Archivo de la categoría: Subsidies

El problema del déficit de tarifa

22/6/2013 El Confidencial
“The social dream of growth by central planning ends with the nightmare of massive cost and overcapacity”.

Muchos analistas esperaban que el viernes se anunciaran –otra vez- medidas para atajar el problema del déficit de tarifa eléctrico, que explicábamos en mi artículo Oligopolios o planificación de burbuja.

En esta batalla, todo el mundo se acusa mutuamente y todos pierden porque se recorta a toda la industria, creando un sector energético con bajísimas rentabilidades –el retorno sobre el capital empleado más bajo de la Eurozona en inversiones domesticas-, alto endeudamiento y en un país al que se percibe con inseguridad jurídica por los constantes cambios regulatorios.

deficit tarifa

Hemos construido un sistema eléctrico con estimaciones de ciencia ficción para 2020, pero con demanda y situación económica de 2007. Ya lo comentaba yo en el año 2009, en mi post El despropósito energético nacional, que “ya podíamos rezar por que la demanda vuelva a crecer brutalmente, porque si no la factura va a ser de broma”.

Ese es el problema: sobrecapacidad y coste. Hemos construido plantas de generación a un coste de 2020 para una demanda que iba a crecer eternamente y que se estancó en niveles de 2007. Potencia total instalada: 102.395MW (península), para una potencia máxima utilizada de 40.277MW (lea).

Ahora la solución no puede hundir a consumidores, empresas y la imagen del país.

Planificación obligatoria. A crecer, que somos los mejores.

– A principios de la década se dieron en España un par de cortes de suministro, lo que llevó a los gobiernos a aprobar “con urgencia” una enorme cantidad de proyectos de ciclos combinados de gas, donde cada Comunidad Autónoma tenía que garantizar su “seguridad de suministro” aunque no hubiera problemas. Con pagos de capacidad garantizados, unos 600 millones anuales, se llegó a 27.000 megawatios construidos entre 2002 y 2012.

– Mientras tanto, se seguía manteniendo al carbón nacional con subvenciones, por supuesto. Otros 450 millones de euros anuales.

– Cuando llegó la economía verde se hizo lo mismo, planificación obligatoria, pero sin sustituir ninguna tecnología –el carbón, señores, no contamina en nuestro amado país-, y añadiendo coste. Otros 26.000 megawatios. En solar fotovoltaica, una desviación de solo 3.243 megawatios construidos comparado con los 400 planificados (un 6% de la electricidad generada y un 26% de las primas otorgadas). La avaricia de las Comunidades Autónomas aprobando proyectos muy por encima de lo previsto, que lleva a un coste entre todas de 7.000 millones que se va a 9.000 millones en 2020. Planificación obligatoria y regulada.

– Para todos estos planes de “crecimiento” hubo que construir redes. También planificadas obligatoriamente. Otros 1.400 millones adicionales de coste.

– Por supuesto, por si se volvía a dar un apagón –y a pesar de construir capacidad como locos-, subvenciones a los clientes que aceptasen “interrumpir” su suministro eléctrico. 500 millones anuales que se disparan a casi 700 millones en 2013.

– Para que no falte nadie, subvenciones a la cogeneración de las industrias, 1.989 millones de euros.

¿Y qué ocurre cuando la demanda deja de crecer?

Que el sistema colapsa, pero los costes suben.

– Inseguridad jurídica: la imagen del país se ve dañada por unos cambios regulatorios que se perciben aleatorios, retroactivos y confiscatorios. Desde hace diez años llevo leyendo “Inminente revisión del marco regulatorio”.

– Empresas débiles: nos llevamos las manos ante el riesgo de que una de nuestras empresas sea comprada por un extranjero, pero a base de incertidumbre regulatoria, cercenando beneficios del que genera caja e interviniendo, las hacemos más débiles. No las dejamos vivir, pero tampoco les permitimos desinvertir.

– Agujero a la banca: 20.000 millones de exposición de la banca española a proyectos renovables inviables. Llevar al banco malo los proyectos ya construidos muy endeudados e inviables es una solución propuesta que podía bajar el coste de las subvenciones, aunque siempre que el coste para el Estado, es decir, el consumidor, sea menor que el actual.

