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Sube la luz, baja el crédito

Bureaucracy gives birth to itself and then expects maternity benefits – Dale Dauten

Llega el 2014. Sube la luz, baja el crédito. ¿Les suena?

Después de más de una década de riesgo regulatorio e intervención en energía y banca, decretos leyes, “reforma” tras “reforma” y decenas de miles de páginas de normas, los resultados son tan desastrosos que la solución que nos ofrecen es: más regulación y más intervención. Y es que ya lo comentaba yo hace años, cuando leo las palabras «sector estratégico” me echo a temblar. Porque sé que detrás de esas palabras vienen miles de millones en pérdidas. Y gobiernos que regulan, meten la pata y… regulan más. Y los errores de la intervención anterior se los achacan a “los mercados” y a una inexistente liberalización. A menos que llamemos “liberalización” a privatizar, seguir metiendo mano en todos los sectores y cuando sale mal, echarle la culpa a los extranjeros. Es decir, liberalización a la ‘argentina’.

Muchos de los villanos de las películas de James Bond suelen tener un modus operandi similar. Crean un enorme riesgo, una amenaza mundial, con el objetivo de vender después “la solución” a un coste desorbitado o controlar el mundo.

El 57% del precio final que pagan en la electricidad son costes fijos regulados, primas, impuestos y subvenciones. Esto hace, como con las gasolinas y gasóleos, que ustedes no se beneficien cuando bajen las materias primas

España ha pasado de tener unos precios de la electricidad que estaban entre los más baratos de la Unión Europea a ser de los más caros, solo superados por Chipre Malta. Las razones las he explicado, en muchas ocasiones, en mi post explicando cómo hemos llegado a este despropósito de Déficit de tarifa y cómo miramos a otro lado hablando de oligopolios en vez dePlanificación de burbuja.

Por qué sube la luz de repente un 11% ¿Manipulación? ¿De quién?

Deben ustedes saber que el 57% del precio final que pagan en la electricidad son costes fijos regulados, primas, impuestos y subvenciones. Esto hace, como con las gasolinas y gasóleos, que ustedes no se beneficien cuando bajen las materias primas, porque los costes fijos lo fagocitan.

De la factura de la luz menos de la mitad es lo que se llama el componente de la energía, es decir, el efecto del precio de mercado. Y éste ha subido un 26% en diciembre. Las razones:

– Se cierra una planta nuclear (Garoña) y se mantiene en parada técnica con innumerables nuevas regulaciones a Vandellós y Almaraz. Sacamos del sistema a través de regulaciones confiscatorias y burocráticas a la energía barata y poco volátil de alta disponibilidad.

– Cae un 40% la producción eólica, que es extremadamente volátil. Encima… tras los cambios regulatorios retroactivos recientes… caída del 40%.

– Menor producción hidráulica (-7%). Llueve menos y la energía más barata de todas es sustituida por… carbón, caro y subvencionado.

– Esto ocurre a la vez que la demanda crece un 1% en diciembre comparado con 2012.

La combinación de estos factores lleva a que el componente energético se haya disparado un 26%. Pero es una combinación desafortunada, extrema, y no replicable. ¿Manipulado por las grandes eléctricas? Ya lo dudo, cuando por ejemplo, Endesa no participó en la subasta (solo comprador) e Iberdrola solo un 4%.

La mayor manipulación que ha sufrido el mercado mayorista de electricidad ha sido la imposición de un mix energético volátil y caro, donde en picos de demanda extremos el carbón ineficiente o el gas más caro disparan el precio y en épocas de baja demanda los costes fijos, primas y regulados siempre suben. Es decir, es una anomalía que, como en otras ocasiones viene de muchos años de hundir al sector, pagando ustedes.

Mientras tanto, el otro componente, el fijo, el de las subvenciones, impuestos y alegrías, sube todos los años. Así, cuando bajan las materias primas usted no ve bajar su factura, y cuando suben, usted paga.

En abril de 2013 la subasta de la electricidad arrojó una bajada del 17%. Otra anomalía por circunstancias muy específicas. Nadie se mesaba los cabellos.

No es una casualidad que los dos sistemas peor y más intervenidos, Italia y España, tengan los precios de electricidad mayorista más caros

Mirar el componente energético mes a mes es algo que solo pasa en España. En AlemaniaItaliaReino Unido o Finlandia, todos sistemas marginalistas, nadie se escandaliza por una subida puntual del 27% del coste energético… ni de una caída similar posterior. ¿Por qué? Porque en esos países nadie fija la tarifa a principio de año con la bola de cristal y luego tiene que lidiar con las diferencias de haber estimado mal… Y acumular déficit de tarifa.

