Ni el sindicato ese inventado de inquilinos ni Sánchez y sus socios tienen la menor intención de solventar el problema de la vivienda.

Su objetivo es crear una crisis, dividir a la sociedad y que se culpe a los propietarios del fracaso del Gobierno. El resultado de las políticas antivivienda de Sánchez es claro: alquileres disparados, escasez de vivienda, promesas de 400.000 viviendas convertidas en nada y 272.000 desahucios.
Sánchez ha convertido el problema de la vivienda en una crisis descomunal ahogando la oferta e instaurando la inseguridad jurídica. Con ello, deja una crisis que se convertirá en un drama difícil de solventar. Sin embargo, los que piensan que es por ignorancia o incompetencia se equivocan. Es una estrategia para acabar con la propiedad privada y crear una sociedad desesperada que dependa más del Gobierno.
La ultraizquierda quiere crear una bomba de relojería en vivienda que le estalle al próximo Gobierno para tomar el poder y el control, aunque pierda las elecciones. Si la oposición cae en el error de comprar su narrativa falaz y propagandista, sólo conseguirá que le echen la culpa del fracaso de Sánchez y de todo lo que pase, como hicieron con la crisis de 2008.
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