La narrativa de la izquierda caviar es que Estados Unidos ha arrestado al narcodictador Nicolás Maduro para quedarse con el petróleo de Venezuela. Lo que no te dicen es que los que están expoliando los recursos naturales de Venezuela hoy son Cuba, Irán, China y Rusia.
Esa izquierda condescendiente ha dejado claro que el «derecho internacional» para ellos es mirar a otro lado y perpetuar dictaduras comunistas y terroristas cuando pisotean el derecho internacional y los derechos humanos.
Qué soberanía es permitir el secuestro, la tortura, el expolio de la propiedad privada y el robo de la riqueza por parte de esas dictaduras.
La excusa del «derecho internacional» es utilizada por nuestro Gobierno para perpetuar dictaduras asesinas que incumplen el respeto a todos los derechos y permiten el expolio de sus recursos naturales por los países que le gustan al socialismo. Nada más.
Es falso que Estados Unidos «sólo quiere el petróleo de Venezuela». El régimen de Maduro ha usado el crudo como instrumento político para interferir en elecciones de todo el mundo, infectar a Occidente de propaganda socialista y regalarle a Irán, Cuba, China y Rusia recursos a cambio de apoyo político.
Todo ello mientras destruye la industria petrolera nacional, dejando a los venezolanos sin beneficio alguno.
El mensaje de que Washington únicamente busca apropiarse del petróleo es la típica cortina de humo para encubrir el expolio realizado por el propio chavismo y sus aliados.
La narrativa de que «Estados Unidos solo quiere el petróleo venezolano» ignora también que hoy el principal destino del crudo de Venezuela es China, que compra cerca del 80% de las exportaciones y que lo hace con enormes descuentos o incluso sin pagar, buscando recuperar parte de los más de 20.000 millones de dólares que ha perdido en el país.
El papel de Estados Unidos ha sido, sobre todo desde 2018, el de imponer sanciones al régimen si no se daban avances democráticos. La narrativa del bloqueo económico es falsa.
Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales de Venezuela, que cuenta con acuerdos de comercio con todas las grandes economías del mundo y que recibe ingentes cantidades de inversión y subvenciones de Rusia y China.
«El primer expoliador de la riqueza venezolana ha sido la dictadura chavista»
Hablar de «saqueo» estadounidense es una manipulación propagandística que busca borrar del debate económico el hundimiento deliberado de PDVSA, la destrucción institucional y el uso del petróleo como arma política y de enriquecimiento personal por parte del chavismo.
Durante años, el régimen ha entregado crudo y derivados a Cuba en condiciones de regalo o intercambio político, no comercial, manteniendo a flote a La Habana mientras en Venezuela faltan gasolina, medicinas y servicios básicos.
La dictadura cubana, además, revendía ese petróleo para enriquecer a sus líderes.
El primer expoliador de la riqueza venezolana ha sido por tanto la dictadura chavista.
El chavismo tomó a una de las petroleras más eficientes y se dedicó a politizarla, hundirla y expoliarla. Un informe de Transparencia Venezuela estima que, en veintiséis años de chavismo, se dieron casos de corrupción vinculados a PDVSA en dieciséis países por más de 42.000 millones de dólares.
El ex ministro de Planificación Jorge Giordani calcula que entre 1999 y 2014 se desviaron sin control alrededor de 300.000 millones de dólares de ingresos petroleros.
Un análisis de Credit Suisse identificó, sólo entre 2004 y 2015, al menos 11.000 millones de dólares drenados mediante esquemas de corrupción y cuentas vinculadas a directivos y políticos chavistas.
El chavismo utilizó a PDVSA como la caja negra del proyecto bolivariano. Los ingresos petroleros se destinaron a programas clientelares, acuerdos de «petróleo por apoyo político» (Cuba, Petrocaribe, aliados ideológicos) y operaciones opacas sin rendición de cuentas al presupuesto.
Mientras la inversión se hundía y la producción se desplomaba, los ciudadanos no recibían beneficio alguno y se regalaban reservas a empresas de países dictatoriales a cambio de apoyo político.
En 2003, el chavismo despidió a más de 18.000 trabajadores cualificados, ingenieros y expertos, desmanteló la capacidad técnica de PDVSA y la convirtió en un aparato de propaganda y financiación «rojo, rojito», como decía el ministro Rafael Ramírez. Una máquina de corrupción sistémica.
