Archivo de la categoría: en Portada

Por qué China nos debe preocupar más

Una de las frases más repetidas en estas últimas semanas es que “la economía china se está estabilizando”. Y no es cierto. Es más, aunque pensemos que es un problema exterior, tiene consecuencias muy importantes para todos.

Por un lado, el cambio de modelo económico no se está dando como se anunciaba a bombo y platillo. Transición de modelo industrial endeudado a uno de consumo, con desapalancamiento y mejora de productividad. No solo no se ha reducido el endeudamiento total, sino que se ha acelerado de manera preocupante, hasta casi un 260% del PIB desde un 155% en 2008.

Solo en marzo, la deuda concedida aumentó en $211.000 millones, el doble de la cifra de febrero. Se estima que China creará el equivalente a más de “una España” de deuda este año. China ahora necesita 6,5 unidades de deuda para crear una de PIB –según Morgan Stanley-, es decir, necesita cuatro veces más deuda que hace seis años para crecer mucho menos de lo estimado.

Los préstamos de difícil cobro se han disparado a 706.000 millones de dólares en marzo. No solo una cifra enorme, la más alta en 11 años, sino que está muy cuestionada. Según las autoridades chinas, dicha cifra supone una tasa de morosidad inferior al 1,7%, y muchos análisis económicos, desde Capital Economics a HSBC, estiman que la cifra es al menos el doble.

La productividad de los factores, según The Economist, ha caído de un crecimiento del 5,9% del PIB entre 1991 y 2000, a un 3,6% anual medio entre 2011 y 2015.

Ninguna gran economía ha endeudado tanto ni tan rápido sin acabar en una crisis financiera o un periodo prolongado de estancamiento.

Para el resto del mundo, las consecuencias son importantes:

1. China exporta desinflación al resto del mundo. Si China busca reducir sus desequilibrios incrementando las exportaciones, lo hará reduciendo precios de manera generalizada, para compensar la caída de volúmenes en sectores de bajo valor añadido.

2. Un desequilibrio entre crecimiento de la masa monetaria y el PIB real tan brutal como el que ha vivido China, en particular desde el desastroso plan de estímulo de 2008, que ha creado una enorme sobrecapacidad. Solucionarlo llevaría a cierres, una enorme crisis, aumento de desempleo creado con la burbuja, y una reforma financiera que secaría el crédito. La tentación de esconder los desequilibrios devaluando de manera agresiva vuelve a aparecer, y ello profundizaría la desinflación exportada al resto del mundo.

3. El proteccionismo y medidas intervencionistas que se quieren imponer en algunos países, incluido el nuestro, hundiría nuestras exportaciones a Asia. No es una casualidad que ante el riesgo de los dos elementos mencionados antes, Japón haya firmado el Tratado Transpacífico que reduce su exposición a los desequilibrios chinos y aumenta su comercio con el resto del mundo. Aquí, seguimos silbando subiéndonos a la Torre KIO pensando que vamos a exportar más introduciendo más trabas a las importaciones.

El mayor riesgo que corremos ante los desequilibrios chinos es pensar que el ajuste ya ha terminado y que lo peor ha pasado. Ninguno de los factores antes mencionados, ni siquiera los positivos –aumento del consumo, crecimiento de la clase media- va a poder evitar tomar medidas duras para atajar la bomba de deuda que se puede crear.

Publicado en El Español, 18 de mayo de 2016.

Un billón para nada

Uno enciende la televisión y escucha que el Banco Central Europeo tiene que imprimir dinero para que los estados gasten un billón en inversión pública “en vez de dárselo a los bancos”. Y el público escucha esas cosas y le parecen hasta razonables. Pero no lo son. No se le “da a los bancos”. El BCE aumenta la facilidad de crédito para que los bancos presten, y el principal beneficiario de esa enorme liquidez, como todos ustedes saben, son los estados porque las primas de riesgo se desploman y la financiación de la actividad pública se abarata a niveles tan brutales que España ahorra cada año desde hace dos unos 5.000 millones anuales en intereses a pesar de incumplir con el déficit y endeudarse más de lo estimado.

