Un “no a la guerra” falso para entregar España a China

Sánchez ha creado una crisis diplomática con Estados Unidos con un triple objetivo: desviar la atención del Koldogate y de los escándalos que le acosan, arrebatar el decrépito voto de la ultraizquierda y sentar las bases para entregar el tejido productivo de España a China.

Él está dispuesto a “asumir el coste político” porque es su última baza para aferrarse al poder y porque ese coste lo van a pagar los españoles.

A Sánchez no le importa el derecho internacional ni los derechos humanos. Usa esas excusas para proteger a todas las dictaduras comunistas y terroristas con una apelación meliflua al diálogo y la diplomacia que esconde connivencia.

Para Sánchez, el comodín anti-Trump es la última oportunidad de aferrarse al poder, apelando a las emociones pacifistas de un electorado que traga con la hipocresía y la falsa neutralidad del Gobierno.

España se juega unas relaciones comerciales anuales de en torno a 45.000 millones de euros en bienes y servicios con Estados Unidos

Frente a la algarada de Sánchez, tenemos la posición seria y responsable de los líderes de Europa, que no han dejado abandonados a sus socios a pesar de sus discrepancias. Meloni tiene una posición muy diferente a la de Merz, pero no busca el titular y la crispación como Sánchez.

Al presidente le resulta indiferente el coste para España. Ya ha dicho que va a hacer “todo lo posible” por mitigar el impacto en empresas y familias del desastre que él mismo ha provocado.

Sin embargo, la arrogancia del jefe del Ejecutivo puede costarle mucho a un país que todavía no se ha recuperado de la falta de respeto de Zapatero ante la bandera de Estados Unidos, otro gesto de cara a la galería mediática y electoral.

El comercio total de bienes y servicios entre España y Estados Unidos en 2024 fue del 4,4% del PIB español, dividido a partes iguales entre exportaciones (2,2%) e importaciones (2,2%). España tiene un superávit evidente en servicios, especialmente turismo y otros servicios no turísticos, y un importante déficit en bienes, sobre todo en energía, farmacéuticos y bienes de equipo.

En total, España se juega unas relaciones comerciales anuales de en torno a 45.000 millones de euros en bienes y servicios con Estados Unidos.

El objetivo último de Sánchez es culminar la entrega de la economía española a China con el aplauso de su electorado, usando el comodín anti-Trump

Además, ese comercio con EEUU supone menos de la mitad del peso que tiene para la eurozona en su conjunto (10,1% del PIB), lo que explica que el impacto directo sobre el PIB español pueda ser menor que en otros países, pero concentrado en sectores muy concretos.

La propaganda socialista dice al ciudadano que no se preocupe, porque el déficit comercial de España con EEUU se situó en 13.458 millones de euros en 2025, lo que mostraría que España compra bastante más de lo que vende a EEUU y que, por lo tanto, los perjudicados serían “ellos”.

Hay que ser muy sectario e ignorante para hacer esa afirmación. El aumento de ese déficit, que ha crecido un 34% respecto a 2024, se produce precisamente por la caída de las exportaciones españolas y el aumento de las importaciones.

Estados Unidos ha salvado a España con su gas natural licuado en plena guerra de Ucrania y en medio de otra crisis diplomática creada por Sánchez: la de Argelia, que era nuestro mayor suministrador de gas hasta que el presidente rompió la neutralidad entre Marruecos y Argelia.

El resultado es una dependencia aún mayor de suministros externos más caros y volátiles, justo cuando el conflicto en Irán vuelve a tensionar los precios del gas y del petróleo.

El impacto de una guerra de hostilidades con la administración estadounidense puede ser muy relevante. El presidente Trump tiene la posibilidad de endurecer el régimen de visados para ciudadanos españoles y, en el plano comercial, el Tribunal Supremo le ha reconocido un amplio margen para aplicar restricciones a países considerados un riesgo para la Seguridad Nacional.

