“You’re gonna reap just what you sow”. Lou Reed
El nombramiento de Christine Lagarde como presidenta del BCE se ha recibido con euforia por parte de los mercados financieros. Esa reacción en sí misma debería ser una señal de alarma. Que se disparen los activos de riesgo en medio de una enorme burbuja ante un nombramiento.
Lagarde es abogado, no economista, y una gran profesional, pero el mercado interpreta de manera probablemente correcta que lo que nos vamos a encontrar en el Banco Central Europeo es lo que María Jesús Pérez tildaba de “gatopardismo”. Cambiar todo para no cambiar nada. Lagarde, por ejemplo, es una firme defensora de los tipos negativos.
¿Qué puede hacer un banco central ante la evidencia de que sus políticas no generan el crecimiento esperado y alimentan burbujas? Por supuesto, gritar “más madera”.
Los tipos negativos y la represión financiera hacen estragos en la economía real mientras los Estados se apuntan la medalla de las bajas primas de riesgo como si tuviera algo que ver con sus políticas. Los tipos negativos penalizan el ahorro, la inversión prudente, generan mayor desconfianza porque se percibe la incongruencia entre el coste del dinero y el riesgo real y, lo que es peor, fomentan la masiva mala asignación de capital. Son un enorme incentivo al endeudamiento y el gasto improductivo a costa de ahorradores, pensionistas y sectores productivos.
La tensión entre la Unión Europea e Italia… ¿”crece”? ¿De verdad? El Gobierno italiano se encuentra, sin embargo, muy cómodo. La burbuja del Banco Central Europeo le permite financiarse a tipos que ni siquiera podría imaginar si la locura presupuestaria que ha anunciado se diera en condiciones normales de mercado.