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Acerca de Daniel Lacalle

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión. Casado y con tres hijos, reside en Londres. Es colaborador frecuente en medios como CNBC, Hedgeye, Wall Street Journal, El Español, A3 Media and 13TV. Tiene un certificado internacional de analista de inversiones CIIA y un máster en Investigación económica y el IESE.

Vuelve el oro: escapando de la represión financiera

Ayer, el Banco de Japón certificó lo que muchos llevamos anunciando desde hace años. El fracaso de su política monetaria (lean). La represión financiera no ha acabado con el estancamiento, ni ha mejorado las expectativas de inflación y encima al hundir los salarios reales a niveles de hace 20 años, el consumo sigue siendo raquítico. Cuando se anunció Abenomics lo comentamos, hoy es evidente.

A su vez, un ciudadano nigeriano, Usman Mohammed, escribió hace relativamente poco un tweet. Esperaba que su banco central rompiera la paridad con el dólar. Preocupado por perder todos sus ahorros, o una gran parte, ante una enorme devaluación, decidió mover sus depósitos a una plataforma que hace transacciones en oro respaldadas 100% por oro físico. La moneda ha caído casi un 50% respecto al dólar desde entonces. Sus pequeños ahorros se han apreciado.

Este caso es paradigmático de una tendencia que se está dando entre ciudadanos de todo el mundo que buscan una alternativa que les proteja de la represión financiera –devaluar y bajar tipos–, les permita almacenar valor y a la vez sea compatible con los medios de pago tradicionales.

El oro se ha apreciado un 19,5% este año. Aquellas personas que han ido acumulando una parte de su ahorro, incluso de su salario no sólo han visto su dinero mejorar en valor, sino que las plataformas como la web bitgold permiten hacer transacciones en distintas monedas sin sufrir las fluctuaciones y volatilidad, ya que se compra oro y posteriormente, o se ahorra o se hacen transferencias y pagos en la moneda que se desee sin caer en enormes comisiones y pérdidas por tipo de cambio.

No es extraño. En realidad los bancos centrales de los mercados emergentes han tomado la decisión de maximizar sus reservas de dólares y oro y, con ello, la volatilidad de las monedas locales ha sido extrema.

Hace un tiempo comenté por qué se había desplomado el oro y desde entonces lo que hemos visto es un aumento exponencial de la política agresiva de muchos bancos centrales de continuar aumentando masa monetaria y buscar a toda costa la devaluación, que no deja de ser el asalto al ahorrador y empobrecimiento generalizado. El oro, en ese periodo, fue perdiendo el carácter especulativo y las posiciones en activos financieros (ETF) ligados al precio del oro hayan caído de casi 3.000 toneladas equivalentes a menos de 1.500, según Goldman Sachs.

 

¿QUÉ HA OCURRIDO DESDE ENTONCES?

La percepción de riesgo global ha aumentado, con las estimaciones de crecimiento global revisadas a la baja hasta niveles casi de 2008 (el Banco Mundial espera un 2,4% en 2016 y en 2008 fue ligeramente inferior).

El miedo a la confiscación del ahorro vía política monetaria ha aumentado. Mientras la deuda de los estados ha crecido un 9% anual desde 2008 y vuelve a alcanzar máximos en 2016, las familias, cuya principal fuente de ahorro son los depósitos, han reducido su deuda hasta niveles de 2007.

El miedo a que los defensores del expolio se lancen a imprimir moneda sin control, a devaluar de manera salvaje y a buscar la inflación aunque le cueste los ahorros a sus ciudadanos es alto. Y por ello se busca un almacén de valor, un elemento de seguridad ante un entorno incierto –o un miedo muy cierto-.

Pero incluso los que no temen que les roben con una sonrisa vía la impresión de dinero con la excusa del “pueblo” también buscan añadir un activo de menor riesgo y con fundamentales menos pobres que algunas materias primas. A pesar del progresivo aumento de demanda china, rusa y asiática, el oro tuvo exceso de suministro desde 2009 y alcanzó su máximo (casi 20 millones de onzas de sobrecapacidad) en 2010. Esa tendencia se ha revertido en los dos últimos años.

El problema hasta ahora es que para muchos, la compra de oro como reserva de valor o inversión se hacía fundamentalmente vía derivados financieros que, como comentaba en 2010, tienen tanto riesgo como otros productos ante un riesgo financiero, y no están respaldados por el metal físico. La diferencia con este tipo de plataformas que están creciendo por el mundo es que democratizan el acceso a oro físico al vender partes pequeñas de un lingote. Pero siempre claramente especificado que está 100% respaldado por dicho lingote.

