La Reforma Laboral, no era una reforma ideológica, era una reforma de sentido común

“Uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas por sus intenciones en vez de por sus resultados” Milton Friedman

Por Guillermo Julio Sáez

Más de 100 días de Gobierno del PSOE, más de 100 días de lanzar medidas al aire sin calcular los efectos que tienen sobre la economía. Esta última semana, Podemos ha pedido al PSOE volver a la legislación laboral previa a la reforma del 2012 ya que consideran que la Reforma Laboral del PP ha sido la causante de todos los problemas en España.

 

Esta medida es una buena idea si se quiere poner la cama a la desaceleración y echar por el suelo el esfuerzo de la sociedad española en los últimos años y destrozar el mecanismo de ajuste que ha permitido al tejido empresarial español reajustarse a la nueva realidad del contexto económico.

 

La izquierda actual, sigue empeñada en marcar el inicio de todos los males de la sociedad en la fecha en la que el PP lanzó la Reforma laboral. Sin embargo, se les olvida que hasta ese momento, bajo el gobierno de la siempre bienintencionada izquierda, 2.564.900 trabajadores habían perdido sus empleos, pasando la tasa de paro del 8% al 21% tras la desaparición de casi 200.000 empresas en nuestro país. Y por supuesto que durante los primeros trimestres de gobierno de Rajoy se siguió destruyendo empleo. Nadie es capaz de frenar a una economía desbocada de un día para otro, sin embargo perder la confianza en una economía es muy fácil.

 

La Reforma Laboral, no era una reforma ideológica, era una reforma de sentido común. Su único objetivo era permitir al tejido empresarial español sobredimensionado por una demanda interna distorsionada por la burbuja inmobiliaria y una economía muy vinculada a sectores periféricos, reajustar sus plantillas y orientarse hacia otros sectores y mercados.

 

Revertir este proceso es condenar a las empresas a morir cuando la economía pierda fuelle. Nuestras pequeñas y medianas empresas representan 95% del tejido español y volver a obligarlas a tener unas condiciones laborales supeditadas a los grandes convenios colectivos, impidiendo que en tiempos de crisis puedan pactar con sus empleados unas condiciones transitorias, es conducir al cierre a muchas de ellas. ¿No es mejor pactar un descuelgue de condiciones temporal que abocar a una plantilla entera al desempleo?

 

Y es que, nuestra izquierda actual y su superioridad moral trata de imponer la ideología a la razón y con sus magníficas intenciones solo ha traído desajustes a nuestra economía que impactan a la sociedad que tanto dicen defender. Casualmente, bajo las buenas intenciones, el PSOE nos dejó 2’5 Millones más de parados y la malvada derecha liberal nos trajo un crecimiento del 3% anual y lo más importante, la confianza internacional para seguir siendo un foco de inversión para ser capaces de reconstruir la economía y con ello nuestro Estado del Bienestar.

 

Si de verdad quieren hacer una política pensando en la ciudadanía, déjense de estupideces y debates artificiales y céntrense en dar seguridad a nuestros actores económicos. Solo generando confianza, las empresas y trabajadores tienen un horizonte “estable” para tomar decisiones de inversión, consumo y ahorro. Solo así se crea empleo. Solo así el Estado es capaz de recaudar más sin dar el hachazo a los bolsillos de los que a su vez les mantiene. De intenciones solo viven ustedes mientras juegan con el dinero de los demás. Qué menos que darle a la sociedad resultados.

Acerca de Daniel Lacalle

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión. Casado y con tres hijos, reside en Londres. Es colaborador frecuente en medios como CNBC, Hedgeye, Wall Street Journal, El Español, A3 Media and 13TV. Tiene un certificado internacional de analista de inversiones CIIA y un máster en Investigación económica y el IESE.

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