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EL POPULISMO, LA VENGANZA DE LA MEDIOCRIDAD

«Populist policies do ultimately fail, and when they fail it is always at a frightening cost to the very groups who were supposed to be favored»  Macroeconomic Populism.

EL POPULISMO DA SOLUCIONES SIMPLES A PROBLEMAS COMPLEJOS Y, SOBRE TODO, EMPODERA A MUCHOS INDIVIDUOS AL ACENTUAR EL RESENTIMIENTO, LA ENVIDIA Y LA DIVISIÓN. POR FORTUNA, SIEMPRE FRACASA.

No nos debe sorprender que el éxito de las propuestas populistas en las elecciones europeas coincida con el fracaso de sus políticas en Venezuela, Argentina o Grecia. El populismo nunca tiene la culpa de sus errores y, al transformarse en opción política en otro país, acude inexorablemente al enemigo exterior como justificación de los desastres a los que siempre lleva a la economía. El objetivo del populismo no es reducir la pobreza, sino beneficiarse de gestionar el asistencialismo. Utilizar las gigantescas partidas para ayudas sociales o programas de empleo para crear más comités y observatorios, haciendo de los ciudadanos clientes rehenes que dependen de la generalización del subsidio y terminan por votarles ante la falta de oportunidades por la destrucción del tejido empresarial y de las opciones de buscar otros empleos.

El populismo es, en realidad, la venganza de los mediocres. Un grupo que se autoconcede la representación del pueblo y que, como tal, aunque tenga un respaldo electoral minoritario, decreta que todo el que no está con él va contra el pueblo. «La gente corriente», repetían ante los medios el día en que tomaron sus asientos en el Congreso de los Diputados de España. Da igual que esa «gente corriente» incluya privilegiados del sistema público o a grandes fortunas. Ellos son la gente. Usted, no.

El mensaje es muy atractivo porque elimina la meritocracia y la recompensa del esfuerzo, porque acaba con la competencia entre pares, que siempre representa una incomodidad, porque liquida la disputa en buena lid en pos de la prosperidad, cuya tarea se endosa al Estado, que es el menos capaz de proporcionarla. Los votantes españoles del partido populista Podemos no solo conocen los viajes a Venezuela, las conexiones con el chavismo o con Irán y la simpatía hacia los defensores del terrorismo. Es que les parece estupendamente, sobre todo ante dos ideas enfrentadas: (1) No podemos estar peor (una clara falacia, como se ha demostrado en Grecia, Venezuela, Argentina, etcétera) y (2) van a acabar con la corrupción y a dar trabajo a todos.

¿No les parece como mínimo sospechoso que alguien que se intenta presentar ante sus votantes como el partido anticorrupción acepte, asesore y defienda al décimo régimen más corrupto del mundo, según Transparency International? ¿No es extraño que quien ofrece empleo garantizado y altos sueldos para todos haya conseguido, cuando ha asesorado a Gobiernos, pobreza, escasez, desempleo y el salario mínimo más bajo del mundo después de Cuba? ¿No les parece insólito que un grupo de intelectuales, de profesores de la desprestigiada Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, que nunca ha creado una empresa industrial y generado un puesto de trabajo, sepa exactamente dónde deben invertir los empresarios, en qué sectores productivos y con qué márgenes?

Pero ofrecen empleo público. Eso sí que es bueno. Aunque olvidando que para que exista el sector público hace falta un pequeño detalle: los ingresos que proporciona con su actividad el sector privado. Olvidando que las tareas genuinas del sector público son prestar un servicio a los ciudadanos, así como crear el marco normativo idóneo para facilitar el crecimiento y la creación de empleo. Ya lo decía Bastiat: «Aquel que pretende vivir del Estado olvida que el Estado vive de todos los demás».

«Si aquí hay miseria, miseria para todos», decía un pescador en Cádiz. Y desafortunadamente, esa es la igualdad tan deseada por los populistas, la igualación a la baja. No se trata de producir las condiciones para que haya más riqueza y se creen más empresas, porque en eso precisamente consiste el enemigo de esta clase de ideología: un individuo o colectivo que no dependa del Estado y sea libre desde el punto de vista económico y social es peligroso para el populismo porque es fuerte, se sabe independiente, puede funcionar por sí mismo, y está muy persuadido de que puede prescindir de los cantos de sirena de los que piensan como Pablo Iglesias.