Incluso los que, como yo, piensan que el riesgo de una crisis como la de 2008 está moderadamente contenido y que a lo que nos enfrentamos es más a un periodo de bajo crecimiento y pobre inflación por saturación de estímulos, la continua política de atacar al ahorro y endeudarse solo nos lleva a empeorar el potencial de crecimiento.

Pero además, ante el enorme riesgo del “helicóptero monetario” (que también será un fracaso, como explicábamos aquí) es normal que un número creciente de ciudadanos busque reducir el riesgo que supone la enorme fluctuación de las monedas y la decisión consciente de hundir su valor.

No es de extrañar que las familias y empresas busquen mitigar el impacto de la represión financiera vía oro con plataformas garantizadas físico. Porque desafortunadamente, lo que se repite en el consenso es que el problema de la política monetaria no es que haya fallado, que es evidente, sino que no se hizo suficiente. Que la culpa de todo la tienen ustedes, malvados, que ahorran en vez de gastar. Y se penaliza al que critica los errores de la política, mientras que se premia a los que exigen más.

Es triste, pero no se quiere entender que el asalto al ahorrador no genera prosperidad y nos está llevando al estancamiento. Que penalizar el ahorro e incentivar el endeudamiento no nos va a solucionar la crisis. Y que los problemas de productividad no se solucionan imprimiendo papelitos. Usman Mohammed lo entendió, usted y yo también, pero todavía quedan por ahí algunos que seguirán defendiendo que “esta vez es diferente”. Y no lo es.

Inversión en I + D para crecer, no para despilfarrar

Una de las tristes anécdotas de esta campaña electoral, que está llegando a niveles delirantes, ha sido el episodio de la famosa “Esperanza” de Unidos Podemos, y la utilización partidista de “los investigadores”. Como comentaba aquí, sin quererlo, han hecho un alegato contra su propio programa.

La supuesta bióloga emigró a Londres, capital de la apertura de mercado, impuestos bajos y flexibilidad laboral total en un país donde la inmensa mayoría de la investigación es financiada por el sector privado. No emigró a Atenas ni a Caracas. Se le olvidó que en Investigación y Desarrollo, los líderes británicos y holandeses, donde ella dice que hay muchas más “oportunidades”, son esas malvadas multinacionales que tienen grandes fondos como accionistas.

La inversión en I+D siempre se utiliza de manera política, pero se olvida que gastar por gastar no sirve de nada, como explico en “Acabemos con el paro” (Deusto):Es absolutamente necesario invertir, y hacerlo bien, en investigación. Estudios de Griffith, Redding y Van Reenen, entre otros, prueban que los países que invierten mejor y rentabilizan su innovación no solo son más competitivos y productivos, sino que alcanzan mayores cotas de prosperidad aunque no tengan acceso a materias primas. Pero la innovación y educación solo suponen un factor de modernización y de mejora de la competitividad y del patrón de crecimiento si son realmente validos en el mundo real.

No sirve de nada “gastar” un porcentaje elevado del PIB en Investigación y Desarrollo pero tener menos patentes que nuestros países comparables y casi ninguna industria creada tras esa investigación. Ese es el error de los que lo analizan todo desde la cantidad presupuestada, de lo que se gasta, no de lo que se consigue. España ha invertido desde 2002, anualmente, menos que la media de la Unión Europea en investigación y desarrollo, eso es cierto. Pero no es una novedad “de este gobierno”.

En 2007 era el 1,23% del PIB, y actualmente es alrededor del 1,24%. El máximo, 1,35%. Una reducción modesta considerando el brutal agujero presupuestario y la crisis sufrida. En la Unión Europea 28 supone alrededor del 2%. De hecho, el gasto público español en I+D+i por habitante es de 52,1 euros, mayor que la cifra de inversión pública por habitante en I+D+i de países como Italia (49,4), Reino Unido (46) o Dinamarca (33 euros). Porque la inmensa mayoría de la investigación en esos países es privada. El 53% de la inversión española en I+D+i es realizada por las empresas, seguido de las instituciones de enseñanza superior con un 28% y la Administración Pública con un 19%.

