Pocas cosas retratan mejor la hipocresía del Gobierno de Sánchez que su discurso sobre la «emergencia climática», contrastado con su gestión de los incendios forestales. Declara la emergencia, multiplica los eslóganes verdes, las soflamas intervencionistas y las fotos con hidroaviones de fondo, pero, al mismo tiempo, recorta recursos, vacía el dinero reservado para urgencias y deja sin ejecutar la mayor parte de los fondos europeos destinados precisamente a prevenir y combatir el fuego.
Sánchez se comporta como el pirómano bombero. Finge voluntad y compromiso contra los incendios y hace todo lo contrario.
España es uno de los países europeos con mayor riesgo de grandes incendios, junto con Portugal y Grecia. Más del 56 % del territorio nacional, más de 28 millones de hectáreas, está cubierto por superficie forestal, y el monte español crece entre 50 y 55 millones de metros cúbicos al año, mientras que los aprovechamientos apenas superan los 20 millones. Se acumula combustible sin gestión activa, justo cuando el propio Gobierno repite que el cambio climático agrava el riesgo.
El sanchismo repite que limpiar montes y gestionar bosques está permitido. Sin embargo, se calla que los permisos son burocráticos y lentos, que la penalización por no tenerlos es enorme y que la declaración responsable solo sirve, en algunas comunidades, para casos muy puntuales. Además, es habitual el sabotaje de activistas contra las empresas adjudicatarias de contratos de limpieza.
Mientras Sánchez saca el comodín del enemigo exterior y agita el relato de la emergencia climática, el Ejecutivo ha reducido en más de un tercio la capacidad aérea estatal de extinción entre 2018 y 2026. Según los propios datos del MITECO, la capacidad de descarga de agua de los medios aéreos del Estado cae de 207.400 litros en 2018 a 128.400 en 2026. Una reducción de 79.000 litros, un recorte del 38,1 %, y nueve medios menos, al pasar de 65 a 56. En esos años se han perdido, por ejemplo, ocho aviones anfibios de 5.500 litros y siete helicópteros pesados Kamov de 4.500 litros, sustituidos por medios de menor capacidad.
El contraste con la acción de las comunidades autónomas es evidente. Mientras el Gobierno central recortaba, las comunidades autónomas, en su conjunto, han aumentado su capacidad aérea un 25,2 %, con 43 medios más y 64.300 litros adicionales de descarga. Las comunidades autónomas gobernadas por el PP, a las que el sanchismo utiliza en su campaña de ataque propagandístico acusándolas de recortes, han incrementado su capacidad un 21,6 %, con 22 medios más.
Si el riesgo es mayor que en 2018, Sánchez tiene que explicar por qué el Estado dispone hoy de menos medios que entonces, mientras las comunidades autónomas que él y sus ministros atacan, con presupuestos mucho más limitados, han hecho el esfuerzo de reforzar sus flotas.
Dos de los peores años de incendios de las últimas décadas, 2022 y 2025, coinciden con la caída previa de la capacidad estatal. En 2021 se eliminaron 44.000 litros de capacidad aérea y, un año después, España afrontó una campaña con más de 300.000 hectáreas arrasadas. En 2024 se alcanzó el mínimo histórico de capacidad operativa y en 2025 ardieron 355.000 hectáreas.
No es mala suerte, es mala gestión.
A Sánchez no le preocupa la emergencia climática que anuncia con tono paternalista. Es como un señor feudal que anuncia una invasión y, a la vez, recorta recursos para defender las fronteras. Sus acciones demuestran que solo le interesan las catástrofes naturales para hacer propaganda, pedir todavía más recursos y culpar a los demás.
La propaganda es su única política.
En 2022, el Gobierno llegó a declarar «urgente» e «imperativo» modernizar la flota de hidroaviones, pero desde entonces no ha renovado ni uno solo.
En mayo de 2026, Sánchez prometió «el mayor despliegue», con diez aviones antiincendios, pero el propio Ejecutivo admite que tres están inactivos y la planificación real que se comunica a las comunidades autónomas prevé menos medios de los anunciados durante buena parte de la campaña. Solo diez FOCA plenamente operativos a partir de agosto, con menos unidades disponibles en junio y julio. Y promesas para… 2028.
A la incapacidad de modernizar se suma el disparate de vender capacidad existente. En 2023, el Ministerio para la Transición Ecológica subastó como «obsoletas» cuatro aeronaves apagafuegos por 40,3 millones de euros. Dos de ellas están hoy operando en la campaña contra incendios de Portugal, mientras España afronta sus propias emergencias con menos medios propios.
La incoherencia alcanza el delirio cuando, tras años de recortes, el Gobierno anuncia a bombo y platillo 375,5 millones para siete nuevos aviones DHC-515 que ni siquiera se han fabricado aún. Los incendios de 2022 y 2025 no se podían apagar con aviones que llegarán, con suerte, dentro de dos años.
La gran coartada del Gobierno es que «no hay dinero», que no le han aprobado los presupuestos o que Bruselas impone restricciones. Eso lo dice mientras gasta sin control cada semana, sin espacio presupuestario, y utiliza fondos para aumentar el presupuesto de Presidencia.
