Autoconsumo y reguladores europeos

Se acaba de publicar un documento esencial del CEER (Council of European Energy Regulators) sobre autoconsumo . CEER es el consejo de TODOS los reguladores europeos, y merece la pena leerlo para evitar esa politización de ciertos aspectos del mercado energético que se han generado en nuestro país. Me parece esencial porque lo primero que hace es, correctamente, hablar de “autogeneración”, y especifica la responsabilidad y obligaciones de los participantes del mercado eléctrico.

Los principios básicos para aprovechar al máximo la autogeneración sin que se convierta en un sistema de incentivos perversos y subsidios cruzados, como explicaba en mi artículo Autoconsumo sí, pero de verdad y evitar que se convierta en una burbuja que busque atrapar a clientes incautos.

Elementos esenciales del informe son:

Los consumidores, al convertirse en productores, pasan a ser agentes activos del mercado energético y con ello deben asumir responsabilidades en cuanto al sistema integrado.

Evitar incentivos perversos. Los consumidores que no participen de la autogeneración no deben sufrir desventajas en costes del sistema, y por ello debe darse un reparto justo de los costes del sistema -primas a renovables, impuestos y coste de redes- entre todos los consumidores (no sólo los que se mantienen “enganchados” a la red). No vale que se cargue a los consumidores de costes fijos durante la época de “verde que te quiero verde” y el “coste de un café” y ahora algunos se desentiendan de esa acumulación, pero se beneficien vertiendo a la red.

El informe recomienda evitar el mal llamado “balance neto” (net metering), ya que el concepto asume que la capacidad de almacenamiento del sistema, que pagamos todos los consumidores “enganchados” en la factura, está “disponible gratuitamente” para algunos.

En resumen, es un informe que busca garantizar que los beneficios y obligaciones para consumidores y productores estén adecuadamente repartidos sin cometer los errores de incentivos perversos que se han generado en otros mercados, como Maine, EEUU, donde han tenido que rectificar.

Una de las ventajas del debate sobre autoconsumo en Europa es que están saliendo a la luz las monstruosas deficiencias del mercado eléctrico europeo, cargado de costes fijos y subvenciones. En Alemania, los consumidores han visto su factura más que duplicarse mientras los costes de generación caían más del 60% por la acumulación de subsidios y costes fijos.

En España se ha conseguido que la factura de la luz baje un 15% en 2016, cayendo hasta niveles de 2012 (la factura anual de una familia media para el año 2016 será unos 124 euros menor, según el Ministerio de Industria). Pero es que entre 2004 y 2012 la factura anual se encareció en 328 euros (lo que supuso una subida del 67% del recibo), mientras nos lanzábamos a la burbuja de sobrecapacidad y costes fijos. El autoconsumo es una respuesta a un sistema endiablado de costes fijos, pero no evita el problema esencial, que es la sobrecapacidad subvencionada -y no sólo en tecnologías nuevas, sino en convencionales-, y debe servir como motor de eficiencia y competencia, no como otro “efecto llamada” de estimaciones mágicas.

El autoconsumo (autogeneración) es estupendo siempre que no sea un mecanismo para evitar pagar por una red que se utiliza para vender, pasar costes fijos a todos los demás consumidores y beneficiarse de un privilegio en generación. El que quiera desconectarse completamente, sin verter a la red, es libre de hacerlo. El que participe del sistema como si fuese otra planta de generación, debe compartir costes fijos. Es importante que los reguladores europeos pongan en marcha los principios para que el autoconsumo sea un motor positivo, no otra burbuja.

En energía sólo hay dos formas de atacar estas ineficiencias acumuladas. Una es el sistema norteamericano, que quiebre el que tenga que caer, donde las ayudas son incentivos fiscales no subvenciones, y por ello hemos visto la quiebra de miles de empresas ineficientes solares y de carbón en electricidad y de productores de gas y petróleo. La otra es la europea, que parte de una planificación centralizada y objetivos políticos. Lo que no vale es escoger lo que nos gusta de la segunda -la hiperregulación- pero no sus costes.

Bloqueo, Inversión y Ralentización

Uno de los mayores errores que cometemos en nuestro país es ignorar los riesgos que se generan a nivel global y las señales de alarma. Le concedemos una cualidad mágica a la política monetaria y olvidamos la importancia de los cambios estructurales. Es preocupante que nuestros políticos, preocupados sólo de su propio reino, no estén tomando medidas urgentes ante la ralentización y desequilibrios acumulados, y solo piensen en las empresas y ciudadanos como cajeros para financiar su bloqueo institucional.

Las señales son muy relevantes.

La ODCE estima que el crecimiento económico mundial se estancará durante 2016 y 2017 con tasas similares a las vistas en la crisis financiera. El principal problema es el aumento del proteccionismo. Según la Organización Mundial del Comercio, las medidas proteccionistas y restricciones al comercio han alcanzado máximos de 2009. Lo gracioso es que los mismos políticos que quieren limitar el comercio en casa fingen querer aumentar las exportaciones. Más que gracioso, es triste.

