El Banco Central Europeo ha anunciado por fin la primera subida de tipos en once años, medio punto. No es una sorpresa para el mercado. La evidencia es que el BCE sigue muy por detrás de la senda de normalización urgente que están llevando a cabo otros Bancos Centrales y que, en el caso particular de la Eurozona, es absolutamente imperativa.

Ayer mismo conocimos el dato final de inflación de la Eurozona, y la cifra exige una acción contundente e inequívoca por parte del BCE que demuestre que sigue su mandato, que es la estabilidad de precios.
Muchos argumentarán que la inflación en la Eurozona tiene un elevado componente energético, pero no podemos olvidar que los precios no suben todos a la vez para la misma cantidad de dinero (uno o dos precios sí pueden subir por factores exógenos, una guerra, la ruptura de suministros…), y desde luego, la inflación subyacente no se dispara a niveles no vistos desde los años 90 si no hay un componente monetario que lo justifique: la inyección masiva de moneda, muy por encima de la demanda, durante el período 2020-2021.
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