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Que se acaba, que se acaba… El petróleo y sus implicaciones

“I just want you to hurt like I do” Randy Newman.

Hace ya dos años que Diego Parrilla y yo publicamos “The Energy World Is Flat” (Wiley, La Madre de Todas las Batallas en Deusto) en el que explicábamos las fuerzas que aplanan el mundo energético. Ayer, tras meses negando la evidencia, la IEA (International Energy Agency) tuvo que volver a revisar sus estimaciones del mercado de crudo, que esperaban que se equilibrase este año solo hace un mes. Por fin reconocen que el exceso de suministro y los inventarios disparados harán que el mercado no se equilibre hasta mediados de 2017. Y como agencia diplomática que es, esa estimación tiene –como la anterior- un error fundamental, las expectativas de crecimiento de demanda asiática y el consumo de exceso de inventarios.

No salen los números. A menos que en 2017 el crecimiento económico se dispare a más del doble del de 2016 –improbable siendo amable-y la demanda de crudo crezca en más de 500.000 barriles al día por encima de las ya optimistas expectativas, es prácticamente imposible que el mercado se equilibre.

La IEA ha tenido que revisar a la baja sus expectativas de crecimiento de demanda en 100.000 barriles al día comparado con sus previsiones de hace un mes. Para que se hagan una idea, en el segundo trimestre la demanda crecía a una tasa anualizada de 1,4 millones de barriles/día y en el tercer trimestre va camino de 0,8. Lo mismo que ocurrió el año pasado y el anterior… y el anterior. Se sobreestima la demanda por el impacto de la acumulación de inventarios de China en particular.

Los inventarios en la OCDE están a máximos históricos y rompieron la barrera récord de 3,1 millones de barriles. Sobra petróleo en todos lados.

Los productores ya se han acostumbrado a los bajos precios. No sólo estamos viendo un aumento de la producción iraní a niveles pre-sanciones más rápido de lo que ninguno, incluso nosotros, estimábamos, sino que las paradas no planificadas se han resuelto.

Las plataformas operando en EEUU han aumentado durante tres meses consecutivos. El sector se ha adaptado de manera admirable y hoy, según datos de Morgan Stanley y Goldman Sachs, el 89% de la producción estadounidense es rentable a $45/barril… Cuando hace menos de dos años decían que era imposible hacerla rentable a $80. No solo han bajado los costes de servicios petroleros y los imposibles sueldos de los ingenieros –que se triplicaron en algunos casos durante la locura de 2008 a 2013- sino que aumenta.

Si recuerdan hace unos meses, comentábamos en “el petróleo en zona de peligro”  y “la debilidad del petróleo es estructural” los diferentes aspectos que hacen de las expectativas de algunos de que el precio recupere los $75-80/barril más un acto de fe que de análisis real.

Bien, todo esto, aunque convenga recordarlo, es demostrar la evidencia –aunque muchos la negaran-. Hablemos de las consecuencias.

La primera, y más evidente, es que a $40-45/barril ninguna tecnología sustitutiva es competitiva. La caída de costes y mejora de eficiencia no evita que el petróleo siga siendo, de lejos, la fuente de energía más competitiva. Esto no significa que se abandonen los esfuerzos por llevar a cabo la transición tecnológica. Todo lo contrario. La sustitución y transición a vehículos eléctricos, de gas, energías renovables, etc… no se para. Pero las empresas de esos sectores que rezan a que vuelvan los enormes precios del petróleo para justificar sus ineficiencias tienen sus días contados, y se unirán a las miles de empresas solares y de fracking que caen como moscas ante la evidencia de la inviabilidad de su modelo de negocio. Porque no es un problema de tecnología, sino de modelo endeudado y burbujero.

La segunda, y menos evidente, es ¿dónde se ha ido el supuesto estímulo de los bajos precios?

Si tomamos las estimaciones de crecimiento de las economías occidentales para 2016 y 2017 realizadas el año pasado, veremos que se esperaba un crecimiento casi un 40% superior con un precio del petróleo medio de más de $50. Ahora, hemos perdido crecimiento potencial pero los precios del petróleo son más bajos. La propia IEA lo comenta. “The stimulus from cheaper fuel is fading” (el estímulo de los precios bajos se desvanece). Y es bien evidente, como explicábamos este fin de semana en “el G20 y el estancamiento”, la saturación de deuda y el fracaso de los estímulos se unen a la sobrecapacidad para continuar alimentado de donuts a una economía mundial obesa.