– Desindustrialización: entre 2004 y 2010 se incrementó el precio de la electricidad para consumo industrial un 90%. Los costes de actividades reguladas crecían a niveles de 10% anual. Hoy, las pymes, que generan el 78% del valor añadido del país, pagan un coste de energía superior a la media europea en un 6,7% y 11% (Eurostat). Es cierto que el coste de la energía de las grandes empresas y consumidores pequeños es ligeramente menor en media (-2,3%).

– Impuestos confiscatorios: se ha llegado a la situación perversa por la cual la mayoría de nuestras empresas energéticas simplemente no genera ninguna caja libre, por eso su deuda no baja –a menos que vendan activos-. Son rehenes del mismo sistema planificado en el que invirtieron (en EEUU se les llama stranded assets). Mucha gente habla de los “beneficios” de las energéticas, pero pocos se fijan en su situación atroz de caja y balance. Sin embargo, como sector rehén, se le exigen inversiones multimillonarias.

El gran culpable, el elefante en la habitación, es la planificación obligatoria del Gobierno y los incentivos que crea a través de subvenciones, todas. Pero esos errores no los puede pagar el consumidor, ni unas empresas que están al borde del bono basura –si queremos que sigan empleando a las decenas de miles de personas que contratan-.

Esto es lo que queremos, y es lo que tenemos

Cuando propongo un sistema de libre mercado, donde quiebre el ineficiente, se eliminen subvenciones y se cierre capacidad no rentable, me dicen “¿y el empleo?”; “¿y los mineros?”; “¿y la seguridad de suministro?” O mis unicornios favoritos: “las externalidades” (con esas palabras se justifica cualquier sobrecoste, se las recomiendo, son infalibles); “en 2030 será rentable”; “sólo son 1.000 millones más”; “en mi región no, que corten en la otra”. Pues nada, a pagarlo.

No olvidemos que en este país el 81% de la población, según la Comisión Europea en 2013, aplaude de maneras contundente a las energías renovables. Bien. Pues hay que pagarlas. Y al carbón, el 65%. Sorprendente. “Muy verde”. A pagarlo. Además, las Comunidades Autónomas no quieren que se retiren plantas de su región. Curioso.Pues se paga. La mayoría quiere que las empresas sigan siendo “seguridades sociales encubiertas”, contratando a un 21% más que sus competidoras (Bloomberg). Interesante. Pues tiene un coste. Pero, además, los gobiernos quieren que inviertan más, pero sin rentabilidad. Original.

Si, los sistemas eléctricos planificados e intervenidos son caros. ¿Eso es lo que queremos? Pues hay que pagarlo.

En Alemania

El gran debate en Alemania, incluido en las promesas electorales de Merkel, está en reducir las subvenciones, porque el coste del Energiewende –el plan mega-verde- ha llevado a la electricidad a subir un 75% en pocos años. Pero en Alemania no se recortan los ingresos de las empresas ni se saca del bolsillo de unas para mantener a otras porque se ha planificado mal. La gente sabe lo que cuesta la energía porque: a) más del 80% de las primas las paga el consumidor doméstico; y b) se salvaguarda del coste de las subvenciones a los grandes sectores exportadores.

En nuestro país hay que tener en cuenta el importe de recortes que lleva soportada la industria, que ha llevado al límite a un sector en el que España era líder y se ha dañado seriamente la credibilidad jurídica para el inversor.

Por ello, con las medidas que se han tomado, adoptar el modelo alemán implicaría una subida máxima de entre 6 y 8 euros por mes por hogar. El coste de valorar el sistema que hemos aceptado y aplaudido.

Cómo no hundir a nuestras empresas ni a los consumidores

Pero esa subida hoy es difícil. Sin embargo, el 21% de la tarifa media que usted paga son impuestos. En el caso de algunos consumidores, llega al 33%.

Los errores de planificación deben atajarse evitando hundir la seguridad jurídica y aumentar la debilidad de empresas que llamamos de bandera, pero que tratamos como cajeros automáticos. Cortar subvenciones en interrumpibilidad, carbón, y cogeneración también.

