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A vueltas con los ingresos, ¿sufrirán los autónomos?

“I feel like slipping away” Dave Edmunds.

Si analizamos algunas de las noticias de la semana, nos sorprenderán al menos dos.

La primera es que algunos titulares vaticinan un desplome de los ingresos fiscales por Impuesto de Sociedades hasta menos de la mitad de los 25.000 millones de euros estimados para 2016. La culpa, “de Hacienda”. ¿O no?

Pues no es culpa de Hacienda. Los  beneficios empresariales han caído con respecto a 2015, como muestra el Banco de España y la cifra de disminución de 5,9% observada en el último dato oficial de resultado ordinario neto, se añade el dato de que las grandes empresas del Ibex han publicado una caída de beneficios del 12,5%. Las cuatro empresas que suponen casi el 40% de los beneficios del selectivo publicaron desplomes de beneficios de entre un 31 y un 40%. Ninguno de esos efectos se hubiera solventado (en términos recaudatorios) subiendo impuestos. Ya comentamos la semana pasada el enorme error de eliminar deducciones.

A pesar de todo ello, el propio Banco de España muestra un cálculo de “impuesto sobre beneficios” que crece con respecto a 2015, ligeramente. ¿Por qué? Estos datos del BdE caen fundamentalmente por un sector, el refino, mostrando expansión en otros sectores industriales.

Desde el punto de vista de ingresos en Impuesto de Sociedades, olvidamos que la mayor parte de la recaudación se produce en el cuarto trimestre, por razones obvias. En dicho trimestre se recauda casi el doble que en el tercer trimestre.

Antes de hablar de fracaso de Hacienda, hablemos de estacionalidad. En 2015 entre agosto y diciembre se liquidaron 17.700 millones de euros, el 84% de la recaudación total del año. El 62% de la recaudación de Impuesto de Sociedades de 2015, por ejemplo, se generó en octubre y diciembre. El resto de impuestos, IVA, IRPF, etc… tienen un comportamiento, lógicamente, menos dispar mes a mes. Es muy probable que se dé la misma evolución en 2016.

Pero podemos llegar a dos conclusiones. Tenemos pocas grandes empresas y muy cíclicas. Y si solo pensamos en términos recaudatorios, y no en atraer capital y aumentar el número y estabilidad de las grandes empresas, nos pasaremos la vida echándole la culpa de todo al ministro de turno.

MÁS GASTO… ¿SOCIAL?

En España seguimos con una mentalidad de Sheriff de Nottingham de Disney, ese que iba por el pueblo derruido paseando buscando rascar la última moneda escondida en la escayola del cojo.

Las exigencias que llegan a los medios sobre pactos de investidura suponen gastos de 6.300 millones de euros. Hablan de Complemento Salarial Garantizado, un mínimo de 2.800 millones -a mí me salen 3.000-. Una medida que, en un país de pymes y con alta economía sumergida, puede suponer trasladar al contribuyente los problemas de competitividad de los sectores de bajo valor añadido. Perpetúa los sectores de baja productividad vía subvención de salarios y el coste lo paga usted en más impuestos. Por no hablar de los más que obvios riesgos de que incite al fraude (empresario y trabajador acuerdan un sueldo inferior, y el resto lo paga usted, sufrido contribuyente). Y, eso seguro, tenemos perpetuados los sectores rentistas y de baja productividad hasta el siglo XXIII.

6.300 millones de euros se pueden sufragar reduciendo duplicidades, cercanas a 30.000 millones anuales, pero el problema en España no es compensar, sino acabar con los conceptos de gasto que perpetúan el clientelismo.

En EEUU, donde funciona un sistema parecido llamado EITC, Earned Income Tax Credit, es un crédito fiscal a la renta del trabajo y no un pago finalista (no es una subvención). Pero en EEUU, igual que lo haría en España, aunque no es un desincentivo al trabajo, sí se convierte en un incentivo para perpetuar sectores de muy bajo valor añadido y, con ello, no se cambia el patrón de crecimiento. Sorprende que, por un lado, se quieran eliminar las deducciones fiscales a las empresas en el Impuesto de Sociedades, que incluye la de creación de empleo fijo, y a la vez se quiera implementar un complemento salarial. O es vía subvención final, y entonces es un desincentivo al trabajo y acumula los riesgos que mencionábamos, o es un crédito fiscal que contrasta con la negativa a bajar el IRPF, por ejemplo.

