Un acuerdo griego que no soluciona casi nada

“You shaped my life with Technicolor carving knife and now I don’t know what to feel”  Elliott Murphy

En la serie sobre el culebrón griego que llevamos en esta columna (vean “el laberinto griego” y “el plan B de Syriza” y de 2012 «el colapso griego«) nos faltaba analizar por qué la Troika no termina de acordar con los países una fórmula que promueva el crecimiento y a la vez solucione los desequilibrios de las economías.

La propuesta de Syriza filtrada a los medios y considerada como un “avance” muestra parte del problema.

Syriza propone subir el IVA, recortar las pensiones y aumentar los impuestos al trabajo. Un ajuste de 1,51% del PIB en 2015 y del 2,87% en 2016.

El mayor recorte es en las pensiones, subiendo la edad media de jubilación de 62 a 67 años y eliminando jubilaciones anticipadas.

La subida del IVA y un impuesto “temporal” del 12% a todas las empresas con beneficios superiores a 500.000 euros es un torpedo a la línea de flotación de lo que queda del barco griego, el consumo y las pymes. Por descontado, no van a recaudar ni de lejos los 680 millones de euros adicionales por IVA puesto que probablemente afectará al consumo y mucho menos los 945 millones por el impuesto “temporal” del 12% a los beneficios. Atención al cálculo de cuento de la lechera que ha tenido que hacer el gobierno de Syriza. Para llegar a esos 945 millones tendríamos que asumir que las empresas griegas con beneficios superiores a 500.000 euros, o se duplican en un año, o en 2015 van a aumentar beneficios sobre 2014 entre un 70 y un 80%. Magia.

Todo muy “social”. Syriza vuelve a imponer las mismas medidas que los gobiernos anteriores. Y conseguirá los mismos resultados.

¿Qué significa esto?. De nuevo, el gobierno griego prefiere atacar la creación de empleo y valor añadido además del consumo antes de atacar el gasto clientelar. El estado griego mantiene cientos de “comités” de “análisis” que emplean a más de 10.000 personas y cuestan alrededor de 200 millones anuales (el doble de lo que quieren ahorrar en 2015 cortando pensiones), según el profesor Michael Mitsopoulos. Más de 70 empresas públicas con una media de empleados que llega a ser un 30% superior a cualquier comparable europea, y la mayoría generadoras de pérdidas. Muchos se rasgan las vestiduras con el gasto en defensa de Grecia y pocos dicen que el 70% son salarios y que Syriza no ha propuesto reducirlos ni despedir a nadie, en ningún momento.

Pues bien, con las medidas anunciadas se pone otro palo en las ruedas de los sectores creadores de riqueza y empleo, se ataca la renta disponible del sufrido ciudadano griego y se incentiva aún más el fraude. Imagínense cuantas empresas van a pasar automáticamente a publicar menos de 499.999 euros de beneficio.

Y dentro de tres años, hablamos de Grecia y su crisis “social” otra vez, mientras le ponen otra piedra en el zapato a las empresas y consumidores.

Siempre se dice en los medios que la Troika “exige” y que la UE “demanda”… Y no deja de ser una falacia. Los países no tienen por qué seguir las recomendaciones, a menos que lo que quieran es seguir endeudándose y gastando muy por encima de sus ingresos. Es el gobierno el que decide cómo ajustar. La Troika solo pide adecuar gastos a ingresos, no la forma de hacerlo. Propone toda una batería de medidas y luego, como siempre, se elige la más cómoda para el aparato de gasto. Oídos sordos a las propuestas de reducir cotizaciones sociales y facilitar la creación de empresas.

¿Y por qué Grecia no hace como Irlanda?

Cuando los medios usan la manida frase de “la Troika exige subir impuestos”, siempre olvidan –convenientemente- todo lo demás que propone…. Y el ejemplo de Irlanda.

Irlanda, país rescatado y con enormes desequilibrios tras el pinchazo de su burbuja inmobiliaria, ha podido salir de la crisis mejor y más rápidamente que Grecia y otros países rescatados con una fórmula: bajos impuestos, alfombra roja e incentivos fiscales a la creación de empleo y facilidades para montar empresas.