Se debe evitar a toda costa la inversión en nueva capacidad con coste regulado casi siete veces superior al coste medio de la electricidad mayorista.

No se debe permitir una táctica de “renta de posición” por la cual las nuevas tecnologías sean depredadoras de costes, creen sobrecapacidad y luego vuelvan a construir en otra área dejando la factura a los consumidores.

Y si terminar con el déficit de tarifa supone una subida de la factura eléctrica, la subida debe deducirse de los impuestos, con lo cual no suponen un coste adicional.

Evitar incentivos perversos

¿Qué evita que volvamos a caer en la planificación de burbuja? Vayamos a Estados Unidos, y apliquemos su sistema.

Primero, parar inmediatamente cualquier nueva instalación que añada coste regulado a la tarifa. Cero. Ya sobra.

Una vez que se pare el crecimiento exponencial de los costes regulados, se debe permitir la sustitución de tecnologías ineficientes con mecanismos de mercado. Si, cerrar plantas e instalaciones innecesarias.

También es imprescindible transformar a futuro el sistema de subvenciones por uno de incentivos fiscales –tax credits– con acuerdo de precio y demanda, para evitar otra “carrera a aprovechar el próximo chollo”. Nuestras empresas compiten en el extranjero como reyes con estos sistemas.

Ya sé, algunos me dirán que la empresa A o B gana mucho y es muy mala, me contarán que unas son los Rebeldes de Star Wars y otras el Imperio, y que en 2020 todo se soluciona si cerramos los ojos. Eso, hasta que una –cualquiera- de esas empresas cierre y despida a 30.000 personas, y entonces le echarán la culpa a los mercados. De nuestra burbuja y nuestra euforia viene este destrozo, y es hora de que se resuelva pagando lo que hemos aplaudido, compitiendo y deduciendo de la carga impositiva el coste del error. Y poner todas las medidas para no volver a cometerlo. En energía, como hemos visto en EEUU, se puede competir y crear grandes empresas. Con costes más bajos hoy, no en 2020. Estoy seguro de que lo conseguiremos.

 

Vean el video en 13tv explicando el “tarifazo”: https://www.youtube.com/watch?v=3C2Ef5wD3Lw y la segunda parte https://www.youtube.com/watch?v=irD0X_YWzTA

 

Oligopolios o planificación de burbuja

“No es lo mismo una empresa energética que una que fabrique yogures”, José Montilla

“Spain faces the risk of expensive overcapacity and rising tariffs”, ABN Amro, 2006

Escucho el debate reciente sobre supuestos oligopolios que expolian a los ciudadanos y no me sorprende.

En 2005-2006muchos ya decíamos que estábamos creando un monstruo energético de sobrecapacidad, caro, ineficiente y subvencionado, pero nadie hizo caso.

La burbuja de infraestructuras y capacidad de generación eléctrica que se creó con el aplauso de todos, ciudadanos, gobiernos, empresas y reguladores, tiene muchas similitudes con la inmobiliaria.

-Los gobiernos que planificaron para un crecimiento eterno

-Unas comunidades autónomas que tenían que tener todas una planta de regasificación, miles de molinos, cientos de placas solares y decenas de ciclos de gas.

-Una remuneración y un sistema de subvenciones que hunde la competitividad si no crece la demanda.

-Una población que aplaudía los excesos regulatorios en subvenciones.

-Un sector que se lanzó al calor de expectativas de demanda injustificadas y subvenciones y se ahogó en deuda. Ahora se encuentra con rentabilidades paupérrimas y problemas de calificación crediticia.

-Todo un país que piensa que nada se paga.

En 2009, en “El despropósito energético nacional”, yo alertaba de que ya podíamos “rezar que la demanda vuelva a crecer brutalmente, porque si no la factura va a ser de broma”. En 2010, comentaba en mi artículo “Economía insostenible”, que “sostenible es el agujero que estamos cavando, porque la factura de la planificación del “a crecer a crecer”, de las primas y de la orgía de sobrecapacidad la pagarán nuestros nietos”.