Otra cosa que ocurre en esos países es que el precio de la energía no lo dicta en picos de demanda la tecnología más obsoleta y cara, porque se preocupan de que el mix energético cumpla dos condiciones: que sea poco volátil y que sea barato. Sustituir energía de ‘base’ barata (hidráulica y nuclear) por energía cara y volátil solo lo hacemos ‘los ricos’.

No es una casualidad que los dos sistemas peor y más intervenidos, Italia y España, tengan los precios de electricidad mayorista más caros.

«Pero qué locuras dice, señor Lacalle, lo que necesitamos es más intervención y más regulación», me dirán. No se preocupen, estamos en camino. Luego, cuando ni bajen los precios y además tengamos que rescatar a los sistemas intervenidos, como ha pasado en Francia, dirán que es culpa de los mercados.

Baja el crédito

¿Quieren regulación? Tomen dos tazas. Si pensaban que iba a ‘fluir el crédito’, tras el análisis de transparencia y los acuerdos de la temible Unión Bancaria, pueden dudarlo.

Les dejo este magnífico grafico cortesía del Financial Times sobre lo ‘acordado’ sobre el mecanismo de control para poner en marcha el proceso de cierre y liquidación de bancos con problemas. Kafkiano. ¿Y aun piensan que la Unión Bancaria va a acelerar y mejorar el mecanismo de transmisión de crédito, agilizar el motor del sistema financiero y evitar los rescates con dinero público? De hecho esta extremada complejidad esconde la obsesión de varios países de que se deje abierta esa posibilidad, la de intervención con fondos públicos para “mantener vivos a los nuestros”… con el dinero de los otros.

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Del análisis de transparencia de la EBA (European banking Authority) me quedo con varios elementos importantes que siguen poniendo sobre la mesa que la Unión Bancaria no es la panacea ni el cimiento, sino el tejado, y que queda mucho, pero mucho que hacer a nivel nacional antes de plantearlo.

Pero sobre todo, la avalancha regulatoria que viene, con incertidumbres sobre morosidad, capital con o sin riesgo soberano, hace imposible que la banca lleve a cabo el ejercicio de reducir deuda, mejorar capital y prestar más. Es soplar y sorber a la vez.

imagen-sin-titulo (8)– El ratio de capitalización de los bancos ha mejorado poco, del 10 al 12%.

– La exposición a deuda soberana sigue siendo enorme (vean el gráfico).

– La morosidad en el crédito sigue siendo muy alta. 191.000 millones de créditos de difícil cobro en España (13% ex SAREB). Va a fluir el crédito cuando se reúnan los Beatles.

Hasta que estos dos gráficos (exposición a deuda soberana y capitalización) no se aplanen (es decir, que el riesgo asumido por bancos sea similar en proporción) y se acelere la capitalización y limpieza interna de los bancos con más problemas, es imposible hablar de Unión Bancaria sin olerse que los errores de los peores los acabaran pagando otros países.

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Porque lo que al ciudadano medio se le escapa es que el problema bancario, esa correa de transmisión de la expansión eterna, aún está lejos de solucionarse. Que el 2007 y la orgia de deuda no puede volver aunque quisiéramos.

La banca ha mejorado, pero debemos ser conscientes de la fragilidad de esas cifras de capitalización. En un sistema bancario tan endeudado y enorme (320% del PIB de la eurozona) donde la cobertura de riesgo por impagos es aún solo del 50% y se cuenta como capital de ‘calidad’ a activos que han sufrido enormes volatilidades, ese capital desaparece rápidamente.

Por eso cuando leo “hemos puestos miles de millones para arreglar la banca y solucionar el crédito y no fluye”, me temo que sobreestimamos lo que se ha hecho como “solución”. Se decidió no dejar quebrar a nadie, mantener a todos y se ha retrasado la limpieza del sistema siete años. Unos mejor que otros, pero el sistema aun frágil.

Mientras siga el incentivo perverso de que los estados enchufen deuda soberana en los bancos, y estos de acumularla como “activo sin riesgo” -menuda broma- seguirá ocurriendo lo que comentaba en mi post No esperen que vuelva el credito.