“El proteccionismo nos enseña a hacernos a nosotros mismos en tiempos de paz lo que nos quieren hacer nuestros enemigos en tiempos de guerra”, decía Henry George. El proteccionismo no protege a los sectores que finge defender, los condena al hundimiento y acelera la recesión.

La economía mundial crecerá sólo un 2,9% este año según la OCDE, frente al 3% que pronosticó en junio, y también revisa a la baja las expectativas de 2017, la tasa más baja desde la crisis financiera de 2008-2009. Y lo más importante a resaltar es que, en mi opinión, siguen siendo optimistas.

Que en ese entorno nuestras exportaciones alcancen un nivel récord y se desplome el déficit comercial es una buena noticia, casi un milagro cuando la mayoría de las economías globales reducen su ritmo exportador. Dar este dato como un hecho y no potenciarlo acabando con el bloqueo es irresponsable. Más de 60 acuerdos bilaterales de comercio y protección de la inversión están paralizados en nuestro país. Debería ser un titular diario que avergüence a los perpetradores del bloqueo.

Pero es que, además, España debería estar aprovechando esa ralentización global para atraer mucha más inversión extranjera. Creciendo el triple que nuestros socios y creando empleo, deberíamos ser un centro global de atracción de capital. Y creceríamos más y con mayor intensidad de reducción de paro.

Pero la inversión extranjera en España se ha desplomado casi un 29% en el primer semestre del año. Y tampoco les preocupa a los bloqueadores. Según el Registro de Inversiones Exteriores del Ministerio de Economía, en términos brutos la inversión productiva extranjera cayó entre enero y junio desde los 9.415 millones hasta los 6.716 millones de euros. La excusa de que “el primer semestre de 2015 fue excepcionalmente bueno” y que el ritmo normalizado es similar a otros semestres no nos puede valer. España no puede conformarse con 14.000 millones de euros de inversión anual. Sobre todo, cuando hasta un 50% de la misma es simplemente cambio de capital, es decir, no inversión adicional.

Cuatro operaciones corporativas explicaron la cifra excepcional de 2015. Nos debería preocupar que, en una economía como la española, tan pocas operaciones tengan tanto impacto. Y no me parece aceptable acostumbrarnos a que la cifra semestral sea decreciente. De 7.022 millones del primer semestre de 2012 a 5.276 millones en el primer semestre de 2014 supone que seguimos ignorando las dificultades y trabas que seguimos poniendo a una inversión extranjera que muchos políticos consideran como una “gracia” que ellos conceden generosamente. Seamos agradecidos, que permitimos invertir en nuestro Reino de Taifas mientras creamos 50 normas diarias, regionales, locales y nacionales, para hacer más difícil invertir.

No seamos tan negativos. La inversión directa cae, pero la inversión en cartera extranjera ha crecido de 33.900 millones de euros a 51.700 millones. Pero no es suficiente y no podemos conformarnos.

Ya escribimos en esta columna que el bloqueo sí tiene impacto. Que estemos creciendo y creando empleo no es una justificación cuando deberíamos estar ganando la partida de a ralentización global por goleada, como país que combina crecimiento, seguridad y atractivo.

Que a nuestros políticos bloqueadores les da igual es evidente. Su única prioridad es buscar cómo poner más palos en las ruedas. Luego, dirán que no es un problema español sino global. Y no es cierto.

Que el mundo vaya a crecer menos en los próximos años no es una excusa de mal estudiante que le dice a sus padres que “muchos han suspendido”. Es una oportunidad para poner las bases de ese cambio del patrón de crecimiento que tanto necesitamos. Pensar que la inversión extranjera no es esencial como motor de ese cambio es recurrir a los mismos errores del pasado, al ombliguismo que nos lleva a apostar por sectores rentistas, subvencionados y de baja productividad, en vez de potenciar nuestro atractivo como apuesta segura conectada a Latinoamérica, la Unión Europea y África.

Caer en el error de pensar que vamos a suplir la inversión extranjera “estimulando la demanda interna” nos envía de nuevo al agujero de 2009. Porque supone más deuda, más proyectos concedidos por diseño político y menos crecimiento potencial. Está más que demostrado que el efecto en crecimiento, creación de empleo y sostenibilidad es mucho mayor desde la inversión externa.

Los señores del bloqueo sólo piensan en gastar y recaudar. Olvidando que para recaudar hay que crecer y tener un sector privado potente. Que se “indignen” porque baja la recaudación de Sociedades y no por su causa, que se desploman los beneficios empresariales, nos dice mucho de nuestra “nueva” clase política. Que no hagan nada por desbloquear y atraer capital, como si fuese secundario, es peligroso.

Hemos conseguido mucho en estos últimos años. Lo único que se les exige a los señores del “no” es que dejen de ignorar los riesgos y hagan lo que están haciendo los países líderes. Prepararse y hacerse más atractivos para la inversión.

