“Show some feeling and respect, I’ve had enough and that’s a fact”. Ralf Hutter, Florian Schneider.
En estas semanas hemos leído mucho sobre la mal llamada guerra comercial. Nos encontramos ante una negociación muy evidente entre el mayor consumidor y el mayor suministrador y, como siempre ocurre, es el consumidor –EEUU– el que ha dicho “basta”.
Nadie gana en una guerra comercial, y los aranceles siempre son una mala idea. Pero no olvidemos que solo son un arma.
La Comunidad de Madrid debería ser un ejemplo a seguir por todos en el desarrollo de nuestro modelo autonómico. Sin embargo, nos encontramos ante el peligro de que se destruya un modelo de éxito para que avance el intervencionismo que ha hecho tanto daño a Andalucía o Extremadura durante años.
El Banco Central Europeo continúa inflando de manera desproporcionada la burbuja de deuda de la Eurozona. Lo que se diseñó como una herramienta para “dar tiempo” a los Estados para llevar a cabo reformas estructurales y reducir desequilibrios, se ha convertido en un peligroso incentivo a endeudarse y aumentarlos, bajos dos excusas más que dañinas a largo plazo: que la deuda es barata y que no hay inflación.
¿Qué sucede cuando los políticos ven que sus monstruosos estímulos no han llegado? Sacan al siguiente conejo del sombrero. Necesitan un nuevo nombre y una nueva solución mágica para que los ciudadanos crean en la magia de las políticas del lado de la demanda a pesar del fracaso constante de esos mismos planes.