Esta semana, Goldman Sachs mostraba que en China, para un crecimiento del 6% raspado, el crecimiento del crédito en los primeros seis meses supera el 35% del PIB. Lo miremos como lo queramos ver, es una cifra desproporcionada y solo puede traer un efecto negativo posterior.

Mientras algunos siguen esperando que todo se solucione con una reunión de la OPEP, esas en las que nunca hacen lo que anuncian y se saltan las cuotas,  debemos seguir analizando el mercado como una potencial en la parte media del ciclo, no como una anomalía que lleva demasiados años para ser coyuntural. La erosión de la demanda potencial vía eficiencia, sustitución y menor crecimiento es simplemente imparable. Los ganadores se están adaptando. El día 25 de Octubre presento en The Mining Show en Dubai el libro. Uno de los organizadores me comentó “la época de los $100 barril era la lotería, los que apostaron a que les tocara todos los años desaparecerán”. Y así está ocurriendo. Los ganadores son los consumidores y los eficientes.

Por qué exportamos más y mejor. La falacia de devaluar para exportar

“And so it goes… The way it´s going no one knows” Nick Lowe

Los bajos precios del petróleo y el plan de liquidez y tipos bajos del Banco Central Europeo benefician a todas las economías de la Unión Europa. Sin embargo, economías como Italia -con la misma sensibilidad macroeconómica que España a los tipos bajos y el precio del crudo- siguen en estancamiento. El riesgo político y la incertidumbre pesan en España e Italia -con un referéndum constitucional en noviembre-, sin embargo, España crece más que ellos y que la media de la Unión Europea.

Si analizamos la sensibilidad a una caída del 10% de los tipos de interés y 10 dólares en el precio del barríl, estudios de UBS, el BCE y Goldman Sachs muestran que Italia, Portugal y Francia tienen impactos históricos muy parecidos. Y España crece más del doble.

En España, el Índice de Tendencia de Competitividad calculado respecto a los países de la Unión Europea acumula once trimestres consecutivos de ganancias de competitividad frente a esta zona. Que esto haya ocurrido mientras suben los salarios (la masa salarial crece por encima del PIB nominal, y el salario medio ha subido también en el último año), es positivo.

Pero la apreciación del euro contra otras monedas aparentemente ha reducido la competitividad total con respecto a la OCDE y los países BRICs (Brasil, China, India y Rusia) en más de un 2% y 4%. La apreciación del euro contra las monedas de referencia explica el 100% de la pérdida de “competitividad”.

Pues bien, para los economistas del Club de la Impresora esa combinación debería ser letal. Se pierde “competitividad” en moneda, suben los salarios y, por lo tanto, no se puede “exportar”.

Bienvenidos a los mantras falaces del burbujerismo monetarista. Lean los “mitos de las exportaciones españolas”.

España en el primer semestre ha alcanzado exportaciones récord, creciendo un 2,3% y reduciendo el déficit comercial un 31,4%. Las exportaciones de bienes y servicios superan el 32% del PIB.

Todo ello ocurre mientras el comercio mundial se ralentiza. El crecimiento del crecimiento mundial se ha estancado en un 2,8% y se ha revisado a la baja en tres ocasiones en 2016, según la Organización Mundial del Comercio. Por ello, España ha aumentado cuota de mercado global.

El incremento interanual de las exportaciones de España (+2,1%) se compara con retrocesos registrados en la zona euro (-1,8%) y la Unión Europea (-2,3%). Fuera de la UE, también decrecen las exportaciones de Estados Unidos (-4,5% interanual), China (-6,0%) y Japón (-7,4%), según el Ministerio de Economía.

A alguno de los que repiten la consigna de “devaluar para exportar” le dará un pasmo.

El que piense que si hubiéramos devaluado exportaríamos mucho más se encuentra con la falacia en los países que si han visto sus monedas retroceder con respecto a sus socios, y que he detallado antes.

Devaluar no deja de ser una subvención encubierta a los sectores de baja competitividad a costa de los ciudadanos y sus ahorros, y encima no funciona más que a muy corto plazo, y, por supuesto, dispara las importaciones porque lo que compramos fuera nos cuesta más. Transfiere rentas de los trabajadores y ahorradores al gobierno y a sectores en decadencia. Se empobrece a los ciudadanos perpetuando los desequilibrios. Y no se consigue nada.

