Archivo de la categoría: El Español

Ponga un superministro en su Europa

Imagine por un momento que es usted un ciudadano británico, dudando ante el escenario del Brexit. Enciende usted la televisión británica y escucha al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, decir lo siguiente:

– Que los veintisiete países estén en el euro y en Schengen en 2019

– Que “no somos ingenuos defensores del libre comercio”

– Que Europa necesita un superministro europeo de Economía y Finanzas que sea también vicepresidente de la Comisión y presidente del Eurogrupo.

– Que se cree un Fondo Monetario Europeo

Probablemente en ese instante muchas dudas se disipen. Desafortunadamente, para los que quisiéramos que el Reino Unido permanezca en la Unión Europea, en el sentido contrario a nuestros deseos.

El discurso de Juncker del pasado día 13 no buscaba una postura de acercamiento a Reino Unido, sino profundizar en el actual modelo de la eurozona a toda costa. Se presentaba como una oportunidad para recordar su proyecto de Unión Europea, claramente basado en el dirigismo económico y financiero francés, y muy lejos de la apertura y libertad económica anglosajona, irlandesa u holandesa.

Ese es el gran problema. El mensaje de “más Europa” siempre se orienta a“más intervencionismo”.

Hace unas semanas poníamos en duda en esta columna el mensaje triunfalista de la Comisión Europea afirmando que “Europa ha salido de la crisis gracias a la acción decisiva de la Unión Europea”. Con el discurso de Juncker podemos decir que desaparece el más mínimo atisbo de aprovechar el Brexitpara mejorar en libertad, flexibilidad y dinamismo.

En lugar de reflexionar sobre la razón por la cual la hiper-regulada y mega-intervenida Europa ha tardado más del triple que otros países en salir de la crisis, nos encontramos ante la clásica respuesta del poder burocrático. Si Europa crece menos, crea menos empleo y sale más tarde de la crisis no es por exceso de burocracia, sino porque no hay suficiente. Corremos el riesgo de caer en la glorificación de la norma ante todo, de la uniformidad absoluta, del dirigismo obsoleto que no tiene nada que ver con los plurales, libres y diversos Estados Unidos de América y que muestra demasiadas coincidencias con aquella Unión Soviética, de atroz recuerdo, dependiente del politburó.

La llamada de Juncker a la eficiencia puede interpretarse como una brizna de aire fresco, pero contrasta con la realidad. Según el Foro Regulación Inteligente y con los datos oficiales de la Unión Europea para 2015, los países miembros están sujetos a más de 40.000 normas por el mero hecho de formar parte de las instituciones comunitarias. En total, incluyendo reglas, directivas, especificaciones sectoriales e industriales y jurisprudencia, estiman que son unas 135.000 normas de obligado cumplimiento.

 

La llamada de Juncker a la eficiencia puede interpretarse como una brizna de aire fresco, pero contrasta con la realidad.

 

Un Fondo Monetario Europeo no deja de ser un subterfugio para dar barra libre a la financiación descontrolada de elefantes blancos a mayor gloria de gobiernos y sectores rentistas. Ante el evidente fracaso del ya olvidado “plan Juncker”, no nos planteamos el fracaso del constante despilfarro en planes industriales y de estímulo que han llevado a la Unión Europea a sobrecapacidad estructural de más del 20% y a enormes agujeros. Según Transparency International, en la Unión Europea, entre un 10% y hasta un 20% del total de los contratos públicos se pierde en sobrecostes y el cinco por ciento del presupuesto anual de la UE no se justifica.

No se le había ocurrido nunca a nadie. Un mega Fondo Monetario que financie con fondos ilimitados a los proyectos más megalómanos del poder político y un superministro que se una a los demás superministros y las superestructuras nacionales y supranacionales. Una estrategia que ha funcionado perfectamente nunca.

Un modelo incorrecto

El problema fundamental de estas propuestas es que profundizan en un modelo incorrecto, que se puede mejorar aprendiendo de los mismos que pretende enviar al ostracismo, sean británicos, finlandeses, irlandeses u holandeses.

Que ninguno de los asesores y ayudantes de Juncker, o él mismo, se hayan cuestionado la conveniencia de incluir las siguientes frases, es revelador: “No somos ingenuos defensores del libre comercio”, “Proponemos un nuevo marco comunitario para el control de inversiones”.