La dictadura chavista deja una deuda descomunal en PDVSA y una situación de impago de facto. Su deuda financiera directa ronda los 35.000 millones de dólares. Pero si se incluyen bonos, litigios y obligaciones asociadas, supera los 150.000 millones de dólares.
Tras despilfarrar más de 300.000 millones de renta petrolera en difundir el vomitivo proyecto bolivariano y el socialismo del siglo XXI, regando de fondos al despreciable Grupo de Puebla, blanqueador de toda dictadura terrorista del planeta, el chavismo deja un país cuyo PIB es hoy menor al de hace veintiséis años, con un 90% de pobreza, un 76% de pobreza extrema, ocho millones de exiliados y un expolio que tardará años en recuperarse.
Además de los desfalcos directos, PDVSA acumula más de 21.000 millones de dólares en cuentas por cobrar de ventas de crudo a intermediarios y aliados. La izquierda no dijo una sola palabra sobre soberanía y derecho internacional mientras este expolio regaba sus ONGs y grupos de influencia.
El segundo expoliador de la riqueza petrolera venezolana es la dictadura cubana.
En 1999, Chávez empezó a entregar petróleo a Cuba en condiciones de casi donación a cambio de apoyo militar y de llevar a Venezuela a las temibles avispas negras y otros asesinos y matones del régimen cubano.
Venezuela llegó a enviar hasta 115.000 barriles diarios de petróleo y derivados a Cuba en condiciones fuertemente subvencionadas.
A pesar del desplome de la producción venezolana, que cayó de 3,5 millones de barriles a un millón, Cuba siguió recibiendo más de 50.000 barriles diarios que ni paga ni benefician a los cubanos.
La izquierda, por supuesto, callada.
«Teherán suministra a Venezuela gasolina, que es para morirse de la risa en un país rico en petróleo, repuestos y asistencia ‘técnica’ a la represión política (como Cuba)»
El tercer expoliador de la riqueza petrolera venezolana es Irán.
La alianza del socialismo chavista con Irán se articula en su objetivo común de acabar con Occidente. Irán se aprovechó del calamitoso estado de Venezuela para expoliar oro y petróleo cerrando un sistema de trueque con el chavismo.
Un chavismo que, literalmente, recibía petróleo y oro a cambio de apoyo político y poco más.
Teherán suministra a Venezuela gasolina, que es para morirse de la risa en un país rico en petróleo, repuestos y asistencia «técnica» a la represión política (como Cuba).
A cambio, ha recibido crudo pesado, oro y otras materias primas en operaciones opacas que no dejan casi ingresos netos a la nación venezolana.
La izquierda, en silencio.
El cuarto y quinto expoliador de la riqueza petrolera venezolana son China y Rusia
China recibe el 80% de la producción de crudo de Venezuela para cobrar deudas por decenas de miles de millones de dólares, estructuradas como «préstamos por petróleo» que atan a Caracas a Pekín y limitan la capacidad de generar ingresos para el país.
Las tres empresas con más reservas en Venezuela son Sinopec, China, con 2.800 millones de barriles de reservas; CNPC, con 1.600 millones; y la rusa Roszarubezhneft (2.300 millones).
Roszarubezhneft se constituyó en 2020 de la nada y poco después «adquirió» las participaciones venezolanas del gigante petrolero estatal ruso Rosneft. No hay constancia de transacción transparente por esas enormes reservas.
Rusia ha actuado como intermediario financiero y logístico, facilitando esquemas de reventa y transporte que aseguran flujo de caja para Maduro, pero diluyen aún más la renta que realmente llega al país, según Kepler.
La izquierda se calla que en Venezuela todos los socios del chavismo y la élite de la dictadura se han hecho inmensamente ricos mientras los ciudadanos se hundían en la miseria. Nunca los escuchaste hablar de soberanía entonces.
El relato «Estados Unidos quiere el petróleo» calla deliberadamente que la mayor parte del crudo se orienta a Asia y a socios políticos del régimen, y que los ingresos reales que llegan al presupuesto venezolano son una fracción de lo que se podría obtener en el mercado.