Aunque un embargo total a España se considera hoy un escenario extremo, sí es verosímil un aumento adicional de aranceles o barreras regulatorias que penalicen a empresas españolas con presencia en Estados Unidos.

En cualquier caso, España va a sufrir el impacto en los precios del gas natural y del petróleo, una posible pérdida de inversión potencial y un acceso más difícil a contratos para nuestras empresas en Estados Unidos.

Un estudio del Banco de España estimaba que una escalada arancelaria dura con EEUU podría restar hasta tres décimas de PIB en el peor escenario, incluso sin llegar a un embargo, y que el arancel medio efectivo sobre nuestras exportaciones a EEUU ya se ha elevado del 3% al 12%.

Decenas de españoles con acceso a la administración estadounidense, al Partido Republicano y a think tanks próximos al presidente Trump están trabajando para evitar unas represalias económicas que España no merece.

Sánchez utiliza siempre la misma táctica. Usa a algunos ministros para transmitir cooperación mientras él se dedica a la propaganda y al tacticismo político. El Ejecutivo transmite una cosa y la contraria sin pestañear.

Por eso se generó la polémica con la portavoz de la Casa Blanca y por eso también vemos titulares sobre el “veto fake” a los aviones y buques estadounidenses mientras Sánchez y sus socios se lanzan al ruido mediático para presentarse como adalides de la paz, ocultando de nuevo su deseo de perpetuar la dictadura terrorista iraní.

El objetivo último de Sánchez es culminar la entrega de la economía española a China con el aplauso de su electorado, usando el comodín anti-Trump. Desde hace años, los asesores del presidente le han organizado viajes y acuerdos para intentar convertir a España en la punta de lanza del asalto de China a la economía europea.

El Gobierno chino ha visto una oportunidad de oro: una administración española débil, que busca permanecer en el poder a toda costa y que, a cambio, puede darle ventaja tecnológica, industrial y geopolítica para sustituir a Estados Unidos en España y, por extensión, en Europa.

El Gobierno de China no es incómodo para burócratas extractivos como Sánchez porque no les exige cambiar sus leyes destructivas, sus regulaciones asfixiantes o sus impuestos confiscatorios.

Todo lo contrario: China alienta que los países europeos se disparen en el pie con regulaciones e impuestos dañinos que debilitan nuestras industrias y, como las empresas chinas juegan con otras reglas, les regalamos nuestro país y nuestra industria a cambio de poder.

No se equivoquen. La postura de China es inteligente y, desde su óptica, legítima. Si Sánchez está dispuesto a regalarles el futuro del automóvil, la minería, la agricultura, la industria y la ganadería españolas, ellos están encantados.

Además, usarán su capacidad financiera y sus infraestructuras para llenar España de obras multimillonarias que la administración no podrá pagar y que costarán más a los contribuyentes. China solo pide que le abran las puertas. El tsunami viene después.

Usted dirá que eso lo hace también Estados Unidos, pero si de verdad lo piensa, tiene un problema con la realidad. Y si cree que sustituir a Estados Unidos por China como socio estratégico va a suponer una mejora en productividad, empleo, libertad y bienestar, tengo dos palabras para usted: Venezuela y Cuba.

El sanchismo intenta convencerle de que su postura es coherente con lo que hace en Ucrania, pero miente. Con su palabrería vacía le facilita el trabajo a China, Irán y Rusia, que sí son socios estratégicos entre sí.

Sánchez no es tonto y sabe todo esto. Sabe que jugar al pirómano-bombero con nuestros socios y presentarse como punta de lanza de China es lucrativo en términos personales y potencialmente rentable electoralmente.

A Irán, China y Rusia les conviene un Sánchez radicalizado y enfrentado a todos nuestros socios. A España, no.

Acerca de Daniel Lacalle

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión. Casado y con tres hijos, reside en Londres. Es colaborador frecuente en medios como CNBC, Hedgeye, Wall Street Journal, El Español, A3 Media and 13TV. Tiene un certificado internacional de analista de inversiones CIIA y un máster en Investigación económica y el IESE.

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