I tried to walk away, and I stumbled”. Macy Gray
La derrota de Tsipras en Grecia es la derrota de los que llegaron al poder prometiendo que dos más dos sumarían veintidós, del populismo mentiroso, de las promesas de papel prometiendo lo imposible para acabar, como ha sido el caso de Tsipras claudicando ante la realidad.
Se trata de un ejemplo extremadamente revelador sobre la enorme mentira del populismo, de esos que fingen defender a las clases más desfavorecidas y, como siempre, son los que más daño causan a la mayoría. Y un ejemplo del que debería aprender España.
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El nombramiento de Christine Lagarde como presidenta del BCE se ha recibido con euforia por parte de los mercados financieros. Esa reacción en sí misma debería ser una señal de alarma. Que se disparen los activos de riesgo en medio de una enorme burbuja ante un nombramiento.
¿Qué puede hacer un banco central ante la evidencia de que sus políticas no generan el crecimiento esperado y alimentan burbujas? Por supuesto, gritar “más madera”.
Los tipos negativos y la represión financiera hacen estragos en la economía real mientras los Estados se apuntan la medalla de las bajas primas de riesgo como si tuviera algo que ver con sus políticas. Los tipos negativos penalizan el ahorro, la inversión prudente, generan mayor desconfianza porque se percibe la incongruencia entre el coste del dinero y el riesgo real y, lo que es peor, fomentan la masiva mala asignación de capital. Son un enorme incentivo al endeudamiento y el gasto improductivo a costa de ahorradores, pensionistas y sectores productivos.