¿Qué ocurre? ¿Tenía Irlanda bula para saltarse las “exigencias”? ¿Contaba con enchufe?. No. Son los gobiernos los que deciden, para mantener el gasto político a toda costa, tirar de “ajustes” por el lado de los ciudadanos, no de su último “comité de seguimiento”.

Desafortunadamente, la Troika no se mete en los errores monstruosos que se cometen en estos ajustes de “escollo al crecimiento”. De hecho, si la Troika quisiera fortalecer su imagen y su prestigio, debería rechazar de plano estas propuestas que solo llevan a más gasto inútil, menos creación de empleo, menos riqueza y menos crecimiento.

Todo se fía, de nuevo, a la política monetaria. Se piensa que el gas de la risa monetario va a compensar las zancadillas constantes al consumo y al empleo. Y luego, no pasa. Ni se recaudan las cifras mágicas que proponen ni se promueve el crecimiento.

Dentro de cuatro o cinco años, volvemos a lo mismo. Pero como sube la bolsa, no pasa nada.

El Plan B de Syriza

“You´re not for real, girl, you don´t want my love, you just want my money”,Jason French

Sigue el culebrón griego.

Mucho se ha hablado de protestas anti “austeridad” este fin de semana. ¿Austeridad? El gasto público sobre PIB en Grecia es del 59,2%. De 1995 a 2011 nunca ha bajado del 49%. Desde 1976 el número de empleados públicos casi se ha triplicado mientras que el empleo en el sector privado solo ha crecido un 25%.

Y poco se ha hablado de economía real y crecimiento. Grecia tiene algunas de las cotizaciones sociales e impuestos a sociedades más altos de la UE y se encuentra entre los peores países en cuanto a facilidad de crear empleo y montar empresas según el índice “Doing Business” del Banco Mundial (Grecia puesto 61, España puesto 33). Adicionalmente, como comentábamos en “el laberinto griego”, uno de los índices de competitividad más bajos.

Los sucesivos planes que han presentado los gobiernos griegos nunca han buscado mejorar esas variables, solo mantener el gasto. Lo comentábamos ya en 2012 en esta columna, “el estado griego dilapida rescate tras rescate y continúa retrasando las reformas”.

Syriza no está haciendo nada que no hicieran los otros Gobiernos

Y Syriza no está haciendo nada que no hicieran los otros gobiernos. Negar los desequilibrios de su economía para sostener un gasto y un sector público que fagocitan la posibilidad de crecer de las pequeñas y medianas empresas. Mientras el fraude fiscal es una constante en cualquier parte del país, el Estado ahoga a todo el que cumple y sobrevive a través de una política depredadora.

Sin embargo, nos siguen diciendo que es un problema de “ingresos”. Este gráfico de Political Calculations demuestra lo contrario, como el gasto público se ha disparado muy por encima de la tendencia histórica de ingresos y los gobiernos simplemente se sientan a esperar que dichos ingresos se presenten mágicamente, mientras en su infinita generosidad permiten subsistir a las empresas que generan el 70% del empleo.

La solución China-Rusia…. The Greater Fool Theory

La amenaza de “entregarse” a China o a Rusia es, cuando menos, una broma. En los mercados se llama “la teoría del tonto mayor” (greater fool theory) que es pensar que lo que no te ofrece nadie lo vas a conseguir mejor y más barato de alguien extranjero, lejano y que, por supuesto, no se pronuncia.

China presta en dólares a Ecuador al 7,6% a ocho años. La media de financiación que ofrecen los rusos a los países que apoyan no baja del 9-10% en periodos similares. Y las condiciones de pago y requisitos son igualmente exigentes. Los rusos y chinos no son tontos. Las supuestas bondades geopolíticas de Grecia no reducen la severidad de las condiciones. Que se lo digan a Siria, o a Ecuador… Y tienen petróleo. Grecia no. El Banco público chino ya se ve con dificultades con los préstamos concedidos a Venezuela… como para lanzarse a prestar a quien de antemano avisa que no va a pagar.

La amenaza de Syriza de “hacer un Nestor Kirchner” –que en Argentina canceló compromisos con el FMI para firmar con Venezuela a más del doble del coste- es ideológica, no lógica. No existe un solo ejemplo de reestructuración donde se acuerde un vencimiento medio de 16,5 años como ya tiene Grecia, con un coste en intereses inferior al 2,6% del PIB.