 

Se trata de crear un santuario de adoración a la burocracia cueste lo que cueste, y cubrirlo con gastos innecesarios

 

Pero no. No se trata de corregir los evidentes errores del dirigismo. No se trata de preguntarse de manera seria por qué Europa no tiene un Google, un Amazon o un Apple mientras mantiene dinosaurios conglomerados. No se trata de mejorar en apertura para que el capital inversor que encuentra riesgos en otros países entre en Europa. Se trata de imponer el dirigismo por encima de todo, funcione o no. Se trata de crear un santuario de adoración a la burocracia cueste lo que cueste, y cubrirlo con gastos innecesarios y quemar la impresora cuando la evidencia del estancamiento se imponga tras los rebotes mínimos.

Lo peor no es que el ciudadano británico piense “menos mal que nos hemos salido”. Ese está perdido desde hace tiempo. Lo peor es que se ignore a toda una parte de la Unión Europea que no comulga con la fotocopia del dirigismo francés, desde Irlanda a Holanda. Cuando equiparamos más Europa a más intervencionismo, corremos el riesgo de ser menos. Mucho menos.

Por qué los separatistas no comprarán bonos catalanes

Se lo respondo. Porque saben que esta secesión es un asalto a la credibilidad y responsabilidad crediticia además de hundir la seguridad jurídica con llamadas a la confiscación de activos del estado e impago.

Una Cataluña que ya es bono basura y donde ninguna agencia de calificación concede el más mínimo nivel de mejora por la independencia es una bomba de relojería crediticia, como explicamos aquí. Puede usted decir lo que le dé la gana sobre la bondad o maldad de las agencias de rating, pero no puede negar que la inmensa mayoría de los inversores en bonos no compran deuda calificada como basura y menos en medio de un proceso de inseguridad total, les guste a ustedes o no. Y ninguno lo hace a coste de país serio.

Si un país como Reino Unido, con una trayectoria independiente de siglos, banco central y moneda propias con historia y credibilidad institucional además de compromiso con la seguridad jurídica, está sufriendo ante un evento como el Brexit, imaginen una secesión gestada con antisistemas, totalitarios y que nace desde el asalto a la seguridad jurídica.

No nos debe sorprender el bajísimo –aunque no inexistente- impacto en los mercados de deuda ante lo que sería el mayor impago y confiscación de la historia reciente. La razón del bajo impacto me la explicaba el miércoles un trader de bonos en Londres. “No solo por el apoyo del BCE a España, es que es un desastre económico de tal calibre que no puede pasar”. Lo cual no deja de ser una afirmación arriesgada.

 

 

Como muestra el gráfico de Bloomberg, los bonos catalanes a 2020, a pesar de la baja liquidez y de estar 100% garantizados por el estado, han caído ante el riesgo de impago. Y eso con el efecto placebo de un Banco Central Europeo que, ante una secesión, no compraría un solo bono catalán ni garantizaría liquidez a su sistema financiero, como ha dejado claro en repetidas ocasiones.

 

 

La prima de riesgo del bono catalán con respecto al español ya es de más de 250 puntos básicos a corto plazo. Repito, eso con el apoyo total del BCE. Pero es que los mercados están casi totalmente cerrados para la posibilidad de vender nuevos bonos de la comunidad autónoma.

Usted podrá decir lo que quiera sobre las balanzas fiscales y las estimaciones de Arcadia feliz que hacen algunos sobre la secesión. Les voy a dar una mala noticia: No podrá financiar sus compromisos corrientes. Porque lo primero que saben los secesionistas es que las balanzas fiscales no son de caja y que en ellas se incluye la capacidad de financiación del estado. Es decir, el día uno de la independencia Cataluña no cuenta con superávit fiscal.

Las más optimistas estimaciones de coste de una Cataluña independiente asumen unos gastos mensuales de 5.000 millones de euros (60.000 millones de euros anuales) para una capacidad de “recaudación”, según el Sr. Junqueras, de 42.000 millones de euros, asumiendo que no se diera ningún efecto salida, caída de consumo ni depresivo. Hablamos de un déficit mínimo anual de 18.000 millones de euros por parte de una Cataluña independiente envuelta en litigios eternos por la confiscación ilegitima de activos estatales, que no podría endeudar, y por el evento de crédito del impago de su parte de la deuda nacional.