“El chocolomo”, lo llamaban en un debate de la Comunidad de Madrid. Exigir gastar más, eliminar deducciones, pero dar subvenciones, no bajar impuestos, no subirlos y a la vez cumplir el déficit. Chocolate con lomo. Un lío.

LOS AUTÓNOMOS, ¿LOS GRANDES PERDEDORES?

Si es vd autónomo, muchos temen que nos va a tocar la papeleta de pagar la fiesta “social”.

En España, señores, los autónomos son, como negocio, el sector peor tratado en términos fiscales de los colectivos empresariales. Es un colectivo que paga por el privilegio de producir y crear riqueza mucho antes de generar un solo euro de ingresos, que sufre de mayores dificultades para cobrar, menos beneficios y peor jubilación.

Como explica, ATA, en España el autónomo “elige” cotizar entre una base mínima 884,4 euros y una máxima de 3.606 euros al mes. Si se escoge la mínima, un autónomo persona física paga 264 euros y en el caso de autónomos societarios 315 euros.

El 86,3% de los autónomos persona física cotiza por la base mínima. Cuando hablan de “adecuar” la cuota de autónomos a los “ingresos”, de lo que se está hablando, simple y llanamente, es de que se van a subir las cuotas a casi el 70% de los mismos, que son los que declaran un salario superior al mínimo interprofesional. En España, según ATA, hay 450 mil autónomos con unos rendimientos netos inferiores a 8 mil euros anuales y 700 mil con unos rendimientos netos superiores a 30 mil euros al año. Las “medidas” mal llamadas “progresivas” de algunos partidos suponen aumentar las cuotas a esos 700.000, sin contraprestación en facilidades fiscales, deducciones o mejora alguna. Progresivo es crear empleo, no torpedearlo. Un auténtico impuesto por crear riqueza. Los autónomos pagan todos los demás impuestos, igual que todos, pero su negocio es mucho, más frágil y volátil, y sujeto a travesías por el desierto para cobrar.

Uno de cada dos autónomos cobra sus facturas a más de 90 días, sin embargo, la losa de costes fijos es mensual y liquidaciones trimestrales. Adecuar a un pago trimestral de cotizaciones y semestral o anual de impuestos, como ocurre en los países líderes, sería esencial, además de que las altas y bajas sean prorrateadas al día en que se generan (no un canon fijo por mes) y que se pueda cambiar de base de cotización cuatro veces en vez de dos al año. Si no se adecúa la fiscalidad a los riesgos de la actividad, se convierte en un impedimento y un grillete más en el tobillo.

Los autónomos ya se jubilan más tarde, cobran menos pensión y cotizan más, comparado con la prestación, que los del régimen general. Si quieren ser realmente progresivos, que se adecúe al riesgo y volatilidad del negocio, como hace precisamente Reino Unido o Portugal. No un canon por producir. Si quieren, como propone el colectivo, una revisión progresiva a cuatro años a medida que se mejoran las condiciones y más salen de sus dificultades actuales. Eliminar la tarifa plana y subir cuotas sin solucionar las graves carencias del colectivo a la hora de crecer y contratar, es torpedear la creación de empleo y el cambio del patrón de crecimiento en aras de objetivos recaudatorios de hoja de Excel que luego ni se cumplen ni mejoran el mercado laboral.

Recaudar las migajas que queden del expolio, sin solucionar las graves dificultades que tiene este colectivo a la hora de cobrar, de crecer, sin atacar la burocracia y sin poner las bases para que muchos más tengan mayores ingresos y, si lo desean, cotizar más. Se tiene que tener en cuenta si el autónomo genera beneficios, si son recurrentes y si lo puede soportar. Eso no lo decide un comité.

Recordemos que España ha conseguido mejorar de manera muy importante la situación de los autónomos, reducir la losa de costes fijos y mejorar empleo con la tarifa plana y otras bonificaciones. Eliminarla es suicida. Se debería ampliar dicha tarifa plana a un año al menos y extenderla a autónomos societarios.

Una economía que parte de la base de que ellos gastan poco y usted gana mucho siempre fracasa. No caigamos en el error de pensar que eso es “social”.

La mejor política social es crear empleo y atraer empresas, no poner más palos en las ruedas de lo que ya es una actividad muy complicada -crear riqueza y empleo- ni repartir “gasto” de la nada ni, mucho menos, atacar al colectivo más desprotegido de todos los productivos.