Pero como en todos los «sectores estratégicos”, tras decenas de miles de papeles de regulación desde la creación de la Unión Europea, mientras a los estados las empresas les sirvan como instrumentos de gestión de planificaciones burbujeras, seguridades sociales encubiertas y alfombras para esconder deuda, nos pasaremos años diciendo que no entendemos que la economía no crezca, por qué cae la demanda y que lo que hay que hacer es…. intervenir más. Hasta la derrota final.

Bajar Impuestos, Ya

10/11/2013 El Mundo

Desde que empecé a trabajar, la presión fiscal en la Unión Europea no ha hecho más que aumentar. De hecho, Jorge Valín, autor de El gobierno es el problema, mostraba un gráfico extremadamente revelador: España es el país donde más ha aumentado la presión fiscal desde 1965.

Sin embargo, nos dicen constantemente que la presión fiscal es baja y que hay «margen para subir impuestos».

Aquí conviene diferenciar dos términos esenciales: presión fiscal y esfuerzo fiscal. Parecen lo mismo, pero no lo son. El primero mide los gastos del Estado; el segundo, los impuestos que pagan las personas.

La presión fiscal se obtiene dividiendo la recaudación tributaria entre el PIB, por lo que es un dato macroeconómico que depende sobre todo de la actividad económica del país, y no tanto de la bajada o subida de impuestos.

Por el contrario, el esfuerzo fiscal mide el peso que representa la fiscalidad en la renta per cápita, es decir, qué porcentaje de lo que se gana va destinado al pago de tributos. Por lo tanto, afecta de manera más directa al bolsillo de los ciudadanos. Incluye todo tipo de impuestos, desde el IRPF hasta el IVA, pasando por las cotizaciones a la Seguridad Social u otros impuestos directos.

«Trabajamos más de medio año sólo para pagar impuestos, y en 2013 esa cifra aumentó aún más»

Según un estudio elaborado por el Instituto Juan de Mariana y la Asociación Española de Asesores Fiscales y Gestores Tributarios (Asefiget), el esfuerzo fiscal en España se sitúa en el 40%, supera la media de la Unión Europea y la de algunos países como Alemania, Reino Unido y Suecia. Trabajamos más de medio año sólo para pagar impuestos, y en 2013 esa cifra aumentó aún más.

En Europa, los impuestos están ahogando la renta disponible de las familias y hundiendo a la clase media. Según un estudio del Instituto Económico Molinari publicado por Le Figaro, los ciudadanos europeos trabajan hasta finales de junio exclusivamente para pagar impuestos. Lo que se denomina «el día de la liberación fiscal», es decir, la jornada en que dejamos de contribuir a los gastos del Estado.

En 2013, el día de la liberación fiscal en España fue el 12 de junio, ligeramente superior a la media europea, pero tiene truco porque no incluye los impuestos indirectos. Si incluimos todos los impuestos, se sitúa a mediados de julio. En el resto de la Unión Europea, los trabajadores irlandeses son los que menos sufren, trabajando para el Estado hasta el 24 de abril, y los franceses y belgas los más castigados, hasta el 26 de julio y 8 de agosto respectivamente. Esto lleva a que nos equivoquemos cuando tomamos como referente los salarios medios en cada país. Lo que importa es la renta disponible, que es lo que incentiva el consumo.

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En principio, siempre pensamos que las subidas de impuestos van a generar una mayor recaudación, sin embargo, no es así, sobre todo en un mundo globalizado e interconectado.

No olvidemos que los impuestos, al retirar renta disponible, tienen un efecto desincentivador. Por ejemplo, recuerdo cuando trabajaba en una empresa en la que muchas personas me decían que «no merece la pena pasar de subdirector a director, porque la subida de impuestos por cambiar de tramo te hace perder dinero». Eso hacía que mucha gente simplemente no aspirase a ese cambio que, en principio, debería ser positivo y estimulante.

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‘Viaje a la libertad económica. Editorial: Deusto.

A finales de los años noventa tuve un bar. Nuestro negocio siempre declaraba absolutamente todo, teníamos a todos los empleados afiliados a la Seguridad Social, etc. Pero vi lo duro que es para muchos operadores en hostelería poder sobrevivir. Recuerdo algunos proveedores que apenas podían ahorrar tras pagar cuotas de autónomos, y lidiar con retrasos en pagos, aumentos de impuestos indirectos y trabas burocráticas. Muchas veces, la economía sumergida es por necesidad, no por gusto.

