El «no a la guerra» falso y el postureo de guiños a la ultraizquierda pueden tener un gran impacto en el suministro de gas. Con la guerra de Ucrania, EE UU fue el salvavidas de España, evitando cortes

El gobierno de España no es neutral en la guerra de Irán. Sus ventas de armamento y tecnología de doble uso al régimen iraní y sus acciones para ayudarle a sortear sanciones desde 2019 reflejan todo menos neutralidad.
Sánchez se ha convertido en el líder favorito de grupos terroristas y dictaduras comunistas. El hecho de recibir la felicitación de Hamás, Hezbolá, la dictadura cubana y el régimen de Irán es la prueba de que no está en el lado correcto de la historia, sino buscando el aplauso de la ultraizquierda global.
La expulsión de la embajadora de Israel no tiene justificación. Excusarse en que el gobierno español ha recibido “injurias y calumnias graves” es infantil e hipócrita. Infantil porque no es cierto; e hipócrita porque el propio gobierno de España ha calumniado al de Israel en tantas ocasiones que no caben en este artículo. Baste recordar el uso continuado del término “estado genocida”, que va mucho más allá de la crítica a un gobierno. Hasta Hamás ha publicado en su propio informe anual, que lo tiene, cifras que niegan la acusación de genocidio. Y, desde luego, hablar de “estado genocida” es una injuria intolerable, peor incluso que llamar a España “estado corrupto y terrorista” por los casos recientes y por su financiación, vía “ayuda humanitaria”, de organizaciones como Hamás y Hezbolá.
Sánchez hizo lo mismo con el presidente Milei en Argentina. Es especialmente hipócrita que el gobierno no haya tomado ninguna medida respecto a la representación diplomática iraní tras la masacre de 36.000 personas en las protestas, la financiación del terrorismo yihadista, la ejecución anual de al menos quince mujeres y homosexuales, la declaración de guerra a todos sus vecinos del Golfo y el incumplimiento de sus obligaciones de no proliferación nuclear. Eso sí son injurias y ataques al derecho internacional. Sánchez y sus medios no paran de comprar todas las cifras y argumentos falsos del terrorismo yihadista y la dictadura iraní y callan ante el uso de escudos humanos, ataque a civiles en su territorio a sus vecinos desde Omán y Emiratos a Israel. Los hospitales y escuelas que atacan desde el entorno del régimen iraní no cuentan.
Estados Unidos es el mayor suministrador de crudo (15,2% del total) y de gas natural a España (39%)
Sánchez, como siempre, utiliza a sus ministros con un solo objetivo: aquello que le beneficie personalmente. Unos ministros lanzan mensajes de cooperación y normalidad, mientras otros agitan un falso pacifismo que no es neutral y que, desde luego, es cobarde frente a dictaduras comunistas y estados terroristas.
Para España, esto es un nuevo problema que nos va a costar mucho. Cuando dentro de unos meses te digan que no ha pasado nada -y lo harán-, no olvides la pérdida de oportunidades y de inversión potencial. España sale muy perjudicada en tecnología, seguridad y atracción de inversiones con el enfrentamiento del gobierno con Israel.
El gobierno se vanagloria de que el impacto de las hostilidades con Israel es pequeño porque no lo paga él, e ignora el efecto contagio y dominó. En comercio de bienes, una caída adicional del 20-30% sobre un flujo de exportaciones de 2.000 millones anuales supone un coste de hasta 600 millones al año en ventas españolas perdidas, que afectan especialmente a automoción, cerámica, plásticos, química y sector agroalimentario, que dejarían de vender a un mercado muy rentable.
En turismo, el gobierno espera beneficiarse del flujo de turistas que dejen de ir a Emiratos, Jordania u Omán, pero ignora la pérdida de atractivo a medio plazo para segmentos de alto poder adquisitivo, aunque el impacto macro parezca marginal.
En defensa y doble uso, el gobierno ya ha infligido un daño irreparable a España bloqueando 219 licencias de exportación e importación desde octubre de 2023. Además, ha utilizado esa excusa para ampliar la dependencia tecnológica de China.
Las hostilidades con Israel le cuestan 600 millones de euros al año a las empresas españolas
El “no a la guerra” falso y el postureo de guiños a la ultraizquierda pueden tener un impacto muy importante en el suministro de gas natural, que ya nos ha supuesto precios más caros tras el conflicto diplomático con Argelia de 2022. El supuesto “milagro energético” de Sánchez, ante su propia irresponsabilidad, solo ha beneficiado a Rusia. En febrero de 2026, España fue el cuarto mayor importador de gas natural licuado ruso, según CREA. Su informe sobre comercio 2017-2025 muestra que el gas natural licuado (GNL) sigue representando más del 70% del valor de las importaciones españolas desde Rusia en 2025.
Estados Unidos es el mayor suministrador de crudo (15,2% del total) y de gas natural a España (39%). Con la guerra de Ucrania, Estados Unidos ha sido el salvavidas de nuestro país, evitando cortes de suministro y riesgos aún mayores. Con la expansión del GNL estadounidense, España ha disparado su dependencia de EE. UU., que ya aporta en torno al 40% del gas en algunos meses. Emprender un ataque constante contra la administración estadounidense, además de aislarnos de nuestros socios, supone un grave riesgo: en el mejor de los casos, precios más elevados; en el peor, problemas de suministro y una dependencia aún mayor de Rusia. Quien crea que esto se soluciona solo con solar y eólica no conoce la realidad.
Lo preocupante es que la tendencia es siempre la misma. ¿Se han dado cuenta de que la irresponsabilidad política de Sánchez siempre beneficia directa o indirectamente a las dictaduras comunistas, las perpetúa, fortalece a China o a Rusia y debilita a la OTAN y a la UE?
Sánchez crea conflictos diplomáticos para presentarse como una especie de líder antisistema mientras se aprovecha del mismo sistema al que ataca. Curiosamente, su frase “se puede estar en contra de un régimen como Irán y en contra de la guerra” la incumple siempre por el mismo lado: blanqueando y manteniendo una posición amigable y silenciosa ante las dictaduras comunistas y el régimen iraní. Su neutralidad es sorprendentemente sesgada.
Dentro de unos meses nos dirán que no ha pasado nada y que España va “como un cohete” simplemente porque volverán a tirar, como siempre, de gasto público y deuda. Lo que no te dirán es que estamos perdiendo oportunidades multimillonarias al alinear al país contra nuestros socios occidentales. Usted dirá que yo no soy neutral. Por supuesto que no. No hay neutralidad entre el régimen de Irán e Israel; entre la amenaza nuclear y su eliminación; entre Estados Unidos y una dictadura de control social. España sabe que Sánchez no es neutral, pero es aún peor, porque su sesgo se inclina siempre hacia el blanqueamiento de los regímenes liberticidas. Por eso su apelación al derecho internacional, a los derechos humanos y a la democracia resulta tan hipócrita.