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España: Cautela, no pesimismo

España: Cautela, no pesimismo

Publicado en Expansión, 25/9/2014 (expansion 2592014)

España: Cautela, no pesimismoEl Banco de España ha constatado, en su informe mensual, una moderación del crecimiento de la economía española que rápidamente ha llevado a algunos analistas a anunciar caídas de la actividad y certificar fracasos. Nada más lejos de la realidad. La desaceleración es síntoma de normalidad en un proceso de recuperación que es indudablemente frágil. Contamos con bases más sólidas de lo que comentan los profetas del desastre, que, curiosamente, no encontraban nada más que brotes verdes en 2009. Seguir leyendo España: Cautela, no pesimismo

La Razon 21/9/2014

La-Razon-SeptiembreEspaña debe recuperar renta disponible a familias y empresas que son las que van a relanzar el consumo y la contratación. Eso solo se consigue reduciendo impuestos y cortando gastos innecesarios. Continuar con las reformas y reforzar el modelo exportador para recuperar el superávit comercial.

Europa lleva muchos años en un periodo de estancamiento prolongado. La japonizacion de Europa no es una novedad, llevamos mucho tiempo -desde 2007- y viene derivada de unas políticas de estimulo y planes industriales de 2007 a 2010 que han generado unas de las presiones fiscales y costes energéticos mas altos de la OCDE, enorme sobrecapacidad y una deuda y gasto publico insostenible, que es superior al 49% del PIB.  La combinación de altos impuestos, intervencionismo y barreras al emprendimiento no se solucionan con políticas monetarias. Hace falta un cambio estructural, devolver Europa a la apertura, la competitividad y facilitar la creación de empresas, la sustitución de sectores decadentes como la construcción por mayor valor anadido e innovacion real, privada, no esas inútiles políticas estatales de I+D que solo suponen gasto político y deuda.

 

Important Disclaimer: All of Daniel Lacalle’s views expressed in this blog are strictly personal and should not be taken as buy or sell recommendations.

Mitos sobre las exportaciones españolas

El Confidencial 22/8/2014

«There are only three spending components that matter to monetary policy: consumer spending, business investments and exports and trade», Evan Davies

Uno de los rasgos más curiosos del análisis económico español es el presidencialismo. Le damos una especie de cualidad mágica a los gobiernos, como si fueran los Reyes Magos, y le echamos la culpa -o el mérito- al Presidente. Es ese estatismo que espera milagros de la Administración. El caso más entretenido es el de las exportaciones. Las analizamos como si el que exportase fuese el Jefe del Ejecutivo y como si el resto del mundo no existiera. Rajoy o Zapatero no exportan: exportan las empresas. Parece obvio, pero a más de uno se le olvida.

Analizamos como si el que exportase fuese Mariano Rajoy y como si el resto del mundo no existiera. Exportan las empresas, parece obvio, pero se olvida

He leído muchos análisis catastrofistas, pero creo que merece la pena resaltar que el esfuerzo exportador de las empresas españolas sigue siendo modélico.

El propio director general de la Organización Mundial del Comercio, Roberto Azevêdo, analizaba hace poco en Londres un contexto global de desaceleración del comercio mundial, y es en ese entorno en el que debemos valorar el cambio de modelo nacional, con sus positivos y negativos:

  • Mito 1: No estamos cambiando a un modelo exportador. Las exportaciones de bienes y servicios pesan ya un 34,1% del PIB de España. Un aumento del 10,7% en tres años y del 30% sobre el nivel de 2004.
  • Mito 2: Los otros países lo hacen mejor. Hemos aumentado cuota de mercado global de 1,6% a 1,68% de las exportaciones globales (según la OMC) y nos situamos en el puesto 18 del mundo, y en el puesto número siete en exportaciones de servicios. Alemania, Japón, Italia o Francia bajan cuota desde 2010. EEUU la mantiene similar.
  • Mito 3: Las importaciones se disparan. Con los datos publicados acumulados hasta junio de 2014, no existe en la serie histórica –desde 1995- un nivel mayor de cobertura de importaciones con exportaciones que los registrados en 2012 (85,5%), 2013 (95,3%) y 2014 (91%). Para que se hagan una idea, entre 2000 y 2011 la media era del 75%, y entre 2006 y 2009 menos del 67% (ver gráfico).

  • Mito 4: Las exportaciones van mal. Muchos análisis hablan sólo del “crecimiento” de las exportaciones y no del hecho de que sigan a máximos. Y eso que la serie histórica pone de manifiesto que no todos los años se registraron récords absolutos de exportaciones. Sin embargo, a partir de 2010, sí que los ha habido.
  • Mito 5: Las empresas exportadoras no son relevantes. El número de empresas exportadoras ha crecido de una media de 100.000 entre 2001 y 2007 a más de 150.000. Contamos con 570 empresas que suponen el 63% de las exportaciones, una cifra de concentración similar a la de Francia o Reino Unido y normal cuando tenemos –menos mal– grandes multinacionales. Hay que seguir aumentando en número y diluyendo la concentración.