BUENISMO:
¿Saben esto sus votantes? Sí. Pero el populismo acude a los instintos primarios de la envidia, el rencor y la división. No se trata de que estemos todos mejor, no se trata de unir a los ciudadanos en un proyecto común, sino de relegar al ostracismo y al escarnio a aquellos que no acepten todo lo que los populistas hacen. La perversión del lenguaje es esencial para los objetivos populistas. Todo lo que ellos proponen es «social», «verde», por el pueblo y, por lo tanto, con buena intención. Y partiendo de esa buena intención, nadie se puede equivocar. Si sus políticas llevan a la pobreza y el estancamiento, la culpa, obviamente, solo puede ser de otro, del demonio extranjero, de la burguesía, de los bancos o de alguna conspiración con origen en el capitalismo.

El populista nunca tiene la culpa de sus errores porque tenía en mente el bienestar común y, por lo tanto, la culpabilidad recae siempre en otro. Adicionalmente, cuando destruyen las leyes más básicas del funcionamiento económico, la responsabilidad por supuesto es de los mercados. Cuando se dispara la inflación a causa de políticas monetarias suicidas, la responsabilidad es de los comerciantes que suben los precios. Un economista español me decía en Twitter: «La decisión de subir los precios es de las empresas porque buscan mantener beneficios». Nunca el responsable es el que ha destruido el valor de la moneda. Cuando se hunde el acceso a los mercados porque se amenaza con hacer impago, la culpa es de los bancos que no prestan. Un asesor de Varoufakis, en Grecia, me decía en televisión que el corralito había sido una imposición del Banco Central Europeo que se negó a seguir dando liquidez a Grecia cuando anunció que no iba a seguir sus ideas. Te presto, no me pagas, pero te tengo que prestar más y barato, esta parece ser la tesis de los populistas.

¿Pero son los populistas unos malvados que quieren que su pueblo sufra? No. Un grave error de los analistas es pensar que son unos locos o unos malvados. Olvidamos que su objetivo esencial es que el Estado tome el control de los medios de producción. Sabiendo que eso es imposible en un mundo globalizado usando la expropiación, piensan que la mejor manera de llegar a ello es a través de la crisis económica. El Estado pone las trabas necesarias al sector privado hasta que este, simplemente, no puede funcionar, y ese es el momento en el que el Estado se presenta como el salvador. En realidad, es una política que se parece mucho a la del maltratador. «Sin mí no puedes». Esa persona piensa que está haciendo lo mejor, pero para ello necesita anular la voluntad del otro.

Si necesitamos que todos los medios de producción y financieros sean propiedad y estén al servicio incondicional del Estado es mucho más fácil entender por qué se imponen políticas que llevan a corto plazo al desastre económico: por un supuesto «bien superior» que vendrá a largo plazo. El pueblo, por lo tanto, debe plegarse y aceptar las consecuencias, por duras que sean, de llevar a cabo el proceso de absorción de todos los medios de producción. Aunque entre ellas esté la de padecer miseria y hambre, como hemos visto en Cuba, como sucede ahora mismo en Corea del Norte, en Venezuela y también ha ocurrido en Argentina.

Pero sería un error pensar que están o son unos locos. La propaganda es esencial. Allende en Chile ya comentaba que la prensa debía ser un instrumento de la revolución. Cuando se tiene un objetivo claro, incuestionable, de poder absoluto del estado populista, la propaganda es el medio que justifica todos los errores y permite ir alcanzando nuevas metas hasta el control total. El hecho de que los profesores de historia pasen por estos episodios de colectivismo populista con miedo, incluso con benevolencia, en sus clases, es el caldo de cultivo para que, poco a poco, las generaciones venideras achaquen todos los problemas y maldades al capitalismo, incluso aquellos que han hecho fracasar a los populistas.

