Cuba, la dictadura asesina más subvencionada del mundo

Cuba no es el ejemplo de un país asfixiado por un supuesto «bloqueo» exterior, sino el de una dictadura que ha sobrevivido durante décadas gracias a una sucesión de rescates y subvenciones mientras destruía su propio tejido productivo y empobrecía a su población.

El castrismo habla de autosuficiencia revolucionaria y, a la vez, lloriquea pidiendo que Estados Unidos financie su experimento comunista. La dictadura dice ser independiente del capitalismo y del imperio y, sin embargo, culpa de su fracaso a que el imperio no financia su algarada comunista.

La realidad de Cuba es otra. Es un sistema de dependencia estructural de subsidios, condonaciones, petróleo gratuito y subordinación política de la Unión Soviética, primero, y de Venezuela, Rusia, China, la Unión Europea y España después.

Cuba es la demostración de que el socialismo fracasa siempre, incluso cuando recibe miles de millones de China y petróleo gratis.

El informe El precio de sostener el castrismo, del Instituto Juan de Mariana, documenta que la Cuba de los Castro y de Díaz-Canel ha funcionado como un régimen parasitario, extractivo y represivo, sostenido artificialmente por aliados externos e instituciones occidentales que financian la continuidad de una maquinaria de opresión.

El modelo de la dictadura cubana es un sistema parasitario, extractivo y confiscatorio, incapaz de generar prosperidad, pero extremadamente eficaz a la hora de captar recursos externos, utilizando a la población como esclava y a la isla como cárcel para alimentar su imagen victimista y plañidera.

Uno de los mayores fraudes propagandísticos del castrismo consiste en presentar la revolución como una respuesta a una Cuba sumida en la miseria. Los datos históricos citados en el informe del Instituto Juan de Mariana muestran exactamente lo contrario.

Antes de 1959, la isla exhibía niveles de renta comparables a los de Italia, una alfabetización del 79 % frente al 58 % regional, una esperanza de vida de 64 años frente a 50 en América Latina y una dotación de médicos, automóviles y televisores por habitante muy superior a la media continental.

Cuba no era un paraíso ni una democracia, pero sí una de las economías más avanzadas de la región.

La revolución no rescató a Cuba del atraso: la condujo hacia él, convirtiendo una dictadura en otra mucho peor.

La destrucción del castrismo ha sido profunda y demostrable. El informe recoge que, de no haberse producido la revolución, Cuba podría tener hoy niveles de renta similares a los de Costa Rica o Chile, mientras que el comunismo le ha costado más del 50 % de su renta per cápita potencial.

Y no olvidemos que Cuba es la economía más subvencionada del mundo y tiene decenas de tratados comerciales con las mayores economías del planeta. El inexistente bloqueo es una excusa para justificar el expolio de la ayuda y el comercio internacional.

En la práctica, Cuba es un sistema esclavista impuesto, donde el salario medio real equivale a apenas 2 dólares mensuales al tipo de cambio real, una cifra que resume mejor que cualquier consigna el fracaso material del modelo.

El 89 % de los cubanos vive en pobreza extrema, el 86 % de las familias no cubre adecuadamente sus necesidades básicas y el 61 % no tiene ingresos suficientes ni siquiera para comprar lo esencial para sobrevivir. Y eso en una economía que recibe miles de millones anuales de China, Venezuela, México y Rusia, además de toda la UE.

La escasez ya no es una anomalía coyuntural, sino la forma ordinaria de existencia impuesta por el sistema. Siete de cada diez cubanos prescinden de alguna comida diaria por falta de recursos.

El ciudadano medio apenas puede comprar al mes unos 7 kilos de pollo, 4,7 litros de aceite o menos de 3 kilos de leche en polvo. El hundimiento del sector azucarero, bajo gestión estatal comunista, ilustra el colapso productivo. Ha pasado de más de 8 millones de toneladas anuales a menos de 100.000 y, de más de 150 centrales azucareras, apenas sobreviven 30.

La narrativa oficial atribuye el desastre cubano al embargo estadounidense, al que llaman incorrectamente «bloqueo». Sin embargo, el propio informe del Instituto Juan de Mariana recuerda que la evidencia académica estima que el coste del embargo es menor al 1 % del PIB anual de la isla, una magnitud incapaz de explicar por sí sola la demolición productiva, social e institucional acumulada durante más de seis décadas.

Es más, si la dictadura afirma que es autosuficiente e independiente del imperio y del capitalismo, el embargo es solo una excusa, especialmente cuando mantiene más de 27 tratados comerciales con algunas de las mayores economías del mundo.