Venezuela ha pasado de ser un productor importante de la OPEP, con instituciones técnicas muy valoradas en el sector, a un exportador marginal cuya producción es menos de una cuarta parte de los niveles anteriores al chavismo, atrapada en un sistema de alianzas que prioriza la supervivencia de Maduro y su grupo de expoliadores por encima del bienestar de la población.
La combinación de expropiaciones, politización de PDVSA, corrupción masiva y contratos opacos ha destruido capacidad productiva y de refino, de modo que el país con mayores reservas probadas del mundo tiene racionamiento de gasolina.
Con el chavismo, el petróleo dejó de ser un activo de riqueza y desarrollo para convertirse en un mero instrumento de canje geopolítico con Irán, Cuba, China y Rusia, que obtienen crudo barato o gratis, influencia estratégica y presencia en el Caribe y el Atlántico a cambio de sostener al régimen y enriquecer a la cúpula de la dictadura.
Otra mentira de la ultraizquierda es decir que la detención de Maduro es por la inexistente «desdolarización».
China no compra el petróleo de Venezuela en yuanes, sólo se cobra en petróleo los préstamos impagados del régimen chavista asesino.
La entrada de fondos extranjeros de enero a noviembre, usando datos oficiales, es de 5.000 millones de dólares sin impacto real de monedas de los BRICS. Los datos oficiales del Banco Central de Venezuela y del COFER del FMI sólo muestran reservas en dólares y oro.
El oro, además, lo han expoliado en gran parte desde Irán a la élite chavista. Por eso Suiza ha congelado todos los fondos a nombre de la familia Maduro.
«El discurso de que Estados Unidos necesita el petróleo pesado de Venezuela no tiene sentido y es pura propaganda chavista»
Estados Unidos es independiente energéticamente y el mayor productor de petróleo del mundo con 13,8 millones de barriles al día. Produce más petróleo que Rusia (9,8mbpd) o Arabia Saudí (10mbpd).
Sí, Estados Unidos importa ocho millones de barriles al día, pero lo hace como trading entre calidades, no porque tenga déficit de suministro.
El discurso de que Estados Unidos necesita el petróleo pesado de Venezuela no tiene sentido y es pura propaganda chavista.
Si quieren petróleo pesado para trading de las refinerías, tienen millones de barriles de Canadá, México, Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos, Brunéi, Egipto, Irak, etcétera.
¿Por qué entonces mantener a Delcy Rodríguez y buscar alianzas? Porque el control de Estados Unidos es esencial mientras se limpia Venezuela de avispas negras cubanos, de «colectivos» armados terroristas y de expoliadores profesionales.
La transición no se puede hacer sin un plan creíble, pero se hará, y María Corina Machado tendrá un papel protagonista.
Todos los medios informan que Delcy Rodríguez es la que ha traicionado a Maduro, y que no deja de ser un peón que seguirá traicionando uno a uno a todos los que la encumbraron.
Ya ha tenido que aceptar la liberación de algunos presos políticos. La decisión de parar el transporte de crudo busca cerrar la fuente de financiación de actividades de la izquierda radical, ahogar el sistema clientelar cubano-venezolano y hacer una transición como, por ejemplo, la española o la chilena.
En el caso de Venezuela esa transición incluye recapitalizar PDVSA y acabar con el expolio petrolero antes mencionado.
Ahí se genera una oportunidad para el conocimiento técnico de empresas españolas e italianas. Venezuela sale ganando si se vende esa producción en condiciones de mercado en vez de como regalo a cambio de perpetuar la dictadura.
Lo que la izquierda esconde es que la riqueza petrolera en manos de la dictadura y sus socios genera cero beneficios para los venezolanos, pero ha hecho multimillonarios a Maduro y su familia. Gestionada por Estados Unidos, recuperará decenas de miles de millones de dólares anuales para el pueblo.
Vivimos el principio de la solución de Venezuela. Llevará tiempo, pero ocurrirá. La alternativa era la nada.
Hablar ahora de soberanía y Derecho internacional es callar ante el expolio que se ha llevado a cabo hasta ahora, o difundir propaganda chavista. Me fío mucho más del plan de Marco Rubio, Donald Trump y el sector energético occidental que de las palabras solemnes y vacías de los burócratas cuya labor durante años ha sido hacer exactamente nada.
Sólo hay dos alternativas: Venezuela libre con Estados Unidos o narcodictadura expoliadora con Cuba y Maduro.
Elija.