Queremos ser irlandeses

Un Modelo Fiscal Realmente Social

Siempre que se habla de bajadas de impuestos y programas fiscales orientado al crecimiento, muchos nos dicen que “ahora no se puede” y que la Unión Europea no lo permite.

Sin embargo, es falso. Una fiscalidad baja, orientada al crecimiento y facilitadora no solo es posible en la Unión Europea, sino que los países que la implementan tienen mayores tasas de crecimiento, menos paro, y un estado de bienestar de primera.

Para engañarnos con el subterfugio de “ahora no se puede”, nos obligan a ignorar a Irlanda, Holanda o Luxemburgo y los países líderes en desarrollo tecnológico, con un desempleo muy inferior al nuestro y fiscalidad mucho más atractiva.

Menores impuestos y mayor liberalización que en el resto de la Eurozona, mayor crecimiento, mayor riqueza y mayor bienestar social. Su milagro económico no es el estatismo. Su secreto es poner como pilar de su política económica la estabilidad presupuestaria, la inversión, la iniciativa privada y mejorar la renta disponible de los ciudadanos.

Irlanda tiene un impuesto de sociedades del 12,5% y un tipo del 6,25% a los ingresos por patentes y propiedad intelectual, especialmente necesario para atraer a empresas tecnológicas. Su salario mínimo, no obligado por ley, es casi el doble del español, la pensión media es superior a la española y su sistema de sanidad y educación públicos son de altísima calidad, con nueve universidades entre las mejores del mundo según el Best Global Universities Ranking 2018.

Cuando en España hablamos de fiscalidad, solemos hablar de ingresos fiscales sobre PIB, una ratio recaudatoria, y no de la cuña fiscal, que es lo que cada uno pagamos en impuestos sobre nuestro total de ingresos. Pues bien, en cuña fiscal, las empresas y familias españolas se sitúan entre las más penalizadas de Europa.

Según el estudio Paying Taxes de PriceWaterhouseCoopers de 2018, las empresas españolas sufren una cuña fiscal del 46,9% de sus ingresos, el octavo país que más penaliza a las empresas. Esa cuña fiscal es casi la mitad en países como Luxemburgo, Irlanda o Dinamarca y un 17% inferior en Holanda.

Si miramos a las familias, es muy similar. España tiene una cuña fiscal sobre las familias con un sueldo y dos hijos que casi triplica la media de Irlanda, Suiza o Luxemburgo y un 30% superior a la holandesa.

En España siempre se habla de los países nórdicos como naciones con altísimos impuestos y sin embargo su cuña fiscal es menor para empresas y familias que la española. Y no por pocas décimas. Dinamarca, Noruega y Finlandia tienen cuñas fiscales a empresas inferiores a España en casi diez puntos. Para familias, la situación es muy similar. Entre cinco y hasta diez puntos menor.

¿Cómo puede ser que España sea un país con un esfuerzo fiscal más alto y sin embargo recaude “poco”? Porque cuando la fiscalidad tiene como objetivo recaudar lo que se pueda de lo que haya, se desincentiva la actividad económica, la inversión y el consumo y se recauda menos.

En España ignoramos el efecto beneficioso de una fiscalidad orientada al crecimiento porque en vez de analizar la política fiscal desde el objetivo de crecer más, atraer más empresas y crear mayor empleo, la analizamos desde un objetivo de cubrir agujeros.

Solemos mirar al gasto público como una cantidad que solo puede aumentar y no lo analizamos desde la eficiencia. No es una sorpresa, por tanto, que España tenga una de las eficiencias más bajas en el gasto de las administraciones públicas según el indicador de gobernanza global (WGI). A ese gasto se le superpone una tributación especialmente agresiva a la actividad empresarial y a las familias. Y con ello ni se sostiene el estado del bienestar ni se crea empleo suficiente, ni se protege a los más débiles.

Si orientamos la política fiscal como lo hacen los países líderes en crecimiento, tecnología y estado de bienestar, recaudaremos más y subirán los ingresos sobre PIB bajando la cuña fiscal a empresas, familias y autónomos. Así es como fortalecemos el estado de bienestar, aumentando las bases imponibles, convirtiéndonos en un país líder en atracción de inversiones.

España tiene una economía cíclica y cargarla de costes fijos nos hace frágiles y nos impide alcanzar nuestro potencial. Nuestro modelo fiscal no puede ser el que ha fracasado año tras año, que penaliza la contratación, ataca unas grandes empresas que son muy pequeñas a nivel global y es un infierno fiscal que impide el crecimiento de las pymes, que también son de menor tamaño medio que sus comparables de la OCDE.

Nuestro modelo fiscal mira a los líderes para convertir a España en un referente mundial de creación de empleo, inversión tecnológica, patentes y apoyo a las familias. Una revolución fiscal que mire a los ingresos del futuro. Bajar impuestos para crecer y crear más empleo y, con ello, recaudar mejor.

Acerca de Daniel Lacalle

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión. Casado y con tres hijos, reside en Londres. Es colaborador frecuente en medios como CNBC, Hedgeye, Wall Street Journal, El Español, A3 Media and 13TV. Tiene un certificado internacional de analista de inversiones CIIA y un máster en Investigación económica y el IESE.

3 comentarios en “Queremos ser irlandeses

  1. Excelente como siempre. A propósito del ejemplo, ¿opina que es negativo o positivo que un país posea salud y educación pública? Saludos desde Venezuela

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