El colapso cubano es, obviamente, consecuencia de la planificación central, de la destrucción de incentivos, de la persecución de la empresa privada y de la apropiación estatal de toda fuente de riqueza.

Hasta el propio dictador Díaz-Canel ha tenido que reconocer que los controles de precios y las limitaciones a la propiedad y la inversión privadas han fracasado, anunciando más de 170 medidas liberalizadoras.

El único bloqueo real que sufre Cuba es el que ejerce la propia dictadura sobre sus ciudadanos.

Cuba comercia con las mayores economías del mundo, recibe miles de millones en financiación exterior, ha sido rescatada reiteradamente y ha contado durante décadas con suministros energéticos subvencionados.

Lo que impide el progreso no es una muralla exterior, sino un modelo interno que confisca el ahorro, captura las divisas, expulsa el talento y convierte cualquier ingreso nacional o internacional en alimento para la cúpula política y militar.

Cuba es un modelo parasitario porque depende de recursos ajenos para sobrevivir; extractivo porque concentra en la nomenklatura militar y política las rentas generadas por el turismo, las remesas, las exportaciones o los servicios médicos; y confiscatorio porque impide a ciudadanos y empresas disponer libremente de su trabajo, su propiedad o sus divisas.

Mientras la población sufre apagones, escasez y pobreza, el régimen revende petróleo, bloquea el acceso a divisas y desvía recursos al aparato estatal y a sus redes opacas de control.

La dictadura acumula hasta 141.000 muertes atribuibles a la represión estatal, más de 20.000 presos políticos desde 1959 y más de 1.000 reclusos actuales por motivos políticos en cerca de 300 centros penitenciarios.

Como el modelo no puede ofrecer prosperidad, necesita impedir la disidencia, castigar la protesta y esclavizar a la población.

Uno de los aspectos más relevantes del informe del Instituto Juan de Mariana es que el sostenimiento del castrismo no procede solo de potencias autoritarias. También Europa y España han contribuido, mediante financiación y alivio financiero, a prolongar la vida de un régimen que no ha ofrecido ninguna mejora en derechos humanos, apertura política o prosperidad económica.

Desde 1988, la Unión Europea ha financiado más de 200 proyectos en Cuba por unos 300 millones de euros y ha elevado la dotación prevista para 2021-2027 hasta los 125 millones de euros, más del doble que en el periodo anterior.

España destaca como uno de los mayores financiadores del castrismo asesino. En 2016 reestructuró una deuda de 2.444 millones de euros y condonó directamente 1.492 millones, cerca del 60 % del total.

Nuevas operaciones de alivio financiero por 375 y 291 millones de euros redujeron el saldo pendiente hasta apenas 286 millones, de manera que Cuba ha conseguido que se le perdone cerca del 90 % de sus obligaciones con España. El coste económico efectivo rondaría los 4.994 millones de euros.

Tras décadas de cooperación, subvenciones y rescates, Cuba sigue siendo una dictadura de partido único, con presos políticos, pobreza extrema, éxodo récord y una economía arruinada.

La ayuda no ha favorecido una transición ni una apertura, sino que ha servido para perpetuar la dictadura.

Cuba es la dictadura más subvencionada del mundo. Solo el régimen ruso ha condonado 32.000 millones de dólares de deuda, ha concedido más de 2.300 millones en préstamos estatales, ha aplazado pagos hasta 2040 y ha suministrado miles de millones de dólares en petróleo.

Las cifras de financiación de China superan los 35.000 millones. Vaya «bloqueo».

Más de 150 compañías españolas acumulan impagos por 255 millones de euros, cifra que asciende a unos 318 millones al incluir fondos retenidos y dividendos bloqueados en la isla. Algunas de estas empresas han acabado incluso en concurso de acreedores.

Pocas tiranías contemporáneas han combinado durante tanto tiempo una represión tan sistemática, una destrucción económica tan intensa y un reconocimiento internacional tan indulgente.

El castrismo no sobrevive por la eficiencia de su modelo, sino porque demasiados actores externos prefieren financiar su continuidad antes que exigir libertad.

La tragedia cubana no puede explicarse por el embargo, ni por la mala suerte, ni por errores aislados de gestión.

La miseria de Cuba es el resultado de un sistema diseñado para confiscar, extraer y reprimir, sostenido por una red internacional de subsidios.

Acerca de Daniel Lacalle

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión. Casado y con tres hijos, reside en Londres. Es colaborador frecuente en medios como CNBC, Hedgeye, Wall Street Journal, El Español, A3 Media and 13TV. Tiene un certificado internacional de analista de inversiones CIIA y un máster en Investigación económica y el IESE.

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