No exportamos más porque los salarios sean bajos. Países con salarios mucho más bajos están perdiendo cuota y volumen absoluto. Además de que están subiendo un 4% (0,8% medio), el peso de los salarios en el coste total del sector exportador es muy bajo y decreciente desde hace 10 años. Lo que hace que exportemos más y mejor es la apuesta por el valor añadido y la calidad. Los empresarios exportadores llevan años abriendo mercados y los frutos van haciéndose evidentes.

Siempre lo digo, una economía de alta productividad sobrevive a una moneda fuerte. Sin embargo, una economía de baja productividad no sobrevive ni siquiera con una moneda débil.

En realidad, los que promueven devaluar para “exportar más” no buscan aumentar el comercio internacional -del que reniegan sin parar-, sólo buscan subvencionar artificialmente el hipertrofiado gasto político y su endeudamiento vía empobrecimiento de todos.

El legado de Obama y los retos de Trump

“Meet the new boss, same as the old boss” Pete Townshend

Si uno lee los medios de comunicación en Europa, nos parecerá que la economía de Estados va como un tiro. Es por ello que es difícil para nosotros entender el avance de Donald Trump. ¿De qué se quejan?

Por supuesto, comparado con la anquilosada, intervenida y reincidente Europa, Estados Unidos es una historia de éxito. Siempre lo es. En el cenit de la crisis, el desempleo no superaba el 10%, una cifra “envidiable” para nuestros países que, sin embargo, se niegan a tener la flexibilidad y dinamismo del mercado laboral norteamericano, y piensan que el paro ha caído al 4,9% por arte de magia monetaria.

El gran punto negativo del legado económico de Obama es la deuda, los salarios reales y la tasa de participación laboral.

Laggard

Y además hay que valorarlos en el contexto del mayor estímulo de la historia. Más de 24,7 billones de dólares, incluyendo 13 en déficits federales y locales y 4,7 en estímulo monetario (QE) y bajadas de tipos a mínimos históricos.

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El primer punto oscuro es que semejante estímulo haya llevado al crecimiento más pobre en siete años y se haya generado un aumento del PIB de casi la mitad del potencial y de lo que se “prometía” al anunciar el plan de estímulo. Y más de 20 billones de dólares de nueva deuda.

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Durante el mandato de Obama la deuda se ha más que duplicado, con un aumento del 121% desde el comienzo de su primera legislatura. La reducción del déficit ha sido muy moderada para una economía que ha recibido semejante estímulo monetario y fiscal, y dicho déficit ya se ha disparado de nuevo en 2016 un 35%.

Una de las falacias sobre la economía con Obama es hablar de su “aumento del gasto público”, cuando ha bajado del 41% en 2009 al 35,5%.

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La mejora del empleo, incuestionable, se ha dado con los salarios reales aún por debajo de los niveles de 2008, y con una caída de la participación laboral hasta niveles de 1978, que no se explica “por la demografía”. La participación laboral ha caído en todos los segmentos observados. La participación laboral en Reino Unido, con una demografía similar, es del 77,7% comparado con EEUU, del 63%.

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Aun así, EEUU ha creado 9,7 millones de puestos de trabajo, aunque, como explico en Acabemos con el Paro, quince estados de EEUU no han recuperado aun el empleo de 2009, y 11,5 millones de personas han “abandonado” las listas de desempleo, llevando a la participación laboral a niveles de 1978.

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A la hora de comparar el paro con España hay muchos factores diferenciales que invalidan la comparación de ratios de desempleo. No solo el nivel de flexibilidad y dinamismo del mercado laboral. Para ser más comparables, España debería comparar los datos de la EPA con el desempleo U-6, un 9,6%, que sigue por encima de niveles de mayo 2008 y lo que se considera pre-crisis (7,5-8%).

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Sea como sea, la economía norteamericana ha vuelto a mostrar lo que la diferencia de Europa, con o sin política monetaria. El empleo, el crecimiento y la salida de la crisis que no ha conseguido ni la UE ni Japón muestran que la política monetaria no es la causa, sino una herramienta menor.