Hoy, por culpa de nuestra mentalidad burbujera, la de todos, corremos el peligro de debilitar aún más a nuestras empresas, que son líderes en muchas otras tecnologías, con un sistema confiscatorio y sin seguridad jurídica en el que sufren los más débiles, los pequeños inversores y los consumidores.

oligopolios 1

 

Planificación burbujera

Un documento reciente del presidente de la Comisión Nacional de Energía, Alberto Lafuente, mostraba cómo la planificación energética -que era obligatoria- aprobada por el Gobierno para 2002-2011 asumía un crecimiento medio anual del PIB -y con el la demanda energética- del 2,9% hasta 2006 y del 3% de 2007 a 2011. Ahí es nada.

Bueno, vaya por Dios, todo el mundo se equivoca. Sin embargo, se construyeron decenas de miles de megawatios de nueva capacidad de acuerdo a esas “previsiones conservadoras”. Qué se la va a hacer. Un error lo tiene cualquiera.

Saltemos a 2008, con la burbuja inmobiliaria y la crisis bien asentada, y nos encontramos con que la planificación estimaba, qué casualidad, un crecimiento medio anual del 3% hasta 2016. Otro par de decenas de miles de megawatios construidos. ¡Venga!

 

Inversiones o donaciones

Para atender a esa inexistente “creciente demanda”, gobierno tras gobierno, nacional, regional, local, se liaron a dar permisos. Las inversiones anuales pasaban de 450 millones en gas y otros tantos en electricidad a mucho más del doble. “Hay que invertir”.

Decenas de excelentes profesionales, con décadas de experiencia que alertaban contra esta salvajada de previsiones y esta locura de inversiones innecesarias, fueron retirados de sus puestos. A ellos dedico este artículo. El futuro era nuestro y no había gasto, por extraño que fuera, que no nos pareciera esencial para la -que me parto-“seguridad de suministro” y con “rentabilidad mínima garantizada por el Estado”. Es decir, por usted, consumidor.

Vaya, hombre. Como la burbuja inmobiliaria. Sobrecapacidad del 40%.

oligopolios 2

 

Subvenciones desproporcionadas

Nos encantan las subvenciones. Les buscamos distintos nombres, “ayudas”, “apoyos”, “primas”, “incentivos”. Léxico burbujero. La enorme mayoría de la población las apoyaba, que ahora nadie se rasgue las vestiduras. Solo que nadie quería saber cuánto costaban.

Al carbón, ¡el pueblo con los mineros!, seiscientos millones, pagos de capacidad, otros seiscientos millones, costes regulados, un 10% de crecimiento anual y, por supuesto, primas renovables para todos, aunque las previsiones de crecimiento estaban demostrando ser fallidas. Total, un 1,5-2% del PIB en subvenciones cada año.

oligopolios 3

No pasa nada, porque lo paga usted

Entre 2008 y 2011, España pasaba de tener un coste medio de la electricidad antes de impuestos ligeramente superior a la media europea, a tener un coste medio un 20,5% superior a la media (fuente CNE). Y se preguntan por qué cierran las empresas y se deslocalizan.

Sin embargo, la media de precios mayoristas -precio del pool– no se movió de la media europea, como mostraba en mi artículo “El carajal eléctrico”.

Los sobrecostes no solo se acumulaban, sino que no se pagaban. Un déficit de tarifa que crece a una media de 4.000 millones de euros anuales desde 2008. Hasta 3.000 millones de euros en 2012, a pesar de los recortes a las eléctricas. Un déficit lleno de “promesas de pago” gubernamentales si la empresa aceptaba la exigencia de gastar -“invertir”- en sobrecapacidad.

 

No se cierra nada

Pero oiga, todos nos equivocamos, qué son 25.000 millones de euros más o menos de coste energético cuando nadamos en la abundancia.

¿Arreglamos el problema? ¿Se permite cerrar capacidad? ¿Se paran las inversiones hasta que se absorba la capacidad excedentaria? ¿Como país líder en renovables, cerramos plantas de carbón, Garoña? Nooooo.

