El principal beneficiado del alza de precios de la energía es el recaudador, Hacienda. Sin invertir un euro ni crear empleo, los verdaderos beneficios caídos del cielo los percibe Hacienda lucrándose con la subida de los precios.

En la energía no hay “un impuesto”, sino una sucesión de impuestos encadenados y costes regulados que se van sumando en cascada sobre la misma base, encareciendo electricidad y carburantes muy por encima del coste real. De hecho, en la factura energética media más del 50% son impuestos, incluyendo, como debe ser, el impuesto encubierto del CO2 y los aranceles a productos energéticos.
El gobierno recaudará más de 300 millones de euros en un mes por el alza de los combustibles y más de 3.000 millones de euros anuales con el impuesto del CO2 que encarece la luz, la gasolina, el gas y erosiona la competitividad de la industria del país.
En 2021, España ingresó 2.483 millones de euros por subastas de derechos de emisión, con un precio medio de 54,18 euros/tonelada. Ese precio ya se ha disparado a 70 euros.
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