LAS EXPORTACIONES DEBEN ANALIZARSE EN TRES TÉRMINOS:

  • El crecimiento mundial del comercio se ralentiza.  No se puede exportar al aire. Si el comercio global aumenta menos de lo esperado, las exportaciones crecen menos. La OCDE lleva comentando la caída de las exportaciones desde mayo, y en marzo ya explicaba yo en ¿Peligra el modelo exportador español?  y en mi web que los datos de comercio mundial estaban revisándose a la baja, y con las sanciones entre la UE y Rusia es probable que siga desacelerándose. En ese contexto, que España siga registrando cifras récord en junio y sus exportaciones crezcan un 0,5% en los primeros seis meses es positivo, sobre todo cuando nuestro principal socio, Francia, se encuentra estancado. En Reino Unido las exportaciones han caído un 19,9% en junio (-14,7% en los primeros seis meses) y en Francia, que tanto nos gusta a algunos como ejemplo, un 1,8%.
  • Balanza Comercial. La diferencia entre lo que exportamos e importamos. A efectos del PIB y del crecimiento, lo importante es que la aportación exterior sea positiva, si no estaremos agrandando el agujero. Si exportamos “mucho” como en 2009, y tenemos un destrozo de 94.000 millones de euros en la balanza comercial, no sólo no sirve para nada, sino que además es un enorme problema. Pero claro, en aquella época al déficit comercial se justificaba con la excusa de “estimular la demanda interna” y hoy, con un déficit comercial diez veces menor, escucho, alucinado, que está “disparado”. Fíjense en la ironía…

Por ello, hablar de las exportaciones de Japón, por ejemplo, cuando registran un déficit comercial record, es olvidar una cara importantísima de la moneda. Además, ese déficit comercial es fundamentalmente gasto corriente –por la subida del precio del gas, petróleo y carbón en yenes depreciados “gracias” a Abenomics-.  Devaluar no es motor de exportaciones. Si no hay valor añadido y producto de calidad, lo que vendes se disipa con el aumento de precio de lo que compras.

El déficit comercial español hay que vigilarlo, ya que, como alerta Juan Rallo y otros expertos, siempre ha sido la antesala de una crisis. Sin embargo, de enero a junio 2014, el 24% de las importaciones fue de bienes de consumo, el 7% de bienes de capital y el 70% de bienes intermedios.

Que España siga registrando cifras récord en junio y sus exportaciones crezcan un 0,5% en los primeros seis meses es positivo, sobre todo cuando nuestro principal socio, Francia, se encuentra estancado

Es decir, el 77% de las importaciones fue destinado a la inversión o a la producción, y sólo el 23% fue al consumo, una relación casi inversa comparada con los países de la expansión monetaria, Reino Unido o Japón.  Aun así, es un dato a vigilar, ya que tenemos la tendencia de caer en la trampa de “estimular la demanda interna” con deuda y lanzarnos a otra crisis.

Es la diferencia entre el circulo vicioso de hundir la balanza comercial “estimulando”, y el circulo virtuoso de exportar y controlar que el déficit sea bajo, o haya superávit. No es una fórmula mágica ni nueva, es la de los países líderes en exportaciones sostenibles.

  • Cuota de mercado global. ​Si el comercio se expande o se ralentiza depende de multitud de factores globales, como es normal. No podemos pensar que los problemas geopolíticos con Rusia (1,1% de nuestras exportaciones) o las dificultades para crecer de Francia, Portugal o Italia, algunos de nuestros mayores socios comerciales, no van a afectar, pero también se reducen las importaciones (Rusia es un 2,6% del total). Mientras mantengamos o aumentemos la cuota de mercado global mencionada antes y controlemos el déficit comercial, la aportación al crecimiento del sector exterior será, como debe ser, positiva, y el cambio de modelo será más sostenible.

Mientras mantengamos o aumentemos la cuota de mercado global y controlemos el déficit comercial, la aportación al crecimiento del sector exterior será positiva

Los datos de junio son buenos, aunque no sean fantásticos. Pero ninguna de las cifras, lo miremos como lo miremos, nos sitúa ni de lejos en la situación dramática de agujero deficitario del periodo de 2007 a 2010.