El Plan B

Por lo tanto, Syriza no busca atacar los desequilibrios estructurales de su país ni financiarse mejor. Lo que busca es forzar a que el FMI y la Troika acepten prestar sin compromiso ni contrapartida para no dar imagen de “malvados”. Porque las reformas cosméticas que prometen llevan a otro callejón sin salida cada cuatro años.

El Plan B es muy simple. Forzar la máquina y echar la culpa al otro, una solución ideológica, no para los ciudadanos. Lanzar a la economía a un corralito –una medida a la que ningún gobierno totalitario ha hecho ascos jamás- e intervenir aún más, aunque suponga poner al borde de la quiebra al sistema de pensiones y la seguridad social. Por supuesto, una salida del euro supondría diluir dichas pensiones, ahorros y seguridad social entre un 50% y un 70%. Por eso la primera medida de Syriza fue recuperar la TV pública, para alimentar el enemigo externo cuando el problema de Grecia ha sido siempre interno.

Buscan forzar que el FMI y la Troika acepten prestar sin compromiso ni contrapartida

El problema de fondo de esta semana no es un préstamo o dar otra patada hacia delante. No se trata, como nos quieren hacer ver, de un problema de apoyo financiero. Es que sin atacar a los elementos estructurales antes mencionados, a Grecia le pueden prestar el dinero que quieran, al tipo que deseen, con el plazo que más les convenga, que el agujero crecerá de todas maneras. Porque el problema no es de coste ni maduración. Sino de gasto corriente. Eso lo sabe la Troika, China, Rusia y cualquiera. Y la paciencia tras décadas de errar y repetir, se ha acabado.

Si un país tiene una economía cíclica y orientada a servicios y lo atiborramos de gastos corrientes, la bola de deuda aumenta constantemente. Y no crece. Entre 1970 y 1999, sin euro al que culpar, Grecia creció siempre muy por debajo de la media de los países periféricos de Europa y que la media de los actuales socios del Euro. Sorpresa, no es una cuestión de estar en el euro o no.Grecia ya era un desastre de bajo crecimiento y competitividad antes de entrar en la UE.

Por eso, esta vez, la solución no va a pasar por aceptar el órdago sin cartas. Grecia solo tiene una opción. Solidaridad, sí, apoyo, claro. Donación, no.

Los primeros que lo saben son los propios griegos, los defensores de Syriza y sus asociaciones “anti Troika” diversas. El Estado creó un fondo de solidaridad para que los ciudadanos y simpatizantes contribuyesen a aliviar las cuentas públicas y solo ha conseguido cinco millones de euros. Y es que los que claman “solidaridad” son todos muy generosos con el dinero de los demás, pero poner, no ponen un duro.

Autoconsumo y burbuja energetica

“Caroline says, as she gets up from the floor, you can hit me all you want babe, but I don´t love you anymore” Lou Reed

Les presento un país donde, a pesar de contar con una capacidad excedentaria del 12%, se instalaron 23.000 megawatios de nueva capacidad de generación, y cuando ya superaba el 18%, otros 20.000 megawatios, para crecer, con jugosas subvenciones.

Les presento un país donde el exceso de capacidad de generación es hoy del 40%.

Les presento un país donde los costes fijos regulados, impuestos y subvenciones suponen el 62% de la tarifa eléctrica. Donde se echa la culpa de todo a una “liberalización” inexistente, donde el componente liberalizado no llega al 38% de la tarifa.

Y les presento un país donde se aprobaron 400MW de solar fotovoltaica y se instalaron 4000, con mucha alegría. Paga usted.

Un país que pasó de tener los costes de electricidad más bajos de Europa a una de las tarifas más caras

Ese país pasó de tener uno de los costes de la electricidad más bajos de Europa (con el mismo “oligopolio” y número de empresas –de hecho menor)  a tener, tras la planificación de “el coste no importa mientras sea verde”, una de las tarifas eléctricas más caras de Europa. 

En ese país, España, donde la energía renovable ya supone casi el 60% de la energía producida, se dice que “no se apoya a las renovables”.  La traducción es “no nos dan más subvenciones”, porque no hay traba alguna a seguir creciendo… Si hay demanda.