Sí, ante ese evento, la deuda del estado español seguiría siendo parte del programa de recompras del BCE, pero el déficit de la supuesta Cataluña independiente sería imposible de financiar. Ni lo compraría el BCE, al estar fuera de los organismos europeos, ni los inversores más optimistas al estar envuelto el imaginario nuevo país en un evento de crédito con disputas sobre legitimidad, confiscación e impago.

La pregunta es clave:

¿Le prestaría usted a un estado que nace desde la inseguridad jurídica absoluta, partiendo de expropiaciones y que empieza por no reconocer sus deudas?

¿Le prestaría usted a un estado cuyos principales promotores defienden el impago de la deuda y la ruptura de compromisos legales según le convenga al poder político?

¿Iba el nuevo estado a poder recaudar 18.000 millones de euros adicionales para cuadrar las cuentas y salir adelante?

Intentaría, y ya es una de las Comunidades con mayor presión fiscal, asaltar a los ciudadanos cautivos que queden en la región a impuestos. Pero ni en los análisis más apasionadamente secesionistas se reconoce esa posibilidad, acudiendo a la llamada a emisiones de “bonos con cargo a impuestos futuros” … Es decir, al asalto fiscal.

¿Cuánto tiempo necesita un estado – repito- que nace desde la inseguridad jurídica, la inconstitucionalidad y el asalto a la propiedad, hasta poder acceder a los mercados de manera normalizada para financiar sus gastos esenciales y los 22.000 millones de euros de administración paralela que han creado? Empiece a contar en lustros. En ese periodo, los rehenes cautivos sufrirán el nuevo y voraz asalto fiscal, recortes de verdad e impagos.

Si hoy, con el efecto depresor de tipos del Banco Central Europeo, la prima de riesgo supera los 250 puntos básicos, imaginen sin ello. Grecia tiene más de 500 puntos básicos de prima de riesgo y está dentro del programa del BCE. Pero es que da igual. No tendría acceso a mercados dentro de un mar de litigios y arbitrajes por expropiación e incumplimientos.

¿Cuánto se tarda en recuperar el acceso a los mercados? Ecuador, país soberano, petrolero y con historia independiente, hizo “impago”, estuvo más de cinco años sin acceso a mercados y se financia mucho más caro y en menor cantidad tras la hazaña heroica “contra los mercados” (nótese la ironía). Ahora están “descubriendo” deudas ocultas.

 

La financiación no desaparece solo para el supuesto nuevo estado. Desaparece para empresas y hogares que no tienen la culpa de las veleidades intervencionistas de sus gobernantes

 

Ese evento de crédito que los separatistas han rubricado como documento de transición es, por supuesto, negativo para toda España. Pero la diferencia entre uno -el de la nación española- y otro es la diferencia de estar en la Unión Europea y con el soporte del BCE y no estarlo. Es la diferencia entre un impacto en crecimiento, empleo y recuperación del estado comparado con un dominó de quiebras. Porque la financiación no desaparece solo para el supuesto nuevo estado. Desaparece para empresas y hogares que no tienen la culpa de las veleidades intervencionistas de sus gobernantes, pero que sufrirían por el riesgo -la certeza- del expolio fiscal para cubrir los pagos.

Es por ello que los políticos separatistas no comprarán un solo bono catalán. Porque son los que van a hacer impago de esos mismos bonos cuando vean que dos más dos no suman veintidós.

Todas estas evidencias las niegan desde la amenaza. Saben que todo es tan imposible, que asumen que la UE, el BCE y el resto de los españoles tendrán que aceptar lo que ellos quieran. Y ahí está el error. El mismo que cometió Varoufakis. Pensar que los demás aceptarán tu chantaje porque, si no, les irá mal también.

Eso sí, estarán muy contentos porque el resto de España también sufrirá. Victoria. A los gallegos, andaluces, madrileños, etc… les irá mal. Todo un proyecto de futuro.

Cuando lea este artículo, el separatista le dirá que todo es mentira porque Cataluña será una nación sin casi deuda y donde todos estarán encantados de invertir ante la seguridad que ofrece un proceso constituyente asambleario al estilo chavista liderado por ERC, la CUP y sus socios (ironía).

Señores, naciones con poca deuda, sin acceso a mercados y altísimas primas de riesgo hay muchas. El impago de los compromisos no te hace más atractivo para los inversores, evidencia tu falta de credibilidad y solvencia.

Por supuesto que negarán todo lo que he escrito. Pero gastarse el dinero de su bolsillo en comprar bonos patrióticos -ya verán-, ni uno.