Los beneficios empresariales han crecido un 144% desde la llegada de Obama, las exportaciones han crecido un 28% y el déficit comercial se ha desplomado un 24% gracias en gran parte a que EEUU ha pasado de ser el mayor importador de crudo global a ser casi independiente energéticamente y producir más petróleo que Arabia Saudí. A propósito, todo ello se ha conseguido no por la política de la administración Obama, sino a pesar de ella, que intentó torpedear todo lo que pudo la revolución energética y el crecimiento empresarial.

EEUU crece, pero lo hace a casi la mitad del crecimiento potencial de la economía y muy por debajo de las estimaciones de la Reserva Federal, que se han bajado casi automáticamente todos los años desde 2010. Que EEUU presente el peor crecimiento en siete años este 2016 no es muy positivo tras semejante chute de gas de la risa monetario.

US growth

Estos claro-oscuros en el mercado laboral y en el empleo y renta salarial explican en parte un descontento tan relevante y un fenómeno como Trump. Que el índice de desaprobación de la candidata Clinton sea tan alto no es una sorpresa para cualquiera que conozca los EEUU fuera de Nueva York o Los Ángeles. Como me dice Rick Santelli “cuando copias a Europa, consigues los resultados de Europa”.

El Reto de Trump

El plan fiscal de Trump es una bajada a todos los niveles y reducción de tramos. Por ese lado, es mucho más atractivo para el votante medio. No solo propone 0% de impuestos hasta los 50.000 dólares de ingresos para familias, sino que lo baja a 10% para ingresos familiares de 100.000 dólares y lo baja también a 20% para ingresos de 300.000 dólares. No solo baja mucho más los impuestos a la clase media, sino que las subidas a medida que aumentan ingresos son más moderadas que ahora.

 

El gran problema de EEUU es la productividad, que ha caído por primera vez en treinta años. Y una parte de ese problema es que la inversión pública ha sido muy pobre a la hora de generar crecimiento, productividad o empleo, y que la privada se encuentra a mínimos de veinte años en términos reales. Esa caída de la productividad es más preocupante si añadimos el efecto positivo de la enorme bajada de los precios del gas y la electricidad por la revolución del ‘fracking’ en EEUU. Comparado con Europa la electricidad es un 50% más barata en EEUU y el gas industrial casi un 75% inferior. Que la competitividad y productividad de la economía caigan con semejante mejora de costes relativos es muy preocupante.

¿POR QUÉ SOY OPTIMISTA?

Recuerdo aquel día en que Steve Wynn comentó en una conferencia de prensa que “esta administración es lo peor que le ha pasado a América”, o aquella anécdota en la que le preguntaron a Rex Tillerson si iba a hacer lo que le había exigido Obama en cuanto a inversión, y respondió “no”. La iniciativa privada en EEUU no se parece en nada al binomio Estado-empresas europeo.

El empresariado norteamericano saldrá adelante junto con y a pesar del gobierno, porque -igual que Obama rectificó en sus planes más intervencionistas- estoy seguro de que, tras las promesas, Clinton o Trump no caerán en los errores del proteccionismo y la búsqueda de la autarquía.

Soy optimista porque, aunque una recesión sea inevitable, el talento y la competitividad saldrán adelante. Y porque estos candidatos luego se dejan asesorar por gente de auténtica valía.

Les apuesto a que, pase lo que pase, gane quien gane, en cinco años volveremos a leer “hay que hacer como EEUU”… pero ignorando la libertad, iniciativa privada, pragmatismo y dinamismo de su sociedad y gobierno.  Y volveremos a equivocarnos.

A vueltas con los ingresos, ¿sufrirán los autónomos?

“I feel like slipping away” Dave Edmunds.

Si analizamos algunas de las noticias de la semana, nos sorprenderán al menos dos.

La primera es que algunos titulares vaticinan un desplome de los ingresos fiscales por Impuesto de Sociedades hasta menos de la mitad de los 25.000 millones de euros estimados para 2016. La culpa, “de Hacienda”. ¿O no?

Pues no es culpa de Hacienda. Los  beneficios empresariales han caído con respecto a 2015, como muestra el Banco de España y la cifra de disminución de 5,9% observada en el último dato oficial de resultado ordinario neto, se añade el dato de que las grandes empresas del Ibex han publicado una caída de beneficios del 12,5%. Las cuatro empresas que suponen casi el 40% de los beneficios del selectivo publicaron desplomes de beneficios de entre un 31 y un 40%. Ninguno de esos efectos se hubiera solventado (en términos recaudatorios) subiendo impuestos. Ya comentamos la semana pasada el enorme error de eliminar deducciones.

