Por qué no me gusta la ‘no reforma laboral’

«Tried to say goodbye and I choked». Macy Gray.

Por qué no me gusta la 'no reforma laboral'

España se sitúa como uno de los países con menor flexibilidad laboral. Según un estudio del Banco Mundial, nuestro país se encuentra en el puesto 154 de 178 en cuanto a facilidad para contratar y flexibilidad laboral. España es, a su vez, el país con la mayor tasa de paro del mundo y el único que tiene en su historia tres ocasiones en las que el paro se ha perpetuado por encima del 20% durante 12 meses. Y, encima, tiene uno que pasarse el día debatiendo con intervencionistas que consideran que «liberalizar» ha sido reducir de manera modestísima las trabas a la contratación y al empleo que teníamos.

El problema es que en este país se ha repetido hasta la saciedad que un exceso de regulación, rigidez y normativismo son «derechos». Y no lo son. España, con una de las legislaciones laborales más rígidas y mayores impuestos a trabajo, no garantiza ningún derecho.  Solo garantiza alto paro. Vivimos en un país donde mucha gente se cree que garantizar «derechos» es tener la rigidez laboral que condenaba al país a un 23% de paro.

En ese entorno, la no-reforma laboral que se ha acordado esta semana es un ejercicio cosmético, inútil y además contraproducente. Solo busca esconder parados fuera de las listas oficiales y maquillar la cifra de temporales cambiándole el nombre. 

No se deroga la reforma laboral de 2012. Es por este motivo por el que la CEOE considera este acuerdo un éxito, pero es que la reforma de 2012 ni era ideal ni suficiente.

La no-reforma laboral que se ha acordado esta semana es un ejercicio cosmético, inútil y además contraproducente

El acuerdo de esta semana mantiene todos los artículos más importantes y novedosos de la reforma laboral de 2012. No toca el artículo 41 ni 83, no cambia nada de los elementos de flexibilización de esa norma. Pero no avanza.

En nuestro país parece que la reforma laboral de 2012 fuera el sumun de la flexibilidad y liberalización, cuando era un paso necesario, pero no suficiente. Por eso este acuerdo es tan dañino.

No deroga nada ni reforma porque no avanza en flexibilidad ni facilidad normativa. Es cosmética.

Pero es un acuerdo extremadamente dañino porque le da el titular mediático a Díaz y Sánchez que engañarán a sus votantes diciendo que han derogado la reforma laboral, cuando es falso, y además les regalan la falacia contable de decir que «ataca la temporalidad» cuando lo único que hace es cambiar el nombre de los contratos temporales a lo mismo en términos reales, pero con otro nombre (ampliando el «fijo discontinuo»), y se mantiene la burocracia, altos costes de contratar y trabas burocráticas.

Es un acuerdo extremadamente dañino porque le da el titular mediático a Díaz y Sánchez que engañarán a sus votantes diciendo que han derogado la reforma laboral

El fijo discontinuo es una figura que algunas empresas ya utilizan, contrato temporal indefinido, por lo tanto, solo cambian el nombre y hasta legalizan alguna irregularidad que se puede estar cometiendo, según sindicalistas.

¿Recuerdan la lista de «elementos lesivos» del PSOE sobre la reforma laboral o las ‘líneas rojas’ de UGT y CCOO que en realidad eran factores esenciales para desatascar el mercado laboral? Pues se mantienen todos. Sí, menos mal. Pero es que eso no es suficiente.

La flexibilización de los ERTE y ERE, sin necesidad de acuerdo administrativo o sindical, permanecen.

Los trabajadores seguirán obligados a realizar labores que no sean de su categoría profesional en caso de necesidad.

Las empresas podrán modificar horarios, jornada, funciones, turnosy centro de trabajo sin pasar por trabas administrativas o negociaciones sindicales.

El coste de despido seguirá siendo el mismo.

Las empresas podrán reducir salarios y despedir por cuestiones económicas si peligra la productividad, competitividad o solvencia.

Se mantiene la edad para estar en contrato de formación hasta los 30 años.

Se mantiene la prevalencia del convenio de empresa sobre el sectorial, salvo para los salarios, pero esto solo afecta a 79.000 trabajadores de los 14 millones que tienen convenio de empresa.