En ese país, muchas empresas se lanzaron al sector renovable no desde un modelo energético, sino “constructor-promotor”, es decir, ignorando las necesidades de demanda y suministro, sino solo búsqueda de subvenciones. Porque las que tenían un modelo energético e industrial han sobrevivido admirablemente hasta a recortes regulatorios que, por supuesto, jamás he apoyado.

Pues bien, en ese país, tras llenar la tarifa de costes regulados y subvenciones, tras crear la mayor sobrecapacidad de la OCDE –ningún país de nuestro entorno llega siquiera al 20%- nos queremos bajar del tren. Mientras, esa sobrecapacidad se remunera – paga usted- entre subvenciones al carbón, interrumpibilidad, primas, etc…

José Manuel Soria junto a Soraya Saéz de Santamaría. (EFE)
José Manuel Soria junto a Soraya Saéz de Santamaría. (EFE)

Ese mismo país, donde hasta hace cuatro años nos decían que las subvenciones eran “el coste de un café”, que pagar 10 veces más por energías subvencionadas creaba mucho empleo, que cuando la demanda volviera el coste no se notaría y cosas similares, hoy se lleva las manos a la cabeza ante un borrador de decreto ley sobre autoconsumo en el que, Dios nos libre, se incluye un posible cargo por el uso de la red a aquellos usuarios que utilicen la red eléctrica. Impuesto al sol, lo llaman.

Señores, en España el único impuesto al sol que existe es el que ya paga usted por la energía solar casi 10 veces más cara que la media del resto de las tecnologías, por las primas más generosas y peor planteadas de la OCDE. Las que nos han llevado a cargar durante años con la carga de pagar a precio de oro tecnologías nacientes y no beneficiarnos posteriormente de la caída de costes.

Asumir que no se debe pagar una parte de la red de transporte y distribución de electricidad por la energía generada para autoconsumo, cuando se pretende usar la red como elemento de respaldo y verter el exceso a dicha red, es como comprar un chalet y decir que no pagas el alumbrado público y el servicio de recogida de basuras.

Los sistemas eléctricos son todos integrados. Todos. Por eso la red –que es pública y regulada- se costea entre todos.

Desafortunadamente, en este país, el legislador ahora tiene que ser preventivo, y ante el más que probable efecto llamada de otro modelo constructor-promotor, se tiene que legislar para evitar un enorme burbujón de sobrecapacidad adicional.

Pon un panel solar en el techo y vende la electricidad a la red, que te forras  y recuperas la inversión sin casi capital y con un préstamo a cómodos plazos. ¿Les suena?. Lo mismo que les vendían a los pobres que participaron de la burbuja de 10 veces más instalaciones solares de las planificadas, diciéndoles que se podían endeudar el 80-90% de la inversión porque lo garantizaba el BOE. Ya sabemos cómo acabó.

El estudio “The Future of Solar” del MIT (5 mayo 2015, presentado por Richard Schmalensee) y el World Energy Outlook de 2013 de la Agencia Internacional de la Energía hablan del problema de pobre competitividad de la energía solar residencial comparada con la centralizada y alertan del subsidio que supone la mala regulación que no impute costes de usos del sistema a los autoconsumidores. De hecho, explican que la generación distribuida aumenta los costes de las redes de distribución al asumir las exportaciones de los autoconsumidores. Vamos, que las inversiones en redes adicionales necesarias las paga el que se queda dentro del sistema.

No quiero que bajo el epígrafe del autoconsumo se me cuele otra burbuja

Soy partidario del autoconsumo, por supuesto. Pero no de dejarle el facturón de nuestra caradura verde y negra-carbón a los que queden. Porque no se puede construir la casa por el tejado.  Se tiene que racionalizar el mercado eléctrico, reducir costes fijos, impuestos y subvenciones y dejar que las empresas compitan, no subvencionar el exceso de capacidad. Permitir que se limpie el exceso cometido durante la época de “a crecer a crecer”.

Y soy partidario de que se limpien los sectores ineficientes que se lanzaron a la burbuja, partidario de que se acaben ya las subvenciones al carbón –que no tienen nada de verde y todo de político- y sobre todo de que los errores de planificación no los paguen los consumidores. Que los que se benefician de las subvenciones no le echen la culpa a todo el mundo menos a ellos, mientras cobran el cheque todos los meses.

