Daniel Lacalle

Grecia y el resultado del populismo

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La crisis griega vivida entre junio y julio probablemente haga que Syriza pase a la historia como uno de los gobiernos de mayor incompetencia de la historia.

Tsipras se ha comportado como un populista de libro. Prometiendo lo inalcanzable, y adoptando una postura negociadora de “órdago sin cartas”, ha llevado a su país de un problema de negociación de condiciones financieras a un corralito y un referéndum, que pretendía dar fortaleza negociadora a Syriza, y que ha conseguido lo contrario. El viernes 10, el parlamento griego aceptaba una propuesta final de Tsipras que era más dura que la que los ciudadanos votaron “no”. El populismo siempre promete el cielo y luego solo ofrece infierno.

La dimisión del ministro de finanzas Yannis Varoufakis también ha sido la culminación de una actitud de populismo de libro. Tsipras y Varoufakis llegaban al gobierno griego con una economía que empezaba a ver la luz al final del tunel. Grecia crecía un 0,8% en 2014, reducía su déficit público a la mitad y cerraba el ejercicio antes de las elecciones con superávit comercial. Varoufakis prometía un acuerdo rápido y positivo para los griegos. El día que dimitió no había acuerdo, la economía se encontraba en recesión y los ciudadanos se veían haciendo colas de horas en los cajeros para sacar 60 euros.

La política de aislarse de todos los países miembros de la Unión Europea ha sido un grave error. En lugar de buscar apoyos y alianzas con países relevantes y cercanos en sus propuestas, como Francia, Tsipras y Varoufakis se lanzaron contra todos desde una posición suicida, en la que no contaban ni con fondos ni con opciones para jugar el órdago.

Al final, como no podía ser de otra manera, Grecia presentó una propuesta diametralmente diferente a las promesas de Syriza. Privatizaciones, recortes y aumentos de impuestos mayores a los que hubieran acordado amigablemente unos meses antes de llevar al país al corralito apurando los plazos cuando no disponían de liquidez.

Pues bien, los 72.000 millones de euros estimados para el tercer rescate a Grecia van a ser muy dificiles de recuperar porque el gobierno de Syriza no ha presentado una sola medida que busque atajar el estado clientelar, mejorar la competitividad y facilitar la creación de empresas

Si recordamos la historia de los rescates recibidos por Grecia, suman 240.000 millones, 110.000 millones de euros en abril 2010, seguido de 130.000 millones en marzo de 2012. Adicionalmente, el país recibió una quita de la deuda y avales, además de apoyo del Banco Central Europeo, que ha permitido a Grecia tener uno de los costes más bajos y periodo de pago más largo de su deuda de todos los países de la Unión Europea. Si unimos a todo ello un nuevo rescate de 72.000 millones, Grecia habrá recibido en ayudas el equivalentes a un 254% de su PIB. Es decir, más de 56 planes Marshall y más de diez veces lo que recibió Alemania en el acuerdo de Londres de 1953.

Sin embargo, la economía griega ya está cayendo en picado. La producción industrial caía un 4% en un mes, y las estimaciones de crecimiento pasaban de un +0,5% a una caída del 2%. Es por ello que un Eurogrupo que desconfía totalmente de Syriza se encuentra muy dividido a la hora de dar otro rescate que probablemente se perderá. La posición de Finlandia es totalmente contraria al rescate, la de Holanda es similar, mientras que Alemania es más conciliadora. Francia e Italia son los más proclives al rescate.

Pero lo importante no es la cantidad desorbitada invertida -si se recupera- en rescatar a Grecia, sino que no se resuelven los problemas estructurales de la economía griega:

– Un sector público hipertrofiado y clientelar que historicamente siempre ha gastado mucho más de lo que ingresaba. Además de un gasto público que pesa casi un 59% del PIB y que continúa en términos absolutos por encima del pico de la burbuja de 2007, la media anual de déficit fiscal de Grecia desde su entrada en el euro ha sido del 8%. En los 20 años anteriores a su entrada en el euro, dicha media anual de déficit superaba el 7%.

– Muy baja competitividad. la economía griega tiene uno de los índices de competitividad más bajos de la OCDE. De hecho, se encuentra a nivel de países como Argelia o Irán.

– Enormes escollos para la creación de empleo y empresas. Según el Banco Mundial, el país tiene una de las posiciones más bajas en el ranking de facilidad para crear empresas debido a sus altísimas cargas sociales y una burocracia entorpecedora.

De nuevo, el gobierno griego prefiere atacar la creación de empleo y valor añadido además del consumo antes de atacar el gasto clientelar. El estado griego mantiene cientos de “comités” de “análisis” que emplean a más de 10.000 personas y cuestan alrededor de 200 millones de euros anuales. Más de 70 empresas públicas con una media de empleados que llega a ser un 30% superior a cualquier comparable europea, y la mayoría generadoras de pérdidas. Muchos se rasgan las vestiduras con el gasto en defensa de Grecia y pocos dicen que Syriza se ha negado a reducirlos en 400 millones de euros, como pedía la UE.

También conviene resaltar la responsabilidad de la Unión Europea que no monitoriza el gasto público griego. Al centrarse solamente en los grandes números, olvida que sigue perpetuándose una burocracia clientelar y un sistema hipertrofiado. Y sin atacar ese problema, la economía productiva no va a renacer.

El verdadero drama es que con las medidas anunciadas por Syriza en lo que concierne a impuestos, se pone otro palo en las ruedas de los sectores creadores de riqueza y empleo.

La confianza en el estado griego es inexistente y el miedo a una salida del euro continúa desmoronando las posibilidades de crecimiento del país, ya que supondría la quiebra del sistema de pensiones y seguridad social, además de un empobrecimiento inmediato con una devaluación del 50-70%. La salida del euro de Grecia supone no solo llevar al país diez años atrás y lanzarlo a una enorme recesión con inflación disparada, sino que sentaría un grave precedente ante una Unión Europea frágil y dividida, lo cual llevaría las primas de riesgo al alza y la inversión en países periféricos a la baja ante la posibilidad de nuevos casos de salida y devaluación.

A cierre de este artículo se articulaba un acuerdo “in extremis” para mantener a Grecia en la Unión Europea y la Eurozona. Las nuevas exigencias del Eurogrupo y el deterioro a onos vista de la economía helena se encuentran con un gobierno cuya incompetencia manifiesta ha llevado al país a una situación de recesión o debacle.

Porque el banco central europeo puede apoyar, pero no imprime crecimiento. La política monetaria no soluciona los problemas de competitividad. Los enmascara.

Me temo que dentro de tres años, hablaremos de nuevo de la crisis griega, mientras el gobierno pone otra piedra en el zapato a las empresas y consumidores.

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