Se usa el mecanismo de transmisión de los bancos precisamente para evitar el abuso a la hora de usar ese dinero. Por ello, el problema de la Unión Europea es de demanda de crédito solvente. Es bueno, de hecho, evita burbujas, que la liquidez excesiva sea de 750.000 millones de euros. Draghi ha hecho un trabajo espectacular para evitar el incentivo perverso de volver a hacer carreteras, puentes y aeropuertos inútiles. “La inversión pública” como motor único es volver -a lo bestia- a los errores de 2004 a 2009, que han dejado deuda y sobrecapacidad en casi todos los ámbitos.

Es curioso que se exija “un billón” -podían decir dos o tres, no dicen para qué-. El Plan Juncker , lanzado hace casi un año, suponía 315.000 millones de euros para financiar proyectos de inversión en toda Europa. Cada euro invertido con dinero comunitario debería generar 15 euros en planes de inversión. Sin embargo, el resultado de dicho plan ha sido muy pobre, y menos de una fracción de esa cantidad se ha puesto en marcha. Porque el problema de la Unión Europea no es de falta de inversión, especialmente pública, sino del exceso del pasado.

Supone cometer los errores que alargaron la crisis, y hay que recordarlo.El 26 de noviembre de 2008 se lanzó a bombo y platillo el “Plan para el empleo y el crecimiento” europeo, un ambicioso proyecto para “relanzar la economía” y crear “millones” de puestos de trabajo desde la inversión pública. Un estímulo del 1,5% del PIB de la UE para combatir la crisis. Se iban a crear millones de empleos en infraestructuras, interconexiones y sectores estratégicos. El Superestado redentor iba a solventar la crisis “creada por el sector privado”: 200.000 millones de euros eran, sin lugar a duda, más que suficientes. Europa sí que sabía salir de la crisis, desde el sector público, “porque el privado no responde” y la crisis era de “deuda privada”.

En 2008, la sobrecapacidad industrial en la eurozona era ya del 20%. España gastó 90.000 millones en proyectos de infraestructuras y obra civil con un impacto negativo tanto en PIB como en empleo, además de disparar la deuda. La Unión Europea se lanzó a gastar 200.000 millones y en el camino destruyó 4,5 millones de puestos de trabajo, disparando el déficit al 4,1% del PIB. Eso sí, la media, según el Tribunal de Cuentas, de desviación en el gasto previsto fue del 20%. Hoy, esa sobrecapacidad se mantiene intacta y el crecimiento potencial se ha cercenado a pesar de enormes planes de estímulo.

Ahora les dicen a ustedes que olviden el pasado, que esta vez va a ser diferentes y si gastamos 1 billón de euros se creará millones de puestos de trabajo y creceremos más que nadie…. Porque se crea dinero “para el pueblo”. Es decir, repetir los errores de Argentina de Kirchner, del Brasil de Rouseff y la China que ya acumula una sobrecapacidad del 35% con una deuda del 246%. La falacia de pensar que con dinero creado artificialmente se va a conseguir otro resultado solo porque lo gaste el estado esconde la obsesión por aumentar a toda costa el control estatal de las decisiones económicas.

Lo que no ha funcionado con cientos de miles de millones no va a funcionar con billones porque lo diga el mismo que se lo va a gastar.

Al final, no es casualidad que se propongan estas ideas mágicas. Porque crean clientelismo y, sobre todo, incentivos perversos. Porque el que lo gasta no tiene ninguna responsabilidad sobre el abuso de gasto, y el exceso lo paga usted o con mayores impuestos o repetir la recesión.

El Estado no tiene mayor ni mejor información sobre dónde y cómo se debe invertir o prestar que el sector privado, y lo único que le diferencia es la motivación política -no pública- y clientelar. Tampoco tiene más y mejor experiencia en gestionar la inversión. Acudir a la promesa del multiplicador del gasto público es ignorar que está probado que es cero o incluso negativo en economías abiertas y endeudadas (lean) Y todavía les ponen de ejemplo a Roosevelt… Con un “aumento del gasto público” que en ningún momento sobrepasó un 20% del PIB (menos de la mitad del gasto público actual de España). De hecho, en el máximo de la II Guerra Mundial llegó a un 43,6% para retornar al 11% antes de 1950.