Intente usted cerrar una planta en España. Se le echan encima sindicatos, gobiernos regionales, nacionales, opinión pública. Queremos capacidad gratis. Nos gusta la sobrecapacidad. Lo que no queremos es pagarla. Se aguanta la respiración y se espera “a que crezca la demanda a niveles adecuados”. Adecuados. Otros 1.500 megawatios de capacidad innecesaria en 2012.

Los oligopolios

Toda Europa y todos los sistemas eléctricos necesitan enormes empresas. En todos los países hay dos, máximo seis grupos eléctricos dominantes. ¿Por qué?

Porque las grandes inversiones que exigen los gobiernos, sobre todo en distribución, y las bajísimas rentabilidades que generan -6,8% de rentabilidad sobre el capital empleado en España, 8% en Europa- solo las puede soportar un grupo con un tamaño enorme que aguante la deuda.

Si añaden a ello que, gracias al sistema de “te debo pero no te pago”, el sector no genera caja libre -los beneficios son contables, pero gran parte no se cobra-ya me explicarán cómo se puede generar competencia. Sería un desastre de quiebra tras quiebra como… oh, espera… sorpresa… como fue España antes de las fusiones que generaron estos supuestos “oligopolios”, cuando se tuvieron que juntar empresas en problemas con otras para sobrevivir.

Pero, además, se confunde grandes empresas con manipulación. Oligopolio no hay cuando hay fragmentación. España es uno de los países que mejor se sitúa en el índice HHI (Herfindahl-Hirschman Index). Cuando este número es bajo, la industria es altamente competitiva y de baja concentración.

Renta de posición

Todos los sistemas eléctricos de Europa son marginalistas -el precio de la electricidad mayorista lo fija un proceso de subasta-. En Alemania, hay tres operadores mayoritarios, en Francia, tres, en Italia, cinco, en Reino Unido, seis. Y es precisamente la liberalización en generación la que establece el óptimo de mercado. Decir que la subasta está manipulada cuando ha evolucionado igual que la media europea es, cuando menos, una broma. O una manipulación pésima.

Ah, pero lo que queremos no es competencia, que como prueba el Reino Unido, no genera precios inferiores.

Lo que queremos es lo que llamamos “renta de posición”. Hacerse hueco en el camarote de los Hermanos Marx. No que haya competencia y libre mercado, y que las tecnologías caras cierren y sobrevivan las baratas, no. Lo que queremos es seguir con la sobrecapacidad, pero de un pastel limitado donde le quiten parte al que gana un poco más para darle al ineficiente. Eso aunque la energía del régimen especial –renovables- se debe comprar por obligación sea cual sea la demanda.

No queremos oligopolios, no. Queremos monopolios intervenidos y limitar el mercado. Si luego pasa como en Francia, que EDF ha tenido que ser rescatada dos veces por el Estado, o como ocurrió en España, donde fuimos hundiendo empresas eléctricas hasta que se fusionaron, no pasa nada. Son los malvados capitalistas.

Exigimos inversiones sin rentabilidad -dónde va a parar- un 33% más de empleados que la media del sector, que no se cierre una sola planta ineficiente y establecemos con “no sé qué criterio” la remuneración que consideramos “aceptable”, hasta que las empresas pierden acceso a capital o quiebran, y entonces le echamos la culpa a los mercados financieros.

El balance, la deuda que se genera y la falta de rentabilidad no nos importan.Alguien vendrá a pagar la factura.

Sobrecapacidad, más subvenciones que nadie, más inversiones que nadie, proteccionismo absoluto y todo gratis. Igual que en deuda soberana. No me extraña que todas las empresas, ante la voracidad recaudatoria, la injusticia regulatoria retroactiva y la inseguridad jurídica, decidan no invertir.

Queremos empresas gordas, pero no fuertes. Nos lo merecemos. Y mientras tanto, se debilitan cada vez más. Es el sistema eléctrico soviético, que ha funcionado tan bien que Rusia aún no se ha recuperado.

Lo que no nos gusta es pagarlo. Este carajal, amigos, lo hemos creado entre todos. Entre todos la matamos y ella sola se murió.

