«I feel like we’re living in a slowdown town, and on and on it goes”. Nina Persson.
Uno de los grandes peligros de la política monetaria es disfrazar el riesgo. Por toda Europa, los países se vanaglorian de su baja prima de riesgo ignorando la acumulación de riesgo y la desconexión entre los tipos de interés y la realidad económica. Por eso los gobiernos adoran los mal llamados “planes de estímulo” monetarios, porque se pueden apuntar como suyos los efectos positivos y echar la culpa a los mercados, los especuladores o el capitalismo de sus efectos negativos.
No hace falta reiterar la evidencia de la ralentización de la Eurozona y el deterioro acelerado de las principales economías, pero el BCE lo hizo el jueves. Cercenó sus propias expectativas de crecimiento para la Unión Europea de hace tres meses en más de un 50%.
Acaba de publicarse el índice manufacturero de febrero para España. El peor dato desde hace más de tres años, y ya en zona de contracción. A ese dato negativo se han añadido los ya mencionados en esta columna de caída de la producción industrial, de la confianza del consumidor y la tendencia económica.