Recuerdo una discusión con un líder de Podemos en la cual, cuando le explicaba que sus propuestas eran inviables, me comentaba que «la política y la democracia deciden lo que se debe hacer, luego le toca a los técnicos analizar cómo se puede hacer». Es decir, el líder populista decide y, si no funciona, es un problema de incompetencia de los técnicos. Se trata del caso más claro de una fe en el Estado que sobrepasa a la religiosa. Porque la fe religiosa está sustentada en el individuo, en su relación de convivencia con los demás, pero la fe en el Estado populista parte de la premisa de la infalibilidad, y todo lo que no lo demuestre o es un ente enemigo o es un error externo. El populista se sirve de la democracia para pervertirla. Con un 20% de votos se autodenomina «mayoría social» y pone al 80% restante en dos escenarios: la cobardía o la enemistad. O son cobardes que no se unen al «pueblo» o son enemigos del mismo.

 

ERRORES:
El populismo está creciendo en todo el mundo. Da soluciones aparentemente simples a problemas muy complejos, y sobre todo empodera a muchos individuos al acentuar el resentimiento, la envidia, la división y el enfrentamiento. Por fortuna, siempre fracasa. Porque el populismo olvida tres cosas. La naturaleza humana busca el progreso y el bienestar común desde la iniciativa individual, al contrario de lo que piensan los intelectuales que se dan así mismos el papel de «voz del pueblo». Los seres humanos caen en el error de pensar en el Estado como si fuera Papa Noel en muchas ocasiones, pero la fe inquebrantable en dicho Estado no existe. Se desvanece con la realidad del fracaso, aunque se pervierta el lenguaje. Y finalmente, como decía Bob Marley, puedes engañar a algunos durante cierto tiempo, pero no a todo el mundo todo el tiempo.

Tenemos que combatir el populismo cada día. Sabiendo que la batalla de la propaganda y de la perversión del lenguaje de los populistas convierten este desafío en arduo, lenta y repetitivo. Tenemos que luchar contra su falsa premisa de la superioridad moral autoconcedida, de la infalibilidad del bienintencionado y tenemos que luchar sabiendo que no son dementes ni ignorantes ni anecdóticos. Y tenemos que hacerlo cada día, sin descanso, porque cuando llegan al poder, llegan los referéndums revocatorios y los procesos constituyentes, las leyes de emergencia y la represión para asaltar las instituciones. Cuando llegan, no hay manera de desalojarlos fácilmente del poder.

Los liberales cometimos un enorme error en Latinoamérica al posicionarnos en la equidistancia entre los Gobiernos ineficaces de derecha o izquierda y los populistas que llamaban a la puerta. No, no son lo mismo. Esos Gobiernos ineficientes, con todos sus errores, respetaban los principios básicos de la ley, la convivencia y el proceso democrático. Los populistas, cuando llegan, toman por la fuerza las instituciones y se perpetúan en el poder al precio que sea. No podemos cometer el mismo error de la equidistancia intelectual ante amenazas muy reales que afectarán a millones de personas, muchos de ellos votantes de opciones populistas.

Daniel Lacalle es economista y autor de La madre de todas las batallas, Nosotros los mercados y Viaje a la libertad económica.

 

 

 

Cataluña, el bono basura y el Brexit

La postura del independentismo catalán con respecto a la bajada de calificación de los bonos de la región por parte de Moody´s a un nivel inferior a Bangladesh está siendo muy similar a la de los pro-Brexit. Negar la evidencia.

El bono catalán es equivalente a bono basura. Cualquier informe de calificación incluye una parte de posibles eventos que puedan cambiar ese rating. Pues bien, ninguna agencia concede la más mínima mejora en caso de independencia (de hecho, alertan sobre el impacto sobre la inversión, el empleo y los ingresos y reducirían más el rating).

En Reino Unido, el Director General de la Organización Mundial del Comercio, Azevedo, resaltaba el riesgo de tener que renegociar tratados bilaterales con un coste de 9.000 millones de libras anuales, y diferentes organismos mostraban un impacto para la economía británica y europea muy negativo. El propio George Osborne lo tilda de “DIY Recession” (recesión de “háztelo tú mismo”) que dejaría al Reino Unido “permanentemente empobrecido”, con estudios que cuantifican un impacto en el PIB de entre un 1% y un 3%. Y eso que Reino Unido es el segundo mayor mercado financiero del mundo, tiene un sistema bancario y monetario fiable y con historia de confianza, y lazos históricos con EEUU y la Commonwealth.