A pesar de todo ello, el propio Banco de España muestra un cálculo de “impuesto sobre beneficios” que crece con respecto a 2015, ligeramente. ¿Por qué? Estos datos del BdE caen fundamentalmente por un sector, el refino, mostrando expansión en otros sectores industriales.

Desde el punto de vista de ingresos en Impuesto de Sociedades, olvidamos que la mayor parte de la recaudación se produce en el cuarto trimestre, por razones obvias. En dicho trimestre se recauda casi el doble que en el tercer trimestre.

Antes de hablar de fracaso de Hacienda, hablemos de estacionalidad. En 2015 entre agosto y diciembre se liquidaron 17.700 millones de euros, el 84% de la recaudación total del año. El 62% de la recaudación de Impuesto de Sociedades de 2015, por ejemplo, se generó en octubre y diciembre. El resto de impuestos, IVA, IRPF, etc… tienen un comportamiento, lógicamente, menos dispar mes a mes. Es muy probable que se dé la misma evolución en 2016.

Pero podemos llegar a dos conclusiones. Tenemos pocas grandes empresas y muy cíclicas. Y si solo pensamos en términos recaudatorios, y no en atraer capital y aumentar el número y estabilidad de las grandes empresas, nos pasaremos la vida echándole la culpa de todo al ministro de turno.

MÁS GASTO… ¿SOCIAL?

En España seguimos con una mentalidad de Sheriff de Nottingham de Disney, ese que iba por el pueblo derruido paseando buscando rascar la última moneda escondida en la escayola del cojo.

Las exigencias que llegan a los medios sobre pactos de investidura suponen gastos de 6.300 millones de euros. Hablan de Complemento Salarial Garantizado, un mínimo de 2.800 millones -a mí me salen 3.000-. Una medida que, en un país de pymes y con alta economía sumergida, puede suponer trasladar al contribuyente los problemas de competitividad de los sectores de bajo valor añadido. Perpetúa los sectores de baja productividad vía subvención de salarios y el coste lo paga usted en más impuestos. Por no hablar de los más que obvios riesgos de que incite al fraude (empresario y trabajador acuerdan un sueldo inferior, y el resto lo paga usted, sufrido contribuyente). Y, eso seguro, tenemos perpetuados los sectores rentistas y de baja productividad hasta el siglo XXIII.

6.300 millones de euros se pueden sufragar reduciendo duplicidades, cercanas a 30.000 millones anuales, pero el problema en España no es compensar, sino acabar con los conceptos de gasto que perpetúan el clientelismo.

En EEUU, donde funciona un sistema parecido llamado EITC, Earned Income Tax Credit, es un crédito fiscal a la renta del trabajo y no un pago finalista (no es una subvención). Pero en EEUU, igual que lo haría en España, aunque no es un desincentivo al trabajo, sí se convierte en un incentivo para perpetuar sectores de muy bajo valor añadido y, con ello, no se cambia el patrón de crecimiento. Sorprende que, por un lado, se quieran eliminar las deducciones fiscales a las empresas en el Impuesto de Sociedades, que incluye la de creación de empleo fijo, y a la vez se quiera implementar un complemento salarial. O es vía subvención final, y entonces es un desincentivo al trabajo y acumula los riesgos que mencionábamos, o es un crédito fiscal que contrasta con la negativa a bajar el IRPF, por ejemplo.

“El chocolomo”, lo llamaban en un debate de la Comunidad de Madrid. Exigir gastar más, eliminar deducciones, pero dar subvenciones, no bajar impuestos, no subirlos y a la vez cumplir el déficit. Chocolate con lomo. Un lío.

LOS AUTÓNOMOS, ¿LOS GRANDES PERDEDORES?

Si es vd autónomo, muchos temen que nos va a tocar la papeleta de pagar la fiesta “social”.

En España, señores, los autónomos son, como negocio, el sector peor tratado en términos fiscales de los colectivos empresariales. Es un colectivo que paga por el privilegio de producir y crear riqueza mucho antes de generar un solo euro de ingresos, que sufre de mayores dificultades para cobrar, menos beneficios y peor jubilación.

Como explica, ATA, en España el autónomo “elige” cotizar entre una base mínima 884,4 euros y una máxima de 3.606 euros al mes. Si se escoge la mínima, un autónomo persona física paga 264 euros y en el caso de autónomos societarios 315 euros.