Lilian Tintori, inflación y devaluación

Esta semana, nuestros totalitarios de smartphone han descubierto la hiperinflación que crean sus entelequias monetarias.

A Lilian Tintori le confiscaron 200 millones de bolívares, y rápidamente las redes se lanzaron a criticar la “fortuna”. Por supuesto, 200 millones de bolívares no son 16 millones de euros, ni siquiera 60.000, como increpaban algunos desorientados. Por supuesto, lo verdaderamente triste es que 200 millones de bolívares son, a cierre de este artículo, menos de 9.500 euros. Digo a cierre, porque en un par de días seguirá devaluándose.

…Y los totalitarios descubrieron la hiperinflación que crean sus políticas de “crear dinero para el pueblo”:

“Hallazgo millonario en el auto de Tintori, la suma equivale a unos 256 años de salario mínimo actual en Venezuela”, decían los indignados de PowerPoint.

Venezuela tiene el segundo salario mínimo más bajo de la región, después de… Cuba. En un país donde una docena de huevos cuesta entre 25.000 y 32.000 bolívares, un pan de molde 11.950, un queso 12.814, y un trabajador necesita un mínimo de 31.875 bolívares diarios para alimentar a su familia, los totalitarios –sin quererlo- mostraban la miseria de sus políticas en el país. El salario mínimo no da para dos días de alimentos básicos.

El salario mínimo en Cuba está por debajo del equivalente a 10 dólares mensuales, y el de Venezuela no llega a 27 dólares (recuerden que el destrozo monetario hace que estas cifras empeoren cada día).

“Pero los golpistas, como siempre, tienen su motivación en el dinero”, afirmaba quien cobraba sus estudios para el gobierno venezolano, por supuesto, en euros. No los cobró en bolívares, porque es una persona muy inteligente. Tampoco cobran en bolívares los asesores que recomiendan a Maduro imprimir más porque “la inflación no existe”.

Lo más triste del episodio es que muestra que una persona debe acumular durante meses, con ayuda de todo familiar que pueda aportar algo, esas cantidades de millones de bolívares en cajones para pagar unas medicinas que, por culpa del destrozo económico del chavismo, escasean en más de un 80% y es casi imposible pagar.

“Pero si el cambio oficial dice que son 16 millones de euros, lo será”, saltaba la jauría. Por esa regla de tres, el sueldo mínimo en Venezuela es el más alto del mundo. Hilarante.

Los totalitarios no entienden que el valor del dinero no es lo que decide un político, sino lo que aceptan los ciudadanos. El tipo de cambio “oficial” es tan ridículo como esos tipos de cambio “oficiales” que publicaban la URSS o Zimbabue o la RDA. Nadie quería esos papeles.

El valor del dinero lo fijan los ciudadanos y es el poder adquisitivo de la moneda en el momento actual. Es decir, el valor de moneda no lo decide el gobierno, lo fijamos nosotros al aceptarla como instrumento de cambio.

El valor de moneda no lo decide el gobierno, lo fijamos nosotros al aceptarla como instrumento de cambio

Un país, su banco central o gobierno, puede hundir esa confianza en el instrumento de cambio –como hizo Argentina o tantos otros- o fortalecerla.

La idea de que la gente va a aceptar la cantidad y precio de una moneda porque lo imponga un gobierno es simplemente falsa. Buscarán –como en todos los casos de la historia- maneras de protegerse del asalto al poder adquisitivo, comprando monedas fuertes donde y como puedan, oro, lo que sea que les salvaguarde del ataque político. Y con la pérdida de esa confianza, la combinación de imprimir más “porque lo dice el gobierno” y menos agentes aceptando la irrisoria moneda, la devaluación y la hiperinflación aparecen. Los insumos se disparan muy por encima del precio que los consumidores pueden pagar, el uso de la moneda se desploma, la velocidad del dinero colapsa e, incluso cuando las empresas son estatales, las hunde el capital circulante y la escasez, y se dispara la inflación.

Ningún país ha sufrido miseria e hiperinflación manteniendo una moneda fuerte. Decenas se han lanzado al desastre creyendo que imprimiendo papelitos se crea riqueza.

«Crear dinero para el pueblo»: inflación

El destrozo económico de “crear dinero para el pueblo” siempre termina igual, y siempre se achaca al enemigo exterior. La falacia de decir que la creación de dinero no generará inflación porque la demanda y oferta de bienes y servicios crecerá en tándem. El milagro de los panes y los peces. Nunca ocurre y nunca ha ocurrido.