Lo que no ha funcionado con cientos de miles de millones no va a funcionar con billones porque lo diga el mismo que se lo va a gastar. Porque se perpetúan los sectores de baja productividad, que son los que dan para inaugurar cosas grandes y bonitas, y la sobrecapacidad genera un coste anual que lastra el crecimiento potencial y fagocita a los sectores de alta productividad subiéndoles los impuestos… Aunque se monetice. Porque aumentar la cantidad de dinero no cambia ni la riqueza ni la productividad, solo la diluye. Echar agua a la leche no la hace más nutritiva, alimenta cada vez menos y sabe peor.

Publicado en El Español, 16 de mayo de 2016.

Vuelve el drama griego (Sí, se puede… Empeorar)

Una de las mayores falacias que se han vendido a los ciudadanos durante la crisis es la de que “no podemos estar peor”. Syriza, el Podemos griego, ha demostrado que se puede empeorar una situación ya de por sí pobre. Y el problema del culebrón griego, que resurge cada cierto tiempo, es que hay que volver a recordar los errores que llevan a estas crisis.

La producción industrial caía un 4% en marzo tras una bajada del 3% en febrero, y nos muestra la extrema fragilidad de la economía. El resultado de la gestión de los populistas ha sido devastador. Una pérdida de más de 16.000 empresas en 2015. Eso supone unos 45.000 empleos menos y una reducción del valor añadido a la economía de hasta un 1%. En el primer trimestre de 2016, 3.824 empresas menos según datos oficiales del GEMI.

Todo ello por hacer lo contrario a lo que hizo Irlanda -país rescatado, y uno de los que más crece y crea empleo en la UE- y lo que recomendaba la Troika. Se sugirió una bajada de cuotas sociales, de impuestos al trabajo y mejora de la facilidad para crear empresas y reducir gasto político. Syriza decidió mantener el estado hipertrofiado y subir impuestos. Resultado, hundir la creación de empleo y huida de empresas. Una subida de impuesto de sociedades del 20% al 29% y con ello, caída de ingresos por este concepto del 2% a cerca del 1,3% del PIB.

gráfico

 

Grecia tiene algunas de las cotizaciones sociales e impuestos a sociedades más altos de la UE y se encuentra entre los peores países en cuanto a facilidad de crear empleo y montar empresas según el índice Doing Business del Banco Mundial. Syriza no ha hecho nada por mejorar estos datos. Al contrario. Y, como siempre ocurre con los populistas, han conseguido el hundimiento de lo que fingen defender. Recorte de pensiones de hasta el 35%, varias huelgas generales y más recortes que nunca ante el desplome de la actividad económica.

Aumento de impuestos… a todos. También las clases bajas y medias. No solo un tipo de un 22% para las rentas menores de 25.000 euros, además de subirlo a las altas, sino que el aumento de cargas indirectas y eliminación de deducciones aumentan esa cifra a un 5%. La economía, como no podía ser de otra manera, se contraerá otro 1,3% en 2016. Los populistas siempre olvidan que para que haya un sector público hacen falta ingresos de un sector privado potente.

El actual desastre griego sí es culpa de Syriza. Como explica Domingo Soriano del informe de ALDE:
 
– Del ajuste que ha hecho el Estado griego desde que comenzó la crisis, el 90% ha recaído en los ingresos, a través de subidas de impuestos y sólo el 10% ha consistido en recortes de gasto.
 
– El 74% de las medidas pactadas no se han aplicado. Y del resto, buena parte se han realizado de forma incompleta. La lista de incumplimientos es amplia y toca a buena parte de los temas más importantes: reforma de la Justicia, reforma de los mercados, reforma contra el fraude fiscal, cambios en el sistema de la Seguridad Social, lucha contra monopolios y cárteles apoyados por el poder político, reforma de la administración…
 
– Muchos de los cambios sólo han consistido en deshacer lo realizado anteriormente. Por ejemplo, el Código Fiscal ha sido reformado (en ocasiones de forma contradictoria) 18 veces en 17 meses.

Hundir la iniciativa privada solo agranda el agujero. Y, como comentábamos en 2015, volver a otra crisis de deuda. Una encuesta publicada por Mega TV recientemente indica una bajada de 10 puntos para el partido de Alexis Tsipras en intención de voto. Pero el daño del populismo ya está hecho. Los controles de capitales se mantienen, el cierre de empresas es constante y Syriza ha convertido lo que era un problema de renegociación de condiciones en un estado al borde del colapso.