La realidad es tozuda. Había recursos y se han dejado sin utilizar. España recibió 401 millones de euros del Plan de Recuperación para gestión forestal sostenible, prevención de riesgos climáticos y lucha contra incendios. A estas alturas, solo se han ejecutado unos 105,7 millones, el 26,4 % del total, dejando sin movilizar cerca de 295 millones y unos 190 proyectos sin iniciar.
Tres de cada cuatro euros comprometidos con Bruselas para reforzar la prevención y la capacidad de respuesta frente al fuego siguen sin traducirse en contratos ni en medios sobre el terreno. Incluso en 2025, apenas se gastaron 2,7 millones de los 71 presupuestados para gestión forestal, el 4 %, dejando sin ejecutar el 96 % de los recursos.
Es todavía peor. De los 163.000 millones del conjunto de los fondos Next Generation, solo el 1,01 %, unos 1.642 millones, se ha asignado específicamente a prevenir y combatir incendios, según el análisis de la propia documentación del Plan de Recuperación. La prioridad, por tanto, no ha sido reforzar la prevención, sino dedicarse a la propaganda.
Mientras Sánchez se pasa el día hablando de «emergencia climática» desde el Falcon y llama negacionistas a quienes cuestionan la propaganda del Gobierno, la gestión presupuestaria muestra su enorme hipocresía. El Ejecutivo vació el fondo de emergencias para pagar gasto ordinario antes de la ola de incendios, dejando aún más desprotegido el sistema cuando llegó la campaña de alto riesgo. En paralelo, continúa el incremento del gasto político, de las estructuras duplicadas y de las campañas de propaganda que poco tienen que ver con la protección efectiva del territorio.
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal ha cuantificado que España ha utilizado solo el 26 % de los fondos europeos asignados a la prevención de incendios y la gestión forestal, mientras que el Ministerio intenta inflar las cifras sumando otras actuaciones ambientales y de adaptación que ni tienen nada que ver con la verdadera asignación ni se corresponden con el grado real de ejecución de esos 401 millones.
La prioridad del sanchismo no ha sido reforzar la prevención, sino lanzar balones fuera, hacer propaganda y dar excusas.
Cuando el fuego se descontrola, el guion comunicativo es siempre el mismo. Sánchez saca inmediatamente sus comodines. Es culpa del cambio climático, de la «negación» de la oposición y, sobre todo, de las autonomías que le molestan y que, según él, no hacen su trabajo. Cuando el fuego arrasa Asturias, no dice una sola palabra. Cuando ocurre en Castilla-La Mancha, silencio.
Sánchez, Puente y Morant utilizan la emergencia climática para el ataque político. El Gobierno ha convertido en rutina lanzar balones fuera, señalando a las comunidades autónomas donde no gobierna, mientras oculta su propio recorte de recursos, su retraso normativo y la falta de ejecución de los fondos.
Sin embargo, son las comunidades, especialmente aquellas con más masa forestal y riesgo, las que soportan el mayor coste de prevención y extinción sin recibir compensación en el sistema de financiación autonómica y las que han aumentado los recursos mientras el Gobierno los reducía.
Además, en regiones con un fuerte abandono rural, agricultores y ganaderos llevan años advirtiendo de que las políticas que impiden la gestión activa del monte, la ganadería extensiva y el aprovechamiento sostenible de la biomasa son, literalmente, «incendiarias». Más combustible, menos presencia humana y más superficie continua de bosque sin limpiar.
El Gobierno de Sánchez ha utilizado la bandera de la emergencia climática como coartada ideológica mientras recortaba medios, vaciaba fondos de emergencia y dejaba sin ejecutar la mayor parte del dinero europeo destinado a evitar que nuestros bosques ardan. Ha complicado la gestión forestal con normativa restrictiva, ha legislado tarde y mal sobre la coordinación con las comunidades autónomas y ha sido incapaz de modernizar una flota aérea envejecida.
No se trata de un mero error técnico ni de «mala suerte climática». Es una elección política.
El sanchismo prefiere el relato a los recursos, la propaganda a la prevención y la confrontación con las autonomías a la cooperación leal.
Frente a la propaganda inútil de una anunciada «red de refugios climáticos», excusa para gastar más en redes clientelares, y al vacío rimbombante de un «pacto contra la emergencia climática» del PSOE que solo busca titulares y más intervencionismo, se han puesto sobre la mesa medidas serias, concretas y ejecutables, como la Estrategia Nacional contra Incendios.
La inacción y la propaganda de Sánchez no son neutralidad: son una irresponsabilidad que se mide en hectáreas quemadas, pueblos evacuados, millones de euros malgastados y vidas en riesgo.
Si la emergencia climática es real, como sostiene el propio Ejecutivo, lo mínimo exigible a un Gobierno serio es que deje de utilizarla como excusa y empiece a actuar con coherencia: ejecutando los fondos, reforzando los medios, apoyando a las comunidades que están en primera línea y dejando de vaciar los presupuestos de emergencia para pagar el gasto político de cada día.
Como ocurrió con la pandemia, La Palma, la DANA y otras catástrofes, Sánchez solo aparece para dar ruedas de prensa vacías.
Lo que mata es el socialismo.