El 86,3% de los autónomos persona física cotiza por la base mínima. Cuando hablan de “adecuar” la cuota de autónomos a los “ingresos”, de lo que se está hablando, simple y llanamente, es de que se van a subir las cuotas a casi el 70% de los mismos, que son los que declaran un salario superior al mínimo interprofesional. En España, según ATA, hay 450 mil autónomos con unos rendimientos netos inferiores a 8 mil euros anuales y 700 mil con unos rendimientos netos superiores a 30 mil euros al año. Las “medidas” mal llamadas “progresivas” de algunos partidos suponen aumentar las cuotas a esos 700.000, sin contraprestación en facilidades fiscales, deducciones o mejora alguna. Progresivo es crear empleo, no torpedearlo. Un auténtico impuesto por crear riqueza. Los autónomos pagan todos los demás impuestos, igual que todos, pero su negocio es mucho, más frágil y volátil, y sujeto a travesías por el desierto para cobrar.

Uno de cada dos autónomos cobra sus facturas a más de 90 días, sin embargo, la losa de costes fijos es mensual y liquidaciones trimestrales. Adecuar a un pago trimestral de cotizaciones y semestral o anual de impuestos, como ocurre en los países líderes, sería esencial, además de que las altas y bajas sean prorrateadas al día en que se generan (no un canon fijo por mes) y que se pueda cambiar de base de cotización cuatro veces en vez de dos al año. Si no se adecúa la fiscalidad a los riesgos de la actividad, se convierte en un impedimento y un grillete más en el tobillo.

Los autónomos ya se jubilan más tarde, cobran menos pensión y cotizan más, comparado con la prestación, que los del régimen general. Si quieren ser realmente progresivos, que se adecúe al riesgo y volatilidad del negocio, como hace precisamente Reino Unido o Portugal. No un canon por producir. Si quieren, como propone el colectivo, una revisión progresiva a cuatro años a medida que se mejoran las condiciones y más salen de sus dificultades actuales. Eliminar la tarifa plana y subir cuotas sin solucionar las graves carencias del colectivo a la hora de crecer y contratar, es torpedear la creación de empleo y el cambio del patrón de crecimiento en aras de objetivos recaudatorios de hoja de Excel que luego ni se cumplen ni mejoran el mercado laboral.

Recaudar las migajas que queden del expolio, sin solucionar las graves dificultades que tiene este colectivo a la hora de cobrar, de crecer, sin atacar la burocracia y sin poner las bases para que muchos más tengan mayores ingresos y, si lo desean, cotizar más. Se tiene que tener en cuenta si el autónomo genera beneficios, si son recurrentes y si lo puede soportar. Eso no lo decide un comité.

Recordemos que España ha conseguido mejorar de manera muy importante la situación de los autónomos, reducir la losa de costes fijos y mejorar empleo con la tarifa plana y otras bonificaciones. Eliminarla es suicida. Se debería ampliar dicha tarifa plana a un año al menos y extenderla a autónomos societarios.

Una economía que parte de la base de que ellos gastan poco y usted gana mucho siempre fracasa. No caigamos en el error de pensar que eso es “social”.

La mejor política social es crear empleo y atraer empresas, no poner más palos en las ruedas de lo que ya es una actividad muy complicada -crear riqueza y empleo- ni repartir “gasto” de la nada ni, mucho menos, atacar al colectivo más desprotegido de todos los productivos.

Los autónomos son un objetivo “fácil” para los intervencionistas porque ni les gustan, ya que se escapan de su modelo de Gran Hermano, ni generan favores. Pero los partidos serios, que creen en mejorar el país, deben saber que, si no se ponen como prioridad evitar el expolio a empresas y subir impuestos a autónomos, la sangría de votos va a ser de órdago.

Pensemos en aumentar el número de grandes empresas y no nos alarmaremos porque el refino recauda menos.

Pensemos en tener muchos más autónomos que ganen más y mejor, y no nos preocuparemos por la sostenibilidad de la Seguridad Social.

Pensemos en una economía que avance en valor añadido desde la iniciativa empresarial, no que perpetúe los desequilibrios.

Estoy seguro de que tanto Ciudadanos como el Partido Popular y el PSOE lo entenderán. No existe estado de bienestar ni sector público sin ingresos de un sector privado potente. No empecemos la casa por el tejado.