Qué cómodo es decir “No a la guerra” cuando tus vecinos son Portugal y Francia, y no un país que lleva la “aniquilación” de tu nación en su política de Estado y “muerte a América” como “política, no eslogan”, señor Sánchez. Qué fácil es ser activista cuando te protegen, financian y apoyan Estados Unidos, la OTAN, la UE e Israel.

Qué beneficioso políticamente es hablar de paz y neutralidad cuando sus hechos siempre sesgan la acción política hacia lo que perpetúa a las dictaduras comunistas y terroristas. Y qué sencillo es invocar el derecho internacional y la Carta de la ONU mientras se mira hacia otro lado ante las violaciones sistemáticas por parte del régimen de Irán.
Sánchez no es un ejemplo de neutralidad y pacifismo; es el arquetipo del marketing político. No hay nada más cómodo –y más hipócrita– que la política exterior del sanchismo: constantemente blanda con las dictaduras comunistas y terroristas, y muy “dura” con las democracias.
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