Estados Unidos se ha consolidado como el líder energético global justo cuando el régimen iraní se ahoga en la trampa que él mismo construyó alrededor del estrecho de Ormuz.
La paradoja es brutal: Irán quiso convertir Ormuz en su gran arma geopolítica y ha terminado demostrando que es el país más dependiente de mantenerlo abierto.
Los datos son inequívocos. El régimen iraní ya había hundido la economía hace años con una combinación de corrupción e incompetencia que paralizó el país. Entre 2021 y 2025, a pesar del apoyo financiero y comercial de China, India y otros países de Asia, Irán ha vivido con una inflación de entre el 40% y casi el 50% anual, una de las más altas del mundo. Esa inflación ha pulverizado salarios y ahorros incluso en los años de “crecimiento”.
Mientras tanto, el PIB apenas ha avanzado. Tras un rebote del 4% anual entre 2021 y 2023, el crecimiento cayó al 3,7% en 2024 y se hundió al 0,6% en 2025, muy por debajo del promedio de Oriente Medio, situado en el 3,5%, y con el PIB per cápita en negativo.
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