Los autónomos son un objetivo “fácil” para los intervencionistas porque ni les gustan, ya que se escapan de su modelo de Gran Hermano, ni generan favores. Pero los partidos serios, que creen en mejorar el país, deben saber que, si no se ponen como prioridad evitar el expolio a empresas y subir impuestos a autónomos, la sangría de votos va a ser de órdago.

Pensemos en aumentar el número de grandes empresas y no nos alarmaremos porque el refino recauda menos.

Pensemos en tener muchos más autónomos que ganen más y mejor, y no nos preocuparemos por la sostenibilidad de la Seguridad Social.

Pensemos en una economía que avance en valor añadido desde la iniciativa empresarial, no que perpetúe los desequilibrios.

Estoy seguro de que tanto Ciudadanos como el Partido Popular y el PSOE lo entenderán. No existe estado de bienestar ni sector público sin ingresos de un sector privado potente. No empecemos la casa por el tejado.

Un mal verano para Hollywood

Esta semana he ido a ver con mi familia El Escuadrón Suicida, una película que, a buen seguro, deleitará a los fans del cómic y que casi me lleva a la siesta más larga durante una proyección desde que sufrí Indochina (Régis Wargnier, 1992) de no ser por una banda sonora excelente de clásicos del rock que desafortunadamente no se reproduce en el CD oficial, repleto de banalidades chicle.

Pero la película me hizo pensar en el modelo de negocio de los grandes estudios. Los personajes de cómic han sido una bendición para la industria de las megaproducciones, pero el modelo de negocio es cada vez más frágil.

Estamos en verano y es tiempo de ‘blockbusters’, esas grandes producciones que, como el propio nombre indica, se supone que rompen cifras de recaudación. Sin embargo, según Box Office Mojo, 2016 está destinado a ser otro de los llamados ‘summer of flops’ (verano de fracasos).

Las ventas de entradas en lo que va de verano han caído un 10% aunque la recaudación del año sigue ligeramente por encima de 2015, y entre los fracasos de la temporada se encuentran superproducciones como Independence Day: Resurgence, Zoolander 2, Las Tortugas Ninja, La Leyenda de Tarzán o el ‘remake’ de Cazafantasmas.

2015 fue un año récord, según Business Insider, con 11.000 millones de dólares de recaudación, de los que casi la mitad fueron generados por Universal, con varias cintas con más de 1.000 millones de recaudación.

Los grandes fracasos de taquilla, curiosamente, hace tiempo que se han desmarcado de lo que se llamaba ‘hacer un Cimino’, en referencia a La Puerta del Cielo, de Michael Cimino, que casi lleva a la quiebra a United Artists. Tras el éxito de El Cazador, el director recibió fondos casi ilimitados (44 millones de dólares de la época, una fortuna) y licencia creativa total, y casi hunde el estudio, recaudando menos de una décima parte del presupuesto. Pues no, desde hace unos años la mayoría de los fracasos en grandes producciones comerciales llegan de cintas que han pasado por todo tipo de filtros de supuesta “apuesta segura”. Secuelas y películas sobre personajes de pegada comercial fácil.

El modelo de negocio se ha vuelto más frágil… y más arriesgado. Para que una película pase los mínimos requisitos de éxito, la producción cuesta cerca de 200 millones de dólares, y a ello se añaden costes de marketing, etc… Sin embargo, pocas de ellas superan en taquilla global los costes totales. Si vamos a los datos de Box Office Mojo, solo 20 películas de 2016 han superado los 230 millones de dólares de recaudación.

Eso sí, si sale bien es un auténtico filón. Captain America, Civil War con un presupuesto de nada menos que 250 millones de dólares, ha recaudado de momento 1.125 millones.

El modelo de negocio se ha vuelto frágil por varias razones. La intensidad de capital invertido exige hacer demasiadas apuestas ‘seguras’, y eso precisamente convierte los productos en menos atractivos. No hay más que utilizar la prueba del algodón. Si en los créditos ven cinco guionistas y más responsables de segunda unidad que actores principales, vamos mal.

No solo es un problema de un coste de producción disparatado, sino de la falta de imaginación. La búsqueda del mínimo riesgo hace también que se lancen secuelas que nadie ha pedido (Zoolander, Independence Day), que, con procesos de aprobación presupuestaria larguísimos y guiones que se quedan en despachos durante años, terminan recibiendo el ‘ok’ cuando la audiencia potencial ha desaparecido. Alguien tiene que explicarme quién fue el genio que dio el ‘ok’ a Cazafantasmas, porque estoy seguro de que el proceso de aprobación de ese desastre sería un excelente caso de escuela de negocios: “Cómo llegar a la nada intentando contentar a todos”.