Y nos dicen que “el rescate a Grecia se fue en un 95% a los bancos”. Les recomiendo que lean lo que explicaba en ‘Mitos y Mentiras sobre los Rescates. Un rescate no es una donación. Es un préstamo. Todos los rescates en toda la historia se usan para pagar vencimientos actuales y refinanciarse más barato. Todos. No existe un solo caso que no sea así. Se supone que la quita y las mejores condiciones de financiación se utilizan para revitalizar la economía, no para sostener el gasto improductivo.

La presión fiscal en Grecia no es solamente creciente, sino que tiene el mercado laboral más rígido, y con ello el mayor paro, de Europa. El gobierno de Tsipras, ante el rescate, se ha negado a tomar ninguna medida de las propuestas por la OCDE, el FMI o la Troika que alivie a empresas y familias. Se les sugirió reducir el gasto en defensa y, oh sorpresa, Tsipras se negó. Solo ha llevado a cabo políticas aún más confiscatorias para mantener el privilegio de un sector público ineficiente y se ha convertido en confiscatorio.

Para entender bien la crisis griega les recomiendo leer el libro de Michael Mitsopoulos “Understanding the Crisis In Greece. From Boom To Bust” (2011) que desmonta los mitos de la izquierda sobre el problema griego. No es un problema de una inexistente austeridad, sino de un sector político clientelar y confiscatorio. El gasto público sobre PIB en Grecia es del 55%. De 1995 a 2011 nunca se redujo por debajo del 49%. Desde 1976 el número de empleados públicos casi se ha triplicado mientras que el empleo en el sector privado solo ha crecido un 25%. Y aun hablan de solidaridad…

Como he explicado en esta columna en varias ocasiones, Grecia ha recibido desde 2012 el 254% de su PIB en rescates, incluyendo el último. Añadido a una quita y avales del BCE, supone más de doce veces lo que recibió Alemania en el año 1953 tras la Segunda Guerra Mundial. Y Alemania fue un estado intervenido por los aliados al que se le exigieron años de recortes y superávit presupuestario.

EL DESTROZO DEL CORRALITO

¿Austeridad? Grecia, tuvo una media del 7,3% del PIB anual de déficit en los 20 años antes de entrar en la UE, y una media del 8% anual desde que ha entrado en la eurozona (https://www.dlacalle.com/un-acuerdo-griego-lleno-de-sombras/) . ¿De verdad piensan que con un déficit superior habrían salido de la crisis_ ¿De cuánto?

¿Del 10% anual? Da igual que se haga una quita de gran parte de la deuda. Cuando se gasta la mayoría del presupuesto en gasto corriente y con enormes déficits, mientras se echa al capital inversor y se penaliza a los creadores de riqueza, en cuatro años vuelven a tener el mismo nivel al aumentarla con esos déficits astronómicos. La solución a Grecia existe, pero el entramado político y burocrático la rechaza.

Se trata de hacer las reformas que ha hecho Irlanda o España, atraer inversión y facilitar la creación de empresas. Una reforma laboral que facilite el empleo, no entorpecerlo y una fiscalidad que atraiga la inversión y la entrada de empresas, no que las ahuyente. Lo llevo diciendo hace tiempo. Lo que está ocurriendo en Grecia es típico del populismo. La promesa de soluciones mágicas se convierte en la realidad de la crisis económica. Prometen “subir los impuestos a los ricos” y, para mantener el elefantiásico estado depredador griego, se los suben hasta a los agricultores.

Tenemos mucho que aprender de la crisis griega. Nuestros populistas locales dicen que en España sería distinto porque somos una economía importante y la UE tendría que aceptar lo que ellos decidan. Sorpresa, eso es exactamente lo que decían Varoufakis y Tsipras. Hoy, tras el corralito y el destrozo del sector privado, uno da conferencias y el otro lleva a cabo recortes muy superiores a los de otros gobiernos.

Sí, se puede. Empeorar.

 

Publicado en El Español, 12 de mayo 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sumamos para quebrar. Intervencionismo y más impuestos

El “programa” presentado por Podemos con Izquierda Unida, “50 Pasos para Gobernar Juntos” se puede resumir en: Más impuestos, más gasto político, más deuda y referéndums para el separatismo.

