Nadie le pide a Sánchez que haga milagros, pero sería bueno que dejara de mentirnos tanto.

El presidente del Gobierno afirmó esta semana que «ocho años apostando por las renovables nos sitúan hoy a la vanguardia energética en Europa. No es ideología, es autonomía estratégica, es proteger hogares e industrias. Y es el camino que seguiremos defendiendo».
Suena bien, pero es falso. España importa más del 75% de sus necesidades energéticas y depende del petróleo y gas natural licuado de Estados Unidos y del gas de Rusia para garantizar el suministro. La gran mayoría del parque renovable ya existía en 2018.
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