El filón de los personajes de cómic ha sido excelente, pero todos los cómics no son un filón. Hay personajes de cómic que se prestan a grandes películas, y otros muchos que… en fin. ¿Antman?

Las secuelas atraen un público fiel, hasta que generan rechazo. ¿Little Fockers?. Por favor.

Una película sobre un fenómeno cultural puede ser un éxito. Una película sobre un fenómeno de hace años, no. ¿Angry Birds?… ¿en 2016?

Una buena idea se arruina cuando intentas ser el más políticamente correcto. ¿Regression?

Hace muchos años que la calidad y la imaginación se encuentran en las series de TV y menos en las grandes producciones. Y, como ocurrió con el modelo de negocio de la música popular en los 90, ante la amenaza digital y de otros contenidos, no se acude a productos que crean catalogo y con ‘shelf life’ (pervivencia en el tiempo), sino que se perpetúa el error. Como en 1991, cuando por cada Nirvana salían diez Bush o Silverchair y demasiados NSync, hoy por cada Batman Begins salen quince Catwoman y demasiados Cazafantasmas.

La corrección política ha matado a la estrella del cine. Usted puede ver en HBO u otros canales series de televisión con contenidos originales, provocadores y además polémicos sin problema. ¿Por qué una serie como True Detective no podía salir adelante como película en cines? No pasaría la primera reunión de abogados.

En una película de 250 millones de dólares hay más especialistas en limar las esquinas de lo políticamente incorrecto que actores. Y más abogados que cámaras. No es solo una cuestión de que ‘segundas partes nunca fueron buenas’ (excepto El Padrino II y El Imperio Contraataca), es que aterra lo blando y asustado que es el guión de un desastre como Zoolander 2 comparado con las brutalidades geniales que crearon esos mismos guionistas y actores en proyectos de hace pocos años.

Es cuando menos peligroso enfrentarse a un modelo donde la rentabilidad media sobre el capital empleado es inferior al 10% a largo plazo con la esperanza de que sea el 250% en una película.

Por supuesto que la industria del cine es cíclica y que veranos pobres como este hemos visto en el pasado y se ha remontado, pero en algún momento se parará la máquina que exige más gasto para menos retorno.

Si quieren aprender sobre la industria les recomiendo el libro The Kid Stays In The Picture, la autobiografía del productor Robert Evans, todo un tiburón. En ella dice “cuando todo el mundo tiene demasiado respeto y admiración por los demás o por el material (el guión, la película) los resultados son siempre pobres, es la irreverencia lo que hace que las cosas tengan chispa, lo que da una posibilidad de tocar la magia”. Y no va a ser con Cazafantasmas 2.

Yo he tenido el honor de haber participado modestamente en la producción de una película de Hollywood (muy modestamente), y lo que aprende uno es evidente. La profesionalidad y el talento vienen porque todo el mundo busca la combinación perfecta con una palabra en mente. Rentabilidad. Lo bueno que tiene Hollywood es que aprende de sus errores y que, tonterías las mínimas, que allí se juegan su dinero, no la subvención de turno. Y por ello, volverá la magia.

Me voy a ver Cuerpo de Élite, de Joaquín Mazón, que tiene buena pinta.

Los ‘gurús’ podemitas de Maduro no quieren bolívares

Esta semana, Maduro “subió” el salario mínimo un 50%. ¡Viva! ¿O no?

Sin embargo, los asesores “económicos” de Venezuela no quieren bolívares, cobran en euros o dólares. Qué cosa más rara. ¿Por qué será?

Venezuela continúa profundizando el desastre económico de la política monetaria y económica más ridícula de la historia.

Sí, Maduro ha “subido” el salario mínimo tres veces en un año, la última “un 50%” y, con una inflación de más del 480%, el salario real se ha desplomado y, de hecho, está muy por debajo del poder adquisitivo de hace más de diez años. Para ser un “mito neoliberal” según los gurús de Podemos, son unos hachas a la hora de crear mega inflación.

El salario mínimo en Venezuela sigue siendo el segundo más bajo del mundo detrás de Cuba, menos de 18$ al mes. Probablemente hoy, imprimiendo billetitos para nada, sea menos de esos 18$.

