Esta semana, en Davos, hemos asistido a tres intervenciones que demuestran el fracaso del estatismo. El discurso de Carney, el de Trump y el de Fink.
El discurso de Carney, primer ministro de Canadá, ha gustado a mucha gente. Sin embargo, es la misma serie de mensajes condescendientes y palabras vacías que usan Sánchez, Newsom o Macron, estilo por encima de la sustancia.
Su discurso no incluyó un ápice de autocrítica por las políticas que han llevado a Canadá al estancamiento, la asfixia a los ciudadanos e intentar acabar con la libertad de expresión.
La imagen de Canadá que vende el Sr Carney es idílica pero simplemente incorrecta. Canadá no es un ejemplo de todo lo que quiere el mundo. Es un ejemplo de todo lo que ha estropeado a las economías ricas.
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