Quiero autoconsumo cuando tengamos un sistema donde haya verdadera competencia, donde nadie venda su electricidad garantizado por ley, donde no haya primas y sí deducciones fiscales,  y donde todas las tecnologías, renovables o no, compitan sin “régimen especial” ni pagos especiales.

Quiero que se permita el autoconsumo, como se va a hacer, no tengo duda. Pero no quiero que bajo el epígrafe “autoconsumo” se me cuele otra burbuja.

Quiero que el consumidor más desfavorecido, el que no tenga el lujo de disponer de varios miles de euros y un chalet individual para instalar un panel en el tejado, no tenga que pagar el exceso que dejaron los de “el coste, mientras sea verde, no importa”.

El consumidor cautivo, el que no puede costearse el lujo de “bajarse del tren” no puede ser el que cargue con las decenas de miles de millones de primas,costes fijos y subvenciones creadas al calor de “creceremos más que Alemania”.

Convertir el autoconsumo en una solución de privilegiados para el exceso creado desde la demagogia, la mala planificación y las subvenciones no es nada liberal. Primero, los cimientos, que si no la factura de la fiesta subvencionada 2004-2010 la van a  pagar, como siempre, los pobres.

Devolver el esfuerzo a los españoles… toca bajar impuestos

«Si gastar y endeudar fuera la solución al paro tendríamos pleno empleo desde hace décadas»

Ron Paul

Cuando uno revisa los textos de los economistas más pesimistas sobre España sorprende que no reconozcan algunos errores. Cuando hace dieciocho meses estimaban que “España no va a crecer más del 1,5%” y ya supera el 3,5% (en junio el PIB crecerá a tasa interanual cercana al 4%), uno al menos esperaría que tuvieran la honestidad intelectual de reconocer que han tenido que multiplicar por más de dos sus estimaciones de hace solo unos meses.

¿Duplicar estimaciones “solo” de PIB? No, el consenso ha triplicado las expectativas de crecimiento de consumo y más que duplicado la cifra esperada de creación de empleo.

Cuando esto ocurre, algo va bien. Y mucho mejor de lo esperado. Ah, y no es por factores externos, ya que en Italia o Portugal no se ven crecimientos tan importantes.

Gran parte de la mejora viene del enorme esfuerzo llevado a cabo por familias y empresas. La deuda de los sectores privados ha caído a niveles de 2006, y el ahorro se ha llevado a cabo a pesar del enorme ajuste.

Bajando impuestos se cumplen los siguientes objetivos: mejorar la renta disponible de las personas y apoyar el crecimiento económico

Ahora que la economía crece a tasas cercanas al 3,5%-4%, hay que bajar impuestos. Como hizo Reino Unido, como hizo Irlanda. Ese enorme esfuerzo llevado a cabo por familias y empresas no puede suponer un nuevo nivel de presión fiscal sobre el cual lanzarse de nuevo al gasto.

Bajando los impuestos, ahora que la recuperación es un hecho y los riesgos de rescate y colapso están muy lejos, se cumplen los siguientes objetivos:

– Mejorar la renta disponible de las personas, para apoyar el consumo.

– Apoyar el crecimiento económico, para generar mejores ingresos fiscales futuros.

Decir que bajar impuestos es electoralista cuando el déficit es aún muy alto es un insulto al ciudadano que trabaja cada día sin descanso para recuperarse de una crisis brutal, y también un insulto a esas empresas que han sorteado admirablemente lo peor de la recesión, y se han reforzado exportando e innovando. En cualquier caso, bienvenido sea el electoralismo cuando es devolver a los contribuyentes el fruto de su trabajo, que en este país parece que lo único “electoralista” es prometer gastar más … con nuestro dinero.

Como se reduce el déficit es con crecimiento y con actividad económica, no cometiendo los errores del pasado de los intervencionistas.

Hoy toca devolver al ciudadano su dinero, que tanto le cuesta ganar, para que haga con él lo que considere adecuado

Margaret Thatcher lo explicaba a la perfección: “No existe el dinero público, existe el dinero de los contribuyentes”.