Recuerdo en Caracas que se contaba un chiste que decía que, del “Bolivar fuerte” -creado por el chavismo para “atajar la inflación”- lo único fuerte es su devaluación.

“Ajuste inclusivo”, lo llaman los gurús del chavismo y supone un desplome de los salarios reales. Subir el salario un 50% y crear una inflación del 480% es en realidad bajar los salarios brutalmente y empobrecer a todos.

Si además se añade un desabastecimiento del 80%, y la represión política que sufre la oposición, hablar de “justicia social” como pilar de la política del gobierno es una broma macabra.

Lo llaman “Justicia social” con un 75% de hogares en la pobreza y, según la Universidad Católica Andrés Bello, Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar- el 48,4% de los hogares venezolanos se encuentra por debajo de la línea de pobreza en 2014, peor que en 1998, cuando Chávez llegó al poder.

Las cifras oficiales de pobreza son una broma, entre otras cosas porque asumen un poder adquisitivo de los salarios irreal en el mercado real y niegan el desabastecimiento real. De hecho, la pobreza llegaría al 81% según la Encuesta sobre Condiciones de Vida de Venezuela (Ecovi). El 28% (más de ocho millones de personas) vive en la “pobreza extrema”, el 19% son “pobres no extremos” y 34% son “nuevos pobres”. La destrucción de la clase media vía intervencionismo ha sido brutal.

Según el FMI, Venezuela es la economía con peor comportamiento de los 190 países estudiados en 2016.

“La culpa es de la caída del petróleo”, es la excusa del chavismo podemita. Curioso, cuando la cesta de crudos de Venezuela se multiplicaba por ocho, decían que el crecimiento era por la política socialista y que “incluso si ponen el petróleo a cero no pasará nada” , y cuando baja, la culpa no es de la política de la cigarra durante la bonanza.

Señores, el petróleo le ha caído por igual a toda la OPEP, y Venezuela es el único país de la organización con un salario real tan bajo, inflación de tres dígitos y escasez del 80%. El siguiente país en nivel de inflación de la OPEP tiene una tasa ¡¡¡del 15%!!!

“La culpa es del ataque capitalista al socialismo”. Curioso. Ecuador o Bolivia, países del “socialismo del siglo XXI” pero que no han llevado a cabo la delirante política expropiatoria y monetaria de Venezuela, tienen una inflación interanual que es menos de una décima parte de la venezolana.

Curiosísimo, el principal socio comercial del 2002 al 2014 es Estados Unidos, tanto en exportaciones como importaciones, según la Asociación Latinoamericana de Integración, Aladi. Y México y Colombia no solo son grandes socios comerciales, sino que han mantenido o aumentado peso entre 2006 y 2014, sea en exportaciones o importaciones. Venezuela mantiene más de 20 tratados bilaterales con más de 55 países . ¿Ataque?

Los de “crear dinero para el pueblo” siempre le echan la culpa al chivo expiatorio del enemigo exterior, no a la desastrosa política de hundimiento dirigido de la economía. Tras más de 1.200 expropiaciones en poco más de una década, el 90% de esas empresas están o en pérdidas o produciendo por debajo de los niveles previos a la confiscación chavista.

El desastre económico desabastecimiento dramático que sufre la economía venezolana es un reflejo directo de la combinación letal de expropiaciones y política monetaria delirante que se ha copiado paso por paso del desastre económico de Allende (lean El desastre económico de Allende) que llevó a una terrible dictadura represora, y del descalabro económico reciente de Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kiciloff (también amigo de Podemos) en Argentina (lean Adiós Cristina, hasta nunca). Pero, como esos ejemplos fueron un desastre, los han replicado a lo bestia. ¿No funciona? Repetir más fuerte.

“Crear dinero para el pueblo”. “Inclusivo” es incluir a todos en la miseria. Menos a los líderes, los boliburgueses que disfrutan de sus mansiones en Cocoplum, Coral Bay, Miami o los asesores que cobran en dólares.

Curioso que estos gurús de la locura económica siempre digan que la política monetaria no tiene por qué crear inflación, y siempre hundan los países que asesoran o gobiernan con un aumento brutal de la misma, pobreza, miseria y estancamiento.

No existe ningún caso de un país, y menos uno rico en materias primas, en la historia económica reciente que haya recibido tanto dinero en un periodo, y haya terminado más pobre que antes.