No deja de ser un espejismo, una teoría completamente falaz y desacreditada pensar que el gobierno sabe perfectamente cuál es la demanda y oferta real de bienes y servicios, y sabe perfectamente cuál es la cantidad de dinero que debe crear para generar crecimiento sin hundir la moneda y crear enorme inflación. Literalmente, es creer en la magia. Igual de falaz, que quede claro, que pensar que crear dinero con expansión cuantitativa va a hacer lo mismo. El error no es el método de creación política de dinero, sino la creencia en el alquimismo por planificación centralizada (lean aquí).

¿Cómo destruir la economía en tres pasos?

Paso 1. “Un país con moneda propia puede crear todo el dinero que quiera sin riesgo”. “Si creamos todo el dinero que queramos para el pueblo, la economía mejora y no habrá inflación”.

Tras dilapidar más de 300.000 millones de dólares de ingresos petroleros durante la bonanza (recordemos que el chavismo vio los precios del petróleo multiplicarse por diez), expropiar a miles de empresas que hoy están en su mayoría en quiebra, y lanzarse a imprimir bolívares para cubrir el enorme gasto superfluo, se desata la hiperinflación.

La masa monetaria (dinero en circulación) aumentó en Venezuela un 384% solo en 2016, comparado con un 5,5% en EEUU, por ejemplo, y se ha multiplicado desde 2010. Imprimiendo dinero “para el pueblo”, la inflación se disparó al 800% y el PIB se desplomó un 19%. El 82% de los hogares en pobreza (Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela, Encovi), y escasez generalizada.

Paso 2. “Echarle la culpa al boogie” (el petróleo, el capitalismo, los mercados…). Venezuela es el único país de la OPEP con hiperinflación, depresión y pobreza generalizada. Echarle la culpa al petróleo sería una broma si no estuviese muriendo de hambre la población.

Venezuela ha expropiado más de 1.200 empresas, que “gestionadas en socialismo” están hoy en quiebra, al borde del cierre o producen una fracción de lo que producían antes de expropiarse.

Paso 3. “Repetir pero a lo bestia”. Ante la evidencia de que el aumento de la masa monetaria y la impresión de dinero desbocada estaba generando escasez y exceso de inflación, se le echaba la culpa a cualquier cosa (“hay colas en Venezuela porque la gente tiene más dinero para comprar”, “señora, no acapare” decía un anuncio en la TV venezolana acusando a las madres que compraban lo que encontraban) … y repetir a lo bestia. El Banco Central de Venezuela, organismo dependiente del gobierno, redobló su impresión de dinero, y aumenta la masa monetaria casi un 200% al mes porque los gurús dicen que la inflación no existe y que la soberanía monetaria es lo que salvará a la economía mientras se expropian todos los medios de producción. Pobreza y miseria.

Cuando ese pueblo no quiere los billetes ni para envolver el bocadillo, le echa la culpa a los especuladores

Lo malo es que todo esto ha ocurrido en decenas de ocasiones.Argentina, Zimbabue, Albania, Hungría , Yugoslavia, Alemania, México, Brasil, Taiwán… Siempre viene alguno que piensa que la solución a los desequilibrios es imprimir dinero “para el pueblo”. Luego, cuando ese pueblo no quiere los billetes ni para envolver el bocadillo, le echa la culpa a los especuladores. ¿Quién hay más especulador que el gobierno que se autoconcede la posición endiosada de pensar que el dinero va a valer lo que ellos quieran? No es una casualidad que los nazis intentaran hundir la economía británica imprimiendo millones de libras falsas.

El destrozo ya lo conocemos.

Solo espero que Lilian y su bella familia puedan comprar medicinas libremente sin tener que acumular cajas de billetes. Solo deseo para Venezuela que disfrute de lo mismo que disfrutan los comunistas totalitarios que se ríen de las desgracias del pueblo venezolano desde la comodidad de su sillón en España, y cobrando en monedas de reserva global.

La única guerra económica que existe en Venezuela es la del chavismo contra su pueblo.

Lo peor es que, como ha ocurrido desde la Revolución Francesa hasta hoy, siempre saldrá alguno que le venda a usted que hundir la moneda y destrozar la economía imprimiendo papelitos es “social”. Les dirán que “esta vez es diferente”. Y no, no lo será.