Estos populistas del dinero ajeno y aristócratas del gasto público siempre piensan que ellos gastan poco y ustedes ganan demasiado.

El sector público es un servicio que se paga, y muy generosamente, por adelantado en impuestos. Hoy toca devolver al ciudadano su dinero, que tanto le cuesta ganar, para que haga con él lo que considere adecuado, que para ello ha demostrado sortear la recesión mejor que nadie.

Por ello, para cimentar esta recuperación hay que olvidar el objetivo recaudatorio cortoplacista arrancando monedas al que sobrevive y apostar por el crecimiento y una mayor calidad y sostenibilidad de ingresos fiscales.

Todas las reformas fiscales que olvidan esos objetivos fracasan. Recuerden los errores de Grecia que comentábamos ayer en esta columna.

Aprender de los errores y recuperar los principios tradicionales de bajos impuestos y crecimiento es esencial para continuar creciendo.

La política fiscal debe plantearse desde los pilares de mejora de renta disponible, facilidad para crear empresas y empleo y lanzadera de crecimiento desde el recorte del gasto superfluo.

Una reforma fiscal confiscatoria busca bajar el listón de “quién es rico” para aumentar el gasto improductivo y poner escollos a la creación de empleo

La solución a un exceso de endeudamiento público no es más gasto y más observatorios con el dinero de los demás. La solución son muchas más empresas, miles de ellas, que son las que crean empleo, riqueza e ingresos fiscales.

Los recortes fiscales expansivos son importantes, y los que dicen que nunca se ha aumentado ingresos bajando impuestos, además de despreciar el esfuerzo de los trabajadores y empresas como si fuera irrelevante, mienten. EEUU, Singapur, Reino Unido, Irlanda, Suecia, Chile o Uruguay vieron aumentos de ingresos con bajadas de impuestos.

La necesidad de una reforma fiscal

Una reforma fiscal confiscatoria, como la que plantean algunos, solo busca bajar el listón de “quién es rico” para aumentar el gasto improductivo y poner escollos a la creación de empleo y riqueza. Desde la presunción del que jamás ha gestionado una empresa ni creado riqueza o un solo puesto de trabajo, les dicen que ellos saben qué son beneficios buenos o malos y afirmar saber gestionar mejor el dinero que los verdaderos creadores de empleo. Nos lleva de cabeza a repetir los mismos errores que ha cometido Grecia desde los 70. Intentar sostener sectores clientelares rascando ingresos de lo que ha sobrevivido del colapso.

Lo llevamos comentando desde hace años, la reforma fiscal que España necesita debe ser ambiciosa y valiente:

  • Bajar más los impuestos a empresas y familias. Rebajar cuotas a autónomos, de una manera clara y que haga a estas personas valorar positivamente la decisión de montar su negocio independiente. Un régimen de autónomos donde se pague una cuota mucho menor, en línea con los países de nuestro entorno –a todos, no solamente los jóvenes- y se deduzcan impuestos si se crea empleo estable. Un entorno impositivo atractivo y bajo, tanto a nivel corporativo como personal, predecible a largo plazo, es esencial para ayudar al país a recuperarse.
  • Apoyo fiscal a PyMes. La tarifa plana es una buena medida para mejorar la transición a gran empresa. En España, el 70% del valor añadido y el empleo lo crean las pequeñas y medianas empresas, pero la transición a gran empresa es una de las más bajas de Europa. España es aun el país de la UE donde es más caro establecerse después de Francia y esto, añadido a la burocracia, hace que sea aún muy laborioso crear puestos de trabajo (en Reino Unido se tarda un día en crear una empresa). En vez de penalizar con más regulación y coste, facilitar la transición eliminando trabas, no “suavizándolas”.

A ver si nos damos, por fin, cuenta de que:

  • El déficit no se reduce gastando más. Ni confiscando. Se reduce concrecimiento económico, prosperidad y prudencia presupuestaria.
  • Los ingresos fiscales mejoran aumentando el porcentaje de clases medias y rentas altas, no aniquilándolos.
  • Igualando a la baja no se recauda.

Ninguna sociedad ha mejorado ingresos fiscales redistribuyendo la miseria, sino aumentando las oportunidades para prosperar y enriquecerse.