Es indudable que la crisis de Ceuta, el deterioro de las infraestructuras, el caos ferroviario y la deficiente calidad de los servicios públicos son evidencias de un Gobierno ausente en lo que respecta a una gestión eficaz. Un Estado que consume cada día más y gestiona peor, dejando de lado sus obligaciones con respecto a la seguridad y la integridad del territorio.
Lo que pone en peligro el Estado del bienestar no es bajar los impuestos, sino despilfarrar lo que se recauda. Y en eso el sanchismo es muy eficaz.
El despilfarro de miles de millones semanales en gasto político y «ayudas» al exterior contrasta con la asfixia al contribuyente y el abandono en el interior.
Sánchez ha conseguido algo tan eficaz para imponer una sociedad dependiente y pobre como devastador para la prosperidad. El sanchismo ha convertido el trabajo en una estación de paso hacia Hacienda.
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