¿Entonces, de qué me quejo?

Me quejo de que es un acuerdo propagandístico, que vende a Díaz y Sánchez como reformistas y que no hace nada por reducir las rigideces del mercado laboral.

No se pone en marcha la mochila austriaca.

No se reduce el coste de contratación, que es de los más altos de Europa, especialmente oneroso para las empresas.

No se reducen trabas administrativas, en un país donde la contratación y los contenciosos laborales cuestan mucho dinero y tiempo y son más burocráticos que en la media de nuestro entorno.

No se facilita la contratación a las pequeñas y medianas empresas. Es un acuerdo que no molesta a las grandes empresas, pero que introduce mayor rigidez para el 83% del tejido empresarial español, pymes y microempresas.

Es un acuerdo propagandístico que facilita que Díaz y Sánchez esconder la cifra de paro real usando personas que no cuentan como ‘paro’, pero no trabajan: cese de actividad, demandantes de empleo por distintas causas y parados en ‘formación’.

Es un acuerdo falso que permite a Díaz y Sánchez decir que atacan la temporalidad cambiando el nombre del contrato temporal y ninguno de sus efectos reales.

La medida estrella contra la temporalidad de Yolanda Díaz es llamar al contrato temporal estacional de toda la vida «contrato fijo discontinuo». CEOE y Cepyme destacan «que las medidas acordadas continúan impulsando la estabilidad en el empleo, a través de la figura del fijo-discontinuo, preservando la contratación temporal».

Nada en este acuerdo avanza en el sentido que exige Bruselas y nos vuelve a dejar muy lejos de los niveles de flexibilidad de los países de nuestro entorno. Entiendo que la CEOE celebre que se haya preservado la Reforma Laboral, pero a la vez ha blanqueado un ejercicio de propaganda dañino y le ha dado a Sánchez la oportunidad de ir a Bruselas contando que esto es “una reforma estructural”.

España no puede tener el paro de Alemania con la rigidez de Grecia. Esta no-reforma solo sirve para disfrazar como éxito de Díaz y Sánchez un cambio irrelevante y cosmético y para engañar a los ciudadanos. Es ciertamente un éxito de Calviño que disfraza como acuerdo una no-reforma, pero es negativo para España y para lo que necesita nuestro maltrecho mercado laboral.

A los votantes de izquierda se les ha engañado contándoles que es una derogación de la reforma laboral, y al resto de los votantes se les ha puesto claro que en España se legisla de espaldas al 83% de las empresas, que tienen menos de dos trabajadores asalariados, y a eso se le llama «acuerdo».

Una reforma que no reforma nada, que no avanza en flexibilidad y que solo busca esconder parados y maquillar la cifra de temporales no es algo que debamos celebrar, sino rechazar por propagandístico y falaz.

España necesita más flexibilidad y facilidad para contratar, no menos.

Acerca de Daniel Lacalle

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión. Casado y con tres hijos, reside en Londres. Es colaborador frecuente en medios como CNBC, Hedgeye, Wall Street Journal, El Español, A3 Media and 13TV. Tiene un certificado internacional de analista de inversiones CIIA y un máster en Investigación económica y el IESE.

1 comentario en “Por qué no me gusta la ‘no reforma laboral’

  1. Si este es el gobierno (es un decir lo de «gobierno») de la consigna, la propaganda y la desfachatez, la cacareada «reforma laboral» no iba a ser menos. Otra cosa es que engañe al personal que, por otra parte, se deja engañar fácilmente con el embeleco continuo del doktor-maniquí. Nos engañó con el IVA de las mascarillas, con que habíamos vencido al virus, con que no sabían nada de lo que venía en febrero del 2020, con que no se iba a dejar a nadie atrás, con que el precio de la luz en diciembre de 2021 iba a ser el mismo que en 2018, con los parados, con los ERTE, con el PIB, con el déficit, con la deuda…Es un engaño continuo, todos los días, 24 horas cada día. La «reforma laboral» no se iba a escapar del embeleco general, está claro. Lo que es de siquiatra es que aún haya quien los vote. ¿Se acuerda Ud. de aquello de «estábamos al borde del precipicio y este año hemos dado un paso al frente»? Pues eso.

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