La deuda china se dispara

Uno de los mitos más repetidos entre analistas es que China está cambiando de modelo y que el desapalancamiento gradual evitará una crisis relevante. El modelo industrial se está cambiando por uno de consumo y eso es beneficioso para todos. Suena bien. Solo que no ocurre.

El BIS (Bank for International Settlements) alertaba en su informe trimestral sobre el diferencial entre crecimiento del PIB y de deuda, que superaba 30,1 puntos, el mayor jamás registrado y muy superior a cualquier burbuja anterior, desde las crisis asiáticas, latinoamericanas o subprime. Para que nos hagamos una idea, según el BIS, cualquier cifra por encima de 10 se ha considerado históricamente como muy preocupante.

La deuda total china ha aumentado en 107 puntos desde 2008, es decir, la ha cuadriplicado, y solo en los últimos dieciocho meses ha crecido casi un 50%.

Por lo tanto, ese “desapalancamiento” es simplemente inexistente. Lo que es aún peor es que la media de ROA (rentabilidad sobre activos) de las empresas estatales chinas es de un 2,5% y su coste de deuda es casi 5%. Y que más de la mitad de sus empresas cotizadas no generan rentabilidad por encima de su coste de capital.

¿Qué quiere decir? Que la capacidad de repago de esas enormes cantidades de deuda que se están acumulando se deteriora a ojos vista.

En 2010, el ratio de beneficios operativos sobre intereses era casi 10x en las compañías cotizadas y ha caído a 2x.

Todo ello no iría mal si, como dicen algunos, el incremento de deuda viniese de inversiones en el extranjero para diversificar. El problema es que no es correcto, y la nueva deuda no genera crecimiento adicional, sino estancamiento. Según datos oficiales del gobierno chino, la cantidad de TSF (“financiación total social”) superaba en casi cuatro veces el PIB generado en 2015. Es decir, tomaba cuatro unidades de deuda para generar una unidad de PIB.

Los defensores del modelo chino suelen decir que todo esto no es un problema porque la economía china tiene un enorme superávit comercial. Pero nos debería preocupar y mucho un agujero estimado en más de 1,6 billones de dólares (trillones de EEUU). Porque aunque creamos en la magia de la planificación central, siempre termina saltando. Sea con una crisis financiera, con una enorme inflación o trasladando desinflación al resto del mundo vía exportaciones. Sea como sea, no nos debemos quedar parados ante unos datos de China que se “han estabilizado” en los últimos meses cuando dicha estabilización viene de multiplicar la deuda.

LECCIONES PARA EUROPA Y EL MUNDO

¿Cuándo empezó el descarrilamiento de la economía china?

Vayamos a 2008, cuando se lanzó un enorme “plan de estímulo” de 586.000 millones de dólares que iba a garantizar el crecimiento y el desarrollo. Desde ese momento hasta hoy, la acumulación de deuda se ha disparado y el crecimiento potencial se ha desplomado. Se potenciaron los sectores de bajo valor añadido y el crecimiento endeudado bajo la ilusión de que todo se disfraza a largo plazo con la mejora de la clase media y la renta disponible. Pero es simplemente al revés. Ese crecimiento, indudable, del consumo y la clase media se ha más que fagocitado desde la imprudencia endeudadora. Tanto que los analistas que estimaban que todo se solucionaría con una devaluación de la moneda china del 15% se encuentran con que la acumulación de deuda se ha acelerado, no reducido.

Nos repiten una y otra vez la “necesidad de invertir en infraestructuras” y el caso chino ha sido estudiado en varias ocasiones como uno (similar al error de España con los planes E) en el que el gasto en elefantes blancos no solo no ha generado crecimiento, sino que genera estancamiento.

En un estudio del Oxford Review of Economic Policy (“Does infrastructure investment lead to economic growth or economic fragility? Evidence from China”, de Ansar, Flyvbjerg, Budzier y Lunn), muestra lo que debería ser más que evidente. “Cuando las inversiones se financian con deuda, el exceso de las mismas en proyectos improductivos termina en aumento de deuda, expansión monetaria, inestabilidad en los mercados financieros y fragilidad económica. Inversiones en infraestructura pobremente gestionadas son la principal explicación de los problemas económicos y financieros de China”. Un informe que Juncker debería leer con atención (o mirar al pobre resultado del plan 2009 de la UE).

¿Qué nos dirán?

Que la próxima vez será diferente. Que lo que hay que hacer es las cosas bien. Que fue culpa de uno u otro político. Excepto que siempre vuelve a ocurrir. El incentivo perverso de sostener el PIB vía gasto improductivo y hacer puentes inútiles ya que “por lo menos tenemos un puente” es demasiado alto porque el que toma la decisión no sufre las consecuencias y lo justifica bajo la falacia del “bien de todos”. Y a eso lo llaman “economía real”.

El error de ver esto como una exageración porque “China no ha explotado” es el mismo que el de todos los desequilibrios por exceso. No nos damos cuenta de que el proceso es explotar, sino entrar en deterioro estructural y no va a ser un titular de un día, sino lento. Pero inexorable.