Daniel Lacalle

China frena un 30% sus objetivos renovables: implicaciones para el sector solar

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“Stand in the place where you live, think about direction wonder why you haven't before” Michael Stipe

El sector solar (Global Large Solar Energy Valuation peers Index) ha caído más de un 40% en lo que va de año, un 50% en dos años y cotiza a un 10% de la capitalización que alcanzó en el máximo de 2008. El referente S&P Global Clean Energy registra una caída del 14% y una rentabilidad negativa desde hace cinco. ¿Cómo puede ocurrir con los tipos de interés a mínimos y un aumento global de instalaciones a nivel récord?

La primera razón la explicamos aquí en “la mayor quiebra solar, el fin de la burbuja de deuda”. Se han acumulado más de 1.200 quiebras en el sector solar global, a las que se añaden gigantes como SunEdison. Que un sector sea incapaz de sobrevivir con instalaciones récord (solar se ha multiplicado por diez entre 2009 y 2015) y tipos de interés y liquidez extrema demuestra que el problema no es de “apoyo” sino de modelo de negocio, endeudado y burbujero.

China muestra el gran error de un sector que, en vez de pensar en un modelo energético, como hizo la energía eólica, se lanzó a un modelo constructor-promotor. Por eso siempre hablan de instalaciones en términos absolutos. Como una inmobiliaria ineficiente, es un modelo que no puede sobrevivir sin ingentes cantidades de deuda, subvenciones y subidas de precios.

A ese sector con ese modelo no le importaba que casi un 20% de los paneles instalados en China no estuvieran siquiera conectados a la red, o que el modelo chino siempre va a favorecer a sus empresas estatales –carboneras, gran parte de ellas-. O que China estuviese entrando en un exceso de capacidad similar al de la burbuja española.

El cielo era el límite. Pero, como decía Jimmy Cliff, más dura será la caída. Como explicaba Eduardo Montejo, el 73% de la electricidad en China viene degeneración térmica. Y en 2015 el 50% de la nueva potencia fue también térmica. China en 2020 seguirá con un mix que será en su inmensa mayoría carbón (65%) y nuclear y donde la solar solo pesará 4,6%.

China instalará 110 gigawatios de solar a 2020 con el nuevo plan. Probablemente volverá a recortar sus objetivos porque el exceso de capacidad e imposibilidad de conectar a la red todo lo que se instala son demasiado altos. Pero la cantidad es enorme. Así que ¿por qué se iba a preocupar nadie? Porque como las constructoras en la burbuja inmobiliaria, una reducción de 27% en unos objetivos muy ambiciosos aumenta la sobrecapacidad productiva, se retrasa el equilibrio de mercado y las empresas caen como moscas con el aumento del capital circulante y la imposibilidad de cubrir la deuda.

Como esas petroleras ineficientes o las carboneras burbujeras, como las navieras ultra-endeudadas, el sector es incapaz de sobrevivir a un ajuste mínimo dentro de una expansión brutal, porque está apalancado exponencialmente. Un modelo de correr para estarse quieto (run to stand still). Y esa reducción es estructural. No la suple otro país.

No es un problema de tecnología, sino de modelo de negocio que ignora la baja rentabilidad y la sobrecapacidad. El sector solar global cuanta con una sobrecapacidad productiva cercana al 45%, por eso el hecho de que China reduzca sus instalaciones casi un 30% llevará a mayores caídas de los precios de los paneles y a más quiebras, demostrando que la mala asignación de capital del sector no lo ha convertido en más competitivo, sino menos, con la bajada de precios. En el caso eólico ha ocurrido lo contrario. La bajada de precios y mejora de la eficiencia y tecnología ha apoyado a la rentabilidad, porque el objetivo de las empresas del sector nunca ha sido contructor-promotor, sino energético (oferta-demanda).

La buena noticia es que los paneles volverán a desplomarse, la tecnología será más barata. La mala, que hay muy muy pocas empresas del sector que estén preparadas para ese entorno. Y, lo que es más triste, a pesar de que es una tendencia (exceso de deuda, sobrecapacidad, caída de márgenes, quiebras) que se lleva generando desde 2010, pocas –y las hay- parecen querer aprender lo que comprendieron otras tecnologías renovables. O siguen un modelo industrial y energético como el de cualquier empresa normal, basado en oferta y demanda y rentabilidad sobre el capital empleado, o desaparecerán.

Eso sí, seguirán diciéndole que “el año que viene” todo mejora.

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