Los presidentes, como decía al principio, no exportan, pero sí pueden apoyar al sector exterior. Los grandes escollos siguen siendo los mismos:

  • Unas trabas burocráticas y administrativas desproporcionadas, que hacen que los procesos sean lentos, caros y duplicados.
  • Una fiscalidad restrictiva. Las empresas exportadoras siguen sufriendo de una fiscalidad nacional, local y regional depredadora y en numerosas encuestas preferirían ver incentivos fiscales y desgravaciones a grandes planes publicitarios de uno u otro ministerio.

El domingo pasado volvía a Londres desde España, tras diez días de vacaciones, y coincidí en el aeropuerto con el equipo directivo de una empresa que, hasta el año 2012, vendía el 89% de sus productos en España. “Vamos a firmar un acuerdo con una empresa británica a cinco años”.

Vigilemos muy de cerca el déficit comercial y las tentaciones de tirar de la chequera en blanco para “”estimular” y dejemos que las empresas sigan esa labor de cambiar nuestro modelo

Sus ventas en 2014, me comentaban, crecerán un 7% y de ellas, un 50% ya son al exterior. Sin pedir subvenciones, sin sentarse a esperar. Esas son las empresas que están cambiando –poco a poco, en silencio, sin vallas publicitarias de Plan E– el mapa empresarial español. Esa es la marca país.

Vigilemos muy de cerca el déficit comercial y las tentaciones de tirar de la chequera en blanco para “”estimular” –que ya sabemos cómo termina eso– y dejemos que las empresas sigan esa labor de cambiar nuestro modelo. No porque lo decida un Comité o un Consejo de Ministros, sino porque compiten. Si les dejan.

Sube el PIB y bajan los precios, ¡no puede ser! ¿O sí?

30/7/2014 El Confidencial

“Inflation is taxation without legislation” – Milton Friedman

Este miércoles hemos recibido dos buenas noticias. Bajan los precios y sube el PIB. ¿Cómo? ¿No es malísimo que los precios no suban? ¿No es la inflación la solución a nuestros problemas? Pues no. A pesar de que les repitan una y otra vez que la inflación es la panacea, es empíricamente incorrecto.

El PIB avanza un 0,6%, por encima de lo esperado, y ya supera todas las estimaciones de consenso con una subida interanual del 1,2%. Ya lo comentábamos en esta columna hace meses, el crecimiento español es una buena noticia tras otra. Lo más relevante de esta mejora del PIB es que el consumo y la inversión empresarial son los principales motores de la sorpresa. La demanda nacional es el principal factor positivo del PIB del segundo trimestre. Por otro lado, la evolución del sector exterior vuelve a ser positiva, +0,2%, confirmando la buena salud de nuestras exportaciones en un entorno de desaceleración del comercio mundial, según la OMC y el FMI, y caída de las exportaciones en países como Japón, durante dos meses consecutivos, y varios de nuestros socios de la UE.

Respecto a los que hablan de un ‘colapso’ de las exportaciones, miren el cuadro:

http://www.bde.es/webbde/es/estadis/infoest/a1703.pdf

Entre bienes y servicios exportamos hasta mayo 143.700 millones frente a algo más de 138.600 millones en 2013. Es una subida del 3.6%. Nada espectacular, pero no está nada mal cuando las exportaciones de nuestros comparables lo hacen peor.

Muchos analistas ponen en cuestión el PIB, sin embargo, como explicaba en «Razones para creer el PIB»,  aquí estamos viendo un cambio radical en la composición de un Producto Interior Bruto menos expuesto a la construcción y la obra civil y más al sector exterior y el consumo, aunque también, desafortunadamente, sostenido por un gasto público excesivo.

Desde mi punto de vista, la moderación de las importaciones es un factor clave, ya que el déficit exterior se había acelerado en los primeros meses, con lo cual la estimación de una aportación al PIB positiva del sector exterior en el año 2014 se mantiene. Es curioso que los analistas burbujeros se empeñen en hablar del inexistente desplome de las exportaciones y aumento del déficit exterior -preocupante, por supuesto- a 8.200 millones, mucho menor que el de Francia o Reino Unido en cualquier caso, cuando en 2009, con un déficit exterior de 94.000 millones de euros, afirmaban que todo iba estupendamente.

Nuestros economistas burbujeros de «la inflación es necesaria» se mesan los cabellos. No solo creamos empleo, sino que crecemos más de lo esperado, y el consensos ya se mueve entre +1,2% y +1,5% cuando solo hace siete meses se situaba en la mitad. España ha creado 402.000 puestos de trabajo durante el segundo trimestre, aumentando empleo privado y contratos fijos, con un crecimiento del PIB del 0,6% intertrimestral. Para generar este nivel de empleo en el pasado había que crecer el doble. Si, empleo temporal, pero nadie ha salido de una crisis como la nuestra desde el empleo fijo y los sueldos de 3.000 euros al mes en la construcción, siempre se empieza por el empleo temporal y, a medida que la confianza se recupera y se invierte, se va creando, como estamos viendo en 2014, mayor empleo fijo. De los 402.000 nuevos empleos mostrados en la EPA, unos 180.000 fueron indefinidos (44,2%), el 94% a tiempo completo.

