El Banco Central Europeo debe cumplir su mandato urgentemente

“Make that money, watch it burn” Ryan Tedder

El Banco Central Europeo debe cumplir su mandato urgentemente

El Banco Central Europeo debería estar enormemente preocupado por dos noticias. El euro está al borde de la paridad con el dólar y acumula una caída del 17% desde 2021, más del 35% desde 2008. Por otro lado, la inflación en la eurozona alcanzaba el 8,6% en junio, un 5% excluyendo el componente energético. La inflación en varios países del euro, incluida España, es ya de doble dígito con el IPC subyacente a máximos de varias décadas.

Mientras tanto, en Suiza, la inflación en junio era de 3,4% con la subyacente a 1,9%. Suiza depende de las importaciones de gas, materias primas y cadenas de suministro tanto como sus vecinos, pero no se ha dedicado a imprimir masivamente su moneda.

El euro es el mayor éxito monetario de los últimos 150 años y no puede ponerse en peligro arriesgando la independencia del Banco Central Europeo. Los que queremos que siga siendo una moneda de reserva y un éxito estamos preocupados.

El balance del BCE es un 69,5% del PIB de la eurozona, cuando el de la Reserva Federal es un 37% del PIB de EEUU y el del Banco de Inglaterra es un 39%. Pero el euro no es la moneda de reserva del mundo. La Reserva Federal de EEUU es el único banco central que presta atención a la demanda global de dólares y a pesar de ello también ha cometido el enorme error de disparar la masa monetaria muy por encima de la demanda y, con ello, disparar la inflación.

No olvidemos que los precios no suben todos a la vez para la misma cantidad de moneda emitida. Uno o dos precios pueden subir por razones exógenas, pero no suben todos si no se destruye el poder adquisitivo de la moneda imprimiendo si control.

Y es extremadamente preocupante porque en junio de 2021 el aumento de la masa monetaria (M3) en la eurozona fue de 8,3% anual, con la M1 (moneda en circulación y depósitos a la vista) aumentando un 11,8%. Es decir, el aumento de la masa monetaria (M3) era todavía un 16% superior a la que se daba en medio del llamado “bazooka de Draghi”. En mayo de 2022 sigue creciendo por encima del 5,6% con el PIB rebotando un mero 2,6% estimado.

¿Por qué no había “inflación” entre 2009 y 2019? Primero, sí la había. No podemos olvidar que en la época en la que nos decían que “no había inflación” la pérdida de poder adquisitivo acumulada del euro ha sido de un 74% desde 1991 hasta 2021.

Aunque el IPC anual se mantenía contenido, se daba una enorme inflación de activos ya que el aumento de cantidad de moneda se absorbía en deuda soberana y activos. Por supuesto, se disparaba el precio de la vivienda y también de los bienes y servicios no reemplazables, pero nada como en 2020. El aumento de la masa monetaria no solo se multiplicó hasta superar el 12% (M3) sino que se dedicó en su mayor parte a gasto corriente público no productivo. La eurozona y Estados Unidos rozaban de refilón la política monetaria argentina y, con ello, se disparaba la inflación.

Pero el dólar sigue siendo la moneda de reserva del mundo y el euro aún no lo es. Según el Bank Of International Settlements la inmensa mayoría de transacciones globales se hacen en dólares, seguido -muy de lejos- por el euro. Pero ojo, el euro es la única moneda de países desarrollados con riesgo de redenominación (alguno puede decidir romperlo). Por eso es clave defender el mandato inequívoco del BCE: La estabilidad de precios, es decir, la solidez del euro como moneda común.

La demanda de dólares global aumenta y la Reserva Federal, cuando sube tipos, atrae más demanda hacia el dólar.

En la eurozona, debilitar al euro hace nuestras importaciones mucho más caras y nuestra débil unión se encuentra con un déficit comercial récord -que es el equivalente a comprar dólares y vender euros- de 16.400 millones de euros.

Por supuesto que el factor energético afecta, pero no podemos utilizarlo como excusa para destruir el poder adquisitivo del mayor éxito monetario de la historia reciente, el euro. Las materias primas e importaciones pagadas en una moneda más débil empeoran la situación mucho más. Y no olvidemos que la eurozona registró un IPC muy bajo cuando los precios del gas y del petróleo se dispararon en distintos periodos de 2012-2014.

La debilidad del euro no debe tomarse a la ligera. Los que repiten el falaz mantra de que eso beneficia las exportaciones deberían mirar lo que nos cuestan de más las importaciones y el déficit comercial récord.

Un déficit comercial -venta de euros, compra de dólares- unido a unos estados que se niegan a reducir sus gastos y déficits estructurales -consumo adicional de unidades de moneda adicional- y un plan de fondos europeos que va a ser monetizado en su gran parte -mayor consumo de reservas monetarias- pueden ser una combinación letal si a ello se le añade un banco central que mantiene tipos negativos reales -más presión inflacionista- y sigue aumentando la masa monetaria muy por encima de la demanda.