Siempre digo que la economía no se sumerge, emerge. Es decir, que la decisión de mover una actividad económica fuera del control tributario no es una decisión tomada por gusto, ya que supone tremendas dificultades, riesgos y consecuencias negativas a medio plazo, no sólo por menores ventas -ya que desde la ilegalidad no se puede crecer adecuadamente-, sino también por otros factores, desde el acceso a crédito hasta la calificación de los negocios y empresas por parte de consumidores y agencias independientes. Y cuando se dan las condiciones medianamente adecuadas, los negocios optan por «emerger» tributariamente, no al revés.

La economía suele estar sumergida cuando la presión impositiva imposibilita la supervivencia de las empresas y negocios en el marco legal. Los márgenes son tan bajos y los costes de mantenerse en la legalidad tan onerosos que simplemente no pueden «emerger». Sin embargo, los negocios de bajos márgenes, muy estacionales o volátiles, siempre salen a la luz de la legalidad cuando la carga impositiva es baja y reconoce el carácter cíclico de sus actividades.

Muchas veces hablamos de la economía sumergida como un fraude, no como una necesidad. Y en una gran parte, lo es. Todos conocemos un caso u otro de trabajadores o negocios que simplemente no podrían existir dentro de un marco impositivo confiscatorio. No es casualidad que en un país donde las pymes generan el 70% del valor añadido, pero se mueven en sectores muy cíclicos y estacionales (turismo, servicios, construcción), siempre aflora la mayor parte de la base imponible -ingresos sujetos a tributación- al bajar los impuestos a niveles no confiscatorios.

De igual manera, una menor tributación puede aumentar la recaudación porque incentiva la actividad, incluso de empresas extranjeras que podrían plantearse instalarse en el país. Sin esa ventaja, esta recaudación fiscal no se produciría.

Además, atrae el consumo y, finalmente, reduce la economía sumergida y el fraude.

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En estos años he visto a más de 150 empresas medianas españolas que simplemente no pueden contratar, por la burocracia y los bajos márgenes que genera tras los aumentos impositivos. En España, en un año se aumentaron todos los impuestos.

«Ni las subvenciones ni el Estado crean empleo. El consumo crea empleo»

Y en un entorno de endeudamiento excesivo, lo que se debe valorar como primera magnitud es precisamente el consumo. Ni el Estado ni las subvenciones crean empleo. El consumo crea empleo.

Una sociedad que cuenta con renta disponible para adquirir bienes y servicios genera un efecto multiplicador positivo muy superior al del gasto público. El consumo, para empezar no genera deuda pública, pero sobre todo, se reparte de manera más uniforme en sectores de alta productividad y margen, y con mayor impacto para el empleo que los planes de crecimiento estatales, que suelen concentrarse en sectores de baja productividad pero muy intensivos en capital, la construcción y obra civil.

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Las subidas de impuestos perpetúan un Estado ineficiente y obeso y crean un círculo vicioso al confiscar renta disponible, lo que destruye el consumo y hunde a las empresas, detiene las inversiones y retrasa la recuperación del empleo. Sin consumo no hay inversión ni empleo.

Cambiemos el círculo vicioso por el círculo virtuoso de aumentar la renta disponible, reducir los gastos superfluos y crear riqueza.

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Siempre nos dicen que es imposible bajar impuestos, porque si no ¿quién construye puentes y asfalta las carreteras? No deja de ser una excusa para contar con un presupuesto superior. Ninguno de los gastos esenciales del Estado está en peligro si el gobierno trabaja con un presupuesto base cero y con prioridades. Además, el crecimiento de la actividad económica aumenta los ingresos.

¿Por qué en la mayoría de los casos no se hace? Cuando se tiene una mentalidad funcionarial, lo que importa es el presupuesto. No cómo se financia ni el efecto en la economía, sino mantener o aumentar la cantidad de dinero que se gestiona. El poder lo da la firma de cheques. Y perder ese poder es diluir influencia.

Por ello, los gobiernos locales, regionales, estatales, nunca piensan en el efecto sobre la economía. Simplemente porque sus incentivos no están en generar crecimiento, sino en aumentar sus «activos bajo gestión», el presupuesto que manejan y su círculo de influencia. Además, políticamente siempre se justifica el gasto, aunque se compruebe que la obra pública en España, por ejemplo, suele superar en un 29% la cantidad presupuestada, según el Tribunal de Cuentas, y en la Unión Europea sea entre un 5% y un 10%.

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No hay soluciones mágicas ni donaciones exteriores. La solución ya está aquí, no por la chequera del gobierno ni los bancos centrales, sino por la innovación, esfuerzo y calidad de nuestras empresas. Dejémoslas crecer. No nos dediquemos a intervenir y entorpecer.