Negar la evidencia es también un error en nuestro país. Recordemos los argumentos de los independentistas:

-“Las agencias de calificación no tienen credibilidad”. Curioso argumento. ¿Por qué? Porque han sido históricamente OPTIMISTAS, no pesimistas, en sus estimaciones. Si les parece que sus calificaciones son injustificadas, piensen que seguramente lo sean por diplomáticas. En cualquier caso, les parezcan buenas o malas, la inmensa mayoría de inversores NO COMPRA bonos que no estén calificados o no sean “investment grade”. Y no es una imposición de las agencias, es decisión de los propios clientes. Los mayores fondos de inversión del mundo, y yo he trabajado en dos, simplemente no aceptan invertir en bonos basura.

-“Con una deuda de 36% del PIB no se puede considerar un bono como basura”. Claro que sí, y con menos. Argentina tenía una prima de riesgo de más de 1.000 puntos básicos con una deuda del 35,8% y monetizaba todo su gasto. Brasil, por ejemplo, tiene un 56% y es bono basura. Andorra un 41% y está a dos puntos de bono basura. Los países bálticos al independizarse no tenían acceso al mercado a pesar de su bajísima deuda. La deuda sobre PIB no es relevante cuando el flujo de pagos se desborda y la capacidad de repago se resiente de manera alarmante por un proceso rupturista. Moody’s lo explica perfectamente. La ratio de deuda directa e indirecta sobre ingresos operativos de Cataluña ha empeorado de manera alarmante, de 302% a 314%. Los países y regiones calificados tienen un máximo de 203%.

-“Están manipulados por el Gobierno español”. Pues vaya éxito manipulando. Al bono soberano nacional lo rebajan cuando consideran, y también lo han hecho a regiones “cercanas” al partido del gobierno anterior o actual.

-“La deuda catalana está garantizada por el Estado español, y si queremos no la pagamos”. Lo he explicado en muchas ocasiones. Suponga que un país le debe toda su deuda a una sola nación. Con hacer impago, todos contentos y a financiarse como reyes, ¿no? No es así. El riesgo no se reduce, se multiplica. Porque la fiabilidad como deudor se destruye. No solo no te financias más barato. Es más difícil acceder a los mercados. Ecuador, tras hacer impago tardó años en acceder a los mercados de deuda y tuvo que hipotecarse con China. Cuando finalmente acudió a emitir bonos, lo hizo en una cantidad irrisoria y al 7,95% a diez años en dólares. Hoy se financia al 10,5%. Y es un país rico en materias primas.

-“Las balanzas fiscales”. Las balanzas fiscales no son un concepto de caja y eso lo sabe Moody´s, S&P y cualquier inversor. En el día uno de la independencia Cataluña no cuenta con miles de millones más en su caja y no cuenta con la capacidad de financiación que tiene un país de la UE igual que Escocia no se podría permitir financiarse igual si saliese de Reino Unido. El propio Consejo de Transición Nacional reconoce que el supuesto Estado catalán debería financiarse con bonos patrióticos y “bonos canjeables por impuestos futuros” para cubrir el déficit por el coste de 4.500 millones que ellos mismos estiman.

Permítanme explicarles lo que es un bono “canjeable” y “patriótico”. Aquellos en que usted acepta de antemano la probabilidad de que no le devuelvan su dinero. ¿Se lanzarían ustedes a invertir? ¿O exigirían 9-10% de interés por ese riesgo, como en emisiones similares?

-“Pero tendrán que aceptarlo”. Justo lo que decía Varoufakis antes de llevar al país a un corralito. Las secesiones expansivas no existen. Siempre se ha dado un efecto negativo a medio plazo en la economía, y, como mucho, una recuperación en V, en países con recursos naturales y sistema monetario y financiero propio con décadas de historia y confianza mundial, cosas que Cataluña no posee.