Un euro débil significa menor poder adquisitivo de los salarios reales y los depósitos de los ciudadanos de la eurozona, es decir, más pobreza.

Nadie quiere trabajar a cambio de una moneda débil y el euro no debe serlo porque merece seguir como una moneda de éxito global y demanda creciente.

No existe ventaja alguna en defender el inflacionismo. Empobrece a los ciudadanos, castiga a los eficientes y destruye la confianza en la moneda. Criticar la lentitud de acción del BCE no es antieuropeo. Lo que es antieuropeo es el inflacionismo, empobrecernos a todos.

Es extremadamente importante que el Banco Central Europeo cumpla su mandato, que es la estabilidad de precios.

El mandato del BCE no es que España o Italia se financien artificialmente barato acumulando enormes déficits y desequilibrios acumulados a costa de empobrecer salarios y ahorros, es la estabilidad de precios. Lo que ha destruido Europa desde hace siglos siempre ha sido el inflacionismo.

El mandato del BCE no es disfrazar la incompetencia presupuestaria de los estados ni dar excusas por la alta inflación, su mandato es defender los salarios reales y los depósitos de los ciudadanos de la eurozona manteniendo la estabilidad de precios.

Es clave que el Banco Central suba tipos porque el problema no es una subida moderada, sino el exceso de deuda y riesgo acumulado durante años de tipos negativos, una aberración monetaria injustificable. Los tipos de interés son el precio del riesgo y deprimirlos artificialmente incentiva el exceso de riesgo y deuda.

Es esencial que el Banco Central Europeo pare la locura de monetización de deuda porque su mandato no es disfrazar el riesgo soberano, sino la estabilidad de precios. Y porque la anomalía no es una prima de riesgo de 100 puntos básicos sino la salvajada de forzar artificialmente que los “yields” (rentabilidades) de los bonos soberanos sean negativos.

La anomalía no es una prima de riesgo acorde con la solvencia y la credibilidad del emisor, la anomalía es acumular hasta 11 billones de euros de deuda con rentabilidad negativa de emisores con solvencia y credibilidad crediticia decreciente.

Normalizar la política monetaria no genera “un ataque especulativo” cuando se cumple con la credibilidad crediticia. Lo que sí es un ataque especulativo es disfrazar el riesgo y el exceso de deuda monetizando el 100% de las emisiones netas de un emisor soberano.

Es esencial, también, que el Banco Central Europeo entienda que la supervivencia del euro pasa por contener el aumento constante de consumo de reservas monetarias de estados que ya pesan más del 50% del PIB de las economías. Debe entender lo siguiente:

La política monetaria ha pasado de ser una herramienta para ganar tiempo y hacer reformas estructurales a ser una herramienta para evitarlas.

Con ese peligrosísimo incentivo perverso a gastar más sin control y monetizarlo empobreciendo a todos se pone en peligro la credibilidad de la institución, de la moneda y el mecanismo de transmisión que permite fortalecer a la economía, porque se subvenciona el exceso de deuda la mala praxis mientras se penaliza el ahorro y la inversión prudente. Es la receta inequívoca del estancamiento y el empeoramiento estructural de una economía donde el efecto desplazamiento del sector público sobre el sector privado se incentiva, sin quererlo, desde la política monetaria. Esto nos lleva a menor productividad, menor crecimiento y más deuda.

Me da igual que las bolsas y los bonos tengan una corrección -además sana- tras el exceso de optimismo y complacencia de los últimos años.

Prefiero que el BCE refuerce su independencia, defienda la moneda y a los ciudadanos que rascar un par de porcentajes adicionales de rentabilidad a una cartera. Porque las alternativas, la estanflación o una crisis del euro, hacen mucho más daño a muchísimas más personas de toda la eurozona.

Algún día los miembros del banco central se darán cuenta de que los que defienden el euro y la eurozona no son los que aplauden el inflacionismo, engordar déficits y la destrucción del poder adquisitivo de la moneda, sino los que queremos que el mundo siga valorando el euro como una alternativa potente global. Probablemente, cuando llegue ese momento será demasiado tarde y las alternativas sean otras monedas.

Destruir el poder adquisitivo de la moneda no es una política social. Es la más antisocial. Es empobrecer a todos.

La independencia del BCE no debe estar en duda. Su defensa y respeto a su mandato inequívoco tampoco.

Acerca de Daniel Lacalle

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión. Casado y con tres hijos, reside en Londres. Es colaborador frecuente en medios como CNBC, Hedgeye, Wall Street Journal, El Español, A3 Media and 13TV. Tiene un certificado internacional de analista de inversiones CIIA y un máster en Investigación económica y el IESE.

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