Lo primero que hay que admirar es la intención evidente de ambas formaciones de “semi-diluir” sus propuestas para hacerlas asimilables para el PSOE y los nacionalistas.

El problema es que es el programa de Syriza en Grecia, que tan buenos resultados ha dado. Sobre todo en lo que nos preocupa a todos, el empleo y la fiscalidad.

La solución para todos los problemas es más rigidez, un mayor endeudamiento y mayores impuestos. Para dos formaciones que repudian los mercados, sorprende lo que les gusta la deuda.

En términos económicos, es una carta a los reyes magos de un burócrata. Pero, sobre todo, es un documento que -como los previos, más alucinantes, de Podemos e IU separados- agranda los desequilibrios de la economía española acudiendo al gasto corriente y los elefantes blancos, fiándolo todo a un déficit creciente -más deuda- pero, eso sí, guardándose la posibilidad de hacer impago si les conviene.

Présteme mucho -y barato-, verá qué risa cuando no se lo pague.

Si uno escucha los comentarios de políticos, nos parecerá que mucho de lo que se dice aquí es de lo más “normal”. Y es que se nos ha vendido el cuento del austericidio a pesar de 685.000 millones de euros de expansión fiscal.

Se nos dice que el gasto social se ha cercenado, aunque en 2015 se destinen casi 4.000 millones de euros más a sanidad que antes de la crisis, gastemos un 14% más que la media de la OCDE en educación por alumno y el gasto social directo e indirecto haya aumentado a 249.166 millones en 2016, un 17% más en los últimos cuatro años.

Y es una sarta de mentiras defendida por la élite de la burocracia para justificar que usted gana mucho y ellos gastan poco. Y sobre todo les promete una arcadia feliz de gasto que no solo nos llevó al borde de la quiebra en 2011 sino que volverá a hacerlo, mientras les echan a ustedes, a los empresarios o a otro chivo expiatorio, la culpa.

El documento solo habla de gasto y nada de productividad. Nada de eficiencia, de eliminar duplicidades. El objetivo es gastar. Paga usted. Si tenemos más déficit y más impuestos creceremos más y crearemos más empleo.

Empieza con mantras históricos de ambas formaciones. Intervenir el sector energético y, mientras defiende el ahorro energético y medidas de eficiencia (con diferencia lo mejor del documento), plantea salvajadas que llevarían a un problema de deuda al estado y al sector con una auditoría del déficit y de los costes creado durante la época de lo que ellos defienden, la planificación de burbuja y la fiesta renovable. Como si no existiera hoy en día, tanto externa como la supervisión de la CMC- .

Imaginen el impacto en la deuda pública española cuando los campeones de ‘Quebremos’ pongan la garantía estatal de las titulizaciones en duda. La semi-nacionalización de algunas fuentes de generación vía intervención de precios es otro error. Un sistema que ha supuesto en Grecia un desastre para su eléctrica estatal, una de las más ineficientes del mundo. Todos los mercados eléctricos de Europa son marginalistas. Intervenirlo es volver a los errores del desastroso marco que supuso endeudamiento, quiebras y peor servicio. En vez de profundizar en competencia, para reducir costes, hiperregulación, que los ha disparado. Eso sí, muy verdes ellos pero de acabar con las subvenciones al carbón, solo vaguedades de “a medio plazo” bajo el genérico “energías fósiles” … que se nos enfadan los sindicatos.

Volver a la rigidez laboral de los 80-90 no solo no reduce la temporalidad, sino que ataca el empleo y aumenta la precariedad.

Entre 1977 y 1985, con los sindicatos al mando del mercado laboral, el desempleo se disparó al 21,6% y estuvo 11 trimestres por encima del 20%. Antes de la entrada en el euro, estuvo 20 trimestres por encima del 20% de paro y llegó al 24,5%. La temporalidad en España era del 35% antes de la crisis y el porcentaje de contratos temporales sobre fijos era la misma que hoy antes de la reforma laboral de 2010 y 2012 que quieren derogar.

Y es que el documento fía la garantía de derechos laborales al intervencionismo y el control sindical, dos factores que no han mejorado el mercado de trabajo en toda la democracia.