Vivir por el BOE, morir por el BOE

20/7/2013 El Confidencial

“Central planning is as futile as trying to strap on wings and fly like a bird – and potentially as calamitous” – Don Boudreaux

Recuerdo que hace décadas me dijo un ejecutivo de una empresa energética: “No hay nada peor que un activo cautivo”. Es la definición de una inversión que depende de unos ingresos garantizados por el Estado. Una vez invertido, no te puedes escapar. Y la historia está plagada de regulaciones cambiadas, revisadas o eliminadas.

La política de planificación de burbuja que se ha llevado a cabo en España ha sido muy dañina. Y su coste, brutal. Hoy la sobrecapacidad cuesta… a todo el mundo. Y la decisión salomónica a la bola de deuda recibida ha sido que todos la paguen.

– La capacidad excedentaria construida con las sucesivas políticas de apoyo todas las tecnologías, sin permitir que se retirase ninguna, supera el 40%

– La electricidad ha subido un 70% en seis años

– Las empresas eléctricas y renovables se encuentran entre las más endeudadas (3,9 veces el EBITDA) y con más baja rentabilidad sobre el capital empleado en su negocio doméstico (4%) de Europa

– Los bancos acumulan más de 40.000 millones de euros de préstamos, muchos de ellos de difícil cobro, al sector renovable.

Los gobiernos crearon efectos llamada con suculentas subvenciones, estimaciones de demanda de fantasía y permisos descontrolados, para luego retirarlos, creando sobrecapacidad, clientelismo, sobrecoste y deuda. Lo comentaba, ofreciendo soluciones, en mi artículo El problema de fijar el precio de la luz en los despachos y no en los mercados.

Y dejó empresas entrampadas. Se presume erróneamente que de esos efectos llamada se benefician los malvados capitalistas, porque la gente no valora el impacto de la deuda y la bajísima creación de caja libre. Olvídense del beneficio contable y miren los balances y flujos de caja de todas las empresas de estos sectores.

¿Cómo puede ser que los costes se hayan disparado pero las rentabilidades sean pobres? Acumulación y dispersión. Como con nuestras Comunidades Autónomas, municipios y presupuestos del Estado. Muchos pequeños chocolates del loro, que suben cada año o se actualizan con la inflación por ley, y luego suman mucho. Lo que yo llamo el chocolatón. Y mucha deuda.

¿Que sobra capacidad? Que quiebre el que tenga que quebrar y se limpie el sistema. Ah, no. Bajo ningún concepto. Ninguna región permite que se cierren plantas. Y pregúntele a los sindicatos qué les parece que una de las empresas quiebre y mande a 20.000 empleados a la calle.

La sobrecapacidad cuesta. Mucho dinero. Unos 5.000-6.000 millones anuales en el sector energético desde la fiesta de “a crecer que superamos a Alemania”, según fuentes del sector.

Ante esta situación, con una herencia atroz y consciente de que no hay muchas alternativas, en el Gobierno han optado por la “jibarización del sector completo”. Ha sido una decisión de urgencia, cercenando costes, y a la vez intentando que se repartiera salomónicamente.

Sin embargo, la última reforma eléctrica tiene un impacto de entre el 9% y el 23% del beneficio de las empresas afectadas, acumulando un recorte medio desde 2011 del 25-40%, dejando a grupos que ya estaban muy endeudados aún más débiles. Pero lo más importante es que ninguna de las empresas va a generar caja libre en España y puede poner en peligro su calificación crediticia, como comentabaFitch. Además, sitúa la rentabilidad de muchos proyectos afectados por debajo del coste de capital de muchas de ellas. No lo duden, veremos quitas y pérdidas en los proyectos más endeudados.

Sin embargo, llevamos con el riesgo de inseguridad jurídica y cambios regulatorios constantes desde 2004. Cada vez que se anuncia un decretazo alguien se lleva las manos a la cabeza diciendo que nadie va a invertir en España, y sin embargo… no pasa. De hecho, a pesar de cambios brutales de regulación y derechos reconocidos en el BOE, se construyeron decenas de miles de megawatios de nueva capacidad.

