La deuda pública con Sánchez se ha disparado en más de medio billón de euros, y eso contando con ingresos récord y miles de millones de euros de fondos europeos.
La evidencia empírica de que Sánchez no ha reducido la deuda en nada es que cada año debe aumentar las emisiones netas de nueva deuda en más de 55.000 millones de euros y emitir, junto con refinanciaciones, más de 286.000 millones de euros anuales.
En el momento en el que el disfraz de riesgo del BCE y la Comisión Europea se reduzca o deje de surtir efecto, el impacto para España será brutal. Y eso le va a estallar en la cara al próximo gobierno.
En importe, la deuda pública ha aumentado un 4,8% en términos interanuales. La deuda del Estado creció un 5,1% interanual, la de las Comunidades Autónomas un 1,8% y la de las Corporaciones Locales disminuyó un 9,1%.
Sánchez no sube las pensiones, las endeuda y hace el sistema más insostenible que nunca
Sánchez no sube las pensiones, las endeuda y hace el sistema más insostenible que nunca. La deuda de la Seguridad Social sube a 136.000 millones, un 7,9% más que un año antes, casi cuatro veces más que en 2018, y ya es un 8,1% del PIB.
La política de Sánchez ha sido el expolio fiscal y el despilfarro. Eso, junto a la corrupción que está desvelando EL ESPAÑOL cada día, son las tres patas del sanchismo. Y esas tres patas son las que debe atacar la oposición sin complejos.
Acabar con los miles de millones que se despilfarran todos los meses en gasto político por todo el mundo y eliminar las gigantescas subidas de impuestos a los ciudadanos, cercenando con ello la estructura clientelar de corrupción y exceso montada por el gobierno.
No. La deuda pública no ha bajado, como dice el ministro Cuerpo.
Hay dos factores importantes. Primero, ellos solo hablan de deuda según el protocolo de déficit excesivo, que se ha elevado a 1,7 billones de euros, creciendo casi el 5% en 2025 en cualquier caso.
En los próximos dos años se va a disipar el efecto placebo de la inflación en los ingresos
Sin embargo, la deuda total de las administraciones públicas es de 2,23 billones de euros, aproximadamente un 134% del PIB. El “protocolo de déficit excesivo” permite a los estados quitar de la deuda publicada oficialmente aquella parte que está en el activo de las administraciones públicas.
Sin embargo, es deuda que se debe, que se paga y que no se puede “eliminar” porque, si el estado dejase de pagar esos compromisos, todo el sistema de las administraciones públicas se hundiría.
La ratio de deuda según protocolo de déficit excesivo (100,8% del PIB) y el déficit solo «bajan» por el denominador, debido a mayor inflación, inmigración y fondos UE. Es decir, nos empobrecen por el numerador y el denominador.
Esta es otra de las bombas de relojería que va a heredar el próximo gobierno y que no se va a poder solventar con paños calientes y gradualismo.
En los próximos dos años se va a disipar el efecto placebo de la inflación en los ingresos, el efecto a corto plazo de los fondos europeos y el impulso admirable del turismo. Es más, en dos años empezará a saltar el efecto negativo de la inmigración descontrolada en las cuentas públicas.
Es decir, el efecto que ha disfrazado los datos de deuda y déficit de los últimos años de Sánchez se va a desvanecer por el lado de los ingresos y los gastos.
Si el próximo gobierno no toma medidas quirúrgicas, le van a echar la culpa de ese efecto embudo, como ocurrió en 2011. Hoy en día todavía vemos en los medios de comunicación a ciertas personas asignándole a Rajoy la deuda acometida por el agujero fiscal y financiero heredado en 2011.
Para la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, esta acumulación de desequilibrios y despilfarro no es un problema hoy porque los titulares del espejismo estadístico que es la economía española muestran un aparente crecimiento sólido. Es lo mismo que pasó con Grecia en 2005-2007, cuando era “el motor de crecimiento de Europa”.
El próximo gobierno buscará crecer más de lo que aumenta el gasto público, pero eso no va a ser suficiente para contener el tsunami de deuda que ha impulsado este gobierno. No podemos olvidar que los compromisos financieros adquiridos, pero no financiados superan el 500% del PIB, según Eurostat.
Eso es más deuda que se va a tener que emitir en el futuro. Entiendo que es incómodo hablar de recortes, pero la realidad es que hay muchísimo donde recortar, desde los miles de millones de euros despilfarrados en Agenda 2030, agencias internacionales dedicadas a superficialidades ideológicas, hasta las decenas de miles de millones hundidos en una transición ecológica que solo nos ha empobrecido, en “asuntos económicos”, el agujero favorito del sanchismo o igualdad.
El próximo gobierno no va a tener el lujo de heredar el sanchismo. Hay que derogarlo, y derogar el sanchismo significa eliminar los tres pilares de su política: el entramado clientelar, la fiscalidad confiscatoria y el gasto descontrolado.
Que el importe de la deuda pública se dispare con ingresos récord y baje la ratio por el efecto de la inmigración y la inflación es, literalmente, empobrecerte por el numerador y el denominador.
Y ellos lo saben. Lo que saben también es que dejar a un país amordazado y endeudado es perfecto para imponer el control.