En los países líderes la inversión privada es más del 65%. Sin embargo no es solo un problema de gasto, o al menos no es el más relevante, ya que el diferencial con la Unión Europea se ha reducido recientemente. Se trata de rentabilizar esa inversión. Y ahí España tiene un problema histórico. Ya antes de la crisis, por cada patente que solicitaba España, Alemania llegaba a 24, Francia a 8, Holanda a 7 e Italia a 4. Por cada patente nacida en España, en Estados Unidos afloraban 34, en Japón 22…

El ejemplo de Israel es paradigmático. En Israel se apoya la investigación y el desarrollo no para aparecer en los rankings, sino para crear empresas, empleo y prosperidad. Orientada al mundo real.

Es decir, España tiene un problema de registro de patentes por la investigación realizada en una Unión Europea en la que sus países líderes crean muchas menos patentes que EEUU, Israel o Japón. La obsesión de que la Investigación y Desarrollo deben venir del sector público o vía enormes subvenciones sin atender al objetivo final es uno de los problemas. Nos fijamos en Finlandia o Corea del Sur y obviamos -probablemente por intereses políticos- que la mayoría del gasto en I+D es privado. De hecho, entre 1995 y 2008 todo el crecimiento de la inversión en este concepto en Finlandia fue privada, llevada a cabo por las empresas.

¿Es, de verdad, un problema de esfuerzo inversor? Solo en parte, y además, otros, con menos gasto, lo rentabilizan mucho más. Brasil, por ejemplo, ya doblaba en 2011 a España en número de patentes registradas con la mitad de esfuerzo presupuestario. Si a ello le añadimos que en la Unión Europea se pierden decenas de miles de millones de euros anuales en investigaciones redundantes según la propia Comisión, y que, cuando se habla de Investigación y Desarrollo, en Europa más del 70% se dedica al estudio del cambio climático (Clarke, Modet and Co, Banco Mundial. Ineficiencias en Investigación en la Unión Europea, 2009-2011), entonces no sorprende la bajísima rentabilización social y económica del esfuerzo inversor. Estudios de la Universidad de Berkeley muestran la importancia de que el I+D público sea un complemento del privado para que tenga verdadera eficacia.

El ejemplo de Israel es paradigmático. En Israel se apoya la investigación y el desarrollo no para aparecer en los rankings, sino para crear empresas, empleo y prosperidad. Orientada al mundo real. Israel dedica el 4,3 por ciento del PIB a I+D (público y privado), más que Finlandia (3,9 por ciento, la mayor parte proveniente del sector privado) o Corea del Sur (3,6 por ciento, también la gran mayoría privado).

En Israel, el 90 por ciento de la inversión es para aplicación empresarial real basada en analizar necesidades de los consumidores. El Gobierno tiene activos 37 programas-puente con universidades, instituciones de investigación y empresas. Pero no es una chequera en blanco. La financiación de empresas se hace a cambio de royalties. Y la universidad israelí tiene el mayor porcentaje de creación de empresas de la OCDE, empresas que se sacan a bolsa o venden, creando valor, y no se quedan en la facultad.

Es por ello que los programas de la mayoría de partidos políticos en España se equivocan con respecto a esta importantísima cuestión de la investigación y el desarrollo. Unos porque directamente solo piensan en ello como oportunidad de dar más presupuestos para informes sobre la desmercantilización de la vivienda y cosas similares, puro gasto político para crear clientes, y otros porque planean eliminar las deducciones fiscales a la inversión. Como me explicaba este sábado un ejecutivo de una gran compañía tecnológica “a lo mejor sin darse cuenta, los que hablan de eliminar estas deducciones no se dan cuenta de que tiene dos efectos negativos, menos inversión de las compañías que hay y menos empresas que se plantean establecerse en España”.

¿Qué debe hacer España para mejorar? Lo contrario a lo que los redistribuidores de la nada proponen. Debemos tener una fiscalidad atractiva que permita que nuestras empresas inviertan mucho más en investigación y desarrollo y que se instalen en nuestro país más líderes en innovación. Pero no solo las grandes, sino las PyMEs. Eliminar deducciones fiscales en este sentido para imponer subvenciones decididas desde el poder político es simplemente suicida, y profundizar el mismo problema de gasto improductivo, pocas patentes y pocas empresas creadas con ellas. La supuesta investigadora -inventada o no- de Unidos Podemos nos muestra sin pretenderlo, de nuevo, que su partido defiende lo contrario de lo que hace prosperar a los países. Y todos nosotros, nos equivocamos, como nos suele pasar, equiparando gasto con resultados.

Necesitamos inversión para crecer, no para disfrazar gasto político.