¿Por qué? Los cuatro errores que han llevado al sector eléctrico europeo a hundir su rentabilidad.

– “A mí no me va a pasar”: el error más típico de las grandes multinacionales energéticas en los países es llegar y decir que a ellos no les van a tocar. El sector europeo que ha tenido que dotar provisiones por pérdidas de más de 30.000 millones desde 2005.

– “Tengo renta de posición”: invertir sabiendo que la rentabilidad es pobre o el riesgo es alto, pero por lo menos tomo cuota de mercado y así, si las cosas van mal, tengo influencia sobre el regulador y me da subvenciones. 22.000 megawatios construidos sabiendo que la demanda se había estancado.

– “Si gasto hoy, ya me lo reconocerán mañana”: inversiones de 10.000 millones anuales que no se justifican económicamente pero se espera que en algún momento se apruebe una mejora retributiva.

 

– “Que recorten a otro, no a mí”: sectores que son conscientes de que sus rentabilidades son sospechosamente generosas y esperan que, cuando salte el problema, se le pase la factura a otro.

El problema de esta última reforma, en mi opinión, es queel Gobierno no podía hacer más sin llevar a la quiebra a algún operador, y busca lidiar con la herencia del sobrecoste, pero no lo cercena. En el escenario más optimista que he leído (Morgan Stanley), las tarifas tendrán que seguir subiendo a razón del 2-2,5% anual, y a pesar de ello se seguirá generando un déficit –pequeño-, pero todo cuenta. En el escenario más conservador, las tarifas tendrán que subir aún otro 3% anual hasta 2017 para acabar con el déficit… en 2018. Todo si la demanda crece un 1,4% anual. Como no crezca, vendrán nuevas revisiones. Lo avisé en este mismo medio en 2007, 2008 y 2009.

Porque esto nos lleva a la siguiente fase de riesgo regulatorio:

Hasta ahora los países europeos han buscado lidiar con reducir el aumento de tarifas. Pero eso no es suficiente para mejorar la competitividad de nuestras industrias. Las tarifas van a tener que bajar, se lo aseguro, y lo terminará exigiendo la UE. Por eso nadie en Bruselas se ha lanzado a criticar la retroactividad de las medidas de España. Porque la siguiente ola es forzar las bajadas para competir con EEUU, que tiene unos costes de electricidad medios un 45% inferiores.

Los gobiernos europeos saben que la inseguridad jurídica no ha tenido coste para el estado porque siempre hay alguien dispuesto a aceptar más riesgo por menos rentabilidad. Y en nuestro caso particular, porque la amenaza de no invertir es más bien un alivio cuando superamos las necesidades de 2020. En el ministerio de Industria deben pensar “ojalá”. Si no ven que esa inseguridad jurídica tiene un impacto, les dará igual.

¿Y cuando vuelva a crecer la demanda? No se preocupen, que sobra. No es solo eficiencia, sino la desindustrialización que provoca precisamente el coste desorbitado de la energía subvencionada (lean El Depardieu silencioso) y que no vuelve.

Los gobiernos deben entender que la planificación optimista y la sobrecapacidad hunden a los países por sus costes acumulados. Las empresas deben entender que participar de esos efectos llamada tiene un enorme coste a medio plazo –corto incluso-. Si una de las dos partes o juntas lo evitan, ambas ganan.

La energía debe ser barata y abundante. Nada más, y nada menos. No hay costes chocolates del loro, ni estimaciones por si acaso. Como no entendamos esos factores como esenciales, estamos abocados a cambios regulatorios eternos.

 

Me dicen que hay preocupación porque las empresas que han perdido entre un 40% y un 65% de valor en bolsa en los últimos años pueden ser objeto de una OPA. No se preocupen. No solo los compradores están también sufriendo en su situación financiera, sino que hachazo regulatorio tras hachazo, han llevado a este sector a ser inexpugnable. No por su fortaleza y calidad, sino por su debilidad y falta de rentabilidad. Evitemos –todos- la planificación de burbuja y con ella la inseguridad posterior. Buen fin de semana.