Las dos grandes urbes españolas siguen modelos opuestos: la intervención dañina y la libertad que es un imán de eventos

El intervencionismo nunca soluciona los problemas de vivienda y alojamiento, los empeora. En Barcelona se ha demostrado la ineficacia de medidas de control que solo perjudican, especialmente a los más desfavorecidos. En muchas ciudades españolas se corre el peligro de imponer políticas cuyo resultado es siempre empeorar el dinamismo y la posición internacional de la ciudad.
El Ayuntamiento de Barcelona parece no aprender de los errores evidentes de las políticas de intervención y, además, avanza en un error estratégico. La ciudad quiere presentarse como ciudad moderna abierta al talento, a la inversión, a los congresos, a los grandes eventos y a la movilidad internacional. Sin embargo, recurre a un enfoque anticuado: limitar, restringir y reducir un problema complejo a una decisión intervencionista y contraproducente.
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