“Every time I think of you I feel shot right through with a bolt of blue”. Bernard Sumner.
¿Qué puede hacer un banco central ante la evidencia de que sus políticas no generan el crecimiento esperado y alimentan burbujas? Por supuesto, gritar “más madera”.
El consenso de analistas recopilado por Bloomberg estima que el Banco Central Europeo bajará el tipo de depósito al -0,5% en septiembre, y probablemente volverá a lanzar un programa de expansión cuantitativa, aunque mantiene uno de liquidez “localizada” (TLTRO), recompra todos los vencimientos de deuda soberana (que es lo mismo que seguir inyectando) y mantiene los tipos de depósito en negativo.
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Los tipos negativos y la represión financiera hacen estragos en la economía real mientras los Estados se apuntan la medalla de las bajas primas de riesgo como si tuviera algo que ver con sus políticas. Los tipos negativos penalizan el ahorro, la inversión prudente, generan mayor desconfianza porque se percibe la incongruencia entre el coste del dinero y el riesgo real y, lo que es peor, fomentan la masiva mala asignación de capital. Son un enorme incentivo al endeudamiento y el gasto improductivo a costa de ahorradores, pensionistas y sectores productivos.
La tensión entre la Unión Europea e Italia… ¿”crece”? ¿De verdad? El Gobierno italiano se encuentra, sin embargo, muy cómodo. La burbuja del Banco Central Europeo le permite financiarse a tipos que ni siquiera podría imaginar si la locura presupuestaria que ha anunciado se diera en condiciones normales de mercado.
En estas semanas hemos leído mucho sobre la mal llamada guerra comercial. Nos encontramos ante una negociación muy evidente entre el mayor consumidor y el mayor suministrador y, como siempre ocurre, es el consumidor –EEUU– el que ha dicho “basta”.