar más en ayudas al desempleo. La caída de la partida de prestaciones por desempleo, del 21,7%, permite aumentar otros gastos, entre ellos las pensiones.

Por lo tanto, el riesgo de que se paren las reformas o se derogue la reforma laboral como proponen algunos, puede llevarse por delante una de las fuentes fundamentales de ahorro de unos presupuestos muy conservadores.

Otro elemento esencial de ahorro en los presupuestos, que ha permitido adelantar la bajada de impuestos y la subida de las pensiones, es la caída de los intereses de la deuda de un 5,6%. De nuevo, si se imponen las políticas mágicas de algunos y se vuelve a perder la confianza, ese ahorro puede irse al traste, y no habrá Banco Central Europeo que lo solucione. Si copiamos a Syriza tendremos costes de deuda de Grecia. Y aumento de la misma.

Es por lo tanto importante entender que las principales áreas de ahorro dependen de nosotros mismos, de mantener las reformas, seguir creciendo y creando empleo y no caer en la tentación de volver a los errores de 2008-2010.

Me parece muy relevante que se ponga el objetivo de llegar a superávit primario. Sobre todo porque se parte de una estimación de ingresos creíble, que no asume ni la reducción de la economía sumergida del 3% según el Colegio Oficial de Economistas, ni una mejora de la recaudación por expansión económica.

Gracias a los ahorros mencionados se puede adelantar la muy necesaria rebaja de impuestos, en la que hay que profundizar para que la recuperación se convierta en crecimiento sostenible y creación de miles de empresas.

Los presupuestos se encuentran, por lo tanto, con tres retos. Reducir la deuda, el déficit y acelerar la creación de empleo. Son presupuestos de continuidad, conservadores, pues se ha conseguido que España crezca un 3% anual, reduzca los desequilibrios que en 2011 dejaron un enorme déficit fiscal y comercial, y cree un millón de puestos de trabajo. Pero queda mucho por hacer.

Los que siempre se quejan de que España tiene que gastar más deberían explicar a los ciudadanos cómo vamos a sostener déficits anuales superiores al 5%. Y es suicida pensar que la crisis no puede volver si caemos en el error de dormirnos en los laureles de los buenos datos económicos.

Tampoco debemos olvidar que la deuda ha aumentado entre 2011 y 2014 en 300.000 millones de euros ya que esa cifra incluye el rescate a las comunidades autónomas, las facturas impagadas dejadas en 2011 y el rescate a las cajas públicas. Es decir, olvidamos que el ajuste que ha tenido que llevar a cabo la economía española ha sido superior a 15 puntos de PIB y lo ha conseguido creciendo, recuperando la credibilidad perdida y pagando las deudas pendientes de 2011.

Podemos pensar que estos presupuestos son demasiado conservadores y que deberíamos ser más agresivos con la corrección de los desequilibrios. Pero el déficit y la deuda como mejor se reducen es con crecimiento. Si los presupuestos reducen la presión fiscal sobre empresas y familias, dicho crecimiento puede darse de manera sólida. Si se modera el gasto a través del ahorro y menor desempleo, es porque se da un entorno económico expansivo. Pero no debemos olvidar que queda aun mucho por hacer, que hay que profundizar en las reformas, bajar impuestos, reducir gastos, atraer miles de empresas y crear millones de puestos de trabajo. Los riesgos de tirar de la chequera sin fondos ya sabemos como terminan. Con recesión y más paro.

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