Igual que en el tema británico con la UE, el problema autonómico debe valorarse desde lo que nos une y acabar con las ineficiencias. Necesitamos un modelo de financiación autonómica eficiente, no rupturas con terribles consecuencias para todos. Responsabilidad crediticia, fiscalidad cercana al ciudadano, competencia y apertura, que el sistema de autonomías no sea un incentivo perverso por el cual siempre pagan los mismos y los errores se financien con el bolsillo de otros. Un sistema servicios centralizados comunes y de servicios locales independientes, de déficit cero y responsabilidad total como el de los Länders alemanes.

Solidaridad, sí; donación, no. Un modelo de relación abierta entre regiones que sea sostenible y no se convierta en un incentivo para gastar tanto como el peor.

Publicado en El Español, 30 de mayo 2016.

Un año en las instituciones: postureo, impuestos y fuga de empresas

Se cumple un año de la llegada de los “pactos del cambio” y los resultados no pueden ser más pobres. En las comunidades y ayuntamientos donde gobiernan se repite el mismo patrón. Subir impuestos a todos, echar empresas y paralizar inversiones. Aumentos masivos de impuestos para aumentar el gasto político y el nepotismo y, encima, incumplir los objetivos de déficit más que otras Comunidades Autónomas.Es importante analizar el empeoramiento sabiendo que, además, contaban con viento de cola al llegar. La economía española creciendo un 3%, creación de empleo, financiación abundante, bajos tipos de interés y precios del petróleo.

Aragón, Baleares, Valencia, Castilla La Mancha, Extremadura y Navarra han llevado a cabo aumentos muy significativos en todas sus figuras impositivas, incluyendo el tramo autonómico del IRPF, por encima de lo que “criticaban” en las subidas de 2012, que se dieron en medio de una crisis de financiación sin precedentes. De hecho, la presión fiscal a rentas medias se ha aumentado hasta medio punto vía impuestos indirectos a pesar de que en este año computaban las bajadas de impuestos del gobierno de España.

Aragón, con una coalición de PSOE, Podemos, IU, es la Comunidad que más ha subido los impuestos a sus ciudadanos, y encima ha registrado un déficit del 2,13% comparado con el objetivo de 0,7% y un 29% más que la media de déficit del 1,66% de las Comunidades Autónomas. Ha subido todos los impuestos (IRPF, Patrimonio, Actos Jurídicos, Sociedades, Transmisiones Patrimoniales) y ha creado además tres nuevas cargas al uso de agua embalsada, a las instalaciones de transporte de energía eléctrica de alta tensión y sobre las instalaciones de transporte por cable.

Dentro de esta subida generalizada de impuestos destaca Navarra, donde la coalición de “cambio” ha llevado a cabo el mayor incremento tributario de su historia en todos los conceptos.
En Baleares, donde gobierna la coalición de PSOE, Podemos y los nacionalistas también han subido el IRPF, Patrimonio, Sucesiones y Transmisiones Patrimoniales. ¿Emergencia social? No, emergencia burocrática. Un Gobierno que hoy cuesta a los contribuyentes un millón de euros más al año en cargos. Un déficit -1,5%- que duplica el objetivo a pesar de cifras récord de recaudación gracias a la campaña turística.

En la Comunidad Valenciana, PSOE, Compromis y Podemos, han subido el impuesto de Patrimonio y el déficit fue del 2,5%, casi un 50% más que la media de las Comunidades Autónomas y más del triple del objetivo. ¿Por qué? los gastos se disparan a pesar del crecimiento de la recaudación muy por encima del PIB real. Añadan a ello más de 1.000 millones en inversiones canceladas con un impacto en empleo de 20.000 puestos de trabajo.

Dentro de esta subida generalizada de impuestos destaca Navarra, donde la coalición de “cambio” ha llevado a cabo el mayor incremento tributario de su historia en todos los conceptos. Como anécdota, subiendo los impuestos a las SICAV ha conseguido que… No haya ninguna SICAV en Navarra, y pierdan toda la recaudación. Una subida de impuestos “a las rentas altas” que ha acabado, vía impuestos indirectos incluyendo gasolinas a 2,4 céntimos por litro, siendo para todos, como siempre. Y la recaudación, que estimaban crecería un 1,5% en 2016, ya se considera difícil de alcanzar. Con la bajada de impuestos de la anterior administración, en 2014, los opositores decían que se recaudarían 70 millones menos, y aumentó en 191 millones. Con las subidas generalizadas del nuevo gobierno “del cambio”, se recauda mucho menos de lo estimado.

