Las agencias de rating continúan ignorando los desequilibrios estructurales

Lucro constante. Montero y Sánchez están felices con el alza de petróleo y gas

El principal beneficiado del alza de precios de la energía es el recaudador, Hacienda. Sin invertir un euro ni crear empleo, los verdaderos beneficios caídos del cielo los percibe Hacienda lucrándose con la subida de los precios.

En la energía no hay “un impuesto”, sino una sucesión de impuestos encadenados y costes regulados que se van sumando en cascada sobre la misma base, encareciendo electricidad y carburantes muy por encima del coste real. De hecho, en la factura energética media más del 50% son impuestos, incluyendo, como debe ser, el impuesto encubierto del CO2 y los aranceles a productos energéticos. 

El gobierno recaudará más de 300 millones de euros en un mes por el alza de los combustibles y más de 3.000 millones de euros anuales con el impuesto del CO2 que encarece la luz, la gasolina, el gas y erosiona la competitividad de la industria del país.

En 2021, España ingresó 2.483 millones de euros por subastas de derechos de emisión, con un precio medio de 54,18 euros/tonelada. Ese precio ya se ha disparado a 70 euros.

En la electricidad, la tarifa es una máquina de recaudar a través de impuestos encadenados

En la electricidad, la tarifa es una máquina de recaudar a través de impuestos encadenados. La parte “liberalizada”, el componente energético, ya incluye impuestos como el coste de las emisiones de CO2 y  los aranceles al gas importado: a ello se añaden los impuestos a la nuclear y la hidráulica (no los olvides), impuestos locales y regionales sobre las plantas.

El impuesto Especial sobre la Electricidad (IEE), el IVA y el impacto oculto del impuesto a la producción eléctrica (IVPEE).

No olvides tampoco que la carga fiscal a la nuclear es tan elevada que supera los beneficios brutos. La nuclear, más necesaria que nunca, es una máquina de impuestos nacionales y regionales, con alrededor del 61% de sus ingresos destinados a impuestos y tasas, una expropiación indirecta vía fiscalidad.

La carga fiscal es ya 12 €/MWh superior a la de Francia, y hasta 15 €/MWh si se aprueba la subida que propone el gobierno de Sánchez, hundiendo la competitividad industrial. Ese impuesto nuclear de la Ley 15/2012 se creó teóricamente para cubrir posibles aumentos de costes de ENRESA, pero en la práctica se utiliza con un objetivo puramente recaudatorio

En tu factura eléctrica solo pagas un 30% de energía. Del resto, el 36% son peajes, 10% cargos, 3–4% IEE, 17–20% IVA, más un 1–2% indirecto del IVPEE.

Hacienda ha recaudado solo en la primera semana de guerra unos 20 millones de euros más por impuestos a los combustibles

Además son impuestos encadenados. Sobre una base que ya se encarece con impuestos se le aplica otro tributo especial al que, además, se le aplica IVA, es decir, impuesto sobre otro impuesto.

No solo pagas IVA por la electricidad, por los peajes, por las decisiones políticas, por las primas, por el déficit y por el impuesto especial. Es un IVA encadenado sobre todo el resto.

La mayoría de tu factura eléctrica no es el coste de producir electricidad hoy, sino una ristra de decisiones regulatorias y compromisos pasados que se cargan sobre tu consumo. Escondiendo errores de planificación cargándolos al consumidor.

En gasolina y gasóleo ocurre lo mismo. Las estimaciones más conservadoras reflejan que el gobierno recaudará entre 300 y 450 millones de euros más en un mes por la subida de precios. Estamos hablando de que el Estado recaudará más en un mes en España de lo que genera en beneficio neto una petrolera española en un trimestre y en todo el mundo.

Incluso sin considerar el timo fiscal que es el impuesto al CO2 y los aranceles a las importaciones de productos petrolíferos, el 46% del precio de la gasolina y el 43% del precio del diésel son impuestos. Si incluimos los conceptos antes mencionados, supera el 50%.

El Estado recauda dos veces sobre el mismo litro; una vez con el impuesto especial, y otra aplicando IVA sobre el producto más el propio impuesto especial.

Hacienda ha recaudado solo en la primera semana de guerra unos 20 millones de euros más por impuestos a los combustibles. Un negocio redondo. Cuando llega el momento en el que, por fin, se aprueban medidas fiscales para reducir el impacto, el Estado ya ha recaudado más de lo que imaginas que recibirás –si te llega- la ayuda.

No se trata de un único impuesto, sino de varios impuestos y recargos que se aplican sucesivamente sobre una base cada vez mayor. El IVA actúa como último eslabón que multiplica el efecto recaudatorio de todos los anteriores.

La distorsión de precio y el mensaje populista es evidente. Te engañan con el encarecimiento y le echan la culpa a las empresas.

Efectivamente, la distorsión más clara es que precio final deja de reflejar el coste marginal de energía y pasa a ser una suma de decisiones fiscales y regulatorias. Estos días hemos leído con frecuencia que “el precio sube cuando sube el barril pero no baja cuando cae el petróleo”.

Es muy sencillo: los impuestos encadenados magnifican la subida y, cuando bajan las materias primas, el Gobierno eleva la carga tributaria. 

Por poner impuestos, te ponen impuesto de hidrocarburos hasta al diésel de origen vegetal. Para flipar.

Un ejemplo evidente es que, aunque el coste de generación baja por aumento de renovables, la factura no baja ni de lejos en proporción porque los cargos y los impuestos encadenados se mantienen o incluso suben.

Aunque baje el precio del petróleo no baja el precio del litro en la misma medida porque los impuestos “colchón” se mantienen, y así, cuando baja el precio sube la carga fiscal. 

El sistema de fiscalidad a la energía está diseñado para maximizar la recaudación cuando sube el precio de las materias primas y garantizar que la recaudación apenas sufra cuando dichas materias primas bajen. El Estado se lucra por consumo, precio y desagregación de la cadena.

Cuantos más eslabones tiene la cadena, más puntos de recaudación. Desde extracción, producción, refino, distribución, almacenamiento y marketing en hidrocarburos ageneración, transmisión, distribución y minorista en electricidad. 

Para el consumidor, la señal es que la energía es cara. Para el Estado, la señal es que la subida de los precios de la energía es una forma fácil de recaudar sin tocar otros impuestos más visibles, y además se le echa la culpa a las empresas con facilidad.

Acerca de Daniel Lacalle

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión. Casado y con tres hijos, reside en Londres. Es colaborador frecuente en medios como CNBC, Hedgeye, Wall Street Journal, El Español, A3 Media and 13TV. Tiene un certificado internacional de analista de inversiones CIIA y un máster en Investigación económica y el IESE.

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