Durante el mandato de Chávez el precio del petróleo se disparó hasta casi multiplicarse por diez. Cuando Chávez llegó al poder cotizaba a $11 el barril. El chavismo vivió el precio del crudo multiplicarse por ocho (su cesta). Según el Banco Central de Venezuela, el gobierno obtuvo $325,000 millones dólares de exportaciones de petróleo entre 1998 y 2008 -más que el producto interior bruto interno de varios países cercanos juntos-. La máquina populista de despilfarro, subvenciones, corrupción y expropiaciones, añadida a la política monetaria de “imprimir lo que haga falta, que ya subirá el crudo”, hizo que se desplomara la economía.

La solución, para los asesores de Maduro, no es revertir la locura, sino multiplicarla. Y echarle la culpa a otro. “El Jesucristo de la economía”, es como Maduro llama a su asesor-gurú de Podemos. Pero en vez de multiplicar panes y peces, convierten panes en piedras aquello que gestionan. Pobre Venezuela. Y pobres los países que caen en las promesas populistas de unicornios económicos.

Dos y dos nunca suman veintidós

En una semana en la que la política y las promesas de cuento de hadas volvían a acaparar los titulares de la prensa, una noticia ha pasado relativamente desapercibida.El Banco Mundial volvía a revisar a la baja las estimaciones de crecimiento económico global al 2,4%, casi una quinta parte menos con respecto a sus perspectivas de enero de 2016. La saturación de los estímulos es evidente.

Con un aumento de masa monetaria y de gasto público que ha hecho que la deuda estatal mundial aumente un 9% anual, ni genera el crecimiento esperado ni mejora las perspectivas ya recortadas en meses anteriores. Especialmente evidente ha sido el ejemplo de Brasil, el poster boy de los estímulos estatales, que avanza en una recesión más acentuada de lo previsto, aunque el precio del petróleo se haya recuperado.

Preocupa, además, que el Banco Mundial cometa el mismo error optimista que el FMI. No analizar el impacto de otro ejemplo del efecto negativo del exceso de estímulos, China. Merece la pena resaltar que ninguna de las economías que impusieron políticas de gasto “contracíclicas” y planes de estímulo de centenares de miles de millones ha visto sus estimaciones revisadas al alza.

EL MILAGRO DEL BURÓCRATA

En España, como si a nadie le importara la realidad, las matemáticas o la estadística, los partidos se lanzan a prometer enormes planes de gasto con nuestro dinero y piensan financiar esa generosidad con el dinero de los demás a través de los dos mantras favoritos del despilfarrador burocrático. Los “impuestos a los ricos” y el “fraude fiscal”. Gran novedad. No se le ha ocurrido a nadie.

Los “impuestos a los ricos” es el timo más recurrente en el discurso del populista. En España hay menos de 4.700 contribuyentes que ganen más de 600.000 euros al año. No precisamente “grandes fortunas”, y suponen 2.561 millones de euros de recaudación. Ni duplicando el esfuerzo fiscal -suponiendo que el incremento de ingresos fuera lineal, y no lo es- se consigue financiar una fracción de los espejismos de gasto de los populistas e intervencionistas.

Pero es que en España los especialistas en redistribuir la nada llaman “los ricos” a los que ganan más de 60.000 euros año. Estamos hablando, incluidos los 4.700 anteriores, de menos de 615.000 contribuyentes que aportan 22.000 millones a las arcas del estado, más del 32% del total ingresado por IRPF. De nuevo, aumentando los tipos marginales en la cantidad propuesta por Unidos Quebremos no llegas ni de lejos a las cifras que dicen que van a conseguir.

En España las 200 mayores fortunas tienen un patrimonio neto de 205.609 millones de euros. Pero la cifra tiene truco. Ni un tercio de ese patrimonio está concentrado en nuestro país y la gran parte pertenece a sociedades que han generado pérdidas en 2015. Además, ese supuesto aumento por patrimonio no se recauda todos los años, es una sola vez.

La recaudación por impuesto de patrimonio no supera los 1.500 millones y el PSOE, por ejemplo, piensa que va a recaudar casi tres veces y media más de lo que se consiguió en el pico de la burbuja, subiendo impuestos. El impuesto de sucesiones es injusto, porque grava cosas que han tributado varias veces anteriormente, desincentiva el ahorro y la principal fuente de transmisión de riqueza en la clase media, el piso de padres a hijos. Encima, es fiscalmente desastroso. A pesar de la carga fiscal, que en algunos casos llega al 86%, recauda solo 2.000 millones, y hace a la economía más frágil al desincentivar la inversión y la compra-venta en el país. No recauda y espanta la entrada de capital. Un impuesto para “fastidiar”.