La reforma fiscal de Navarra sube el IRPF a todos las rentas brutas de más de 19.500 euros. A eso llaman ellos “los ricos”. Según datos de Civismo, independientemente del nivel de renta, los contribuyentes navarros pagan más en concepto de IRPF que los residentes de País Vasco, La Rioja o Madrid. Un mileurista paga en 2016 hasta 436 euros más por el Impuesto sobre la Renta en Navarra que en Madrid. Y, como parte de su “política social”, tener hijos en Navarra supone un recargo fiscal frente a Madrid que va desde el 4,8% hasta el 126%. Con una renta por debajo de 16.000 euros brutos y dos hijos, en Navarra se pagan hasta 500 euros más en concepto de IRPF que en Madrid.

Y, de nuevo, en Navarra han tenido una desviación por exceso de gasto de 25,8 millones sobre el objetivo de déficit. Un 0,84% incluso con el régimen foral. Suben los ingresos, más gasto político. Todo ello ha generado que las empresas se vayan. Más de un centenar de empresas han cambiado sede fiscal fuera de las comunidades “del cambio” en un año. Veinte de ellas en Navarra, que subió el Impuesto de Sociedades al 28% mientras en el resto de España se reducía al 25%.

Todo ello con la inversión financiera directa estancada desde hace meses. Imagínense estos resultados… Pero con la economía sin crecer. Nos lanzan a un shock de deuda.El expolio al comercio es otra característica. El ayuntamiento de Madrid subió el IBI a unos 20.000 comercios, subió el Impuesto de Actividades Económicas –que es cobrar a las empresas solo por establecerse- y aumentó más cargas eliminando las bonificaciones al ICIO. Unos 130 millones más de impuestos. En un año, Madrid ha pasado a situarse peor que la media de España (reducción de paro de 1,37%) y la Comunidad de Madrid (0,85%). En Madrid, un aumento del paro del 0,02%… Y “apuntarse” una reducción de deuda de 871 millones, contando como “suyas” las preamortizaciones hechas en 2013.

En el publirreportaje que envían a los ciudadanos madrileños, se lee “aumento del 27% del gasto social” cuando en las 21 juntas municipales el presupuesto 2016 tiene 1,1 millones menos para ayudas a mayores a domicilio y ayudas sociales que en 2015.

Para lo que sí hay emergencia es para la subvención de un millón de euros libre de impuestos –es decir, que la carga impositiva la sufragan los madrileños- para el festival de Bollywood a una empresa de Singapur –oh, los paraísos fiscales-. “Emergencia social”. Mientras, la agencia “para el empleo”, con un presupuesto de 30 millones de euros, ha “conseguido” trabajo a… 1.500 personas. En Madrid, la ciudad “libre de desahucios” según su propaganda, la policía municipal ha participado en 1.016 desahucios en el primer trimestre de 2016.

“Urbanismo para la gente” es cancelar más de 6.000 millones de euros de inversiones que supone 120.000 empleos menos y un coste de 700 millones, que reclama Fomento por la inversión perdida. “Urbanismo para la gente” es dejar a 443 familias dela cooperativa Cuatro Caminos en la calle sin sus casas. Hacer el entorno imposible escudándose en una supuesta interpretación a rajatabla de la legislación para paralizar, entorpecer y crear clientelismo.

Todo ello envuelto en postureo de radicalismo orientado a crear titulares, en temas como fiestas, tradiciones y educación para que el verdadero objetivo, el expolio del ciudadano y el parón económico desaparezca del debate….Ya le echarán la culpa a Rajoy o a Merkel. O a los dos.

Lo mejor que se puede decir de un año de “pactos de retroceso” es que podría haber sido peor. Si en vez de una recuperación, se llega a dar un entorno de máxima fragilidad, estábamos como Grecia
Estos datos no parecen preocupantes porque llegan con el viento de cola de una economía que ha dejado atrás la recesión y llevaba en recuperación desde 2013. Pero la erosión en la inversión, el empleo, y el aumento de impuestos para sufragar gasto político –que de social no tiene nada-, no es “cambio”. Es la política que piensa que los ciudadanos y empresas son un cajero y que ellos le hacen un favor al mundo por permitir invertir en nuestro país.