Mientras, las estimaciones de crecimiento de EEUU se desploman de +2,9% a +1,7% con el índice de participación laboral más bajo desde 1978, y las estimaciones de Japón bajan a +1,3%, sus exportaciones -2,2% y aumenta el paro con la mayor caída en salarios reales en veinte años.

Pues bien, la sorpresa en el crecimiento de la economía española no es independiente del hecho de que los precios hayan bajado. Es claro que la moderación de los precios energéticos y los alimentos son precisamente soporte para que el consumo y la inversión se recuperen, en un país donde hemos visto caer la renta disponible por devaluación salarial e impuestos y los márgenes de las empresas precisamente por los excesivos costes energéticos (los terceros más altos de la UE, según Eurostat). Nos encontramos en una recuperación apuntalada precisamente por la baja inflación, como comentaba el propio Wall Street Journal o el Independent . Energia y alimentos no elaborados explican la mayor parte de la caída de precios, y eso es bueno para el crecimiento en un entorno de salida de una recesión de exceso de deuda. Porque ayuda a limpiar los balances sin acudir al impuesto de los pobres, la inflación.

Ya me imagino a algunos economistas alarmados contando la monserga que la inflación baja es mala porque retrasa la decisión de consumo, mientras pienso en el ciudadano que va al supermercado o a la gasolinera y dice «este mes no voy a comer, encender la luz o llenar el depósito, no vaya a ser que bajen los precios el mes que viene».

Por otro lado, el cuento del miedo a la deflación que comentábamos aquí  olvida que los precios bajan porque la renta disponible de los ciudadanos se ha destruido a través de una fiscalidad confiscatoria, y que intentar forzar la inflación con políticas artificiales es un fracaso para la economía, como hemos visto en Japon, con las exportaciones, producción industrial y salarios reales cayendo. Mientras no recuperemos la renta disponible, la inflación sería un enorme fracaso y un escollo a la recuperación.

Les recomiendo que lean el análisis de George Selgin, de la Universidad de Georgia, llamado «Una súplica por una deflación moderada» en la que muestra lo que estamos viendo. Los precios bajos en los elementos adecuados -energía en particular- son positivos para una recuperación sostenida, en la que el empleo vuelve de manera lenta pero firme. Es por ello que el consumo va despertando poco a poco (fuente BBVA).

Nos seguirán diciendo que la inflación es necesaria para salir de una recesión de balances porque así se pagan las deudas. Las deudas se pagan con crecimiento económico, renta disponible y mejores beneficios empresariales. Las medidas inflacionistas solo traen desequilibrios que luego se pagan mucho más caros. Nuestro país es el ejemplo de la debacle tras las políticas de demanda.

Como comentaba en 2011 en «Semana de pánico, década de borrachera, año de resaca», estamos sufriendo los efectos devastadores de una década de exceso, y de la decisión suicida de aumentar el déficit en 100.000 millones anuales desde 2009 «para estimular», que nos ha llevado a aumentar la deuda a niveles preocupantes en tiempo récord.

Los datos de este miércoles son esperanzadores, pero hay mucho trabajo que hacer. El gasto público, el déficit y la deuda siguen siendo extremadamente altos, y un crecimiento del 1,5% – 2% en 2015 no va a reducir el peso de esas cifras. El desempleo sigue siendo demasiado alto y las dificultades para crear empresas, burocracia y rigideces de la economía siguen siendo altas. Hemos perdido diez puestos en el ranking de libertad económica mundial y los empresarios y emprendedores siguen encontrando enormes trabas impositivas y administrativas para crear empleo y cambiar el modelo de crecimiento. Pero estamos saliendo del infierno creado por el estímulo artificial de la demanda interna desde la construcción y la obra civil, que nos llevó a la peor recesión de la historia. Ese nuevo modelo no se va a decidir en un comité en La Moncloa o en Ferraz o en un guatequillo de indignados. Se va a decidir en el mercado, compitiendo. Pero las tentaciones de darle otra vez a la chequera en blanco pueblan las promesas de las viejas-nuevas caras de nuestro arco político.

Siempre se dice que los norteamericanos votan con el bolsillo, y a veces uno piensa que los españoles votamos con el bolsillo… de los demás. A pesar de tener el ejemplo de lo que no hay que hacer en nuestro pasado más reciente, lo querremos repetir. Esperemos que no.