La ignorancia de la estructura empresarial de España se evidencia en la delirante propuesta de regulación del despido. En España el despido es un último recurso y en la inmensa mayoría de casos se da por cierre de actividad. Eso sí, de facilitar la contratación, reducir la burocracia y mejorar la posición de España en facilidad para crear empresas, nada.

El hecho de que, adicionalmente, se aumenten impuestos fijando un mínimo efectivo de sociedades, llevaría a acabar con la creación de empleo y nacimiento y desarrollo de empresas. Adiós sector del automóvil, para empezar. Pero ataca a la línea de flotación de la inversión al eliminar deducciones. En Grecia hemos visto como medidas similares destruyen 3.800 empresas al trimestre y 45.000 empleos.

Las estimaciones de ingresos son de ciencia ficción (más mala que Alien 3) son otro clásico del populismo (lean El cuento de subir impuestos a los ricos). Podemos e IU piensan aumentar la recaudación más de lo que se ha conseguido subiendo todos los impuestos, aflorando economía sumergida y creciendo y creando empleo… Pero destruyéndolo. Teniendo en cuenta que el déficit ya se aumentaría en sus propias previsiones, tras años incumpliendo el objetivo, no es difícil llegar a un 8-9% de déficit anual estimando la batería de nuevo gasto y la experiencia histórica de la UE en cumplimiento de previsiones de ingresos fiscales. Eso nos lanzaría, con o sin apoyo del BCE, a un shock de deuda y un 123% mínimo de deuda sobre PIB en 2019.

Subir el salario mínimo es una medida muy populista pero irrelevante. ¿Por qué no lo suben a 2.000 euros, digo yo? Destruirá empleo en sectores de baja productividad y condena al paro a muchos trabajadores en proceso de transición a nuevos sectores tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

El programa supone mucho más paro y volver a los errores de intervención del mercado laboral que hacían que España tuviese tasas de desempleo superiores al 18% en el pasado. La hipersindicalización, poniendo los convenios sectoriales por encima de los de empresa, ignora que nuestro tejido empresarial es un 90% pymes y condena a las empresas a emplear menos.

Podemos e IU hablan de “indexar al IPC” las pensiones y aumentar impuestos para pagarlas. Si las pensiones se hubieran indexado al IPC habrían bajado en los últimos dos años. Subir impuestos para pagar pensiones es un error de incidencia económica de primero de carrera. Se penaliza a las clases medias, que son las que consumen, tienen hijos y se labran el futuro para cubrir un déficit de las pensiones que no necesita de represión fiscal, sino de mayor crecimiento, más empresas, mayor productividad y, con ello, mayores salarios e ingresos de la Seguridad Social.

A los autónomos, Podemos e IU les regala con un aumento de impuestos a más del 90% aumentando las cuotas de acuerdo a los rendimientos por encima del salario mínimo, lo cual supone el desincentivo más evidente a la creación de empleo autónomo y emprendimiento.

Lo terrible del programa es que, a pesar de pasarse el día criticando en medios de comunicación, no reduce ninguna de las duplicidades, gastos inútiles y se lanza a hablar de Investigación y Desarrollo desde el gasto (público, claro), no desde el número de patentes y empresas.

¿Qué vamos a decir de la banca pública que no hayamos sufrido los españoles con las cajas? Ah, que ellos piensan que sí van a funcionar porque las van a gestionar ellos. Los errores de la banca pública son evidentes (lean). Existen muchos estudios que muestran que la banca pública presta con fines políticos, tiene peores ratios de capital, caja y calidad crediticia (aquí)

La glorificación del gasto público y el encorsetamiento del sector privado hasta ahogarlo impregna el 90% del documento. Y, como hemos visto en la Grecia de Syriza, la consecuencia es que las promesas de arcadia feliz estatista no se cumplen.

Lo más triste, y preocupante, de este documento, es que, al leerlo, ustedes habrán pensado: “pues es más o menos lo que proponen casi todos los demás”. Y eso, tras los esfuerzos llevados a cabo por todos para salir de la crisis, tras conseguir remontar la recesión creando empleo y creciendo, es descorazonador. Que pensamos que volver a 2008, pero a lo bestia, es la respuesta.

Y, con una sonrisa, volveremos al precipicio.