El atraco al ahorrador, el goteo de impuestos adicionales al comercio y la creación de empleo y el expolio a la principal forma de ahorro que tienen las familias españolas vía impuesto de sucesiones, muestra que su objetivo no tiene nada de social, sino confiscatorio. Lo mejor que se puede decir de un año de “pactos de retroceso” es que podría haber sido peor. Si en vez de una recuperación, se llega a dar un entorno de máxima fragilidad, estábamos como Grecia. Y es que, a nivel económico local y regional, se comportan como Syriza. 90% son sido subidas de impuestos y muchos de los cambios sólo han consistido en crear mucha burocracia y papeleo para hacer imposible la inversión. A uno le entristece escuchar que no merece la pena invertir en zonas de mi país.

Los ciudadanos pedían un cambio tras el desastre de la crisis 2007-2011. La frustración que ha generado el difícil proceso de salida de la misma es comprensible, y la autocrítica se ha hecho palpable devolviendo gran parte del esfuerzo fiscal a los españoles y atacando radicalmente la corrupción. Pero en el proceso se ha permitido que entre una forma de ver la política peligrosa. La deificación del intervencionismo que ve la burocracia depredadora como un fin en sí mismo para el poder político. La que asume el estancamiento como un éxito para su objetivo de crear clientes dependientes de las migajas que ellos repartan.

No les hagamos olvidar que son minoría aunque, por pactos, gobiernen. El único cambio es atraer empresas, crear empleo y crecer.

¿Quién pone en peligro las pensiones?

El debate de las pensiones siempre se intensifica cerca de las elecciones. Muchos autores han reflejado en los últimos días distintos problemas, fundamentalmente el envejecimiento de la población, desde ópticas razonables. Pero, es curioso, en la solución es donde en muchas ocasiones los políticos se entregan al partidismo, a acusarse unos a otros, y, en algunos casos, a defender soluciones mágicas que solo llevan a empeorar.

Conviene recordar los dos retos esenciales, el demográfico y el económico.

DEMOGRÁFICO:

España es uno de los países donde la población envejece más rápidamente. Lo han explicado autores de distintas escuelas como Javier Díaz Giménez, Juan Manuel López-Zafra o Ignacio Conde-Ruiz. Hay elementos muy positivos. Vivimos mucho más. Pero también tenemos cada vez menos hijos. Y el riesgo de una pérdida de población “japonesa” es relevante. El país nipón sufre caída de la población total con menos ciudadanos en edad de trabajar y más jubilados.

En España, el crecimiento vegetativo de la población, es decir, nacimientos menos muertes por cada mil habitantes, ha pasado de 10,5 a 0,7 entre 1975 y 2014, y se estima que será negativo en 2016-2017. Según el INE, si se mantuvieran las tendencias demográficas actuales, España perdería un millón de habitantes en los próximos 15 años. El porcentaje de población mayor de 65 años ya es del 18,2%. Adicionalmente, la unidad familiar ha perdido un 44% de miembros de media desde los años 70. El número de nacimientos anuales ha caído desde 669.000 en 1975 a cerca de 426.600 en 2015.

ECONÓMICO:

Hay 9,3 millones de pensiones con un poco más de 17 millones de afiliados a la seguridad social. España jamás ha tenido más de 20 millones de cotizantes y se considera que un sistema de reparto de pensiones es difícil de sostener si ese ratio es menor de dos contribuyentes por pensionista. Las pensiones ya suponen más del 11% del PIB.

Los jubilados cobran ahora de media cerca de 1.040 euros al mes, un crecimiento en términos reales de más de un 45% comparado con el periodo 2003-2004.

El Fondo de Reserva, que se creó en 2000 durante el mandato de Aznar para acometer los retos demográficos y garantizar las pensiones en periodos de crisis aprovechando los ingresos extraordinarios en épocas de bonanza, ha sido un éxito que ha permitido que se incrementasen dichas pensiones en los años difíciles. Lejos de ver la reducción de su cuantía como un problema, debemos analizarlo como lo que es, un éxito que ha evitado que se hagan brutales recortes de las pensiones como en Grecia y otros países. No es que se haya reducido a la mitad, es que ha cumplido su función. Y, con la economía ya lejos de la recesión, mantiene 32.500 millones de euros de colchón.