¿QUÉ PODEMOS SACAR COMO CONCLUSIÓN?

Las promesas de los impuestos a “los ricos” se convierten en realidades de impuestos a todos.

El que piense que 615.000 personas van a sufragar 60.000 millones de euros de gastos tiene un problema de fe en la magia y de matemáticas. Aún más, si piensan que 4.600 “grandes fortunas” van a sufragar las decenas de miles de millones que prometen los aristócratas del gasto público, sepan que lo van a pagar ustedes.

Yo he vivido en muchos países y jamás me he encontrado estimaciones tan ridículas por futuros impuestos.

Pero la más ridícula es que casi todos los partidos fíen su objetivo de consecución del déficit acordado con Bruselas a la “lucha contra el fraude”. Primero, porque es un concepto que debemos considerar como ingreso extraordinario, si se consigue, no como base. En España jamás se ha conseguido una cifra por este concepto superior a 15.600 millones de euros, récord alcanzado el año pasado.

Pero debemos entender que esa cifra no es extrapolable a todos los años. Una gran parte es un ingreso de una sola vez. Los propios Inspectores de Hacienda han alertado sobre estimaciones optimistas por recaudación de impuestos, y el BCE y la Universidad de Lisboa cifran la media de error en las estimaciones de ingresos fiscales por impuestos en un 1% a 1,4% del PIB.

Por tanto, lo que debería alertar a cualquier ciudadano es que el 80% de los programas económicos basen la reducción del déficit -ni siquiera asumen cuadrar las cuentas, que reducir el déficit es seguir aumentando la deuda- vía conceptos y cantidades estimadas de manera totalmente optimista.

EL PROGRAMA DEL CATÁLOGO

El programa de Unidos Podemos es, efectivamente, semejante a un catálogo de almacén de muebles: parece gratis pero lo pagas, parece que te lo van a dar todo, pero lo acabas haciendo todo tú, y parece que vas a ahorrar, pero terminas gastando mucho más de lo que esperabas. Ya hemos hablado en esta columna de la entelequia del programa económico de Unidos Quebremos, copiado casi en su totalidad de Syriza en Grecia, y sus estimaciones de crecimiento asiático. Seguro que crecemos un 3,5% aplicando las medidas que han hundido aún más la economía griega.

Fían toda la financiación del monumental aumento de gasto político –“en línea con el aumento de 2000 a 2007” dicen, como si la época de burbuja fuese algo a emular- a un crecimiento del PIB por “multiplicador del gasto” que se ha demostrado que es casi nulo y hasta negativo en economías endeudadas y abiertas como la española y a los mencionados unicornios del fraude fiscal y los impuestos a las grandes fortunas. Y lo que esconden es un enorme aumento de cargas indirectos -bajo el subterfugio “verde” y “social” en este país cuela todo- que pagamos todos, y la mayor subida de impuestos y endeudamiento de la historia. Y con ello, sabiendo que las estimaciones de ingresos son pura ficción, volveremos a niveles de déficit como los que nos pusieron al borde de la quiebra, pero con un 30% más de deuda como mínimo, y justo cuando el BCE haya más que sobrepasado el periodo de estímulos, Es decir, nos manda a un shock de deuda seguro. No hace falta irse a otros países, donde han estado un año gobernando, suben impuestos a todos, paralizan inversiones y encima incumplen el déficit gastando mucho y mal.

Dos y dos nunca suman veintidós. Nos están tomando el pelo con el aplauso de muchos y la sonrisa del que no va a pagar el expolio. Y luego le echarán la culpa a otro. Los ciudadanos debemos dejar de pensar en los partidos y los políticos como los Reyes Magos que nos van a dar un regalo quitándoselo a otro. La base de una sociedad próspera es que los ciudadanos y las administraciones aporten y apoyen el crecimiento.

Porque el que pretende vivir del Estado olvida -como decía Bastiat- que el Estado vive de todos nosotros. El día que en España tengamos más expertos en crear riqueza que especialistas en redistribuir la nada, empezaremos a salir de verdad de la crisis.

Publicado en El Español el 11 de junio de 2016.