Pero el sistema de pensiones español es de reparto, no de capitalización. ¿Qué significa eso? Que usted no cotiza para asegurar su pensión, sino que contribuye a las que se pagan hoy con la esperanza de que en el futuro otros continúen haciendo lo mismo, aumentado por la inflación. Capitalización es lo que contribuye usted para su propia pensión, personal e intransferible.

Por ello debemos analizar el reto demográfico y el económico de una manera integral.

Si en esa ecuación (envejecimiento de población, aumento de afiliados, ingresos y gastos) no ponemos como pilar fundamental el crecimiento y el empleo, el resultado será el recorte de las pensiones, como ha ocurrido en todos los sistemas intervencionistas que prometían garantizarlas.

SOLUCIONES:

Primero, conviene resaltar que la solución en nuestro país no es acabar con el sistema de reparto, sino hacerlo sostenible y compatible con uno de capitalización. Es decir, la solución a las pensiones es recuperar el crecimiento económico y número de afiliados -20 millones- y mejorar la productividad y, con ella, los salarios y los ingresos de la Seguridad Social. No solo nos permitiría recuperar las cantidades del Fondo de Reserva, sino mantener el poder adquisitivo de las pensiones.

Si creamos muchas más empresas y atraemos más capital, con ello más empleo y más productividad, conseguimos mitigar el efecto demográfico y, a medio plazo, aumenta la población. Al fin y al cabo, eso nos diferencia de Japón, la capacidad de atraer inmigración por afinidad cultural, idioma y localización.

Nada de eso se consigue con el método “Podemos”: entorpeciendo inversiones, aumentando la burocracia y subiendo impuestos.

Porque la tendencia demográfica no se revierte desde una fiscalidad confiscatoria. En Francia se han recortado las pensiones desde 1996 con el famoso impuesto “solidario”. ¿Por qué?, porque se reduce la capacidad de consumir, ahorrar y tener descendencia si acometemos las reformas aumentando la fiscalidad y nos lanzamos al estancamiento.

SOMOS MUY POCO NÓRDICOS

En Suecia el Estado da una pensión mínima garantizada. A ese mínimo, equivalente a las pensiones no contributivas -y que solo se percibe si no se tienen otros ingresos-, se suma un sistema de capitalización personal en el que la empresa pone un 10% y el trabajador un 7% de su salario bruto en un plan individual de gestión estatal, y dicho plan se complementa con un 2,5% que se invierte en fondos, privados o públicos. Los que tildan el sistema de capitalización de “privatización” de las pensiones, mienten.

Para implementar este sistema se estableció en 2001 un periodo de transición por el cual los trabajadores nacidos antes de una fecha permanecían en el sistema antiguo y el resto pasaban al nuevo sistema. Dadas las diferencias demográficas y de desempleo, en España se podría utilizar parte del Fondo de Reserva y reducir los impuestos al trabajo para aumentar el empleo y reducir los desequilibrios. Un sistema sostenible, justo y a la vez que garantiza una pensión a todos.

Nuestro sistema de pensiones lleva criticándose desde que yo estaba en la universidad, diciendo que es insostenible. Sin embargo, se ha mantenido siempre que se ha fortalecido la creación de empleo y el crecimiento económico. Incluso si los jubilados pasaran a ser el 24% de la fuerza laboral y las pensiones el 15% del presupuesto como estima la OCDE a largo plazo, se puede mantener un sistema de reparto.

Lo que pone en peligro las pensiones públicas son las llamadas a cubrirlas desde las políticas que solo han creado salida de empresas y destrucción de empleo.

Merece la pena proponer un sistema en el que, como en Suecia, el ciudadano sepa exactamente cuánto tiene para su jubilación, sin depender de lo que diga un comité.

Porque los mismos que se rasgan las vestiduras con el poder adquisitivo de las pensiones son luego los que las hunden, sea recortándolas, devaluando constantemente la moneda y creando inflación excesiva.